Como sabemos, muchos de los molinos que habrá a lo largo de nuestro territorio, históricamente se han distribuido en enclaves variopintos, con una tendencia hacia puntos apartados de las áreas pobladas, como solía ocurrir en las zonas de ribera con los de tipo hidráulico, puesto que aprovechan el agua de un curso fluvial.
Fuese en medio del campo o en puntos alejados de donde la mayoría de la gente hacía su vida, esto hacía que los molineros residieran como gentes apartadas de los principales núcleos habitados. Para ello, como cualquier persona, requerían de las mismas necesidades que sus vecinos para alimentarse o desplazarse; por ello era normal que en aquel lugar estos tuvieran su correspondiente caballería para moverse, así como diversos animales que criar y aprovechar para su posterior consumo.
Comprobaremos en los molineros, al tener que estar ubicados muchas veces en zonas salvajes, que estos podían verse afectados por la llegada de algún depredador que merodeara la zona en busca de comida. Es por ello que alrededor de los molinos, nacerán muchas historias, entre las que aparecerán relatos de fauna salvaje, y que muy a menudo atemorizaban a algunos de los que allí se encontraban.
Y es que, junto a los lobos, también habrá que tener en cuenta a los perros asilvestrados, una más de las especies que siguen habitando nuestro entorno, y que solían generar en alguna ocasión problemas a las personas que se encontraban haciendo vida en ese lugar. En realidad, los perros asilvestrados, no son más que perros que anteriormente se encontraban en un estado de domesticación, y que, al abandonar el lugar que compartían con sus amos, acabarán adaptándose al territorio, perdiendo los hábitos que se les habían enseñado.
Estos no constituyen una raza, ya que bien pueden ser mastines, ejemplares de caza que se han perdido, así como otras clases de perros, domesticados en origen, que una vez que se han adaptado a la vida en el exterior, y sin depender del cuidado de las personas, adquieren unos hábitos que se alejan de los que este animal tradicionalmente ha recibido en un hogar habitado.
De forma que, con el transcurso del tiempo, y especialmente con el desarrollo de algunas generaciones de esos animales que han conseguido adaptarse al terreno, estos olvidan su vínculo con el hombre, al tiempo que pueden comenzar a resultar peligrosos. Esto llevará a que en muchos casos los perros asilvestrados puedan generar conflictos con los propietarios de explotaciones ganaderas, de la misma forma que ocurría con los lobos. No era por ello extraño que alrededor de los molinos, y donde, como se ha dicho, antaño había presencia de diferentes animales para necesidad de sus propietarios, que estas criaturas en alguna ocasión se dejaran ver.
Normalmente, los perros salvajes eran más problemáticos cuando sus jaurías crecían en número, ya que estas pueden ser en ocasiones de alrededor de media docena de ejemplares, así como incluso de diez o más, lo que obviamente para las crías de caballos, terneros, ovejas y cabras, era siempre un riesgo. Otra de las preocupaciones, eran las enfermedades que este tipo de animales podían transmitir, tales como la sarna y parásitos. Igualmente, como ocurrirá con el lobo, la rabia antaño siempre fue una de las grandes preocupaciones para aquellas personas que vivían en zonas apartadas.
Aunque los ataques a humanos no solían ser algo habitual, los perros asilvestrados eran un riesgo con el que la gente antaño debía lidiar, pues en este tipo de lugares apartados, el hecho de que por su naturaleza tuviesen menos miedo a los humanos, llevaba a que se aproximaran hasta la zona, a pesar de que como se ha creído en ocasiones, que el sonido de los molinos los ahuyentaba. Esto, sumado al riesgo que ya de por sí generaban los bandoleros, en una época en la que los caminos y las afueras de las poblaciones no contaban con las medidas de seguridad como las que hoy conocemos, llevaba a que los molinos no fuesen lugares tan seguros como las residencias de los municipios, por lo que muchas veces sus propietarios contaban con armas para defenderse.
Sobre la cuestión de los lobos y los perros asilvestrados, se cree que una jauría de estos perros puede llegar incluso a ser más peligrosa que una manada de lobos, ya que los perros asilvestrados, si han tenido previamente contacto con las personas, son menos desconfiados y temerosos, además de que se organizan de una forma más caótica e imprevisible. Muchas veces veremos que los daños causados sobre el ganado a primera vista pueden costar de distinguir entre ambos, sin olvidarnos de que incluso llegan a darse casos de hibridación entre las dos especies.
Por ejemplo, en el territorio conquense tenemos constancia de la presencia de lobos hasta el siglo XIX en diferentes puntos de su geografía provincial, tal y como en algunos casos nos lo recuerda la toponimia, no siendo casual que algunos de estos nombres estén cerca de molinos.
Sobre la preocupación que estos podían generar en determinadas zonas, ello lo veremos antaño en el caso de Solera de Gabaldón, como especialmente de Chumillas. Así pues, en el caso de esta segunda localidad, existía en tiempos pasados un antiguo molino denominado como del Horcajo.
Sabemos por Antonio García (2005, 172) que “en el año 1893, el recibo de la contribución venía a nombre de Pablo Gómez”. Creemos que este Pablo, era un integrante de la familia de los mismos molineros que había en Piqueras del Castillo, ya que su madre, María Antonia Gómez, tras enviudar de Victoriano de Mora, y vecino de Chumillas, casó con el molinero de Huércemes, e integrante del linaje Panadero.
Los Panadero, como sabremos, todavía llegarían a mantener el molino de Huércemes varias décadas durante el siglo XX. Al respecto, Antonio García (2005, 237) recuerda cómo “los molineros Paulino Panadero y Gregorio Mateo llevaban el molino en renta”. Precisamente, sabemos por las referencias de Madoz, que en este lugar a mediados del siglo XIX había presencia de lobos, como de linces, gatos monteses y otras criaturas que podían crear problemas a los animales que tenían a su recaudo los molineros.
Esta misma familia , ya hemos comentado en alguna ocasión que controlaba también durante la segunda mitad del siglo XIX el molino de Piqueras, que, como el de Chumillas, eran varios de los que existían por esa zona. Sobre el de Piqueras, Antonio García (2005, 357) comenta que “en el año 1893, la construcción venía a nombre de Valeriano Panadero”, y quien, de acuerdo a nuestros datos, creemos que era el hermanastro del referido Pablo Gómez, y que trabajaba por aquel entonces en el molino de Chumillas. Igualmente, sabemos por relatos orales, que la presencia de animales como lobos y perros asilvestrados alrededor de este punto, no era tampoco algo muy extraño.
Por ejemplo, en Enguídanos, veremos que en el río Guadazaón, y más concretamente en el denominado como molino del Golpecillo (ubicado en plena sierra a unos siete kilómetros de dicha localidad), los familiares de los molineros recordaban cómo en tiempos pasados, “de pastores siempre tenían que ir dos, ya que aquella serranía estaba plagada de lobos” (García, 2005, 189). Por otro lado, en la cercana localidad de Campillo de Altobuey, Francisco Javier Carrascosa (2005, 193) comenta al respecto la existencia de un enclave denominado Santa Quiteria, que “está situado a casi una legua de la población, lugar muy transitado por los pastores y ganaderos, los cuales eran acosados habitualmente por lobos y perros salvajes; por eso no es extraño que se ubicara allí la ermita dedicada a Santa Quiteria, puesto que es la abogada contra la rabia y era protectora de las mujeres solteras y la virginidad”.
Posiblemente, este tipo de problemas podrían explicar el nombre de un molino apartado a un par de kilómetros de Huete, en la carretera que va a Verdelpino, y que recibe el nombre de Molino de Espantaperros, el cual, “según datos existentes en el Archivo de Huete, es posible que este molino, a mediados del siglo XIX, fuese propiedad de los hermanos Juan Felipe, Antonio, Timoteo y Guillermo Alcázar Pérez” (García, 2005, 446).
David Gómez de Mora
Bibliografía:
*Carrascosa Sahuquillo, F. J. (2005). Historia de Campillo de Altobuey.
*García Cuevas, A. (2005). Los molinos hidráulicos harineros de la provincia de Cuenca. Diputación Provincial de Cuenca.
*Madoz Ibáñez, P. (1847). Huércemes. Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Tomo IX. Madrid
