sábado, 6 de junio de 2026

“Lo Bufador” de Peñíscola

Uno de los lugares que más llaman la atención a las personas que acuden para disfrutar de la belleza de Peñíscola es un pasadizo natural excavado en la roca, denominado popularmente como el “bufadó” o “bufador”.

En términos geomorfológicos, se trata de un túnel marino de abrasión kárstico-litoral, que a lo largo del tiempo la naturaleza fue moldeando pacientemente, hasta conseguir crear un orificio de varios metros de profundidad, que sigue evolucionando de manera imperceptible.

Los agentes de meteorización que intervienen en el “bufadó” son físicos y químicos, consiguiendo así abrir sobre la roca del peñón este espacio singular, en donde básicamente veremos la acción de fenómenos de disolución kárstica, por tratarse de una roca caliza, en la que el agua del mar, como la que precipita desde las nubes van erosionando pacientemente esa oquedad. A ello cabría sumar los procesos de abrasión marina, generados por el golpe de las olas, que a través del ametrallamiento de partículas pequeñas y piedras de mayor tamaño han ido desgastando y limando el interior de esta formación.

Debido a que el espacio disponible dentro del casco urbano de Peñíscola siempre ha sido muy limitado, su trama urbana fue creciendo, aprovechando y amoldándose a sus posibilidades, y dejándose por ello libre el lugar en el que se encuentra el bufador.

Durante un temporal, el oleaje que impacta contra las paredes inferiores de los acantilados, asciende hasta la superficie, presenciándose todo un espectáculo en el que el agua y la espuma del mar son arrojadas hacia el exterior. Una imagen que ha sido muchas veces plasmada a lo largo de estos años en imágenes y vídeos.

Bufador de Peñíscola (foto del autor)

Sabemos que antaño, cuando Peñíscola se quedaba aislada durante los temporales de mar, la pequeña restinga que conectaba la zona continental con la roca del peñón permanecía sumergida, coincidiendo al mismo tiempo ello con una intensa energía del oleaje que se presenciaba en la boca del bufador. Esta situación se podía presenciar durante horas e incluso varios días si el temporal era violento y se prolongaba.

Respecto a la cuestión del aislamiento del peñón de la zona continental, ya comentamos que esto todavía se pudo presenciar en el municipio hasta el momento anterior a la construcción del puerto (es decir, aproximadamente hace poco más de un siglo), ya que la interferencia que generó sobre el entorno la construcción de la obra portuaria, y que conllevaba al mismo tiempo una mayor alteración del equilibrio sedimentario del lugar, unida a una serie de elementos que irían modificando la dinámica natural del oleaje de la zona, acabarían impidiendo posteriormente que Peñíscola ya no se quedara incomunicada por tierra.

Respecto al bufador, en la actualidad vemos que existe un pequeño murete que separa la boca del orificio de la zona peatonal. Una construcción que tiempo atrás todavía no existía, tal y como saben los oriundos de este enclave, y que en alguna imagen de principios del siglo XX puede comprobarse.

El bufador recibe su nombre de la palabra “bufido”, ejerciendo como una prosopopeya o personificación de este elemento de la geografía peñiscolana, que a través de esta figura retórica, se le atribuyen unas cualidades o características propias de un animal o persona.

Y es que muchos seres vivos emiten bufidos a través de un resoplido fuerte, rápido y furioso, con el que expulsan aire de forma brusca, especialmente cuando expresan malestar, al tiempo que advierten que se mantenga la distancia respecto a ellos. Una interpretación que encaja perfectamente con esa personificación de la roca peñiscolana, y que durante los momentos en los que el mar se agita o incrementa de forma violenta su oleaje obliga a que la gente se mantenga alejada de la zona.

Fotografía del bufador a principios del siglo XX (Todocoleccion.net). En ella puede apreciarse que no había ninguna estructura o murete que separaba el orificio de la zona por donde transitaban los vecinos.

Sabemos que en momentos de fuerte temporal, es normal que el agua expulsada desde el bufador rebase el muro alto que hay a varios metros de altura del área peatonal superior desde el que se divisa.

La profundidad de este orificio es de unos seis metros. En él, además del agua, el aire que circula por su interior genera un fuerte sonido, que acompañado por la energía del agua que entra y sale golpeando la roca, nos recuerda la bravura que en ocasiones puede alcanzar el oleaje del mar Mediterráneo.

El material geológico sobre el que se asienta el bufador son calizas jurásicas (IGME). Por su edad, veremos que estas tienen alrededor de unos 150 millones de años. En referencias antiguas ya se habla del "Bufador del Papa Luna", e incluso el botánico Cavanilles le dedica una breve mención en su obra de finales del siglo XVIII.

Una de las descripciones más interesantes que proceden de fuentes con más de cien años de historia, es la que se realiza en un artículo que V. Julbe publicó en 1867, titulado “Ojeada sobre Peñíscola”, donde este describe el bufador como una especie de pozo abierto por la naturaleza sobre las mismas entrañas de la roca, contra el que baten las olas del mar, en el que se genera un gran estruendo por la fuerza del aire y el agua.

Vídeo del bufador: (autor: Todo Peñíscola)

Resulta interesante esta descripción, ya que en ella el autor señala que, debido a que en el lugar no había ningún tipo de protección, esto había generado más de una desgracia. Relato que ya nos llegó de nuestra propia abuela paterna, y que, como oriunda del lugar, conocía algunas de las historias que se contaban alrededor de este orificio.

Julbe (1867) lo describe como un respiradero del que se puede escuchar un estruendo horroroso ocasionado por el aire, asemejándolo a una boca del infierno como la que antaño se representaba en algunas obras pictóricas.

Incluso el célebre escritor Vicente Blasco Ibáñez, en el año 1925, incorpora la mención de esta formación en su novela "El Papa del mar". En la página web del Espeleo Club Castelló, se describe una ficha técnica, en la que se detallan algunos datos sobre el bufador:

“Boca de 4 x 1'3 metros en forma de sima de 6 metros, desde cuyo fondo se sale al mar por una segunda boca a través de una galería inundada de unos 10 metros. Entrando a la cavidad desde el mar, el fondo de la galería es blanco arenoso, con roca pulida que en algunos puntos te permite hacer pie, pero en otros no es posible incluso ni agarrarte a las paredes de lo pulidas que están. El espacio interior está compuesto por una entrada estrecha acampanada, seguida de un paso más asequible hasta la zona abierta al cielo; básicamente, se trata de un conducto que hace de respiradero a todo el conjunto y que permite que entre también la luz, dando ese contraste característico en color esmeralda”.

El cronista oficial de Peñíscola, Juan B. Simó Castillo (1986, pp. 12-13), ya dedicó hace cuarenta años un artículo al bufador, del que decía que “las aguas del mar entran y salen continuamente por esta galería subterránea. Pero, cuando verdaderamente resulta espectacular ver el fenómeno de los movimientos de las aguas marinas en el Bufador, es en los días de temporal, cuando el mar se encuentra agitado. Penetran las olas con fuerza en la cueva, junto con el viento, cubriendo la entrada y oprimiéndose unas olas a otras, originándose por la compresión de las aguas marinas sobre la masa de aire, un estruendo bufido y consiguiente elevación de las aguas, saliendo estas con fuerza al exterior (...) Actualmente no parecen accionarle con tanta intensidad los temporales, probablemente porque la dirección con que las olas inciden en su entrada ha variado, y tal vez también porque los temporales de ahora no tengan tanta virulencia”.

Mundina Milallave también describía el bufador en la segunda mitad del siglo XIX (1988, p. 457) comentando que “en días de tormenta cuando las olas se agitan, penetran en la mina y saltan por el boquete con tanta fuerza, que inundan las cercanías, formando una espesa lluvia, produciendo una vista admirable y un ruido espantoso”.

Tampoco podemos pasar por alto una expresión popular que incorpora Simó Castillo en su artículo, y que antaño era muy empleada entre los nativos del lugar, y que se empleaba para señalar algo que se menospreciaba o resultara inútil. Esta frase era la esto, eso, aquello... “tirar-ho al bufadó” (Simó Castillo, 1986, p. 13).

Bufador de les Llevateres”, Vinarós (foto del autor)

Cabe decir que a lo largo de la costa de Vinarós-Peñíscola sabemos de la existencia de otra serie de pequeños orificios, que, sin tener la relevancia y dimensiones del bufador peñiscolano, nos recuerdan que este tipo de formaciones se pueden dar de manera más común de lo que nos podríamos imaginar en zonas rocosas, en las que los mismos procesos erosivos antes descritos han estado actuando. 

Un ejemplo es el que nosotros denominamos como "el bufador de Les Llevateres" (el cual se encuentra al inicio de la costa sur de Vinarós), así como otro punto de similares características, pero que se divide en varias cavidades, ubicado en la zona de Lo Puntal (es decir, en la parte sur del área litoral del término municipal de este mismo municipio).

Bufador de Lo Puntal”, Vinarós (foto del autor)

Como decíamos, estos espacios que describimos de la costa de Vinarós son formaciones que se han generado por fenómenos de meteorización de idénticas características que los de Peñíscola, aunque con la diferencia de que el basamento sobre el que se ha desarrollado la erosión no es el mismo, puesto que, en el caso vinarocense, los acantilados se componen del conglomerado cuaternario que domina la línea de esta costa.

David Gómez de Mora


Referencias:

*Blasco Ibáñez, V. (1925). El papa del mar. Editorial Prometeo, 327 pp.

*Cavanilles, A. J. (1795–1797). Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del reino de Valencia. Madrid: Imprenta Real.

*Espeleo Club Castelló [Bufador del Papa Luna, El (Peníscola)]. Sistema Informático de Catalogación Espeleológica de Castellón (SICE-CS) [en línea]. Disponible en: cuevascastellon.uji.es/ES6D01.php?id=2715 [Consulta: 03-06-2026].

*IGME (Instituto Geológico y Minero de España) (1973). Mapa geológico de España. Escala 1:50.000, Hoja 571 (Vinaroz). Madrid: IGME, Serie MAGNA.

*Julbe, V. (1867). “Ojeada sobre Peñíscola”. El Museo Universal, año XI, núm. 20 (19 de mayo de 1867), Madrid, pp. 154–155.

*Mundina Milallave, Bernardo (1988). Historia. Obra de historia, estadística y geografía de la provincia de Castellón. Facsímil de Imprenta y Librería Rovira Hermanos, 1873. Castellón, por Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Castellón, 693 pp.

*Simó Castillo, Juan B. (1986). “El bufador”. Revista Peñíscola, n.º 70 pp. 12-13.