domingo, 26 de julio de 2026

Las armas entre finales del siglo XVII y principios del XVIII en algunos municipios de los alrededores de Huete (Caracenilla, La Peraleja, Saceda del Río y Verdelpino de Huete)

La regulación de la tenencia de armas ha sido una cuestión que con el transcurso de los siglos fue evolucionando en nuestro país, tal y como lo demuestran las leyes que irían surgiendo para su control y uso. Entre los siglos XVII y XVIII, España experimentó un cambio notable en su empleo y regulación. Algo lógico, teniendo en cuenta el papel que desempeñaba militarmente el país a lo largo del mundo. 

Imagen generada por IA

El interés de la Corona por tener controlada su posesión y empleo fue necesario para garantizar una seguridad en una época en la que el continuo estallido de conflictos y tensiones era frecuente, además de al mismo tiempo poder garantizar el orden público en cada una de las localidades.

La pragmática del año 1663 refleja en parte esa preocupación existente por la ocurrencia de asesinatos con armas de fuego, además del bandolerismo que campaba por muchas zonas, especialmente en áreas rurales.

No obstante, será con la pragmática de 1691 cuando contaremos con uno de los textos legales más desarrollados en España sobre el uso de las armas. Esto se hizo necesario por el hecho de que la mencionada pragmática de 1663, en menos de treinta años, no había dado los frutos que se esperaban, ya que en muchas poblaciones seguía habiendo armas que los vecinos no reconocían poseer, y las autoridades locales, especialmente en las zonas rurales, hacían la vista gorda ante este tipo de cuestiones.

El control y procedencia de las armas era una cuestión importante, además de la regulación de su venta, ya que se quería tener claro quién era el verdadero propietario de cada una de estas. El interés por saber cuál era la cadena de fabricación y distribución era algo que debía quedar muy claro, así como las multas y penas que se impondrían a quienes incumplieran las normas.

La jerarquización social de la época llevaba a que hubiese una distinción por clases, en la que ser militar, hidalgo o una persona del estado llano podía cambiar por completo las obligaciones o penas que comportaba su uso o tenencia.

Poco más de dos décadas después, y ya a punto de finalizar la Guerra de Sucesión, veremos cómo en el año 1713 se promulgó otra pragmática. En este caso, se volverá a confirmar la importancia de la pragmática anterior, aunque resultando necesario efectuar modificaciones. En este caso se tendrá muy en cuenta el control de armas blancas, como puñales, rejones o incluso cuchillos de mataderos, que muchas personas, especialmente en las zonas rurales, tenían en sus casas.

Por aquel entonces, el régimen borbónico quería centralizar la administración, además de regular todavía más, si cabe, el uso de otras armas que no fuesen de fuego, pues cabe recordar que se estaba casi poniendo fin a un conflicto bélico que llevaba arrastrándose desde varios años atrás.

Si nos vamos a algunas de las localidades que hemos investigado a lo largo de estos años, para nuestro interés merecen atención los casos de Caracenilla, La Peraleja, Saceda del Río y Verdepino de Huete. En este sentido, en el Archivo Histórico Provincial de Cuenca, dimos con varios documentos que nos dan detalles sobre ese control de las armas, a raíz de la pragmática de 1691, como también de las advertencias que se estipularán con la mencionada de 1713.

En el caso de esta última, se deja claro que “prohibimos el uso de los puñales, ó cuchillos que comunmente llaman rejones, ó tijeros, imponiendo a las personas a quienes se aprendiese con estas armas, solo por la aprensión, treinta días de cárcel, quatro años de desterro y doce ducados de multa, aplicados por tercias partes, cámara, juez y denunciador” (AHPCU, 1722, fol. 1v). Se precisa, por ejemplo, que si se trataba de un noble, la pena era un presidio de seis años, mientras que si era un ciudadano común sin privilegios, esos seis años se debían pasar en galeras.

Respecto a la pragmática de 1691, gracias al referido documento (AHPCU, Ref. 571/4), podemos conocer con detalle cómo se registraron por municipios aquellos varones de entre 18 y 60 años en un censo, además de si estos eran o no propietarios de armas como escopetas, mosquetes, e incluso picas.

Si atendemos a los cuatro municipios que estamos investigando en este artículo, tenemos que:


Caracenilla

En esta localidad optense, de los cerca de poco más de cuarenta hombres que se mencionan en el pueblo entre ese margen de edad, aparecen con posesión de armas de fuego una docena, es decir, un porcentaje casi cercano al 29%. Entre los vecinos, veremos los siguientes nombres y apellidos (AHPCU, Ref. 571/4):

-Mateo González (una escopeta)

-Juan González (una escopeta)

-Pedro Garrote (una escopeta)

-Francisco Saiz Pérez (una escopeta)

-José de Huete (una escopeta)

-Juan Garrote Pérez (una escopeta)

-Sebastián de Palomares (una escopeta)

-Juan Herráiz (una escopeta)

-Fray Juan Nolasco -tío de Pedro Recuero- (una escopeta)

-Francisco López (una escopeta)

-Francisco Martínez (una escopeta)

-Antonio Torrecilla -escribano- (una escopeta)


La Peraleja

De los poco más de 220 hombres que se registraron entre los varones de 18-60 años, se citan un total de 29 vecinos como propietarios de armas, es decir, alrededor de un 13% de los recogidos en ese censo (AHPCU, Ref. 571/4):

-Diego de Hernánsaiz (un arcabuz)

-Pedro Martínez (un arcabuz)

-Lucas Rojo (un arcabuz)

-Juan Blanco (un arcabuz)

-Juan García Martínez (un arcabuz)

-Miguel Jarabo Rojo (un arcabuz)

-Miguel Vicente Saiz (un arcabuz)

-Gerónimo Pintado (un arcabuz)

-Baptista Rojo (un arcabuz)

-Juan de Peña Gómez (un arcabuz)

-Alonso Martínez (un arcabuz)

-Juan González (un arcabuz)

-Francisco Escolar (un arcabuz)

-Alonso de la Fuente (un arcabuz)

-Pedro Saiz (un arcabuz)

-Juan Martínez Solera (un arcabuz)

-Francisco Crespo (un arcabuz)

-Juan Parrilla Muñoz (un arcabuz)

-Juan Crespo (un arcabuz)

-José de Hernansaiz (un arcabuz)

-Julián Benito (un arcabuz)

-Juan de Molina (un arcabuz)

-Alonso Vicente (un arcabuz y una pica)

-Juan de Peña Rojo (un arcabuz)

-Juan Martínez Sepúlveda (un arcabuz)

-Juan Muñoz Rojo (un arcabuz)

-Juan de la Fuente Vicente (un arcabuz)

-Juan de Molina (un arcabuz)


Saceda del Río

En este enclave optense, veremos que se registran en el censo de varones de entre 18-60 años, alrededor de 80 hombres, de entre los cuales únicamente según se recoge en el testimonio, poseen armas de fuego cuatro, es decir, únicamente un 5%. Pensamos que en muchas ocasiones se omitiría la posesión de estas, por lo que este tipo de datos creemos que incluso podrían estar infravalorando la realidad, especialmente en zonas como Saceda, donde sabida era la tenencia de recursos de muchos de sus vecinos y, por lo tanto, del acceso a este tipo de bienes.

Por otro lado, la restricción y control de las armas de fuego, y que resultaba fácil detectar su empleo en medio del campo, motivarían el uso de las ballestas, las cuales no producían un disparo fácilmente perceptible, a pesar de resultar anticuadas; de ahí que en algún testamento todavía las hemos observado. Lo mismo incluso podríamos pensar de los arcos.

Y es que las leyes de actividad cinegética, de la misma forma que ocurría con las armas (por estar ambas cosas reguladas), no evitarían que hubiese gente que no registraría sus escopetas, sin olvidarnos de los furtivos que buscaban comida para su familia en lugares o con métodos restringidos, especialmente en épocas donde la gente podía literalmente morirse de hambre. Por este motivo creemos que es posible que algunos vecinos no declararían que poseían armas de fuego, aunque la documentación consultada no nos permite cuantificar esta hipótesis.

Entre los cuatro vecinos de Saceda que declaran tener armas de fuego, estos son (AHPCU, Ref. 571/4):

-Diego Martínez (una escopeta larga)

-Juan de la Sierra (una escopeta larga)

-Gregorio de Sevilla (una escopeta)

-Diego de Mochales (una escopeta larga)


Verdelpino de Huete

En el caso de este enclave lindante con Huete, veremos que de casi 150 hombres entre 18 y 60 años, se registran como poseedores de armas de fuego un total de 24, es decir, alrededor de un 16% de los varones censados. La lista de vecinos con arma eran (AHPCU, Ref. 571/4):

-Pedro Sanz Romero (una escopeta)

-Julián Muñoz (una escopeta)

-Pedro Fernández Cabellos (una escopeta)

-Pedro Recuero (una escopeta)

-Domingo de Palomares (una escopeta)

-Francisco García (una escopeta)

-Alonso Fernández García (una escopeta)

-Diego Pérez (una escopeta)

-Alonso Muñoz (una escopeta)

-Juan Sanz Caro (una escopeta)

-Juan de Molina (una escopeta)

-Bernabé Pérez (una escopeta)

-Juan de Collada (una escopeta)

-Blas García (una escopeta)

-D. Pedro Alcázar Montoya (una escopeta)

-Juan Cortés (dos escopetas)

-Miguel Pérez (una escopeta)

-Francisco Muñoz Pérez (una escopeta)

-Cristóbal de las Heras (una escopeta)

-Juan Antonio Fernández (una escopeta)

-Antonio Romero (una escopeta)

-Pedro Pérez Solera (una escopeta)

-Juan Solera Culebras (una escopeta)

-Julián Pérez (una escopeta)


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de Caracenilla, La Peraleja, Saceda del Río y Verdelpino de Huete



Fondo documental:

*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Orden para que se haga lista de vecindad y armas (zona de Huete). Ref. 571/4. Año 1691

*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Veredas expedidas a las villas y lugares sobre prohibición de armas cortas blancas. Ref. 572/5. Año 1722

Devoción y religiosidad en La Peraleja

La iglesia parroquial de La Peraleja es, sin duda, una de las construcciones más importantes con las que cuenta esta localidad, debido a la historia que atesora, puesto que durante siglos ha sido el lugar más vinculado con la religiosidad y la tradición de la sociedad peralejera.

Sabido es el arraigo católico que han mantenido los habitantes de este municipio conquense, tal y como lo demuestran las múltiples festividades que antaño se celebraban en el pueblo, así como la devoción con la que muchos de sus vecinos visitaban siglos atrás las diferentes ermitas de su término municipal.

Si nos dirigimos hacia su iglesia, la cual ya, como veremos, está documentada al menos desde el siglo XVI, uno es consciente de cómo algunas de las advocaciones que todavía se han mantenido en varias de sus capillas guardan un trasfondo profundo con las creencias de nuestros antepasados.

A pesar del daño causado durante la última guerra y la enorme destrucción de patrimonio sacro que se efectuó en este edificio, se han conservado escasos elementos o piezas, que recuerdan una pequeña parte de esa colección artística que se albergaba desde siglos atrás en el interior de este lugar.

Por desgracia, el altar mayor, como los que veremos en los laterales del templo, se irían incorporando a medida que muchos vecinos fueron con su sacrificio reconstruyendo este edificio tras la finalización de la guerra incivil española.

Altar mayor de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

Respecto al altar mayor, apreciamos en la zona central una imagen de San Miguel Arcángel, así como en los laterales al Inmaculado Corazón de María y un Sagrado Corazón de Jesús. Entre el resto de tallas y esculturas que hay dentro del templo, nos encontramos con la de un Cristo vencedor, un Cristo yaciente, un Cristo portando la cruz y otros dos en la cruz (uno en andas y el restante colgado en la pared). Respecto a las Vírgenes, veremos que entre esculturas y tallas hay una dedicada a la Dolorosa, otra a la del Rosario, una del Pilar y otra de Fátima. Recordemos que siglos atrás el Santísimo Cristo y la Virgen del Rosario tenían capilla propia en el interior del edificio, por lo que contarían con su respectivo altar donde las imágenes eran veneradas.

San Isidro, San Blas, San José y San Antón Abad serán al mismo tiempo otras de las advocaciones que todavía están representadas en el templo.

La devoción a San Antón ya queda recogida hace más de cuatro siglos, tal y como se comprueba en algunas referencias de los protocolos notariales del municipio. Así pues, Juan Pintado -el viejo- (AMH, n.º 4) se enterró en la sepultura de su padre Francisco Pintado, la cual se hallaba en la rasa del coro de San Antón. Precisamente, en alusión a esta advocación, leemos en el testamento de Ana de Oliva (AMH, n.º 14) cómo se realiza una manda al Santo Cristo de la capilla de San Antón de la iglesia de La Peraleja. Esto indicaría que la veneración al protector de los animales, estaba arraigada en el municipio desde tiempos lejanos. Cabe recordar cómo antaño se repartían los denominados panes de San Antón durante su festividad.

Virgen del Rosario de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

En cuanto a la devoción a San José, como ya hemos comentado en alguna ocasión, el carpintero Tomás González y su esposa María Herráiz en 1675, indican que alzan una ermita bajo la advocación de este santo en el municipio, especificando “la cual habemos labrado a nuestra costa” (AHPCU), obteniendo también la licencia pertinente para oficiar misas en su interior al dar su aprobado el Obispado de Cuenca.

Sobre San Blas, decir que es una de las pocas imágenes que cuenta con dos ejemplares, una en la ermita de la Virgen del Monte y otra en la iglesia parroquial. Precisamente se fundó una cofradía en el pueblo dedicada a este santo, con su respectivo libro que se inicia en el año 1742, lo cual ya nos indica que su veneración viene desde varios siglos atrás.

San Blas de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

Respecto a algunas de las pocas piezas que consiguieron sobrevivir a los daños de la guerra de 1936-1939, existe un Niño Jesús que debido a su escaso tamaño, pudo salvaguardarse in extremis, corriendo mejor suerte que el resto de tallas que había en el interior del edificio. Este niño es una imagen vestida que se cree que podría datar del siglo XVII.

Niño Jesús de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

Los peralejeros, como gente arraigada a la fe católica y la tradición religiosa, mantuvieron hasta no hace tanto tiempo la costumbre de pasar entre sus vecinos algunas capillas portátiles, que siempre era una alegría el poder tener en casa temporalmente, hasta que esta partía hacia la vivienda de otro de sus vecinos. Al respecto, conocemos una vinculada tanto con Santa Ana como también otra dedicada a la Milagrosa, y que, junto con varias que aquí no se detallan, era habitual que entre los vecinos de un barrio o cofradía se trasladaran temporalmente de hogar en hogar.

Precisamente, la devoción a Santa Ana es una de las más antiguas que tenemos registradas en la población, puesto que ya en el siglo XVI esta queda recogida cuando se indica que Catalina Martínez (AMH, n.º 1) manda enterrarse en la sepultura de su tía Isabel Martínez, la cual se sitúa en la parte del coro. Esta donará a la Ermita de Santa Ana cuatro ducados para que se realice un frontal.


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de La Peraleja



Referencias:

*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Capellanía de las ánimas del Purgatorio de La Peraleja. Signatura: 1487/5

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 1 de La Peraleja (1567-1592)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 4 de La Peraleja (1605-1608)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 14 de La Peraleja (1638-1642)

La ermita de la Virgen del Monte de La Peraleja

La historia de esta imagen nos retrotrae, según el relato tradicional, a unos cuantos siglos atrás, cuando se indica que un noble de La Peraleja llamado Juan de Aza (perteneciente, según nuestra interpretación, a la familia peralejera de los Daza), una noche, desde el pueblo vio a lo lejos una luz, que al principio se creía que era fruto de la hoguera de algún pastor que había encendido para paliar el frío.

Después de aquello, algunos curiosos del municipio, y entre los que se cita al noble Juan de Aza, acudieron hasta ese punto donde se atisbaba esa luminosidad, descubriendo para asombro de los presentes que en lugar de hallar el resplandor de una hoguera, lo que había eran un montón de cantos de piedra apilados, que mientras empezaron a moverlos, escondían una caja, que dentro tenía un lienzo blanco que protegía la talla de una Virgen. Tras este hallazgo, se acabó designando esa imagen con el nombre de la Madre de Dios del Monte o Nuestra Señora del Monte.

Interior de la ermita

La tradición atestigua que en tiempos de la dominación islámica, los cristianos que habitaban este lugar escondieron una talla religiosa; hasta que siglos después, a raíz de este acontecimiento, se relatará su aparición.

Se dice que, para la elección del ermitorio en el que se custodiaría la talla, este hidalgo mandó realizar una procesión, para que aquel lugar en el que parase su caballo fuese el sitio en el que se decidiera erigir una ermita dedicada a la Virgen. Una construcción simple armada con yeso y pedernal, que contaría además con su clásica espadaña donde se colocaría una campana.

Sobre los Daza, sabemos que el hidalgo don Tomás Patiño celebró su enlace con doña María Daza antes de la mitad del siglo XVI; fruto del mismo nació doña Isabel Baptista Patiño de Daza, quien casó en 1565 con el noble don Francisco Suárez de Salinas (ADC, l.I). A pesar de que la línea de los Daza en La Peraleja no es muy extensa, parece ser que María tenía algún hermano más.

Otros familiares entablaron relaciones con linajes como los Cantero (es el caso de María Daza de Hernán-Saiz en 1592 con Sebastián Cantero). Por este motivo, en el siglo XVII, todavía había algunos integrantes de esta familia en el municipio, siendo con el transcurso de las generaciones, y tras la pérdida del apellido por línea de varón, cuando finalmente desaparecerá.

Como sucederá con muchas Vírgenes, el caso de la que tenemos en La Peraleja será sin lugar a duda una de las advocaciones más queridas entre los vecinos con el transcurso de los siglos, siendo sacada en rogativas pro pluvia cuando las situaciones de sequía empeoraban el periodo de las cosechas, así como también ante la aparición de epidemias, y que, como sabemos, generaban tasas elevadas de mortalidad entre la población.


I. La antigua Virgen del Monte de La Peraleja

La ermita que hoy vemos fue reconstruida a raíz de los daños ocasionados durante la guerra de 1936-1939, por lo que tanto la talla antigua como otros de los elementos artísticos que había en su interior desaparecieron.

No obstante, en el templo se conserva una fotografía que pertenece a la imagen antigua. Esta representa una Virgen que aparece de pie, mirando de frente y con una expresión serena, mientras sostiene al Niño Jesús. Ambos portan ropajes ornamentados, además de corona. En el caso de la Virgen, se escenifica con una aureola de rayos, acompañada por pequeñas estrellas que se distribuyen en las puntas, formando en su conjunto un total de 12. Cifra claramente simbólica que nos recuerda el libro del Apocalipsis, como también el número de apóstoles o de las doce tribus de Israel.

En cuanto a la vestimenta, la Virgen lleva un amplio manto de forma triangular, decorado con elementos florales y vegetales que han sido bordados, de la misma forma que en el caso del Niño Jesús. Esta se halla sobre un pedestal ornamentado.

Como ya se aprecia por la documentación, la devoción a la Virgen del Monte en La Peraleja ya se vivía de forma intensa durante el siglo XVII, manteniéndose esa fervorosidad entre muchos de sus vecinos de manera ininterrumpida hasta el día de hoy. Sabemos, por ejemplo, el caso de María Saiz, viuda de Gabriel Vicente, quien en su testamento redactado en el año 1641 (AMH, n.º 16, sin fol.) efectúa una manda de 400 misas por la salvación de su alma, así como la elaboración de una cortina para el retablo de la Virgen del Monte, y en el cual habrán de aparecer las imágenes de esta Virgen, junto a San Juan y San Francisco.

En el testamento de Magdalena Domínguez (AMH, n.º 17, sin fol.) con fecha de 1652, esta donará algunas cosas, como hará a la Virgen del Monte, a la que otorga “un cuadro que yo tengo de la bendita Magdalena”. Esta pieza solicitará que “se lleve a la dicha ermita de la cual no salga en ningún tiempo”.

Más adelante, veremos que el vecino Juan Peña Gómez y sus hijos, en el año 1713, colaborarán con la mejora del retablo de la Virgen del Monte (AMH, n.º 23, sin fol.). Transcurrido el tiempo, el presbítero don José González, y que ya donó una talla de San José a la ermita de dicha advocación que mandaron levantar sus padres, en su testamento de 1738, destina dinero para que se le realice una cortina a la Virgen del Monte (AMH, n.º 29, fol. 72).


II. La actual Virgen del Monte de La Peraleja

En el altar mayor de la ermita de la Virgen del Monte aparecen otras dos imágenes religiosas. Se trata de San Ignacio de Loyola y Santa Rita. Sabemos que San Ignacio, en muchos lugares, está relacionado como protector contra el demonio, representando esa lucha interior en la que el fiel combate contra el pecado o la tentación. Por otra parte, Santa Rita es una advocación a la que la gente se ha encomendado tradicionalmente para afrontar situaciones complejas, de ahí que se le reconozca como una de las santas para las causas imposibles.

En lo alto de la ermita nos encontramos con la campana que mandó realizar en el año 1975 Emilia Jarabo e hijos. Es importante destacar la implicación de muchas personas en la restauración de esta obra, que permitieron que, a pesar de los daños sufridos, esta consiguiera volver a recuperar ese aspecto por el que hoy es conocida en esta tierra.

Respecto a la nueva imagen, la Virgen está de pie, mirando al frente, manteniendo una expresión tranquila y solemne, portando una corona plateada con doce estrellas, así como un velo blanco de encaje que cae sobre sus hombros. El Niño se encuentra sostenido por el brazo de esta, llevando igualmente una corona y vistiendo una túnica con bordados dorados. La Virgen porta una túnica blanca también con bordados dorados, junto a un amplio manto verde, estando decorado con dorados y formas vegetales. Delante de esta se aprecia una media luna plateada, situada a la altura de los pies, recordando la simbología mariana que se inspira en el Apocalipsis (“la luna bajo sus pies”).


III. El santoral de la ermita

Además de la Virgen y las imágenes que acompañan su retablo, como suele ser habitual, existen otras advocaciones (algunas con más historias que otras en el municipio), que nos recuerdan la importancia que ha jugado la religiosidad en esta localidad conquense. En el caso de esta ermita, se trata de dos altares en cada uno de los laterales del mayor, y que están dedicados a San Antonio de Padua y a San Blas.


San Antonio de Padua

Este santo se vinculará en muchas ocasiones con la imagen a la que nuestros ancestros se encomendaban cuando perdían objetos o precisaban de necesidades urgentes. San Antonio de Padua ha gozado de popularidad en otras localidades de esta tierra, por lo que su veneración se amplía por más iglesias y ermitas de la zona. El altar en el que se encuentra, de mayor sencillez que el que ocupa la Virgen, presenta un nicho semicircular decorado por columnas pintadas de apariencia marmórea oscura, con un entablamento sencillo, en cuya parte superior se representan rayos dorados que salen desde un medallón central.


San Blas

Posiblemente este sea uno de los santos con mayor veneración que veremos por estas tierras, extendiéndose por índole a más municipios de la región. Patrón contra las enfermedades de la garganta, a raíz de la historia que relata que consiguió salvar a un niño de atragantarse de una espina de pescado, fue también venerado por ser un protector contra los lobos, debido a la historia que cuenta que hasta su lugar de retiro se presentaban animales salvajes que este conseguía dominar, siendo en una ocasión el caso de un lobo que se comió al cerdo que una pobre anciana tenía en su hogar. Se dice que San Blas consiguió que aquel animal acabase regurgitándolo vivo, devolviéndoselo de este modo a su propietaria. Este altar sigue un mismo patrón que el de San Antonio de Padua, aunque con la fortuna de que se encuentra en mejor estado de conservación.





David Gómez de Mora

Cronista Oficial de La Peraleja



Referencias:

*Archivo Diocesano de Cuenca. Libro I de matrimonios (1564-1690), Sig. 30/10, P. 811

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 16 (1647-1656)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 17 (1652-1664)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 23 (1696-1716)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 29 (1736-1741)