lunes, 7 de septiembre de 2026

Crónica sobre la subida de la Virgen del Monte de La Peraleja (5-IX-2026)

El pasado día cinco de septiembre pudimos acudir a un acto cargado de enorme emotividad para muchos peralejeros: la subida a la ermita de su patrona, “La Virgen del Monte”.

La jornada comenzaba con mucho calor, tal y como durante estos días hemos podido sentir. La Virgen, después de permanecer en el pueblo desde que fue bajada el día 22 de agosto, salió con todos los honores por la puerta de la Iglesia Parroquial, al grito de ¡Viva la Virgen del Monte!, después de sonar el himno de España.

En ese momento eran las once de la mañana, y la comitiva acompañaba la carroza, junto con los fieles que iban detrás y un grupo de músicos, guiándola hasta las afueras del municipio, para después encarar la pendiente que conducirá hasta lo alto del cerro de la ermita.

Nuestra Señora la Virgen del Monte en el interior de la Iglesia Parroquial (imagen del autor)

La asistencia de gente ha sido destacada, desde vecinos, personas que residen fuera, amigos y visitantes, que han vuelto a dar vida a una festividad donde la devoción y cariño hacia la Virgen ha sido palpable en cada instante.

El trayecto desde la puerta de la Iglesia Parroquial de La Peraleja hasta la ermita de la Virgen del Monte, fue aproximadamente de una hora y veinte minutos. La carroza ornamentada con diferentes centros de flores blancas y amarillas, resaltaban la belleza de su talla, además de su manto verde con una decoración trasera elaborada y simétrica caracterizado por tener en el centro un gran jarrón con asas curvas, bordado en hilo dorado. 


Nuestra Señora la Virgen del Monte (imagen del autor)

Sobre la decoración del manto, apreciamos la representación de un jarrón del que emerge una composición de hojas, ramas y flores, trabajadas principalmente por hilos dorados y plateados. También observamos elementos de pedrería en tonos rojos y blancos, que dan mayor resalte a la pieza téxtil. El borde inferior presenta un trabajo especialmente minucioso, formando guirnaldas y motivos decorativos.

Detalle del manto de  Nuestra Señora la Virgen del Monte (imagen del autor)   

En su cara frontal el vestido sigue el mismo diseño que en la parte trasera, ofreciendo un tono blanco, en el que destaca un abundante bordado en oro, que presenta una composición ornamentada simétrica, en cuya zona central sobresale un gran motivo bordado en hilo dorado, representado por una corona real de color oro y rojo. 

Nuestra Señora la Virgen del Monte (imagen del autor)   

La pieza ofrece otros elementos decorativos, dejando más abajo una decoración de hojas, roleos y motivos vegetales que destacan la parte frontal. Nos contaban algunos vecinos que este manto fue donado por una persona del pueblo hace varias décadas atrás.

La Virgen en su cabeza porta un velo de tipo corto y recto en la parte trasera, con bordados florales en los que se puede apreciar en el tul su bonito pelo rizado.


Manto de Nuestra Señora la Virgen del Monte (imagen del autor)

Respecto a la carroza, esta presenta una plataforma que permite anclar, así como elevar y girar a la Virgen, del mismo modo tanto la parte delantera y trasera presenta un anagrama mariano con el texto Nuestra Señora la Virgen del Monte - La Peraleja. En cada lado de la carroza podemos observar dos grandes faroles que permiten iluminar la estructura cuando se desea, al tiempo que realzar su decoración.


Detalle del anagrama en la carroza (imagen del autor)

La llegada a lo alto de la ermita fue acompañada por música, no sin antes, haber dado una vuelta a su alrededor, mientras la Virgen era seguida por los vecinos con intensos vivas.

En el interior de la ermita se pudo contemplar una imagen que habla por sí sola: la enorme asistencia y acogida emotiva que los vecinos mostraron hacia su Madre y Patrona. En ese momento sonaba el himno de España mientras la imagen llegaba al altar.

La multitud de gente fue tal, que en el lugar todos los asientos y bancos quedaron ocupados, demostrando de nuevo como la Virgen sigue siendo querida por sus vecinos, a pesar de los cambios a los que la sociedad actual del siglo XXI se ha visto sometida. Durante varios siglos la Virgen ha seguido siendo un referente y faro de esa fe que el peralejero ha mantenido siempre en su corazón. La tradición, el respeto y el cariño por lo que nos legaron nuestros antepasados, sigue todavía vigente y más vivo que nunca.

Interior de la ermita (imagen del autor)

Nos comentaban también algunos integrantes de la hermandad, como antaño el circuito para acceder hasta la parte superior de la ermita, nada tenía que ver con el que hoy conocemos, siendo este mucho más empinado y sin gozar de las facilidades que nos permite la senda por la que accedemos en el presente.

Ese camino hoy es una senda con mucha vegetación, a través de la que antaño accedían hombres y mujeres que subían a pie, no resultando extraño ir muchos de estos con sus burros y mulas, tan habituales en muchas de las casas de labranza de tiempos pasados, y que servían como transporte y herramienta de trabajo.

Parte final de la senda (imagen del autor)

En aquel entonces las caballerías permitían el transporte de alimentos, creando una estampa bastante peculiar alrededor de la ermita, con una marcado carácter popular, en la que se juntaban los vecinos en grupos o corros a lo largo de la zona de la explanada.

Una de las costumbres de tiempos pasados, era durante este tipo de festividades, la de comer garbanzos tostados, así como beber vino alrededor de esta explanada.

Como sabemos, el origen de la Virgen del Monte, radica en esa luz que un día pudieron divisar varios vecinos, entre los que se encontraba el noble Juan de Aza (o de Daza), un relato que en la Santa Misa oficiada este 5 de septiembre en la ermita, recordaba con mucha emoción el sacerdote, al relatar el hallazgo de la imagen.

Esa luz, que una noche de primavera advertía a los vecinos de que algo importante iba a producirse, y por la que estos acudieron hasta el lugar, creyendo que era el resplandor de la lumbre de un pastor que había realizado para combatir el frío, marcará el punto de origen del descubrimiento de la talla, que tras llevar hasta allí a aquellos vecinos, se hallaba oculta entre un montón de piedras, así como cubierta por una tela de lienzo que la protegía.

La devoción hacia la Virgen del Monte, y que ya tenemos documentada desde hace varios siglos atrás, nos demuestra como esta ha estado presente en el día a día de muchos de los peralejeros que han habitado o descienden de esta localidad, especialmente cuando se le invocaba para la protección de epidemias que asolaban el territorio o cuando los campos se encontraban en una situación crítica.

Finalizada la Santa Misa, se realizó uno de los actos más emotivos que los asistentes pudimos presenciar, ya que la cofradía recordó los nombres de los trece miembros fallecidos durante el último ejercicio. Este homenaje ha estado cuidadosamente preparado, pronunciándose el nombre y apellido de cada uno de esos cofrades, entregándose a sus familiares una medalla como recuerdo y muestra de su vínculo con Nuestra Señora la Virgen del Monte.

Un acto muy emotivo, respetuoso y perfectamente organizado, en el que se aprecia como La Peraleja y la Virgen del Monte son elementos inseparables. 

Posteriormente, finalizada la entrega de las medallas, la Virgen volvió a ser sacada en procesión por el lugar, antes de descansar en su interior. Sin lugar a duda, fue una jornada muy bonita, intensa, que pasó demasiado rápida, y en la que tuvimos la fortuna de volver a reencontrarnos con amigos y personas, gracias a los que en su conjunto, jornadas como la de esta subida de la Virgen, hacen que esta festividad sea un día especial en el calendario de todos los peralejeros.

Procesión por la ermita (imagen del autor)

Una devoción que como hemos remarcado en más de una ocasión, ha quedado por escrito entre las mandas de muchos de nuestros antepasados, como solían manifestar cuando decidían donar u ornamentar con objetos el altar o la talla de la imagen, tal y como por ejemplo hizo en el año 1641, la peralejera María Saiz (viuda de Gabriel Vicente), quien dispuso en su testamento la realización de una cortina para el retablo de la Virgen del Monte, o también poco después, en 1652, Magdalena Domínguez, quien legó a la ermita un cuadro de Santa María Magdalena, dejando expresada su voluntad de que este permaneciese allí. La documentación continuaría ofreciendo noticias durante el siglo XVIII. En 1713, Juan Peña Gómez y sus hijos participaron en mejoras del retablo y, en 1738, el presbítero José González destinó dinero para otra cortina de la Virgen.

Estos datos aparentemente modestos, pero de gran valor para la historia local nos recuerdan como la Virgen y su ermita fueron un lugar especial para la gente de La Peraleja, tal y como se refleja en muchas de las disposiciones testamentarias que todavía conservan los protocolos notariales de la población, así como algunas de las mandas que se recogen en los libros de difuntos de la localidad.

Como decimos, el tiempo avanza y las sociedades van cambiando, no obstante, esta devoción hacia la Virgen del Monte, es algo que sigue manteniéndose con más fuerza que nunca, algo de lo que el pueblo de La Peraleja debe siempre sentirse muy orgulloso, puesto que su ermita, su Virgen y su pueblo, son hitos inseparables en esa forma de entender la fe, y que nuestros antepasados fueron transmitiendo de manera ininterrumpida generación tras generación.

Vista de la ermita de Nuestra Señora del Monte desde La Peraleja (imagen del autor)

Desde lo alto de su cerro, la Virgen como reina que domina desde la altura la población, nos recuerda que esta seguirá protegiendo a su pueblo, tal y como siempre lo ha venido haciendo.

Larga vida a nuestras tradiciones y costumbres, y Viva la Virgen del Monte.


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de La Peraleja