La presencia de pobladores alrededor del territorio de Caracenilla, se remonta a varios milenios atrás. Así pues, en esta franja de la geografía conquense, es lógico entender que desde el paleolítico, como después con el neolítico, su entorno atraería a comunidades de personas, que comenzaremos a conocer un poco mejor a medida que nos acercaremos hasta la época de la edad de los metales, momento en el que algunos de los cerros de ese entorno, serán aprovechados como puntos en los que se alzarán poblados y puestos fortificados, que otorgaban unas mínimas garantías de seguridad a sus habitantes.
Una zona con disponibilidad de recursos, en la que paulatinamente irían floreciendo poblados celtíberos, que dejarán una profunda huella, y que posteriormente, con el periodo de romanización, se reorganizarán de una forma mucho más efectiva sobre el territorio.
A partir de ese momento, comenzarán a conocerse nombres de localidades de cierta relevancia en el entorno, como sucederá con el caso de Opta (Huete). Un enclave que aprovechará la disposición de un cerro que domina la zona, al servir como un punto desde el que controlar el corredor natural de esta área de la Alcarria Conquense.
Sin duda, lugares como este jugarán un rol importante en el control de las diferentes vías de comunicación que se articularon en el área geográfica. Por aquel entonces, ciudades como Segóbriga, Valeria y Ercávica destacarán dentro del territorio que hoy engloba las tierras de esta provincia, floreciendo un periodo destacado en la historia de esta región.
Creemos que en este sentido, Opta jugará un papel relevante en los alrededores de los asentamientos que habría alrededor de la zona de la vega del río mayor, generándose por todo el perímetro externo, espacios que mantendrían mínimamente conectados algunos de esos enclaves que hoy desconocemos, pero que resultaría necesario que existieran para garantizar la movilidad de las personas y mercancías que tenían que transitar por esta área.
Precisamente, uno de los elementos más valorados de estas tierras hace dos milenios, fue el conocido como lapis specularis, un mineral (variedad de yeso cristalino), que se empleaba para ventanas, tanto de residencias, como de edificios públicos, y que alcanzó una gran demanda.
Este producto, que se extraía del subsuelo de estas tierras, favorecerá la articulación y creación de vías de comunicación, como de otras estructuras que ayudarán a que esta zona estuviese conectada.
Cierto es que esta franja de la geografía conquense no es un área tan accidentada como la que veremos en la serranía; no obstante, era necesario articular un espacio que permitiera garantizar un tránsito continuo, a través de caminos o calzadas, que en algunos momentos debían salvar zonas inundables surcadas por arroyos.
Una de esas soluciones se solventará a través de puentes, y que los ingenieros planificaban de forma satisfactoria gracias a sus conocimientos. Estos se adaptaban a las características del terreno, siendo muy necesarios en aquellos puntos donde aparecerán zonas de escorrentías o arroyos, que, como sabemos, podían descargar con fuerza en momentos de precipitación acusada.
Precisamente, en el caso que nos ocupa, conocido es en Caracenilla el denominado como puente viejo o de San Antón, sobre el cual, la costumbre entre la gente del lugar ha sido la de asignarle un origen romano, algo muy habitual en las poblaciones cuando se refieren a una construcción con siglos de antigüedad. Esto lo apreciaremos en otros ejemplos de similares características, aunque en muchas ocasiones puedan tener sus orígenes en el medievo o incluso en siglos posteriores.
En el caso de Caracenilla, ya hemos comentado en alguna ocasión que estamos ante un puente de un solo ojo, que tendría sus raíces en una obra del periodo romano, aunque salta a la vista, a través de las diferentes intervenciones que irán acondicionándolo con el paso del tiempo, que este fue reparándose y, por lo tanto, modificando sus características originales. Tengamos en cuenta que los puentes son obras que se encuentran expuestas a un notable deterioro, por las avenidas y el desgaste al que se ven sometidos, lo que explica que raramente permanezcan inalterados durante largos periodos de tiempo.
Cerca de esta construcción, se encuentra el conocido como poste de las ánimas, sobre el cual se ha llegado a plantear si en origen era un antiguo miliario romano, lo que ha llevado a que fuese catalogado como miliario-humilladero, al pensarse que sería reutilizado posteriormente como humilladero.
Cierto es que su aspecto recuerda poco al de un miliario, ya que se halla construido a través de sillares. Al haber sido un humilladero, en este todavía se aprecia un espacio hueco en la zona superior, en el que se podían colocar ofrendas, o también ubicarse una imagen o cruz. Como sabemos, la mayoría de miliarios suelen ser columnas cilíndricas o ligeramente troncocónicas, aunque también y en menor medida pueden contemplarse ejemplares de base cuadrangular.
Este supuesto miliario reutilizado o reaprovechado es un elemento que se encuentra a las afueras de la población, y que por su aspecto nos recuerda mucho a los humilladeros u oratorios elaborados con sillares, y que se remataban en bastantes casos con una cubierta de forma piramidal, tal y como ocurre en este caso. Veremos que muchos de estos se levantaron por los caminos rurales, especialmente entre los siglos XVII y XVIII. La hipótesis del miliario se ha vinculado por la proximidad de este elemento respecto al puente, y que, como se ha indicado, se cree que sus raíces podrían remontarlo al menos a la época romana, además de que se cree que conectaría con una antigua vía de comunicación de ese periodo.
Respecto a lo que sería la toponimia de la zona, si analizamos algunos de los nombres que aparecen en la cartografía o documentación antigua, todavía vemos algunas designaciones, que podrían encajar con ese contexto histórico de hace más de dos mil años, en el que esta área tuvo una importancia que el paso del tiempo fue desvaneciendo.
Probablemente, a medida que la arqueología y el pasado de esta tierra vayan investigándose más a fondo, podremos tener una mejor radiografía de cómo era la vida en esta zona de la periferia de las tierras de Huete hace varios milenios.
David Gómez de Mora
Cronista Oficial de Caracenilla



