viernes, 6 de marzo de 2026

La historia del conejo en la Isla de Nueva Tabarca

La historia del conejo en la Isla de Nueva Tabarca arrastra un pasado que nos remonta como mínimo a varios siglos atrás, cuando ya se documenta la presencia de esta especie en el lugar. Así pues, a principios del siglo XVII, el cronista Escolano comenta que esta isla “convida a los amigos de caza de conejos, pasen a ella en barcos, por los muchos que engendra y por ser tan tratable y llana”

Vistas de la Isla de Tabarca (imagen del autor)

Cabe recordar que por aquel entonces los Duques de Maqueda explotaban el lugar como una zona de uso cinegético, de ahí que Vicente Bendicho indique que durante dos días de caza por parte del Duque, aquel llegó a obtener un total de 150 presas, por la mucha y abundante caza que hay de conejos, que se ha visto en dos días cazar los lebreles”.

La caza con lebreles era una actividad muy propia de la aristocracia, debido al estatus con el que se asociaba esta modalidad. Una actividad de prestigio, en la que muchas veces no se solían gastar armas, razón por la que los perros eran los protagonistas de aquellas jornadas, puesto que se encargaban de buscar e intentar alcanzar la presa.

Podemos suponer que en este lugar se dejaba que criaran los conejos, por lo que habría cantidades abundantes, de ahí que en más de una ocasión desembarcaran personas en búsqueda de este mismo recurso, tal y como ya comenta Escolano. Nada extraño si tenemos en cuenta que se trataba de un lugar alejado varios kilómetros de la costa, además de hallarse en esos momentos deshabitado y sin ningún tipo de control. No olvidemos que además este espacio se posicionaba en un entorno muy peligroso, pues las incursiones de piratas berberiscos por nuestras costas por aquellas fechas todavía eran una realidad. 

Vistas de la Isla de Tabarca (imagen del autor)

Esto por ejemplo se refleja en esa misma cacería que hemos mencionado, cuando el Duque al perder uno de sus perros (y al cual tenía mucho aprecio), mandó un total de 24 hombres para que se encargasen de buscarlo, intentando ser estos abordados por una fragata pirata.

Vistas de la Isla de Tabarca (imagen del autor)

Entendemos que a pesar de las limitaciones que había en la isla, con el tiempo en este espacio se irían introduciendo conejos, al tiempo que su población se iría regulando. Así pues, no es extraño pensar que un espacio como este pudiese mantener una densidad de hasta 15-30 individuos por hectárea en momentos de abundancia.

Vistas de la Isla de Tabarca (imagen del autor)

En el siglo XIX, en un informe que fecha del año 1855, realizado por Tomás de Enguídanos, y que Pérez Burgos (2016, p. 406) cita en su trabajo sobre la Isla de Tabarca, comprobamos cómo la presencia de este animal era una realidad, al indicarse que “los arbustos no crecen y solo la miserable yerba que produce sirve de pasto a los conejos”. 

Vistas de la Isla de Tabarca (imagen del autor)

Tiempo después la especie veremos que desaparecería, aunque esto no evitaría que se volviese a introducir. Por ello, en el siglo XX, su presencia en determinados momentos fue duradera. Así pues, González Arpide (2012, p. 151) indica que en Semana Santa “había una procesión, con la imagen de la Virgen del Rosario sacada en andas por las calles principales. Más tarde, en la Plaza Grande, se colgaban unos conejos vivos a los que se les tiraban piedras y aquel que acertase se llevaba uno”. Cierto es que en las casas se criaban conejos, además de otros animales de corral, lo que también ayudaba a que la especie no desapareciese de la isla en mucho tiempo.

En la tesis de Pérez Burgos (2016, p. 73) podemos leer cuando se refiere al islote de La Galera que este “en su momento albergó una colonia de conejos”. González Arpide (1980, p. 163) comenta que “existió una reintroducción de una pareja de conejos hacia 1945. Cinco años después la isla estaba ya saturada de conejos que comenzaban a destruir la escasa cobertura vegetal, esto dió lugar a una caza sistemática que dió como resultado que diez años más tarde el conejo hubiese desaparecido por completo una vez más”. Sobre la forma de cazarlo, González Arpide (1980, p. 164) indica que antes de que desapareciese su población, la caza del conejo se efectuaba por gente del lugar empleando escopetas de cartuchos de dos cañones. La técnica empleada para su búsqueda era la denominada como “rastreo” (González Arpide, 1980, p. 165), motivo por el que los cazadores buscaban heces frescas que indicaran que el animal no se encontraba muy lejos del lugar.

Islote de La Galera (imagen del autor)

Todavía a principios de los años setenta quedaban conejos en la isla, un dato que queda atestiguado en el reportaje “Tabarca, una isla en invierno (1971)”, donde se comenta que los niños los sábados cuando no había clases, acudían hasta el campo en busca de conejos. Sería escaso tiempo después cuando los conejos volverían a desaparecer, puesto que a principios de los años ochenta del siglo XX, González Arpide indica que “el conejo que se introdujo se extinguió hace unos cuantos años” (González Arpide, 1980, p. 21), por lo que si tenemos en cuenta que en 1971 todavía existían, fue durante ese escaso intervalo de años hasta principios de los ochenta, cuando este desaparecería de la isla.


Niños buscando conejos en Tabarca.
(Fuente “Tabarca, una isla en invierno (1971)”)

Hoy el conejo vuelve a verse todavía por la isla, esto se debe a que años más tarde de su desaparición en la década de los setenta, la especie volvería a aparecer, no obstante su representación es escasa, estando además prohibida su caza, ya que la isla se enmarca dentro de la Reserva Marina que protege tanto el espacio terrestre como marítimo de este precioso lugar.


David Gómez de Mora


Referencias:

Bendicho, V. (1640). Crónica de Alicante.

Escolano, G. (1610–1611). Década primera de la historia de la insigne y coronada ciudad y Reyno de Valencia.

González Arpide, J. L. (1980). Los tabarquinos: Estudio antropológico de una comunidad en vías de desaparición (Tesis doctoral Universidad Complutense de Madrid)

González Arpide, J. L. (2012). Costumbres antiguas de Tabarca. Canelobre, 60, 150–161.

Pérez Burgos, J. M. (2016). Nueva Tabarca, patrimonio integral en el horizonte máximo (Tesis doctoral Universitat d'Alacant)

Tabarca, una isla en invierno. (1971). (Cortometraje). YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=2YsZtug6obI&t=38s