Ya hemos estudiado en artículos anteriores cuáles eran las familias de labradores acomodados, que contaban con una mayor disponibilidad de fincas en Piqueras del Castillo, haciendo especialmente hincapié, por lo que respecta a siglos pasados, como también durante la primera mitad del siglo XIX.
Es por ello que consideramos interesante poder extender ese marco cronológico, hasta un momento clave para la historia de muchos municipios del territorio conquense, como la finalización de la última guerra carlista. Un periodo tenso que causó especiales estragos en la ciudad de Cuenca, como en otros municipios de su provincia.
Tengamos en cuenta que el siglo XIX supuso un punto de inflexión en enclaves como el que nos ocupa. La entrada de la nuevas políticas liberales, los cambios sociales que se comienzan a extender sobre una población que paulatinamente va secularizándose, además de otros agentes externos que calan en las pequeñas poblaciones rurales que durante siglos habían mantenido un modelo de vida monolítico, serán el prolegómeno de una serie de cambios, que ya desfiguran algunos patrones sociales, y que en épocas pasadas todavía no se habían alterado drásticamente.
La segunda mitad del siglo XIX en Piqueras del Castillo, representa un momento crucial, por ser un punto de inflexión en el que apreciamos cómo las familias que tradicionalmente han tenido una potestad social en el lugar, siguen manteniendo ese estatus, prolongando una mentalidad proteccionista, a través de esas políticas matrimoniales, en las que primaba la tenencia y disponibilidad de recursos.
Si bien el matrimonio en este tipo de enclaves era una garantía para el mantenimiento del modelo nuclear de muchas familias, a la vez que una forma de conservar el patrimonio entre casas de un estatus social similar, la modernización de las estructuras jurídicas del siglo XX, junto la progresiva pérdida del valor de la tierra, frente a un potente capital industrial en las zonas urbanas, acabó arrastrando a mucha población del área rural hacia las urbes. Fenómeno que dio pie a un escenario absolutamente diferente, que en cuestión de un par de generaciones, consiguió desmantelar parte del modelo previamente conocido.
Es por ello interesante entender qué familias piquereñas mantuvieron durante la segunda mitad del siglo XIX, y con el fin de la última guerra carlista, ese dominio sobre el control de las tierras, y consiguiente poder en el municipio, puesto que ambas cuestiones, estaban intrínsecamente conectadas.
Si analizamos los datos de una de las matrículas presentes en el Archivo Diocesano de Cuenca, sobre la población de Piqueras del Castillo durante la primera mitad del siglo XIX, apreciamos que poco antes de la década de los años veinte de esa centuria, hay una serie de casas con gente en el pueblo que además de tener una cantidad elevada de tierras, poseían también una buena cabaña ganadera, que incrementaba más si cabe su posición social.
Este será, sin duda, el caso de las familias Lizcano y Herráiz. Así pues, en 1817, Pedro de Lizcano y su esposa Trinidad García, además de una amplia cantidad de tierras que los convertían en uno de los principales terratenientes del lugar, contaban con varios trabajadores a su servicio. Algo similar ocurría con la casa de Juan Herráiz, también ganadero y labrador, quien estaba casado con Teresa García y vivía con cuatro hijos solteros en su hogar. Este tenía a su servicio varios mozos y un centenar de animales que cuidaban los pastores que este contrataba.
Veremos que no es un fenómeno casual, como todavía décadas después, algunos de los hijos y cónyugues de estas familias, representarán las principales casas que disponían de recursos en el pueblo, gracias a una elevada tenencia de tierras, que en algunos casos podía superar hasta más de dos centenares de fincas.
Además de los Lizcano y Herráiz, habrá que sumar linajes piquereños como los Barambio, Checa, Ruiz, Mora..., las cuales no por designios del azar entroncaron con estas familias, y que como sabemos previamente ya disponían de recursos.
El caso de los Lizcano es un claro reflejo de cómo las casas con acumulación de tierras se asocian con esas que se encuentran en un mismo grupo social. Así pues, entre los hijos que tuvieron Pedro de Lizcano y Trinidad García de Checa, no será casual que Pedro-Matías de Lizcano García casara con María de la Cruz Barambio Zamora, así como Nemesio de Lizcano García con Gabriela Zamora Barambio.
Por aquel entonces los Barambio ya arrastraban una solera en el lugar, que explicaría que en ese momento Martín Barambio Zamora controlara más de 98 propiedades rústicas, o que su hermano Mariano, en 1845 hubiera casado con una integrante de la familia Cámara Herráiz, y entre cuyos hermanos sumaban más de 160 propiedades.
Entre los hijos de Pedro-Matías de Lizcano veremos a Rosa de Lizcano Barambio, esposa de Pedro-José Ruiz Herráiz, quien poseía alrededor de finales de los años setenta del siglo XIX, un total de 280 propiedades rústicas. Desde luego no será casual que su madre fuese María Josefa Herráiz García, quien descendía de una de las casas mejor aposentadas en la primera mitad del siglo XIX, o que esta hubiese casado con el integrante de una familia que contaba con recursos e historia en el municipio, como veremos en el caso de los Ruiz. Por otro lado, no debería llamarnos la atención que el hermano de Rosa, y llamado Bautista de Lizcano Barambio, casara con Rita Herráiz. Este en 1878 poseía un total de 199 propiedades rústicas.
Quedaba con ello claro que los enlaces que se establecerán alrededor de la familia Lizcano, eran una evidencia de que los linajes asociados con estos tenían una capacidad económica similar. Así pues, el otro hermano de Pedro-Matías, y que se llamaba Nemesio de Lizcano (también con más de sesenta propiedades destinadas a uso agrícola), tuvo entre sus hijos a Norberta de Lizcano Zamora, quien casó en 1867 con Ceferino García (el cual poseía en 1878 un total de 98 propiedades rústicas), igualmente, su hermano Pedro de Lizcano Zamora tenía 80 propiedades rústicas, así como su hermana Juana de Lizcano Zamora, había casado con Cayetano de Mora Gómez, quien también controlaba varias decenas de tierras destinadas a uso agrícola.
Veremos pues que alrededor de esta familia, se consolidan las principales casas de terratenientes y labradores desahogados que había en la localidad durante el siglo XIX.
Al respecto, algunas líneas de los Checa, entroncarían también con estas familias. Así pues, creemos que no es casual que la mujer de Pedro de Lizcano (Trinidad García), descendiese del linaje Checa, como tampoco que los Checa establecieran enlaces con la casa de los Herráiz y otras que contaban con recursos. Por ejemplo, Miguel Checa García, en 1878 tenía 88 propiedades rústicas, así como su yerno Manuel Chumillas, un total de 130.
La hija de Cayetano de Mora y Juana de Lizcano, llamada Luisa de Mora, casó con Cayo Checa y Checa, este hijo de Lino Checa Álvarez (tenedor de 81 propiedades rústicas en 1878), y sobrino de Aniceto Checa Álvarez, quien poseía por aquel entonces unas 40 propiedades rústicas. Otros portadores de este apellido controlarán una amplia cantidad de tierras que variarán entre la treintena y ochentena, sin olvidarnos de Pedro Checa, quien llegó a acumular más de 200 propiedades rústicas.
Ello en síntesis, nos lleva a plantear que en Piqueras del Castillo, incluso avanzado el siglo XIX, todavía se presencia entre sus habitantes, esa continuidad del poder entre algunas familias de terratenientes, además de la figura del matrimonio como forma con la que consolidar el estatus del linaje a través de políticas cerradas, sin olvidarnos de la importancia que se le seguía dando a la tierra como elemento de poder social, ante una progresiva transformación del modelo tradicional, que en cuestión de varias décadas, cambiaría todo por completo.
David Gómez de Mora
Cronista Oficial de Piqueras del Castillo
Referencias:
*Archivo Diocesano de Cuenca. Matrícula del año 1817. Piqueras del Castillo (Cuenca)
*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Catastro. Amillaramiento, Piqueras del Castillo, año 1866. H-13678/000
*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Catastro. Amillaramiento, Piqueras del Castillo, año 1878. H-4218/2
