sábado, 8 de agosto de 2026

El linaje “Alonso de Ojeda”

La historia del apellido Ojeda en el territorio conquense es algo de lo que todavía queda mucho por investigar. Conocemos algunos estudios, como el que hizo en su día Gonzalo Miguel Ojeda (1959) al tratar los orígenes del hidalgo Alonso de Ojeda, o alguno de los artículos del blog de las gentes del Valdemembra, destacando especialmente el presentado por los investigadores Sebastián Hernández de Luján, Juliana y Margarita Toledo Algarra (2018, 11 de noviembre), al indagar la figura del prior Francisco Lucas.

Estas publicaciones ponen de relieve la importancia de este apellido, y sobre el cual nosotros también realizamos una pequeña publicación en diciembre de 2021, tratando algunas cuestiones que aquí sería interesante volver a remarcar, además de ampliar en la línea de lo que comentamos.

Al respecto, en dicho artículo tratamos algunas cuestiones, como la de que creemos, a nuestro juicio, que hay que distinguir entre lo que sería el linaje o apellido “Alonso de Ojeda” respecto de otros “Ojeda”, y que, como ya se aprecia en el caso conquense, están documentados en estas tierras como mínimo ya desde el siglo XV, sin guardar relación aparente con la casa burgalesa.

Otro tema que esbozamos en esa misma publicación fue que tampoco está clara la ascendencia del famoso navegante y conquistador Alonso de Ojeda, con la línea burgalesa. Pues cierto es que, aunque algunas de las ramas descendientes de la casa burgalesa, con el paso de los siglos, recordarán su vínculo parental con él, por ahora todo queda en el campo de la hipótesis, puesto que ni tan siquiera sabemos a ciencia cierta quiénes eran los cuatro abuelos de este histórico personaje.


Heráldica de los Alonso de Ojeda (IA), donde se representa un brazo armado que alcanza con su espada la cabeza de una sierpe alada, así como cinco hojas o panelas a su lado. Este blasón lo identificamos y separamos de forma individual a través de la lectura de un cuartel procedente de una casa señorial de Bentretea (Burgos). En esta vivienda todavía se mantienen las armas en piedra, tradicionalmente en su conjunto atribuidas a la casa de los Ojeda, aunque cabe matizar que en realidad dicho escudo está integrado por tres cuarteles diferentes, uno de los cuales es el que aquí representamos como de los Alonso de Ojeda y empleado también por los Ojeda, así como otro de los dos restantes vinculado con los Bárcena.


Los padres del capitán Alonso de Ojeda

Como bien saben los investigadores que se han dedicado a analizar con detalle los orígenes de este personaje histórico, algunos han visto sus raíces en la ciudad de Cuenca; por ejemplo, Miguel Ojeda (1959, p. 86) ya recogía la conocida referencia y que fue tomada por otros autores de que el capitán Alonso fue hijo de un Hernando de Ojeda y María de Atienza (vecinos de Cuenca por aquellos tiempos), aunque matizando ya en su momento que en ese caso podría tratarse de otro Alonso de Ojeda. No obstante, años más tarde, Louis-André Vigneras, a través de su estudio titulado “Antecedentes familiares de Alonso de Ojeda (1975)”, indicaba que el conquistador era hijo de Rodrigo de Huete.

De ser así, no hubiese sido descabellado que el apellido Ojeda al capitán le pudiera haber recaído por el costado materno o venir de uno de sus cuatro abuelos. No obstante, por lo que atañe a nuestro interés, poco más podemos decir. 

Por otro lado, sobre la figura de Rodrigo de Huete, Manuel de Parada en su bibliografía optense (2018, p. 183) comenta al respecto que “el mismo Rodrigo de Huete, vecino de la Ciudad y vasallo de la Reina, que en 1476 denuncia ante la misma el robo de su ganado por vecinos de Torrejoncillo y de la Parrilla, y criados del comendador Juan de la Panda. Pudiera haber sido el anterior secretario del rey”

Este dato ciertamente podría dar luz a esa vinculación del personaje con Torrejoncillo del Rey y la Alcarria Conquense, aunque seguiría sin precisar que Alonso de Ojeda tenía un origen burgalés. Además, el mismo autor en su obra indica que el cirujano optense Maestre Alonso, que también pasó a América, conoció meses antes a este Alonso de Ojeda (Parada, 2018, p. 396). Un dato curioso, pero que no confirma ningún parentesco entre ambos. Además, como sabemos, la casa de los Alonso optenses era una familia que al menos en una de sus ramas arrastraba un origen converso, estando además habitando la ciudad de Huete como mínimo desde el siglo XV. Por lo que cabe descartar a priori que este Alonso tuviese alguna vinculación con los "Alonso de Ojeda" de Burgos.


Restos de la casa-torre de la familia de los Ojeda y Alonso de Ojeda, presente en la localidad de Ojeda (imagen del autor). A mediados del siglo XX, y hasta años más tarde, a pesar de ya presentar un estado ruinoso, esta construcción todavía mantenía en pie sus tres alturas y parte de su tejado.


Apuntes sobre los “Alonso de Ojeda”

Ya hemos indicado que para nosotros una cosa es el linaje burgalés de los Alonso de Ojeda, y otra cosa la casa de los Ojeda conquenses, a falta de algún dato revelador que nos permita de forma pausible solapar sus genealogías.

Si marchamos hacia las tierras de Burgos, y más concretamente al pequeño enclave de Ojeda, y perteneciente al municipio de Rucandio, veremos que allí ya desde siglos atrás existía una familia que llevaba por apellido Alonso, y que además se halla extendido a través de diferentes ramas alrededor de esa área geográfica, expandiendo de forma bastante amplia un linaje, que en ocasiones resulta imposible el poder unificar con otras casas de idéntico apellido.


Escudo cuartelado en una casa señorial de Bentretea (Burgos). En el cuartel superior apreciamos las armas de los Alonso de Ojeda con el brazo armado del caballero que corta la cabeza de la sierpe alada, así como las cinco hojas o panelas (en alusión a la palabra “ojeda”). En la parte derecha se encuentran los seis bezantes puestos en dos palos de la familia Bárcena (Imagen del autor).

En el caso conquense, supimos por Juliana Toledo la presencia del apellido Ojeda en la localidad de Motilla del Palancar, estando relacionado al mismo tiempo con una casa de hidalgos. No obstante, si trazamos su genealogía, este se desvincula de la línea de la ciudad de Cuenca, donde es sabido que ya existía gente que lo mantenía desde el medievo, llevándonos así hacia las montañas de Ojeda, donde se puede ver de forma sola o compuesto como "Alonso de Ojeda".


Armas de don José Alonso de Ojeda y Martos, descendiente de la casa de Ojeda. Escudo partido: en el primer cuartel, en campo de plata, cinco hojas de hiedra del mismo esmalte. En el segundo, en campo de oro, una cabeza de sierpe cortada de sinople vertiendo sangre (imagen de José Figueroa Alcorta, en wikipedia.org).

Recordemos que los restos de la famosa torre que estos tenían en Ojeda se dice que fueron reparados por el caballero Juan Bautista de Ojeda y Alonso. Ahora bien, otra pregunta que nos debemos preguntar es quiénes eran estos Alonso y cuán importante era su hidalguía en la zona.


Árbol genealógico de los Bárcena procedentes de Bentretea y algunas de las líneas de los Alonso de Ojeda, vecinos de Cantabrana y otras localidades del entorno (elaboración propia). Realizado a través del cruce de las referencias del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (1732, 1736, 1738 y 1755)

Restos del escudo nobiliario que en tiempos adornó el muro frontal, de acuerdo a la información de Gonzalo Miguel Ojeda (1959, p. 85), y que actualmente forma parte de la fachada de una casa en el pueblo de Ojeda.


Los Alonso de la zona del Valle de las Caderechas

Si partimos de estudios como el de la localidad de Tamayo que ha realizado Eduardo Tamayo, queda claro que la presencia de miembros con el apellido Alonso de Ojeda y otras derivaciones del linaje Alonso, ya estaban muy extendidos en el siglo XVI por estas tierras.

Si trazamos la genealogía de algunas de las ramas del apellido Alonso en esta comarca, veremos cómo bastantes se insertan dentro del estado noble, consolidándose como casas de una pequeña nobleza local, que al menos tuvo cierta relevancia en esa región de la que procedían, y en donde debemos enmarcar el caso de los “Alonso de Ojeda”.

Los tratados genealógicos señalan que el apellido Alonso estará esparcido a lo largo de las tierras de Burgos, arraigando en unos orígenes caballerescos, que servirán al mismo tiempo para que se considerara a sus portadores legítimos hidalgos. Esto explicará que en muchos lugares el apellido se enmarcase dentro del estado noble, estando por ello extendida la creencia de que la primera casa que salió de Asturias era la procedente del valle de Valdivieso. 

Así, por ejemplo, el solar que había en la ciudad de Burgos; los tratados indican que procedía de la línea descendiente del condado de la Merindad de Valdivieso, remontándose por ello a los tiempos del avance cristiano en estas tierras. Esto sin duda explicará que veamos diferentes líneas del apellido Alonso con hidalguía reconocida, sin que entre ellas uno pueda establecer nexos genealógicos.

Así, por ejemplo, si consultamos aquellos vecinos que en el año 1651 figuran como hidalgos en la localidad de Bentretea, existen alrededor de unas treinta personas. De estas, algunos apellidos (aproximadamente un 50%) están representados por miembros de la familia Bárcena, Ojeda y diferentes de las ramas del apellido Alonso, las cuales, como sabemos, mantendrán una política matrimonial muy estrecha en diferentes localidades de esta zona.

Lista con algunos de los vecinos del padrón de hidalgos de Bentretea del año 1651 en los que se recoge a integrantes del linaje Alonso, Ojeda y Bárcena (ARCV, 1651, fol. 29):

-Agustín Alonso de Linaje

-Cosme de Bárcena

-Pedro de Bárcena

-Alonso de Prado

-María de Bárcena (viuda)

-Diego de Bárcena (menor)

-Diego de Bárcena Aguado

-Sancho Alonso de Prado

-Roque Alonso de Prado

-Francisco de Ojeda

-Ana Alonso (viuda)

-Juan de Bárcena

-Juan de Ojeda

-Casilda Alonso de Prado (viuda)


Escudo de los Alonso (Bentretea). En este caso puede leerse el nombre de Santos Alonso (Imagen del autor).

Tengamos en cuenta que los Alonso, como las líneas que acompañarán este apellido, serán tenidas como hidalgos en diferentes localidades, de ahí que los Alonso de Prado, Alonso de Linaje, Alonso de Ojeda y otros más integrarán parte de esa nobleza local de esta tierra. 

Muestra de ello es la genealogía que se presenta para caballero de Santiago de Juan Bautista Alonso de Vivero y Alonso de Linaje, y que se recoge en un artículo del blog de Héctor Hernando (2025, 22 de febrero), donde podemos leer que los padres de Juan Bautista fueron Juan Bautista Alonso de Vivero (vecino de Escobados de Abajo) y María Alonso de Linaje (ella de Bentretea), así como sus abuelos (paternos) Bartolomé Alonso de Vivero (hijo a su vez de Bartolomé Alonso de Vivero y María de Barcena) y Casilda Guilarte; y (maternos) Agustín Alonso de Linaje y Francisca Alonso de Prado.


Escudo de los Bárcena en Bentretea (imagen del autor)

Valgan pues estas modestas notas para conocer un poco mejor el nombre que alcanzaron algunas de estas familias en esta zona de la tierra de Burgos, al tiempo que el establecimiento reiterado de políticas matrimoniales entre las casas hidalgas de los Ojeda o Alonso de Ojeda y los Bárcena.

David Gómez de Mora


Fuentes documentales:

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. (1651). Padrones de vecinos del año 1651 correspondientes a diversos lugares que empiezan por la letra B y forman parte de la antigua provincia de Burgos (Protocolos y Padrones, Caja 122, 2; Código de referencia ES.47186.ARCHV//PROTOCOLOS Y PADRONES, CAJA 122,2). Portal de Archivos Españoles (PARES).

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. (1732, 29 de febrero). Pleito de Francisco Alonso de Ojeda, vecino de Oña (Burgos) (Sala de Hijosdalgo, Caja 923, 57; Código de referencia ES.47186.ARCHV//SALA DE HIJOSDALGO, CAJA 923,57). Portal de Archivos Españoles (PARES).

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. (1736, 6 de diciembre). Pleito de José de Bárcena, vecino de Poza de la Sal (Burgos), natural de los lugares de Cantabrana y Bentretea (Burgos) (Sala de Hijosdalgo, Caja 928, 61; Código de referencia ES.47186.ARCHV//SALA DE HIJOSDALGO, CAJA 928,61). Portal de Archivos Españoles (PARES).

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. (1738, 14 de noviembre). Pleito de Santiago de Bárcena, abogado de la Real Chancillería, vecino de Frías (Burgos), originario de Bentretea (Burgos) (Sala de Hijosdalgo, Caja 1095, 26; Código de referencia ES.47186.ARCHV//SALA DE HIJOSDALGO, CAJA 1095,26). Portal de Archivos Españoles (PARES).

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. (1755, 16 de febrero). Pleito de Pedro Alonso de Ojeda, vecino de Poza de la Vega (Palencia) (Sala de Hijosdalgo, Caja 955, 36; Código de referencia ES.47186.ARCHV//SALA DE HIJOSDALGO, CAJA 955,36). Portal de Archivos Españoles (PARES).

Wikipedia. Archivo: Ojeda y Martos.jpg [Imagen]. En: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Ojeda_y_Martos.jpg


Referencias:

Gómez de Mora, D. (2021, 12 de diciembre). Los Ojeda en el territorio conquense. Blog personal de David Gómez de Mora. https://davidgomezdemora.blogspot.com/2021/12/los-ojeda-en-el-territorio-conquense.html

Hernández de Luján, S., Toledo Algarra, J., & Toledo Algarra, M. (2018, 11 de noviembre). Testamento del prior Francisco Lucas. De las gentes del Valdemembra. https://alariberadelvaldemembra.blogspot.com/2018/11/testamento-del-prior-francisco-lucas.html

Hernando Arce, H. (2025, 22 de febrero). El apellido "Alonso de Vivero" en la Molina de Ubierna. Árboles genealógicos: Merindad de Río Ubierna (Burgos). https://genealogiarioubierna.blogspot.com/2025/02/el-apellido-alonso-de-vivero-en-la.html

Miguel Ojeda, G. (1959). El hidalgo Alonso de Ojeda. Boletín Americanista, (2), 83–91.

Parada y Luca de Tena, M. de. (2018). Bibliografía optense. Ayuntamiento de Huete. https://www.huete.org/web/plenos/bibliografia_huete.pdf

Tamayo Aguirre, E. (s. f.). Datos demográficos. Tamayo: Apellido, origen, pueblo. https://www.tamayo.info/index.php?pag=pueblo&cap=1&id=Demografia

Vigneras, L.-A. (1975). Antecedentes familiares de Alonso de Ojeda. Revista de Indias, 35(139–142), 13–16.

Notas sobre eremitorios y otros elementos de la arquitectura rupestre en el territorio optense. Una visión personal

La abundancia de eremitorios y elementos de arquitectura rupestre en la tierra de Huete y sus alrededores, es importante tenerla en cuenta si se desea interpretar el contexto histórico de esta área geográfica, durante lo que fue el periodo alto medieval.

Para conocer esa forma de vida y sociedad del momento, creemos que es necesario tener presentes otros enclaves del territorio peninsular, en los que se aprecian similitudes, y que, dejando a un lado su lejanía o singularidades, manifiestan bastantes elementos en común que nos recuerdan algunos paralelismos.

Cierto es que resulta muy complejo el poder atribuir cronologías y explicaciones precisas a muchos de estos elementos, teniéndose en cuenta la pobre documentación y sencillez en la forma de vida de dichas comunidades.

Si marchamos hacia tierras ubicadas hacia el norte del territorio conquense, apreciaremos múltiples espacios de estas características, que en algunos casos se interpretan como eremitorios habitados por personas que llevan una vida apartada de la sociedad, así como en otros casos de comunidades con un contacto más estrecho, alrededor de una zona donde veremos pobladores mozárabes de modo ininterrumpido.

Los eremitorios se entienden en muchas ocasiones como espacios excavados o esculpidos sobre el relieve, con más aspecto de refugio que de un templo, y en los que personas encontraban en sus entrañas un lugar de oración y acogimiento que les permitía aislarse físicamente, profundizando en esa espiritualidad indispensable para el desarrollo de este estilo de vida.

Veremos muchas veces cómo en este tipo de lugares, a simple vista, se puede interpretar la presencia de algunos de los habitáculos que tenían esas comunidades eremíticas, tales como el presbiterio o la sacristía, así como la abertura de zonas concretas en la roca, que permiten que en momentos determinados del año el Sol pueda iluminar hasta una parte determinada de ese lugar.

Ahora bien, es obvio imaginar que este tipo de enclaves podrían ir sufriendo diferentes usos (dependiendo del periodo histórico en el que nos movamos). Y es que no era lo mismo la práctica eremítica que un religioso podría llevar durante el siglo VII que, por ejemplo, en los tiempos de la ocupación musulmana durante los siglos VIII-IX, o una centuria más tarde, siempre dependiendo del contexto religioso y político del lugar en el que se encontrara asentado.

Para nosotros en el caso del territorio conquense, ya hemos comentado que la utilidad y aprovechamiento de este tipo de lugares, va más allá del periodo visigodo, extendiéndose de pleno durante lo que es toda la alta edad media, hasta incluso la Reconquista, permitiendo por ello la permanencia de pobladores que ya englobariamos en este caso dentro de las comunidades mozárabes.

Esto consideramos que es importante tenerlo en cuenta, así como de la misma forma, la dificultad que conlleva atribuir cronologías a las diferentes tipologías de cuevas como tumbas excavadas sobre la roca que veremos en este tipo de lugares.

Por ejemplo, la presencia de tumbas de menor tamaño que se asocian con niños y, por tanto, como comunidades de familias dentro de esos espacios que al mismo tiempo definimos como un eremitorio, son un claro ejemplo de la dificultad que nos permite atribuir usos variopintos o su evolución funcional con el transcurso del tiempo.

Ya comentamos en nuestro estudio sobre las comunidades mozárabes que pudieron haber habitando las tierras de Huete desde el siglo VIII hasta la instalación definitiva de los cristianos con la Reconquista en el siglo XII, que algunos de esos eremitorios podrían haber sido aprovechados, sufriendo por ello diferentes usos con el transcurso del tiempo. Algunos se reutilizarían con el paso de los siglos, llegando incluso a servir como cuevas de almacenamiento o incluso refugio para pastores hasta el siglo XX, lo que complicará más si cabe interpretar su historia.

Desconocemos de la misma forma buena parte de esas advocaciones que por aquellas fechas pudieron alcanzar cierta fama entre aquellos grupos de personas, así como cuáles conseguirían sobrevivir o mantenerse con el transcurso de los siglos una vez que la situación política y religiosa volviese a la normalidad. Pues creemos que la existencia de un determinado santoral o afinidad por algunas advocaciones, es obvio de imaginar entre las comunidades mozárabes.

Esto dará pie a un amplio abanico de interpretaciones sobre el fenómeno eremítico y las comunidades que orbitaban a sus alrededores. Ejemplo de ello lo apreciamos en tierras burgalesas, en lo que se denomina como las cuevas de los portugueses de Trespaderne, las cuales se han datado entre los siglos VIII-X, pero que por un lado se cree que han sido aprovechadas por comunidades ganaderas, mientras que otras interpretaciones nos hablan de celdas para una comunidad en las que vivían como eremitas.

Imagen generada por IA

Por nuestra parte, pensamos que este tipo de fenómenos, eran más habituales de lo que nos podríamos imaginar, pues la combinación de ambos usos en momentos diferentes es algo pausible (o incluso convergiendo), puesto que, como apreciaremos en algunos espacios de los existentes en la tierra de Cuenca, esos eremitorios ofrecen pequeños habitáculos que nos recuerdan a las celdas donde podían permanecer aislados los eremitas, al tiempo que una mayor amplitud en este tipo de habitaciones, incentiva a plantear la hipótesis de que estamos ante zonas para un uso de residencia familiar, probablemente aprovechadas por comunidades marginales que preferían estar a buen resguardo. Este tipo de planteamientos multifuncionales con el transcurso del tiempo por las poblaciones mozárabes es, sin duda, una de esas posibilidades que nunca debe desecharse.

Sobre la cronología de los diferentes eremitorios y zonas de arquitectura rupestre que hay en el área de la geografía optense, siempre se ha tendido a generalizar que la mayoría de estos enclaves tienen su origen en la influencia de la fundación servitana de San Donato en estas tierras. No cabe ninguna duda de que esto es evidente que tuvo que influir en la génesis de muchos de ellos, explicando a lo largo de un perímetro amplio, una explosión de este movimiento en esta área desde la segunda mitad del siglo VI.

Ahora bien, la cuestión que hay que plantearse, es si esto únicamente se presenta como algo temporal que llega hasta principios del siglo VIII para inmediatamente desaparecer, o es un fenómeno que con sus particularidades se va consolidando con el transcurso del tiempo, así como mutando de acorde a las necesidades y vicisitudes de los siglos venideros.

Nosotros, como ya hemos comentado en más de una ocasión, creemos que algunos de esos espacios seguirían usándose al tiempo que irían desapareciendo otros. Esto explicaría la presencia de bolsas de poblaciones mozárabes en esta zona del territorio conquense, las cuales jugarán un rol fundamental, estando al mismo tiempo conectadas y evolucionando, puesto que a nuestro juicio, no siempre cuando veamos un elemento de arquitectura rupestre, ese debe entenderse como un foco de aislamiento para uno o varios de aquellos eremitas que había en estas tierras, y que súbitamente durante el transcurso de la primera mitad del siglo VIII acabó desvaneciéndose.

El reaprovechamiento de estos espacios por comunidades o familias, que a la vez que explotaban el medio, no renunciaban a su uso y práctica religiosa, creemos como hipótesis que motivará a que alrededor de algunos de aquellos espacios monásticos se articulara una red de poblados, con pocos recursos, pero no por ello inexistentes, y que mantenían unidos a este tipo de grupos poblacionales en áreas marginales.

Al mismo tiempo, las noticias y difusión del culto que se producía en diferentes espacios de la península a mártires cristianos que pasaban a ser santificados, eran cuestiones que pensamos que influirían en el credo de esas sociedades, que en el caso de las poblaciones mozárabes, muchas veces se interpretarían como un referente en el que apoyar su fe y convicciones.

Una característica que hemos apreciado tanto en el caso conquense como en el de tierras más al norte, es la semblanza del material geológico en el que este tipo de espacios han sido creados, debido a la facilidad y maleabilidad que presentaba para aquellas personas el trabajar este tipo de zonas rocosas.

La presencia y cantidad de tumbas alrededor de estos enclaves, será también otro de los aspectos a tenerse en cuenta cuando hablamos de la presión humana del lugar, así como la cercanía de fuentes o reservorios hídricos que de manera regular sirvieron para ofrecer una supervivencia mínima a sus habitantes.

Respecto a las tumbas que se situaban en los alrededores de los eremitorios o poblados, sigue habiendo discusión en cuanto a la cronología que se les podría atribuir. Sabemos que estas en su momento estaban cubiertas con losas que protegían el cuerpo del difunto.

Aquellos cadáveres, previamente, se envolverían en sudarios, en los que, encajando su cuerpo en la forma excavada de la roca, bien colocando sus brazos cruzados sobre el pecho o estirados en los lados, y dejando el cuerpo acostado boca hacia arriba, esperaban la llegada del Juicio Final.

Esto nos lleva a pensar, además del contexto político-social que veremos especialmente a partir del siglo VIII, que aquel pensamiento influiría en la escasez de bienes y, por tanto, en la precariedad con la que vivían esas comunidades cristianas.

Y es que, dependiendo de la época en la que nos encontremos, las poblaciones mozárabes de estas tierras, ante la presión fiscal a la que estaban sometidas, habrán de reunir cantidades de dinero, con las que hacer frente a los pagos exigidos, u optar por una práctica criptocristiana, en el caso de no aceptar una conversión.

Por otra parte, la situación que en muchas de esas familias mozárabes se viviría (especialmente entre los siglos X y XI), respecto a la venida de Cristo y consiguiente Juicio Final, creemos que tuvo que influir en la percepción sobre la vida que tendrían muchas de esas personas, pues seguramente no pocas de estas estarían pensando en que el fin de los días estaba al caer. 

Esta mentalidad podría ayudarnos a plantear diferentes cuestiones, como la de la aceptación y normalización  de un escenario religioso, social y político adverso, que reforzaba sus creencias, y que al mismo tiempo, ayudaba a que muchas de esas comunidades, tanto de personas como de religiosos, se mantuvieran en ese territorio a pesar de la adversidad, entendiendo ello como una prueba más antes de la venida de Cristo.

Y es que en el medievo, la cercanía al siglo XI pudo haber hecho emerger muchos de esas corrientes de pensamiento en este tipo de comunidades, a través de esa idea extendida del milenarismo, y que, a pesar de no ser un elemento generalizado, fue aceptado por muchos religiosos como comunidades de personas. Ejemplo de ello se aprecia en la visión que nos ofrecerá el Beato de Liébana, trasladándose con el tiempo entre una parte de esa sociedad que aquí estamos describiendo.

Esto puede que incluso propiciara que algunas de aquellas personas entendieran el martirio o las problemáticas surgidas antes de la llegada del Juicio como un paso más para así conseguir su ansiada salvación. Al mismo tiempo, esto explicaría el modus vivendi de esas comunidades rurales que sobrevivían con lo justo, sin ningún tipo de lujos, más allá de lo indispensable para afrontar su día a día.

Creemos que esa mentalidad apocalíptica tuvo que ser un factor a tener en cuenta en algunas de esas comunidades que habitaban esta tierra, especialmente en momentos críticos, donde la esperanza escatológica fue fundamental en este tipo de socideades rurales.

David Gómez de Mora

domingo, 26 de julio de 2026

Devoción y religiosidad en La Peraleja

La iglesia parroquial de La Peraleja es, sin duda, una de las construcciones más importantes con las que cuenta esta localidad, debido a la historia que atesora, puesto que durante siglos ha sido el lugar más vinculado con la religiosidad y la tradición de la sociedad peralejera.

Sabido es el arraigo católico que han mantenido los habitantes de este municipio conquense, tal y como lo demuestran las múltiples festividades que antaño se celebraban en el pueblo, así como la devoción con la que muchos de sus vecinos visitaban siglos atrás las diferentes ermitas de su término municipal.

Si nos dirigimos hacia su iglesia, la cual ya, como veremos, está documentada al menos desde el siglo XVI, uno es consciente de cómo algunas de las advocaciones que todavía se han mantenido en varias de sus capillas guardan un trasfondo profundo con las creencias de nuestros antepasados.

A pesar del daño causado durante la última guerra y la enorme destrucción de patrimonio sacro que se efectuó en este edificio, se han conservado escasos elementos o piezas, que recuerdan una pequeña parte de esa colección artística que se albergaba desde siglos atrás en el interior de este lugar.

Por desgracia, el altar mayor, como los que veremos en los laterales del templo, se irían incorporando a medida que muchos vecinos fueron con su sacrificio reconstruyendo este edificio tras la finalización de la guerra incivil española.

Altar mayor de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

Respecto al altar mayor, apreciamos en la zona central una imagen de San Miguel Arcángel, así como en los laterales al Inmaculado Corazón de María y un Sagrado Corazón de Jesús. Entre el resto de tallas y esculturas que hay dentro del templo, nos encontramos con la de un Cristo vencedor, un Cristo yaciente, un Cristo portando la cruz y otros dos en la cruz (uno en andas y el restante colgado en la pared). Respecto a las Vírgenes, veremos que entre esculturas y tallas hay una dedicada a la Dolorosa, otra a la del Rosario, una del Pilar y otra de Fátima. Recordemos que siglos atrás el Santísimo Cristo y la Virgen del Rosario tenían capilla propia en el interior del edificio, por lo que contarían con su respectivo altar donde las imágenes eran veneradas.

San Isidro, San Blas, San José y San Antón Abad serán al mismo tiempo otras de las advocaciones que todavía están representadas en el templo.

La devoción a San Antón ya queda recogida hace más de cuatro siglos, tal y como se comprueba en algunas referencias de los protocolos notariales del municipio. Así pues, Juan Pintado -el viejo- (AMH, n.º 4) se enterró en la sepultura de su padre Francisco Pintado, la cual se hallaba en la rasa del coro de San Antón. Precisamente, en alusión a esta advocación, leemos en el testamento de Ana de Oliva (AMH, n.º 14) cómo se realiza una manda al Santo Cristo de la capilla de San Antón de la iglesia de La Peraleja. Esto indicaría que la veneración al protector de los animales, estaba arraigada en el municipio desde tiempos lejanos. Cabe recordar cómo antaño se repartían los denominados panes de San Antón durante su festividad.

Virgen del Rosario de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

En cuanto a la devoción a San José, como ya hemos comentado en alguna ocasión, el carpintero Tomás González y su esposa María Herráiz en 1675, indican que alzan una ermita bajo la advocación de este santo en el municipio, especificando “la cual habemos labrado a nuestra costa” (AHPCU), obteniendo también la licencia pertinente para oficiar misas en su interior al dar su aprobado el Obispado de Cuenca.

Sobre San Blas, decir que es una de las pocas imágenes que cuenta con dos ejemplares, una en la ermita de la Virgen del Monte y otra en la iglesia parroquial. Precisamente se fundó una cofradía en el pueblo dedicada a este santo, con su respectivo libro que se inicia en el año 1742, lo cual ya nos indica que su veneración viene desde varios siglos atrás.

San Blas de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

Respecto a algunas de las pocas piezas que consiguieron sobrevivir a los daños de la guerra de 1936-1939, existe un Niño Jesús que debido a su escaso tamaño, pudo salvaguardarse in extremis, corriendo mejor suerte que el resto de tallas que había en el interior del edificio. Este niño es una imagen vestida que se cree que podría datar del siglo XVII.

Niño Jesús de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

Los peralejeros, como gente arraigada a la fe católica y la tradición religiosa, mantuvieron hasta no hace tanto tiempo la costumbre de pasar entre sus vecinos algunas capillas portátiles, que siempre era una alegría el poder tener en casa temporalmente, hasta que esta partía hacia la vivienda de otro de sus vecinos. Al respecto, conocemos una vinculada tanto con Santa Ana como también otra dedicada a la Milagrosa, y que, junto con varias que aquí no se detallan, era habitual que entre los vecinos de un barrio o cofradía se trasladaran temporalmente de hogar en hogar.

Precisamente, la devoción a Santa Ana es una de las más antiguas que tenemos registradas en la población, puesto que ya en el siglo XVI esta queda recogida cuando se indica que Catalina Martínez (AMH, n.º 1) manda enterrarse en la sepultura de su tía Isabel Martínez, la cual se sitúa en la parte del coro. Esta donará a la Ermita de Santa Ana cuatro ducados para que se realice un frontal.


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de La Peraleja



Referencias:

*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Capellanía de las ánimas del Purgatorio de La Peraleja. Signatura: 1487/5

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 1 de La Peraleja (1567-1592)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 4 de La Peraleja (1605-1608)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 14 de La Peraleja (1638-1642)

La ermita de la Virgen del Monte de La Peraleja

La historia de esta imagen nos retrotrae, según el relato tradicional, a unos cuantos siglos atrás, cuando se indica que un noble de La Peraleja llamado Juan de Aza (perteneciente, según nuestra interpretación, a la familia peralejera de los Daza), una noche, desde el pueblo vio a lo lejos una luz, que al principio se creía que era fruto de la hoguera de algún pastor que había encendido para paliar el frío.

Después de aquello, algunos curiosos del municipio, y entre los que se cita al noble Juan de Aza, acudieron hasta ese punto donde se atisbaba esa luminosidad, descubriendo para asombro de los presentes que en lugar de hallar el resplandor de una hoguera, lo que había eran un montón de cantos de piedra apilados, que mientras empezaron a moverlos, escondían una caja, que dentro tenía un lienzo blanco que protegía la talla de una Virgen. Tras este hallazgo, se acabó designando esa imagen con el nombre de la Madre de Dios del Monte o Nuestra Señora del Monte.

Interior de la ermita

La tradición atestigua que en tiempos de la dominación islámica, los cristianos que habitaban este lugar escondieron una talla religiosa; hasta que siglos después, a raíz de este acontecimiento, se relatará su aparición.

Se dice que, para la elección del ermitorio en el que se custodiaría la talla, este hidalgo mandó realizar una procesión, para que aquel lugar en el que parase su caballo fuese el sitio en el que se decidiera erigir una ermita dedicada a la Virgen. Una construcción simple armada con yeso y pedernal, que contaría además con su clásica espadaña donde se colocaría una campana.

Sobre los Daza, sabemos que el hidalgo don Tomás Patiño celebró su enlace con doña María Daza antes de la mitad del siglo XVI; fruto del mismo nació doña Isabel Baptista Patiño de Daza, quien casó en 1565 con el noble don Francisco Suárez de Salinas (ADC, l.I). A pesar de que la línea de los Daza en La Peraleja no es muy extensa, parece ser que María tenía algún hermano más.

Otros familiares entablaron relaciones con linajes como los Cantero (es el caso de María Daza de Hernán-Saiz en 1592 con Sebastián Cantero). Por este motivo, en el siglo XVII, todavía había algunos integrantes de esta familia en el municipio, siendo con el transcurso de las generaciones, y tras la pérdida del apellido por línea de varón, cuando finalmente desaparecerá.

Como sucederá con muchas Vírgenes, el caso de la que tenemos en La Peraleja será sin lugar a duda una de las advocaciones más queridas entre los vecinos con el transcurso de los siglos, siendo sacada en rogativas pro pluvia cuando las situaciones de sequía empeoraban el periodo de las cosechas, así como también ante la aparición de epidemias, y que, como sabemos, generaban tasas elevadas de mortalidad entre la población.


I. La antigua Virgen del Monte de La Peraleja

La ermita que hoy vemos fue reconstruida a raíz de los daños ocasionados durante la guerra de 1936-1939, por lo que tanto la talla antigua como otros de los elementos artísticos que había en su interior desaparecieron.

No obstante, en el templo se conserva una fotografía que pertenece a la imagen antigua. Esta representa una Virgen que aparece de pie, mirando de frente y con una expresión serena, mientras sostiene al Niño Jesús. Ambos portan ropajes ornamentados, además de corona. En el caso de la Virgen, se escenifica con una aureola de rayos, acompañada por pequeñas estrellas que se distribuyen en las puntas, formando en su conjunto un total de 12. Cifra claramente simbólica que nos recuerda el libro del Apocalipsis, como también el número de apóstoles o de las doce tribus de Israel.

En cuanto a la vestimenta, la Virgen lleva un amplio manto de forma triangular, decorado con elementos florales y vegetales que han sido bordados, de la misma forma que en el caso del Niño Jesús. Esta se halla sobre un pedestal ornamentado.

Como ya se aprecia por la documentación, la devoción a la Virgen del Monte en La Peraleja ya se vivía de forma intensa durante el siglo XVII, manteniéndose esa fervorosidad entre muchos de sus vecinos de manera ininterrumpida hasta el día de hoy. Sabemos, por ejemplo, el caso de María Saiz, viuda de Gabriel Vicente, quien en su testamento redactado en el año 1641 (AMH, n.º 16, sin fol.) efectúa una manda de 400 misas por la salvación de su alma, así como la elaboración de una cortina para el retablo de la Virgen del Monte, y en el cual habrán de aparecer las imágenes de esta Virgen, junto a San Juan y San Francisco.

En el testamento de Magdalena Domínguez (AMH, n.º 17, sin fol.) con fecha de 1652, esta donará algunas cosas, como hará a la Virgen del Monte, a la que otorga “un cuadro que yo tengo de la bendita Magdalena”. Esta pieza solicitará que “se lleve a la dicha ermita de la cual no salga en ningún tiempo”.

Más adelante, veremos que el vecino Juan Peña Gómez y sus hijos, en el año 1713, colaborarán con la mejora del retablo de la Virgen del Monte (AMH, n.º 23, sin fol.). Transcurrido el tiempo, el presbítero don José González, y que ya donó una talla de San José a la ermita de dicha advocación que mandaron levantar sus padres, en su testamento de 1738, destina dinero para que se le realice una cortina a la Virgen del Monte (AMH, n.º 29, fol. 72).


II. La actual Virgen del Monte de La Peraleja

En el altar mayor de la ermita de la Virgen del Monte aparecen otras dos imágenes religiosas. Se trata de San Ignacio de Loyola y Santa Rita. Sabemos que San Ignacio, en muchos lugares, está relacionado como protector contra el demonio, representando esa lucha interior en la que el fiel combate contra el pecado o la tentación. Por otra parte, Santa Rita es una advocación a la que la gente se ha encomendado tradicionalmente para afrontar situaciones complejas, de ahí que se le reconozca como una de las santas para las causas imposibles.

En lo alto de la ermita nos encontramos con la campana que mandó realizar en el año 1975 Emilia Jarabo e hijos. Es importante destacar la implicación de muchas personas en la restauración de esta obra, que permitieron que, a pesar de los daños sufridos, esta consiguiera volver a recuperar ese aspecto por el que hoy es conocida en esta tierra.

Respecto a la nueva imagen, la Virgen está de pie, mirando al frente, manteniendo una expresión tranquila y solemne, portando una corona plateada con doce estrellas, así como un velo blanco de encaje que cae sobre sus hombros. El Niño se encuentra sostenido por el brazo de esta, llevando igualmente una corona y vistiendo una túnica con bordados dorados. La Virgen porta una túnica blanca también con bordados dorados, junto a un amplio manto verde, estando decorado con dorados y formas vegetales. Delante de esta se aprecia una media luna plateada, situada a la altura de los pies, recordando la simbología mariana que se inspira en el Apocalipsis (“la luna bajo sus pies”).


III. El santoral de la ermita

Además de la Virgen y las imágenes que acompañan su retablo, como suele ser habitual, existen otras advocaciones (algunas con más historias que otras en el municipio), que nos recuerdan la importancia que ha jugado la religiosidad en esta localidad conquense. En el caso de esta ermita, se trata de dos altares en cada uno de los laterales del mayor, y que están dedicados a San Antonio de Padua y a San Blas.


San Antonio de Padua

Este santo se vinculará en muchas ocasiones con la imagen a la que nuestros ancestros se encomendaban cuando perdían objetos o precisaban de necesidades urgentes. San Antonio de Padua ha gozado de popularidad en otras localidades de esta tierra, por lo que su veneración se amplía por más iglesias y ermitas de la zona. El altar en el que se encuentra, de mayor sencillez que el que ocupa la Virgen, presenta un nicho semicircular decorado por columnas pintadas de apariencia marmórea oscura, con un entablamento sencillo, en cuya parte superior se representan rayos dorados que salen desde un medallón central.


San Blas

Posiblemente este sea uno de los santos con mayor veneración que veremos por estas tierras, extendiéndose por índole a más municipios de la región. Patrón contra las enfermedades de la garganta, a raíz de la historia que relata que consiguió salvar a un niño de atragantarse de una espina de pescado, fue también venerado por ser un protector contra los lobos, debido a la historia que cuenta que hasta su lugar de retiro se presentaban animales salvajes que este conseguía dominar, siendo en una ocasión el caso de un lobo que se comió al cerdo que una pobre anciana tenía en su hogar. Se dice que San Blas consiguió que aquel animal acabase regurgitándolo vivo, devolviéndoselo de este modo a su propietaria. Este altar sigue un mismo patrón que el de San Antonio de Padua, aunque con la fortuna de que se encuentra en mejor estado de conservación.





David Gómez de Mora

Cronista Oficial de La Peraleja



Referencias:

*Archivo Diocesano de Cuenca. Libro I de matrimonios (1564-1690), Sig. 30/10, P. 811

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 16 (1647-1656)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 17 (1652-1664)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 23 (1696-1716)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 29 (1736-1741)

sábado, 25 de julio de 2026

La bestia de Primarette

Entre marzo de 1746 y 1752, la región francesa del Bas-Dauphiné vivió una serie de ataques, propiciados, según se cree, por diferentes lobos a lo largo de un área amplia, que, como indica Moriceau (2007), cubrió a una zona aproximada de entre 200 y 250 km².

Durante ese intervalo de seis años, se calcula que dentro de esa demarcación geográfica pudieron morir alrededor de unas 23 personas a lo largo de diferentes municipios, como resultado de ataques de lobos. Este fenómeno guardará muchos paralelismos con casos que ya hemos investigado, como el de la Bestia de Gévaudan, ya que muchas de las víctimas se enmarcarán en una franja de años baja y muy similar, debido a su vulnerabilidad y falta de medios hacer frente ante esa amenaza.

Otros estudios, como el efectuado por Julien Alleau y John D. C. Linnell (2015), ya inciden en este tipo de situaciones, que, como se verá, fueron más habituales de lo que mucha gente se imagina en el territorio francés en tiempos pasados, quedando de ello referencias tanto en los libros parroquiales, además de otros documentos, en los que grosso modo puede seguirse una secuencia de las bajas que generaban entre la población este tipo de ataques.

Imagen generada por IA

El caso de la bestia de Primarette, se conoce con este nombre, por haberse producido alrededor de un tercio de los ataques mortales en esa misma localidad francesa. Sabemos que esta situación comenzó a finales de marzo de 1746, más concretamente el día 31, cuando un niño de cuatro años resultó víctima por un ataque de este animal. A partir de ese momento comenzaron a producirse una serie de situaciones similares, que alcanzaron su máximo entre los años de 1747-1748, cuando de todo ese conjunto que suma 23 registros de fallecimientos, se producen un total de 15, es decir, más del 60% del total.

Esta historia, veremos que vuelve a reflejar elementos en común con otros casos como el de las bestias de Gévaudan, las Cevennas, Cusago o demás historias de depredadores. Los relatos que explicaban lo sucedido, infundieron tal pánico, que mucha gente tenía miedo de salir de su hogar. Historias como la ocurrida en el año 1747 en esta región, alimentaron más si cabe esa sensación de terror, puesto que se relata que un joven de la localidad de Primarette, llegó a ser sorprendido por aquella criatura en la misma puerta de su casa.

Sobre las fuentes de la época que recogen estas informaciones, resultan cruciales los registros que proporcionan los sacerdotes, cuando especificarán los datos de los fallecidos, al identificar estos con un lobo.

Algunas de las personas que fueron atacadas por estas criaturas nunca llegaron a encontrarse. Esto, obviamente, preocupaba seriamente a una sociedad labriega y ganadera como la que abundaba en aquellos tiempos en esta tierra, y cuya exposición al medio era mucho más grande de lo que nos podemos llegar a imaginar.

A diferencia de otros sucesos de este tipo que se tienen documentados, la criatura o animales que causaron aquellos daños no pudieron cazarse. El último ataque se produjo en 1752, puesto que los que vendrían entre 1754 y 1756, debido al tiempo transcurrido y la distancia respecto del foco de la zona afectada en la primera ola de ataques, se atribuirían a otra o varias criaturas, denominada como “la bestia del Lyonnais”.

Creemos que lo sucedido en la zona del Bas-Dauphiné pudo ser debido a los ataques propiciados por diferentes lobos, no siendo descabellado pensar que una parte de las víctimas, especialmente las que se concentran cronológicamente entre 1747-1748, puedan atribuirse a un mismo ejemplar.

David Gómez de Mora


Referencias:

*Alleau, J., & Linnell, J. D. C. (2015). “The story of a man-eating beast in Dauphiné, France (1746–1756)”. En P. Masius & J. Sprenger (Eds.), A Fairytale in Question: Historical Interactions between Humans and Wolves (pp. 79–100). The White Horse Press.

*Moriceau, J.-M. (2007). Histoire du méchant loup: 3000 attaques sur l’homme en France (XVe–XXe siècle). Fayard.

Las bestias de Cusago

Conocida es la historia de una criatura que a finales del siglo XVIII tenía atemorizados a los habitantes de muchas poblaciones ubicadas en la zona norte y oeste de las afueras de Milán. El motivo era la muerte de diferentes personas (todas ellas menores de edad), que se habían encontrado con un animal sobre el que se dieron diferentes descripciones.

Una razón lo suficientemente importante como para que durante un periodo de varios meses se extendiera la preocupación en una región donde las historias de lobos no eran algo nuevo. Hasta la fecha se ha escrito mucho sobre esa criatura (y que, como comentaremos, pudieron ser al menos un par). Este relato nos sitúa en el verano de 1792.

Por ahora, a falta de un estudio más pormenorizado de las zonas afectadas, los números recabados nos dan una lista aproximada de una decena de muertos, que cabría encuadrar en un intervalo de tiempo de casi dos meses y medio (es decir, desde el 5 de julio al 18 de septiembre de 1792).

La creencia de que el causante de aquellos ataques fuese una hiena se debía a que un exhibidor de fieras y que estuvo por la región anteriormente, se decía que perdió una de las que este portaba en su jaula. Esta idea se extendió rápidamente, por lo que se llegaron a realizar grabados representándose aquel animal. Imagen: In Milano, A spesa dello Stampatore Bolzani, [1792]. En: wikipedia.org

Los datos que nos hablan de estos trágicos sucesos son recogidos principalmente en el “Diario pormenorizado de lo que ha hecho la Bestia feroz en el Alto Milán desde principios de julio del año 1792 hasta el día 18 de septiembre del mismo año”, y publicados en formato digital por Guido Mura. Esto nos permite conocer una de las historias más impactantes sobre ataques de criaturas a personas en esta región de lo que hoy es el norte de Italia.

Como en otras fuentes que ya hemos investigado en el caso español del llop blanc, o los franceses de las bestias de Gévaudan, Veyreau o las Cévennas, el ejemplo italiano guarda muchos paralelismos con algunas de estas historias. Así pues, un patrón casi general, es que los ataques se producen en áreas rurales, contra pastores, campesinos o jóvenes que se encontraban cuidando su ganado o desplazándose por esa área. Igualmente, veremos que no es casual que se nos hable en diferentes casos de la atribución de una hiena como posible explicación de esos daños.

El destino que correría la bestia o bestias de Cusago no está a día de hoy del todo claro, ya que a pesar de que la historiografía habla de que esta fue cazada en septiembre de 1792, hemos comentado que en realidad bajo esa designación singular, podría esconderse un nutrido grupo de lobos. Algo que podemos desprender por las diferentes descripciones que se darán sobre aquel animal, ya que a grandes rasgos se aprecian dos tipos de ejemplares diferentes si nos atenemos a los detalles proporcionados por algunos testigos.

Como decíamos, a tenor de las descripciones que se dan en algunos momentos de aquel animal, creemos que como mínimo podríamos estar hablando de varios ejemplares, que incluso pudieron moverse juntos, y de los que a priori únicamente fue cazado uno de estos.

La gente de la región afectada recordaba que aquella criatura era astuta, algo que se apreciará en uno de los sucesos que recordaba cómo en un campo de Cesano, unos campesinos armados con sus fusiles fueron incapaces de alcanzar a aquel animal debido a la rapidez con la que actuaba (una característica que también apreciaremos en el caso de la bestia de Gévaudan). Igualmente, tenemos constancia de que durante ese verano se efectuaron diferentes batidas, aunque todas ellas acabaron resultando inútiles.

Los nervios, la imprecisión de las armas de fuego de la época y la falta de puntería, eran motivos suficientes para que aquel o aquellos animales no resultasen un blanco fácil. Ante tal situación, el gobierno tomó cartas sobre el asunto, colaborando en busca de su captura, a través del pago de recompensas, permitiendo así que intervinieran un número importante de partidas armadas.


Las víctimas

Analizando las edades de las personas fallecidas, se comprueba cómo los datos que se recogieron en su momento sobre las víctimas, señalan al menos un total de 10 menores de edad, y que murieron como consecuencia de ataques muy similares, en una franja de tiempo reducida.

En el caso milanés, apreciamos que las víctimas se concentran en un intervalo inferior a dos meses, así como que se producen en puntos a distancias considerables y en espacios de tiempo muy corto, por lo que, partiendo de los itinerarios que esa criatura pudo ir efectuando, parece muy difícil atribuir la totalidad de todas las muertes a un mismo espécimen, y que como se ha dicho, además se describe de dos formas diferentes.

Al respecto, incluso hubo un testigo, que al referirse a la famosa bestia, afirmaba que en realidad eran dos lobos juntos, puesto que este mismo los llegó a presenciar. Es por ello que planteamos como hipótesis, que posiblemente lo correcto sería hablar más bien de “las bestias”, en lugar de “la bestia” de Cusago.


Nombre

Edad

Localidad

Giuseppe Antonio Gaudenzio

10

Cusago

Carlo Oca

8

Limbiate

Giuseppa Saracchi

6

Camino entre Cascina Pobbia y Corbetta

Antonia Maria Beretta

8

Senago

Domenico Cattaneo

13

Assiano

Giovanna Sada

10

Arluno

Regina Mosca

12

San Siro

Anna Maria Borghi

13

Groana di Barlassina

Giuseppa Re

13

Chiappa Grande di Bareggio

Maria Antonia Rimoldi

(menor de edad)

Mazzo

Listado de las víctimas atribuidas a la bestia de Cusago en el verano de 1792. Extraído de los datos de Oriani, A., & Comincini, M. (2002)

Además de los nombres que se recogen en la tabla, cabría añadir otros tantos que también representan a jóvenes que fueron atacados por ese animal, pero con la fortuna de que consiguieron sobrevivir.

Siguiendo la crónica, en este sentido cabe destacar el caso de Dionigi Giussano (de 12 años de edad), quien fue atacado en Boldinasco y a pesar de ser arrastrado por el animal, pudo salvar su vida gracias a la intervención de un adulto que hizo huir a esa criatura, aunque no por ello dejando al joven gravemente herido.

Otros supervivientes que se documentaron fueron dos hermanos mellizos de Lainate, y que en el momento del suceso tenían 14 años de edad. Estos fueron sorprendidos cuando cuidaban su ganado. A pesar de que estaban acompañados por otros niños, el animal se acercó hacia el varón de los mellizos (Gerolamo Boscone), quien gracias a su rapidez consiguió escapar; no obstante, el lobo alcanzó a su hermana Giovanna Boscona, quien fue salvada gracias a la intervención de su propio hermano, resultando aun así herida por haberle intentado el lobo coger del cuello. Afortunadamente esta niña consiguió sobrevivir.

En Sidriano, dos muchachas que estaban cuidando dos vacas y una cerda, se vieron intimidadas por la criatura. Estas al correr hacia los animales, llegaron a tiempo para guarecerse entre la protección de su ganado. De modo que las vacas gracias a su instinto de supervivencia, consiguieron ponerse en posición defensiva, encarando con sus cabezas a la criatura atacante, y consiguiendo así hacer huir a aquel animal. Este hecho recordemos que también se recogerá en otras historias, como en el caso de la bestia de Gévaudan. Parece ser que en el bosque de Cusago, otro conjunto de reses consiguieron repeler un ataque de este animal, de ahí que veremos que en más de una ocasión, tanto bueyes como vacas llegaron a salvar la vida a sus dueños.

La situación tan tensa que se vivía por momentos, hizo que el terror se apoderara de la población. Algo que desde luego no era para menos, y que por ejemplo se tradujo en momentos de nerviosismo y confusión, donde lo que se creía que era un lobo, en realidad no lo era, tal y como le acabó ocurriendo a una niña de Corbetta de 15 años, quien creyó ver a aquella criatura, cuando en realidad se trataba de un ternero que había en el campo. Algo similar le sucedió a un joven cerca de Villacortese, descubriéndose posteriormente que la criatura que le asustó se trataba de una cabra.


Julio y agosto de 1792. Dos meses críticos

Corrían los primeros días del mes de julio. Un mes veraniego del que nadie presagiaba las fatídicas semanas que quedaban por vivirse en esa región de las afueras de Milán.  

Por ello, siguiendo los relatos que se recogen en el texto de este enlace: http://www.braidense.it/scaffale/giornale.html, iremos comentando algunas de las referencias que nos permiten realizar una cronología de los hechos ocurridos.

Concretamente esta situación comenzaría a suceder entre la jornada de los días 4 y 5 de julio, fecha en la que ya contamos con datos que nos hablan de una primera persona que fue mortalmente atacada por aquella criatura.

Se trataba de un niño llamado Giuseppe Antonio Gaudenzio, procedente de Cusago. Como ya se ha comentado, en esta zona había muchos lobos. Sabemos que en esta localidad por aquel entonces existía un bosque, en el que habitaban muchos de estos animales, y que, aprovechando la proximidad de las zonas de pasto, se acercaban hasta esos lugares en busca de reses de las que poder alimentarse.

Las gentes comentaban que la criatura que había producido aquel primer ataque se escondía de forma premeditada, por lo que se recomendaba muchas veces que las personas no llegaran a introducirse en este tipo de parajes si se iba desarmado. Como era normal entre los jóvenes de la época, y de la misma forma que apreciamos en casos como el de la bestia de Gévaudan, era habitual que los niños de las familias trabajaran ayudando en las labores de explotación animal a pesar de su corta edad. Es por ello que justo ese día cuatro de julio, mientras Giuseppe Antonio iba con su vaca (y que era de los pocos bienes de valor que tenía su familia), parece ser que este la perdió de vista, por lo que cuando llegó a casa y manifestó a su padre lo ocurrido, su progenitor le dijo que volviera a buscarla. Finalmente, el joven fue atacado mortalmente por la bestia mientras intentaba hallarla. A partir de ese momento, comenzó a extenderse la historia de la bestia de Cusago por la región.

El 8 de julio en Limbiate, varios jóvenes que estaban vigilando sus ganados vieron acercarse a la bestia, a la cual calificaron como una especie de animal feo y semejante a un perro. Estos se asustaron, subiéndose a los árboles, y agrupándose sus animales para defenderse.

Por desgracia, transcurrido un tiempo, los niños creían que esta ya se había marchado, por lo que, al bajar de los árboles, los muchachos, ya en el suelo, se volvieron a ver sorprendidos por aquel animal que les volvía a perseguir, siendo alcanzado por desgracia uno de ellos. A pesar de que los campesinos acudieron en su ayuda, toda labor de socorro por salvar su vida resultó imposible.

Precisamente, esta historia de jóvenes que se suben a la parte superior de un árbol para ponerse a salvo nos recuerda mucho a un relato de 1799, en el que unos niños en la granja de Paliès (Francia), al percatarse de la presencia de otro lobo (en este caso la denominada “bestia de Veyreau”), subieron hasta la parte alta del mismo para poder resguardarse.

Las víctimas por desgracia irían incrementando, así pues, el día 11 de julio, se supo que en el camino de Novara, otra víctima de seis años había sido atacada mortalmente por la bestia. En este caso la niña fue sorprendida en un área que va de Corbetta a la Cassona Pobbia, cuando se encontraba cuidando algunos animales.

Durante la parte restante del mes de julio, parecía que la intensidad de los ataques iba disminuyendo; no obstante, el miedo estaba presente entre las gentes de esta zona rural, pues ya se habían producido en escasos días tres víctimas mortales.

A todo ello cabe añadir el desarrollo de incursiones y daños en explotaciones de granjas, hasta las que acudía esta criatura en busca de comida. El gobierno incluso llegó a colocar hombres armados en las zonas donde los jóvenes llevaban a su ganado a pastar, ante la posibilidad de que la fiera pudiese aparecer. Poco después, llegados al mes de agosto, veremos cómo justo el día 2 se tendrá constancia de un nuevo ataque.

En una ocasión, al caer la noche en Senago, durante una vigía nocturna de los pastores, al lado de un bosquecillo, la temida criatura se lanzó contra aquellas personas. Al no haber gente armada, un campesino que estaba cerca pudo acudir con su hoz, enfrentándose a la bestia, y contra la que se encaró con su herramienta de trabajo. Esta, según se relata, estaba erguida sobre sus patas, tratando de atacar a aquel hombre, mientras este le plantaba cara. Finalmente, el animal abandonó el lugar, persiguiendo a los jóvenes que habían huido, alcanzando a la hija de un leñador.

El recorrido del terror no había finalizado, pues hacia la tarde del día siguiente a lo ocurrido en Senago, aquel animal volvió a aparecer cerca de Assiano ante tres jóvenes que vigilaban sus vacas, atacando mortalmente a uno de estos.

La lista de ataques mortales fue incrementándose, pues de nuevo cabía sumar otra niña que se encontraba en la zona de Arluno, y que de la misma forma se vio sorprendida por esta criatura.

El día 11 de agosto la fiera llegó hasta la Cassina de San Siro, es decir, prácticamente a una distancia de una milla de la Porta Vercellina, por lo que se puede decir que llegó casi hasta las puertas de Milán. Allí atacó mortalmente a otra joven de doce años que se encontraba en uno de los campos de esa zona.

Recordemos que precisamente uno de los animales que se creía que pudo ser la famosa bestia de Cusago fue capturado en una de las trampas que se levantó en esta zona de las afueras de Milán. Concretamente, aquello ocurrió el 18 de septiembre, cuando se anunció que la bestia cayó presa en una de las fosas que se realizaron a lo largo de las diferentes zonas de la región afectada, siendo esta identificada con la que, como se comentará después, fue la misma que se vio el 20 de agosto. La trampa se hallaba en una fosa que existía fuera de la Puerta Vercellina de Milán, es decir, alrededor de lo que hoy es la zona de la intersección de Vía Toti y Corso Vercelli.

Como ya se ha comentado, la bestia sería también vista en Boldinasco, donde un joven de doce años consiguió sobrevivir a pesar de las mordeduras sufridas, gracias a que sus gritos de auxilio fueron escuchados por una persona que valientemente se acercó hasta el lugar y consiguió hacer huir a aquel animal. Afortunadamente, el mozo atacado consiguió sanar sus heridas.

El día 16 de agosto, la temible criatura volvía a aparecer en el paraje de Groane o Graona di Barlassina, un entorno natural donde el animal seguramente aprovechó las prestaciones naturales que le ofrecía para guarecerse.

En la localidad de Barlassina, la víctima fue una niña. Según el relato, veremos que en esa ocasión, el animal se acercó cariñosamente hasta la joven moviendo su cola, como si intentase jugar con ella. Por lo que el animal, aprovechando la cercanía y relajación de la víctima, acabó atacándola. Este relato (pero afortunadamente sin un final trágico), también lo veremos en el caso francés de la bestia de Veyreau, donde se dice que un vecino de la localidad de Saint-André-des-Vézines intentó acariciar a aquel animal que se estaba moviendo por el lugar, prácticamente como si de un perro se tratase. En el caso francés no ocurrió ninguna desgracia, puesto que el animal acabó huyendo. Otra víctima de esta criatura fue una niña de 14 años, que en la zona de Bareggio, cuando iba a recoger leña, fue sorprendida por esta.

El siguiente y último ataque mortal según relata la crónica de la bestia, se produjo en la localidad de Mazzo, cuando dos niños fueron sorprendidos en un campo de maíz. Se dice que la criatura se presentó aparentemente de forma juguetona, por lo que uno de los niños incluso llegó a tocarla, cuando de repente esta se abalanzó sobre uno de ellos.

El primo de la niña atacada, y que era un hombre adulto de 20 años, al oír los gritos, acudió rápidamente hasta el lugar, aunque al llegar allí, y tras toparse con la bestia e ir desarmado, decidió ir a buscar ayuda. Por desgracia, las heridas sufridas por la joven fueron demasiado graves, por lo que moriría al amanecer del día siguiente.

Finalmente, a principios de septiembre, la bestia de nuevo atacó a dos hermanos (un niño y una niña) que estaban en el campo. Afortunadamente, el varón pudo defenderse, llegando a golpear el hocico de la bestia. Luego aquella criatura se abalanzó sobre la hermana, por lo que esta tuvo el coraje de agarrar al animal de la cola y propinarle varios golpes en el lomo, consiguiendo que esta saliese del lugar. Las heridas de la niña consiguieron sanarse, por lo que lo ocurrido quedó en un susto.

Sabemos que por ejemplo, durante aquellos días atrás, muchos cazadores estaban intentando dar con la criatura. Se dice incluso que hubo algunas personas que estaban encaramadas en lo alto de los árboles (como ocurrió en Uboldo y Mombello), ya que desde la posición resguardada que les otorgaba esa altura, esperaban junto a estanques artificiales la llegada del animal, puesto que se habían colocado señuelos (pollos y corderos), para que así esta acudiese hasta aquel punto.

También se propusieron diferentes ideas que no se llevaron a cabo, como la de colocar 20.000 lazos de latón, de forma que en alguno el animal podría acabar quedando atrapado. 

Recordemos que se planteó la construcción de una serie de fosas revestidas de hierbas, con un cebo en la zona central, para que así cuando la presa se acercara, esta cayese en la trampa. Es por ello, que dos semanas después del último ataque en el que sus víctimas consiguieron sobrevivir, se informaba de que la bestia había sido cazada en una de esas trampas loberas dispersas por diferentes puntos de la región. Parece ser que la zona donde se capturó no se hallaba muy lejos de donde se produjo el ataque mortal a una de sus víctimas semanas atrás. Esto ocurría en las afueras de la Puerta Vercellina de Milán.

Cuando el animal fue capturado, una de las muchachas que estaba presente cuando fue atacada mortalmente la joven del día 11 de agosto, confirmaba que ese era el mismo que semanas atrás había matado a aquella niña. Lo mismo ocurrió con un joven que sufrió mordeduras y que pudo contar su encuentro con el lobo, reconociendo también ese espécimen como el mismo que vio en su momento.

Cabe decir que la captura de ese animal no fue motivo de tranquilidad permanente, ya que, como se ha indicado, se cree que como mínimo aquellos ataques registrados entre julio y septiembre de 1792 podrían haberse efectuado al menos por dos animales de acuerdo a las características que se mencionan de estos (no siendo tampoco descartable incluso alguno más que se movía por la misma zona).

Esto dará lugar a que muchos nativos siguiesen estando en alerta, pues los lobos y sus ataques, como se vio con el transcurso del tiempo, no desaparecerían en años posteriores en la región.

Por otro lado, una parte de la población creía que con aquel lobo cazado, al menos se podía haber dado con el principal causante de los daños que se estaban generando en la zona, lo cual, a tenor de los datos que se recabarán, podría confirmar esta teoría.


"La primera bestia de Cusago"

Ya se ha comentado que, como mínimo, podríamos estar ante dos animales que actuaban moviéndose por un amplio radio, y que en ocasiones llegarían incluso a coincidir, sin descartarse la presencia de alguno más, lo que incrementaría la cifra a varios lobos.

Precisamente, si comparamos las descripciones que se hacen de este, grosso modo vemos dos patrones diferentes. Habiendo testimonios que nos hablan de un ejemplar de color gris u oscuro, mientras que otros señalan un espécimen rojizo o pardo.

El ejemplar que aparece descrito como un animal de color oscuro es el que se menciona en el ataque del 8 de julio, cuando unos jóvenes que lo vieron de cerca lo describieron como una criatura con cabeza ancha y un pelaje negruzo manchado en la parte superior, con un color blanquecino en la zona inferior. La descripción que se realiza del ataque mortal a una niña en julio era la de “una bestia que tomaron por un gran perro, de color gris ceniciento oscuro con manchas negruzcas” (Mura, G. (Ed.). (s. f.)).

En el aviso promulgado por el gobierno el 14 de julio de 1792, se indica que esa criatura era de un “color ceniciento oscuro casi negro, del tamaño de un gran perro” (Mura, G. (Ed.). (s. f.). No sería descabellado proponer que se tratase del mismo ejemplar que se menciona en una carta con fecha del 19 de agosto de 1792, en la que se indica que han sido vistas dos criaturas, siendo una de estas: “de color ceniciento con vetas onduladas, cola corta y cabeza grande, hocico semejante al de un cerdo y cintura delgada”.


"La segunda bestia de Cusago"

A principios de agosto ya se comentaba que aquel animal que estaba sembrando el miedo por esta zona de las afueras de Milán eran en realidad dos criaturas, algo obvio si tenemos en cuenta la intensidad de los últimos ataques y las distancias que esta había recorrido en escaso margen de tiempo, habiendo además algún testimonio que acreditaba haberlas visto juntas a ambas especies, diferenciando incluso entre un macho que parecía más ágil y fuerte, de una hembra de menor tamaño.

En la información que traslada Mura, ya se comenta que en una carta al marqués de Stampa de Soncino en Cusago, y fechada el 19 de agosto de 1792, que “dos bestias feroces estaban en un campo sembrado de maíz en la Cassina Biscona, donde se comieron dos polluelos y mataron otros dos”. Esta continúa detallando: “La más grande es completamente rojiza con una franja blanca bajo el vientre; tiene la cabeza semejante a la de un ternero, ojos grandes, cola fina y rizada con un mechón de pelo blanco en la punta y bastante larga, y salta al huir como un corzo. La otra, más pequeña, igual a un gran perro, es de color ceniciento con vetas onduladas, cola corta y cabeza grande, hocico semejante al de un cerdo y cintura delgada; y esta es una bestia muy fea de ver, mientras que la más grande es muy hermosa y bien proporcionada” (Mura, G. (Ed.). (s. f.).

Sobre la cuestión de si se trataba de lobos o de otro tipo de animal, ya hemos comentado que aquí surgen disparidad de opiniones. Ya por aquel entonces había gente que defendía la posibilidad de que se tratara de lobos de un tamaño superior al de un ejemplar medio, tal y como hemos comentado en diferentes casos, mientras que otras versiones hablan de hienas o animales extraños. Las dudas quedan resueltas cuando el 18 de septiembre el animal cazado se describe como una loba de color rojizo, encuadrándose con la que en el presente artículo nosotros hemos designado como la segunda bestia de Cusago.

David Gómez de Mora


Bibliografía:

*Mura, G. (Ed.). (s. f.). Giornale [Edición digital]. Biblioteca Nazionale Braidense, Segnatura 14.16.E.8.20. http://www.braidense.it/scaffale/giornale.html

*Oriani, A., & Comincini, M. (2002). Living with death in the 1700s. Ponencia presentada en el congreso de la Italian Society of XVIII Century Studies, Santa Margherita Ligure, Italia, 30 de septiembre–2 de octubre de 2002. Traducción inglesa disponible en: https://www.vargfakta.se/wp-content/uploads/2012/03/IC-XVIII-Century-Studies_Living-with-death-in-the-1700s.pdf