Conocida es
la historia de una criatura que a finales del siglo XVIII tenía
atemorizados a los habitantes de muchas poblaciones ubicadas en la
zona norte y oeste de las afueras de Milán. El motivo era la muerte
de diferentes personas (todas ellas menores de edad), que se habían
encontrado con un animal sobre el que se dieron diferentes descripciones.
Una razón lo suficientemente importante como para que durante
un periodo de varios meses se extendiera la preocupación en una región
donde las historias de lobos no eran algo nuevo. Hasta la
fecha se ha escrito mucho sobre esa criatura (y que, como
comentaremos, pudieron ser al menos un par). Este relato nos sitúa
en el verano de 1792.
Por ahora,
a falta de un estudio más pormenorizado de las zonas afectadas, los
números recabados nos dan una lista aproximada de una decena de
muertos, que cabría encuadrar en un intervalo de tiempo de casi dos
meses y medio (es decir, desde el 5 de julio al 18 de septiembre de
1792).
La
creencia de que el causante de aquellos ataques fuese una hiena se
debía a que un exhibidor de fieras y que estuvo por la región
anteriormente, se decía que perdió una de las que este portaba en
su jaula. Esta idea se extendió rápidamente, por lo que se llegaron
a realizar grabados representándose aquel animal. Imagen: In Milano,
A spesa dello Stampatore Bolzani, [1792]. En:
wikipedia.org
Los datos
que nos hablan de estos trágicos sucesos son recogidos
principalmente en el “Diario
pormenorizado de lo que ha hecho la Bestia feroz en el Alto Milán
desde principios de julio del año 1792 hasta el día 18 de
septiembre del mismo año”,
y publicados en formato digital por Guido Mura. Esto nos permite
conocer una de las historias más impactantes sobre ataques de
criaturas a personas en esta región de lo que hoy es el norte de Italia.
Como en
otras fuentes que ya hemos investigado en el caso español del llop
blanc, o
los franceses de las bestias de Gévaudan, Veyreau o las Cévennas,
el ejemplo italiano guarda muchos paralelismos con algunas de estas
historias. Así pues, un patrón casi general, es que los ataques se
producen en áreas rurales, contra pastores, campesinos o jóvenes
que se encontraban cuidando su ganado o desplazándose por esa área.
Igualmente, veremos que no es casual que se nos hable en diferentes
casos de la atribución de una hiena como posible explicación de esos
daños.
El destino
que correría la bestia o bestias de Cusago no está a día de hoy
del todo claro, ya que a pesar de que la historiografía habla de que
esta fue cazada en septiembre de 1792, hemos comentado que en
realidad bajo esa designación singular, podría esconderse un
nutrido grupo de lobos. Algo que podemos desprender por las
diferentes descripciones que se darán sobre aquel animal, ya que a
grandes rasgos se aprecian dos tipos de ejemplares diferentes si nos
atenemos a los detalles proporcionados por algunos testigos.
Como
decíamos, a tenor de las descripciones que se dan en algunos momentos de
aquel animal, creemos que como mínimo podríamos estar hablando de
varios ejemplares, que incluso pudieron moverse juntos, y de los que
a priori
únicamente fue cazado uno de estos.
La gente de
la región afectada recordaba que aquella criatura era astuta, algo
que se apreciará en uno de los sucesos que recordaba cómo en un
campo de Cesano, unos campesinos armados con sus fusiles fueron
incapaces de alcanzar a aquel animal debido a la rapidez con la que
actuaba (una característica que también apreciaremos en el caso de
la bestia de Gévaudan). Igualmente, tenemos constancia de que
durante ese verano se efectuaron diferentes batidas, aunque todas
ellas acabaron resultando inútiles.
Los
nervios, la imprecisión de las armas de fuego de la época y la
falta de puntería, eran motivos suficientes para que aquel o aquellos
animales no resultasen un blanco fácil. Ante tal situación, el gobierno
tomó cartas sobre el asunto, colaborando en busca de su captura, a través
del pago de recompensas, permitiendo así que intervinieran un número
importante de partidas armadas.
Las
víctimas
Analizando
las edades de las personas fallecidas, se comprueba cómo los datos
que se recogieron en su momento sobre las víctimas, señalan al
menos un total de 10 menores de edad, y que murieron como
consecuencia de ataques muy similares, en una franja de tiempo
reducida.
En el caso
milanés, apreciamos que las víctimas se concentran en un intervalo
inferior a dos meses, así como que se producen en puntos a
distancias considerables y en espacios de tiempo muy corto, por lo que,
partiendo de los itinerarios que esa criatura pudo ir efectuando,
parece muy difícil atribuir la totalidad de todas las muertes a un
mismo espécimen, y que como se ha dicho, además se describe de dos
formas diferentes.
Al
respecto, incluso hubo un testigo, que al referirse a la famosa
bestia, afirmaba que en realidad eran dos lobos juntos, puesto que este
mismo los llegó a presenciar. Es por ello que planteamos como hipótesis, que
posiblemente lo correcto sería hablar más bien de “las bestias”,
en lugar de “la bestia” de Cusago.
|
Nombre
|
Edad
|
Localidad
|
|
Giuseppe Antonio
Gaudenzio
|
10
|
Cusago
|
|
Carlo Oca
|
8
|
Limbiate
|
|
Giuseppa Saracchi
|
6
|
Camino entre Cascina
Pobbia y Corbetta
|
|
Antonia Maria Beretta
|
8
|
Senago
|
|
Domenico Cattaneo
|
13
|
Assiano
|
|
Giovanna Sada
|
10
|
Arluno
|
|
Regina Mosca
|
12
|
San Siro
|
|
Anna Maria Borghi
|
13
|
Groana di Barlassina
|
|
Giuseppa Re
|
13
|
Chiappa Grande di
Bareggio
|
|
Maria Antonia Rimoldi
|
(menor de edad)
|
Mazzo
|
Listado
de las víctimas atribuidas a la bestia de Cusago en el verano de
1792. Extraído de los datos de Oriani, A., & Comincini, M.
(2002)
Además de
los nombres que se recogen en la tabla, cabría añadir otros tantos
que también representan a jóvenes que fueron atacados por ese
animal, pero con la fortuna de que consiguieron sobrevivir.
Conocido es
al respecto el caso de Dionigi Giussano (de 12 años de edad), quien
fue atacado en Boldinasco y a pesar de ser arrastrado por el animal,
pudo salvar su vida gracias a la intervención de un adulto que hizo
huir a esa criatura, aunque no por ello dejando al joven gravemente
herido.
Otros
supervivientes que se documentaron fueron dos hermanos mellizos de
Lainate, y que en el momento del suceso tenían 14 años de edad.
Estos fueron sorprendidos cuando cuidaban su ganado. A pesar de que
estaban acompañados por otros niños, el animal se acercó hacia el
varón de los mellizos (Gerolamo Boscone), quien gracias a su rapidez
consiguió escapar; no obstante, el lobo alcanzó a su hermana
Giovanna Boscona, quien fue salvada gracias a la intervención de su
propio hermano, resultando aun así herida por haberle intentado el
lobo coger del cuello. Afortunadamente esta niña consiguió
sobrevivir.
En
Sidriano, dos muchachas que estaban cuidando dos vacas y una cerda,
se vieron intimidadas por la criatura. Estas al correr hacia los
animales, llegaron a tiempo para guarecerse entre la protección de
su ganado. De modo que las vacas gracias a su instinto de
supervivencia, consiguieron ponerse en posición defensiva, encarando
con sus cabezas a la criatura atacante, y consiguiendo así hacer huir a aquel animal. Este
hecho recordemos que también se recogerá en otras historias, como
en el caso de la bestia de Gévaudan. Parece ser que en el bosque de
Cusago, otro conjunto de reses consiguieron repeler un ataque de este animal, de ahí que veremos que en más de una ocasión, tanto
bueyes como vacas llegaron a salvar la vida a sus dueños.
La
situación tan tensa que se vivía por momentos, hizo que el terror
se apoderara de la población. Algo que desde luego no era para
menos, y que por ejemplo se tradujo en momentos de nerviosismo y confusión, donde
lo que se creía que era un lobo, en realidad no lo era, tal y como
le acabó ocurriendo a una niña de Corbetta de 15 años, quien creyó
ver a aquella criatura, cuando en realidad se trataba de un ternero que había en el campo.
Algo similar le sucedió a un joven cerca de Villacortese,
descubriéndose posteriormente que la criatura que le asustó se
trataba de una cabra.
Julio
y agosto de 1792. Dos meses críticos
Corrían
los primeros días del mes de julio. Un mes veraniego del que nadie
presagiaba las fatídicas semanas que quedaban por vivirse en esa
región de las afueras de Milán. Concretamente los hechos comenzaron
a ocurrir entre la jornada de los días 4 y 5 de julio, la fecha en
la que ya contamos con datos que nos hablan de una primera persona
que fue devorada por aquella criatura.
Se trataba
de un niño llamado Giuseppe Antonio Gaudenzio, procedente de Cusago.
Como ya se ha comentado, en esta zona había muchos lobos. Sabemos
que en esta localidad por aquel entonces existía un bosque, en el
que habitaban muchos de estos animales, y que, aprovechando la
proximidad de las zonas de pasto, se acercaban hasta esos lugares en
busca de reses de las que poder alimentarse.
Las gentes
comentaban que la criatura que había producido aquel primer ataque
se escondía de forma premeditada, por lo que se recomendaba muchas
veces que las personas no llegaran a introducirse en este tipo de
parajes si se iba desarmado. Como era normal entre los jóvenes de la
época, y de la misma forma que apreciamos en casos como el de la
bestia de Gévaudan, era habitual que los niños de las familias
trabajaran ayudando en las labores de explotación animal a pesar de
su corta edad. Es por ello que justo ese día cuatro de julio,
mientras Giuseppe Antonio iba con su vaca (y que era de los pocos bienes de valor que tenía su familia), parece ser que este la perdió
de vista, por lo que cuando llegó a casa y manifestó a su padre lo
ocurrido, su progenitor le dijo que volviera a buscarla, y que no
retornara hasta que aquella no apareciese. Finalmente, el
joven fue atacado mortalmente por la bestia mientras la buscaba. A
partir de ese momento, comenzó a extenderse la historia de la bestia
de Cusago por la región.
El 8 de
julio en Limbiate, varios jóvenes que estaban vigilando sus ganados
vieron acercarse a la bestia, a la cual calificaron como una especie
de animal feo y semejante a un perro. Estos se asustaron, subiéndose a
los árboles, y agrupándose sus animales para defenderse.
Por
desgracia, transcurrido un tiempo, los niños creían que este ya se
había marchado, por lo que, al bajar de los árboles, los muchachos,
ya en el suelo, se volvieron a ver sorprendidos por aquel animal que
les volvía a perseguir, siendo alcanzado por desgracia uno de ellos. A pesar de que los campesinos acudieron en su
ayuda, toda labor de socorro por salvar su vida resultó imposible.
Precisamente,
esta historia de jóvenes que se suben a la parte superior de un
árbol para ponerse a salvo nos recuerda mucho a un relato de 1799,
en el que unos niños en la granja de Paliès (Francia), al
percatarse de la presencia de otro lobo (en este caso la denominada
“bestia de Veyreau”), subieron hasta la parte alta del mismo para
poder resguardarse.
Las
víctimas por desgracia irían incrementando, así pues, el día 11
de julio, se supo que en el camino de Novara, otra víctima de seis
años había sido atacada mortalmente por la bestia. En este caso la
niña fue sorprendida en un área que va de Corbetta a la Cassona
Pobbia, cuando se encontraba cuidando algunos animales.
Durante la
parte restante del mes de julio, parecía que la intensidad de los
ataques iba disminuyendo; no obstante, el miedo estaba presente entre
las gentes de esta zona rural, pues ya se habían producido en
escasos días tres víctimas mortales.
A todo ello
cabe añadir el desarrollo de incursiones y daños en explotaciones
de granjas, hasta las que acudía esta criatura en busca de comida.
El gobierno incluso llegó a colocar hombres armados en las zonas
donde los jóvenes llevaban a su ganado a pastar, ante la posibilidad
de que la fiera pudiese aparecer. Poco después, llegados al mes de
agosto, veremos cómo justo el día 2 se tendrá constancia de un
nuevo ataque.
En una
ocasión, al caer la noche en Senago, durante una vigía nocturna de
los pastores, al lado de un bosquecillo, la temida criatura se lanzó
contra aquellas personas. Al no haber gente armada, un campesino que
estaba cerca pudo acudir con su hoz, enfrentándose a la bestia, y
contra la que se encaró con su herramienta de trabajo. Esta, según
se relata, estaba erguida sobre sus patas, tratando de atacar a aquel hombre,
mientras este le plantaba cara. Finalmente, el animal abandonó el
lugar, persiguiendo a los jóvenes que habían huido, alcanzando a la
hija de un leñador.
El
recorrido del terror no había finalizado, pues hacia la tarde del
día siguiente a lo ocurrido en Senago, aquel animal volvió a
aparecer cerca de Assiano ante tres jóvenes que vigilaban sus vacas,
atacando mortalmente a uno de estos. Parece ser que durante ese suceso,
la bestia se movía por el bosque de Casorate.
La lista de ataques
mortales fue incrementándose, pues de nuevo cabía sumar otra niña
que se encontraba en la zona de Arluno, y que de la misma forma se
vio sorprendida por esta criatura.
El día 11
de agosto la fiera llegó hasta la Cassina de San Siro, es decir,
prácticamente a una distancia de una milla de la Porta Vercellina,
por lo que se puede decir que esta criatura llegó casi hasta las puertas de
Milán. Allí atacó mortalmente a otra joven de doce años que se
encontraba en uno de los campos de esa zona.
Recordemos
que precisamente uno de los animales que se creía que pudo ser la
famosa bestia de Cusago fue capturado en una de las trampas que se
levantó en esta zona de las afueras de Milán. Concretamente,
aquello ocurrió el 18 de septiembre, cuando se anunció que la
bestia cayó presa en una de las fosas que se realizaron a lo largo
de las diferentes zonas de la región afectada, siendo esta
identificada con la que, como se comentará después, fue la misma
que se vio el 20 de agosto. La trampa se hallaba en una fosa que
existía fuera de la Puerta Vercellina de Milán, es decir, alrededor
de lo que hoy es la zona de la intersección de Vía Toti y Corso
Vercelli.
Como ya se
ha comentado, la bestia sería también vista en Boldinasco, donde un
joven de doce años consiguió sobrevivir a pesar de las mordeduras
sufridas, gracias a que sus gritos de auxilio fueron escuchados por
una persona que valientemente se acercó hasta el lugar y consiguió
hacer huir a aquel animal. Afortunadamente, el mozo atacado consiguió
sanar sus heridas.
El día 16
de agosto, la temible criatura volvía a aparecer en el paraje de
Groane o Graona di Barlassina, un entorno natural donde el animal
seguramente aprovechó las prestaciones naturales que le ofrecía el entorno para guarecerse.
En la
localidad de Barlassina, la víctima fue una niña. Según el relato, veremos que en esa ocasión, el animal se acercó cariñosamente hasta la joven moviendo su cola, como si
intentase jugar con ella. Por lo que el animal, aprovechando la
cercanía y relajación de la víctima, acabó atacándola. Este
relato (pero afortunadamente sin un final trágico), también lo
veremos en el caso francés de la bestia de Veyreau, donde se dice
que un vecino de la localidad de Saint-André-des-Vézines intentó
acariciar a aquel animal que se estaba moviendo por el lugar,
prácticamente como si de un perro se tratase. En el caso francés no
ocurrió ninguna desgracia, puesto que el animal acabó huyendo. Otra
víctima de esta criatura fue una niña de 14 años, que en
la zona de Bareggio, cuando iba a recoger leña, fue sorprendida por
esta.
El
siguiente y último ataque mortal según relata la crónica de la bestia, se produjo en la
localidad de Mazzo, cuando dos niños fueron sorprendidos por esta en un campo de maíz. Se dice que se presentó aparentemente de forma
juguetona, por lo que uno de los niños incluso llegó a tocarla, cuando de repente esta se abalanzó sobre uno de ellos.
El primo de la niña atacada, y que era un hombre adulto de 20 años, al oír los gritos, acudió rápidamente hasta el lugar, aunque al llegar
allí, y tras toparse con la bestia e ir desarmado, decidió ir a
buscar ayuda. Por desgracia, las heridas sufridas por la joven fueron
demasiado graves, por lo que moriría al amanecer del día
siguiente.
Finalmente,
a principios de septiembre, la bestia de nuevo atacó a dos hermanos (un niño y una niña) que estaban en el campo. Afortunadamente, el varón
pudo defenderse, llegando a golpear el hocico de la bestia. Luego
aquella criatura se abalanzó sobre la hermana, por lo que esta tuvo
el coraje de agarrar al animal de la cola y propinarle varios golpes
en el lomo, consiguiendo que esta saliese del lugar. Las heridas
de la niña consiguieron sanarse, por lo que lo ocurrido quedó en un
susto.
Sabemos que
por ejemplo, durante aquellos días atrás, muchos cazadores estaban
intentando dar con la criatura. Se dice incluso que hubo algunas
personas que estaban encaramadas en lo alto de los árboles (como ocurrió
en Uboldo y Mombello), ya que desde la posición resguardada que les
otorgaba esa altura, esperaban junto a estanques artificiales la
llegada del animal, puesto que se habían colocado señuelos (pollos
y corderos), para que así esta acudiese hasta aquel punto.
También se
propusieron diferentes ideas que no se llevaron a cabo, como la de
colocar 20.000 lazos de latón, de forma que en alguno el animal
podría acabar quedando atrapado.
Recordemos que se planteó la
construcción de una serie de fosas revestidas de hierbas, con un
cebo en la zona central, para que así cuando la presa se acercara
esta cayese en la trampa. Es por ello, que dos semanas
después del último ataque en el que sus víctimas consiguieron
sobrevivir, se informaba de que la bestia había sido cazada en una
de esas trampas loberas dispersas por diferentes puntos de la región.
Parece ser que la zona donde se capturó no se hallaba muy lejos de
donde se produjo el ataque mortal a una de sus víctimas semanas
atrás. Esto ocurría en las afueras de la Puerta Vercellina de
Milán.
Cuando el
animal fue capturado, una de las muchachas que estaba presente cuando
fue atacada mortalmente la joven del día 11 de agosto, confirmaba
que ese era el mismo que semanas atrás había matado a aquella niña.
Lo mismo ocurrió con un joven que sufrió mordeduras y que pudo
contar su encuentro con el lobo, reconociendo también ese espécimen
como el mismo que vio en su momento.
Cabe decir
que la captura de ese animal no fue motivo de tranquilidad
permanente, ya que, como se ha indicado, se cree que como mínimo
aquellos ataques registrados entre julio y septiembre de 1792 podrían
haberse efectuado al menos por dos animales de acuerdo a las
características que se mencionan de estos (no siendo tampoco
descartable incluso alguno más que se movía por la misma zona).
Esto dará
lugar a que muchos nativos siguiesen estando en alerta, pues los
lobos y sus ataques, como se vio con el transcurso del tiempo, no
desaparecerían en años posteriores en la región.
Por otro
lado, una parte de la población creía que con aquel lobo cazado, al
menos se podía haber dado con el principal causante de los daños
que se estaban generando en la zona, lo cual, a tenor de los datos
que se recabarán, podría confirmar esta teoría.
"La
primera bestia de Cusago"
Ya se ha
comentado que, como mínimo, podríamos estar ante dos animales que
actuaban moviéndose por un amplio radio, y que en ocasiones
llegarían incluso a coincidir, sin descartarse la presencia de
alguno más, lo que incrementaría la cifra a varios lobos.
Precisamente,
si comparamos las descripciones que se hacen de este, grosso
modo
vemos dos patrones diferentes. Habiendo testimonios que nos hablan de
un ejemplar de color gris u oscuro, mientras que otros señalan un
espécimen rojizo o pardo.
El ejemplar
que aparece descrito como un animal de color oscuro es el que se
menciona en el ataque del 8 de julio, cuando unos jóvenes que lo
vieron de cerca lo describieron como una criatura con cabeza ancha y
un pelaje negruzo manchado en la parte superior, con un color
blanquecino en la zona inferior. La descripción que se realiza del
ataque mortal a una niña en julio era la de “una
bestia que tomaron por un gran perro, de color gris ceniciento oscuro
con manchas negruzcas” (Mura, G. (Ed.). (s. f.)).
En el aviso
promulgado por el gobierno el 14 de julio de 1792, se indica que esa
criatura era de un “color
ceniciento oscuro casi negro, del tamaño de un gran perro” (Mura,
G. (Ed.). (s. f.). No sería descabellado proponer que se tratase del
mismo ejemplar que se menciona en una carta con fecha del 19 de
agosto de 1792, en la que se indica que han sido vistas dos
criaturas, siendo una de estas: “de
color ceniciento con vetas onduladas, cola corta y cabeza grande,
hocico semejante al de un cerdo y cintura delgada”.
"La
segunda bestia de Cusago"
A
principios de agosto ya se comentaba que aquel animal que estaba
sembrando el miedo por esta zona de las afueras de Milán eran en
realidad dos criaturas, algo obvio si tenemos en cuenta la intensidad
de los últimos ataques y las distancias que esta había recorrido en
escaso margen de tiempo, habiendo además algún testimonio que
acreditaba haberlas visto juntas a ambas especies, diferenciando
incluso entre un macho que parecía más ágil y fuerte, de una
hembra de menor tamaño.
En la
información que traslada Mura, ya se comenta que en una carta al
marqués de Stampa de Soncino en Cusago, y fechada el 19 de agosto de
1792, que “dos
bestias feroces estaban en un campo sembrado de maíz en la Cassina
Biscona, donde se comieron dos polluelos y mataron otros dos”. Esta
continúa detallando: “La
más grande es completamente rojiza con una franja blanca bajo el
vientre; tiene la cabeza semejante a la de un ternero, ojos grandes,
cola fina y rizada con un mechón de pelo blanco en la punta y
bastante larga, y salta al huir como un corzo. La otra, más pequeña,
igual a un gran perro, es de color ceniciento con vetas onduladas,
cola corta y cabeza grande, hocico semejante al de un cerdo y cintura
delgada; y esta es una bestia muy fea de ver, mientras que la más
grande es muy hermosa y bien proporcionada” (Mura, G. (Ed.). (s. f.).
Sobre
la cuestión de si se trataba de lobos o de otro tipo de animal, ya
hemos comentado que aquí surgen disparidad de opiniones. Ya por
aquel entonces había gente que defendía la posibilidad de que se
tratara de lobos de un tamaño superior al de un ejemplar medio, tal
y como hemos comentado en diferentes casos, mientras que otras versiones hablan de hienas o animales extraños. Las dudas quedan
resueltas cuando el 18 de septiembre el animal cazado se describe
como una loba de color rojizo, encuadrándose con la que en el
presente artículo nosotros hemos designado como la segunda bestia de
Cusago.
David
Gómez de Mora
Bibliografía:
*Mura, G.
(Ed.). (s. f.). Giornale
[Edición digital]. Biblioteca Nazionale Braidense, Segnatura
14.16.E.8.20. http://braidense.it/scaffale/giornale.htm
*Oriani,
A., & Comincini, M. (2002). Living
with death in the 1700s.
Ponencia presentada en el congreso de la Italian
Society of XVIII Century Studies,
Santa Margherita Ligure, Italia, 30 de septiembre–2 de octubre de
2002.
http://www.storiadellafauna.it/scaffale/testi/oriani/oria_comi.htm