sábado, 25 de julio de 2026

La bestia de Primarette

Entre marzo de 1746 y 1752, la región francesa del Bas-Dauphiné vivió una serie de ataques, propiciados, según se cree, por diferentes lobos a lo largo de un área amplia, que, como indica Moriceau (2007), cubrió a una zona aproximada de entre 200 y 250 km².

Durante ese intervalo de seis años, se calcula que dentro de esa demarcación geográfica pudieron morir alrededor de unas 23 personas a lo largo de diferentes municipios, como resultado de ataques de lobos. Este fenómeno guardará muchos paralelismos con casos que ya hemos investigado, como el de la Bestia de Gévaudan, ya que muchas de las víctimas se enmarcarán en una franja de años baja y muy similar, debido a su vulnerabilidad y falta de medios hacer frente ante esa amenaza.

Otros estudios, como el efectuado por Julien Alleau y John D. C. Linnell (2015), ya inciden en este tipo de situaciones, que, como se verá, fueron más habituales de lo que mucha gente se imagina en el territorio francés en tiempos pasados, quedando de ello referencias tanto en los libros parroquiales, además de otros documentos, en los que grosso modo puede seguirse una secuencia de las bajas que generaban entre la población este tipo de ataques.

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El caso de la bestia de Primarette, se conoce con este nombre, por haberse producido alrededor de un tercio de los ataques mortales en esa misma localidad francesa. Sabemos que esta situación comenzó a finales de marzo de 1746, más concretamente el día 31, cuando un niño de cuatro años resultó víctima por un ataque de este animal. A partir de ese momento comenzaron a producirse una serie de situaciones similares, que alcanzaron su máximo entre los años de 1747-1748, cuando de todo ese conjunto que suma 23 registros de fallecimientos, se producen un total de 15, es decir, más del 60% del total.

Esta historia, veremos que vuelve a reflejar elementos en común con otros casos como el de las bestias de Gévaudan, las Cevennas, Cusago o demás historias de depredadores. Los relatos que explicaban lo sucedido, infundieron tal pánico, que mucha gente tenía miedo de salir de su hogar. Historias como la ocurrida en el año 1747 en esta región, alimentaron más si cabe esa sensación de terror, puesto que se relata que un joven de la localidad de Primarette, llegó a ser sorprendido por aquella criatura en la misma puerta de su casa.

Sobre las fuentes de la época que recogen estas informaciones, resultan cruciales los registros que proporcionan los sacerdotes, cuando especificarán los datos de los fallecidos, al identificar estos con un lobo.

Algunas de las personas que fueron atacadas por estas criaturas nunca llegaron a encontrarse. Esto, obviamente, preocupaba seriamente a una sociedad labriega y ganadera como la que abundaba en aquellos tiempos en esta tierra, y cuya exposición al medio era mucho más grande de lo que nos podemos llegar a imaginar.

A diferencia de otros sucesos de este tipo que se tienen documentados, la criatura o animales que causaron aquellos daños no pudieron cazarse. El último ataque se produjo en 1752, puesto que los que vendrían entre 1754 y 1756, debido al tiempo transcurrido y la distancia respecto del foco de la zona afectada en la primera ola de ataques, se atribuirían a otra o varias criaturas, denominada como “la bestia del Lyonnais”.

Creemos que lo sucedido en la zona del Bas-Dauphiné pudo ser debido a los ataques propiciados por diferentes lobos, no siendo descabellado pensar que una parte de las víctimas, especialmente las que se concentran cronológicamente entre 1747-1748, puedan atribuirse a un mismo ejemplar.

David Gómez de Mora


Referencias:

*Alleau, J., & Linnell, J. D. C. (2015). “The story of a man-eating beast in Dauphiné, France (1746–1756)”. En P. Masius & J. Sprenger (Eds.), A Fairytale in Question: Historical Interactions between Humans and Wolves (pp. 79–100). The White Horse Press.

*Moriceau, J.-M. (2007). Histoire du méchant loup: 3000 attaques sur l’homme en France (XVe–XXe siècle). Fayard.

Las “bestias” de Cusago

Conocida es la historia de una criatura que a finales del siglo XVIII tenía atemorizados a los habitantes de muchas poblaciones ubicadas en la zona norte y oeste de las afueras de Milán. El motivo era la muerte de diferentes personas (todas ellas menores de edad), que se habían encontrado con un animal sobre el que se dieron diferentes descripciones.

Una razón lo suficientemente importante como para que durante un periodo de varios meses se extendiera la preocupación en una región donde las historias de lobos no eran algo nuevo. Hasta la fecha se ha escrito mucho sobre esa criatura (y que, como comentaremos, pudieron ser al menos un par). Este relato nos sitúa en el verano de 1792.

Por ahora, a falta de un estudio más pormenorizado de las zonas afectadas, los números recabados nos dan una lista aproximada de una decena de muertos, que cabría encuadrar en un intervalo de tiempo de casi dos meses y medio (es decir, desde el 5 de julio al 18 de septiembre de 1792).

La creencia de que el causante de aquellos ataques fuese una hiena se debía a que un exhibidor de fieras y que estuvo por la región anteriormente, se decía que perdió una de las que este portaba en su jaula. Esta idea se extendió rápidamente, por lo que se llegaron a realizar grabados representándose aquel animal. Imagen: In Milano, A spesa dello Stampatore Bolzani, [1792]. En: wikipedia.org

Los datos que nos hablan de estos trágicos sucesos son recogidos principalmente en el “Diario pormenorizado de lo que ha hecho la Bestia feroz en el Alto Milán desde principios de julio del año 1792 hasta el día 18 de septiembre del mismo año”, y publicados en formato digital por Guido Mura. Esto nos permite conocer una de las historias más impactantes sobre ataques de criaturas a personas en esta región de lo que hoy es el norte de Italia.

Como en otras fuentes que ya hemos investigado en el caso español del llop blanc, o los franceses de las bestias de Gévaudan, Veyreau o las Cévennas, el ejemplo italiano guarda muchos paralelismos con algunas de estas historias. Así pues, un patrón casi general, es que los ataques se producen en áreas rurales, contra pastores, campesinos o jóvenes que se encontraban cuidando su ganado o desplazándose por esa área. Igualmente, veremos que no es casual que se nos hable en diferentes casos de la atribución de una hiena como posible explicación de esos daños.

El destino que correría la bestia o bestias de Cusago no está a día de hoy del todo claro, ya que a pesar de que la historiografía habla de que esta fue cazada en septiembre de 1792, hemos comentado que en realidad bajo esa designación singular, podría esconderse un nutrido grupo de lobos. Algo que podemos desprender por las diferentes descripciones que se darán sobre aquel animal, ya que a grandes rasgos se aprecian dos tipos de ejemplares diferentes si nos atenemos a los detalles proporcionados por algunos testigos.

Como decíamos, a tenor de las descripciones que se dan en algunos momentos de aquel animal, creemos que como mínimo podríamos estar hablando de varios ejemplares, que incluso pudieron moverse juntos, y de los que a priori únicamente fue cazado uno de estos.

La gente de la región afectada recordaba que aquella criatura era astuta, algo que se apreciará en uno de los sucesos que recordaba cómo en un campo de Cesano, unos campesinos armados con sus fusiles fueron incapaces de alcanzar a aquel animal debido a la rapidez con la que actuaba (una característica que también apreciaremos en el caso de la bestia de Gévaudan). Igualmente, tenemos constancia de que durante ese verano se efectuaron diferentes batidas, aunque todas ellas acabaron resultando inútiles.

Los nervios, la imprecisión de las armas de fuego de la época y la falta de puntería, eran motivos suficientes para que aquel o aquellos animales no resultasen un blanco fácil. Ante tal situación, el gobierno tomó cartas sobre el asunto, colaborando en busca de su captura, a través del pago de recompensas, permitiendo así que intervinieran un número importante de partidas armadas.


Las víctimas

Analizando las edades de las personas fallecidas, se comprueba cómo los datos que se recogieron en su momento sobre las víctimas, señalan al menos un total de 10 menores de edad, y que murieron como consecuencia de ataques muy similares, en una franja de tiempo reducida.

En el caso milanés, apreciamos que las víctimas se concentran en un intervalo inferior a dos meses, así como que se producen en puntos a distancias considerables y en espacios de tiempo muy corto, por lo que, partiendo de los itinerarios que esa criatura pudo ir efectuando, parece muy difícil atribuir la totalidad de todas las muertes a un mismo espécimen, y que como se ha dicho, además se describe de dos formas diferentes.

Al respecto, incluso hubo un testigo, que al referirse a la famosa bestia, afirmaba que en realidad eran dos lobos juntos, puesto que este mismo los llegó a presenciar. Es por ello que planteamos como hipótesis, que posiblemente lo correcto sería hablar más bien de “las bestias”, en lugar de “la bestia” de Cusago.


Nombre

Edad

Localidad

Giuseppe Antonio Gaudenzio

10

Cusago

Carlo Oca

8

Limbiate

Giuseppa Saracchi

6

Camino entre Cascina Pobbia y Corbetta

Antonia Maria Beretta

8

Senago

Domenico Cattaneo

13

Assiano

Giovanna Sada

10

Arluno

Regina Mosca

12

San Siro

Anna Maria Borghi

13

Groana di Barlassina

Giuseppa Re

13

Chiappa Grande di Bareggio

Maria Antonia Rimoldi

(menor de edad)

Mazzo

Listado de las víctimas atribuidas a la bestia de Cusago en el verano de 1792. Extraído de los datos de Oriani, A., & Comincini, M. (2002)


Además de los nombres que se recogen en la tabla, cabría añadir otros tantos que también representan a jóvenes que fueron atacados por ese animal, pero con la fortuna de que consiguieron sobrevivir.

Conocido es al respecto el caso de Dionigi Giussano (de 12 años de edad), quien fue atacado en Boldinasco y a pesar de ser arrastrado por el animal, pudo salvar su vida gracias a la intervención de un adulto que hizo huir a esa criatura, aunque no por ello dejando al joven gravemente herido.

Otros supervivientes que se documentaron fueron dos hermanos mellizos de Lainate, y que en el momento del suceso tenían 14 años de edad. Estos fueron sorprendidos cuando cuidaban su ganado. A pesar de que estaban acompañados por otros niños, el animal se acercó hacia el varón de los mellizos (Gerolamo Boscone), quien gracias a su rapidez consiguió escapar; no obstante, el lobo alcanzó a su hermana Giovanna Boscona, quien fue salvada gracias a la intervención de su propio hermano, resultando aun así herida por haberle intentado el lobo coger del cuello. Afortunadamente esta niña consiguió sobrevivir.

En Sidriano, dos muchachas que estaban cuidando dos vacas y una cerda, se vieron intimidadas por la criatura. Estas al correr hacia los animales, llegaron a tiempo para guarecerse entre la protección de su ganado. De modo que las vacas gracias a su instinto de supervivencia, consiguieron ponerse en posición defensiva, encarando con sus cabezas a la criatura atacante, y consiguiendo así hacer huir a aquel animal. Este hecho recordemos que también se recogerá en otras historias, como en el caso de la bestia de Gévaudan. Parece ser que en el bosque de Cusago, otro conjunto de reses consiguieron repeler un ataque de este animal, de ahí que veremos que en más de una ocasión, tanto bueyes como vacas llegaron a salvar la vida a sus dueños.

La situación tan tensa que se vivía por momentos, hizo que el terror se apoderara de la población. Algo que desde luego no era para menos, y que por ejemplo se tradujo en momentos de nerviosismo y confusión, donde lo que se creía que era un lobo, en realidad no lo era, tal y como le acabó ocurriendo a una niña de Corbetta de 15 años, quien creyó ver a aquella criatura, cuando en realidad se trataba de un ternero que había en el campo. Algo similar le sucedió a un joven cerca de Villacortese, descubriéndose posteriormente que la criatura que le asustó se trataba de una cabra.


Julio y agosto de 1792. Dos meses críticos

Corrían los primeros días del mes de julio. Un mes veraniego del que nadie presagiaba las fatídicas semanas que quedaban por vivirse en esa región de las afueras de Milán. Concretamente los hechos comenzaron a ocurrir entre la jornada de los días 4 y 5 de julio, la fecha en la que ya contamos con datos que nos hablan de una primera persona que fue devorada por aquella criatura.

Se trataba de un niño llamado Giuseppe Antonio Gaudenzio, procedente de Cusago. Como ya se ha comentado, en esta zona había muchos lobos. Sabemos que en esta localidad por aquel entonces existía un bosque, en el que habitaban muchos de estos animales, y que, aprovechando la proximidad de las zonas de pasto, se acercaban hasta esos lugares en busca de reses de las que poder alimentarse.

Las gentes comentaban que la criatura que había producido aquel primer ataque se escondía de forma premeditada, por lo que se recomendaba muchas veces que las personas no llegaran a introducirse en este tipo de parajes si se iba desarmado. Como era normal entre los jóvenes de la época, y de la misma forma que apreciamos en casos como el de la bestia de Gévaudan, era habitual que los niños de las familias trabajaran ayudando en las labores de explotación animal a pesar de su corta edad. Es por ello que justo ese día cuatro de julio, mientras Giuseppe Antonio iba con su vaca (y que era de los pocos bienes de valor que tenía su familia), parece ser que este la perdió de vista, por lo que cuando llegó a casa y manifestó a su padre lo ocurrido, su progenitor le dijo que volviera a buscarla, y que no retornara hasta que aquella no apareciese. Finalmente, el joven fue atacado mortalmente por la bestia mientras la buscaba. A partir de ese momento, comenzó a extenderse la historia de la bestia de Cusago por la región.

El 8 de julio en Limbiate, varios jóvenes que estaban vigilando sus ganados vieron acercarse a la bestia, a la cual calificaron como una especie de animal feo y semejante a un perro. Estos se asustaron, subiéndose a los árboles, y agrupándose sus animales para defenderse.

Por desgracia, transcurrido un tiempo, los niños creían que este ya se había marchado, por lo que, al bajar de los árboles, los muchachos, ya en el suelo, se volvieron a ver sorprendidos por aquel animal que les volvía a perseguir, siendo alcanzado por desgracia uno de ellos. A pesar de que los campesinos acudieron en su ayuda, toda labor de socorro por salvar su vida resultó imposible.

Precisamente, esta historia de jóvenes que se suben a la parte superior de un árbol para ponerse a salvo nos recuerda mucho a un relato de 1799, en el que unos niños en la granja de Paliès (Francia), al percatarse de la presencia de otro lobo (en este caso la denominada “bestia de Veyreau”), subieron hasta la parte alta del mismo para poder resguardarse.

Las víctimas por desgracia irían incrementando, así pues, el día 11 de julio, se supo que en el camino de Novara, otra víctima de seis años había sido atacada mortalmente por la bestia. En este caso la niña fue sorprendida en un área que va de Corbetta a la Cassona Pobbia, cuando se encontraba cuidando algunos animales.

Durante la parte restante del mes de julio, parecía que la intensidad de los ataques iba disminuyendo; no obstante, el miedo estaba presente entre las gentes de esta zona rural, pues ya se habían producido en escasos días tres víctimas mortales.

A todo ello cabe añadir el desarrollo de incursiones y daños en explotaciones de granjas, hasta las que acudía esta criatura en busca de comida. El gobierno incluso llegó a colocar hombres armados en las zonas donde los jóvenes llevaban a su ganado a pastar, ante la posibilidad de que la fiera pudiese aparecer. Poco después, llegados al mes de agosto, veremos cómo justo el día 2 se tendrá constancia de un nuevo ataque.

En una ocasión, al caer la noche en Senago, durante una vigía nocturna de los pastores, al lado de un bosquecillo, la temida criatura se lanzó contra aquellas personas. Al no haber gente armada, un campesino que estaba cerca pudo acudir con su hoz, enfrentándose a la bestia, y contra la que se encaró con su herramienta de trabajo. Esta, según se relata, estaba erguida sobre sus patas, tratando de atacar a aquel hombre, mientras este le plantaba cara. Finalmente, el animal abandonó el lugar, persiguiendo a los jóvenes que habían huido, alcanzando a la hija de un leñador.

El recorrido del terror no había finalizado, pues hacia la tarde del día siguiente a lo ocurrido en Senago, aquel animal volvió a aparecer cerca de Assiano ante tres jóvenes que vigilaban sus vacas, atacando mortalmente a uno de estos. Parece ser que durante ese suceso, la bestia se movía por el bosque de Casorate. 

La lista de ataques mortales fue incrementándose, pues de nuevo cabía sumar otra niña que se encontraba en la zona de Arluno, y que de la misma forma se vio sorprendida por esta criatura.

El día 11 de agosto la fiera llegó hasta la Cassina de San Siro, es decir, prácticamente a una distancia de una milla de la Porta Vercellina, por lo que se puede decir que esta criatura llegó casi hasta las puertas de Milán. Allí atacó mortalmente a otra joven de doce años que se encontraba en uno de los campos de esa zona.

Recordemos que precisamente uno de los animales que se creía que pudo ser la famosa bestia de Cusago fue capturado en una de las trampas que se levantó en esta zona de las afueras de Milán. Concretamente, aquello ocurrió el 18 de septiembre, cuando se anunció que la bestia cayó presa en una de las fosas que se realizaron a lo largo de las diferentes zonas de la región afectada, siendo esta identificada con la que, como se comentará después, fue la misma que se vio el 20 de agosto. La trampa se hallaba en una fosa que existía fuera de la Puerta Vercellina de Milán, es decir, alrededor de lo que hoy es la zona de la intersección de Vía Toti y Corso Vercelli.

Como ya se ha comentado, la bestia sería también vista en Boldinasco, donde un joven de doce años consiguió sobrevivir a pesar de las mordeduras sufridas, gracias a que sus gritos de auxilio fueron escuchados por una persona que valientemente se acercó hasta el lugar y consiguió hacer huir a aquel animal. Afortunadamente, el mozo atacado consiguió sanar sus heridas.

El día 16 de agosto, la temible criatura volvía a aparecer en el paraje de Groane o Graona di Barlassina, un entorno natural donde el animal seguramente aprovechó las prestaciones naturales que le ofrecía el entorno para guarecerse.

En la localidad de Barlassina, la víctima fue una niña. Según el relato, veremos que en esa ocasión, el animal se acercó cariñosamente hasta la joven moviendo su cola, como si intentase jugar con ella. Por lo que el animal, aprovechando la cercanía y relajación de la víctima, acabó atacándola. Este relato (pero afortunadamente sin un final trágico), también lo veremos en el caso francés de la bestia de Veyreau, donde se dice que un vecino de la localidad de Saint-André-des-Vézines intentó acariciar a aquel animal que se estaba moviendo por el lugar, prácticamente como si de un perro se tratase. En el caso francés no ocurrió ninguna desgracia, puesto que el animal acabó huyendo. Otra víctima de esta criatura fue una niña de 14 años, que en la zona de Bareggio, cuando iba a recoger leña, fue sorprendida por esta.

El siguiente y último ataque mortal según relata la crónica de la bestia, se produjo en la localidad de Mazzo, cuando dos niños fueron sorprendidos por esta en un campo de maíz. Se dice que se presentó aparentemente de forma juguetona, por lo que uno de los niños incluso llegó a tocarla, cuando de repente esta se abalanzó sobre uno de ellos.

El primo de la niña atacada, y que era un hombre adulto de 20 años, al oír los gritos, acudió rápidamente hasta el lugar, aunque al llegar allí, y tras toparse con la bestia e ir desarmado, decidió ir a buscar ayuda. Por desgracia, las heridas sufridas por la joven fueron demasiado graves, por lo que moriría al amanecer del día siguiente.

Finalmente, a principios de septiembre, la bestia de nuevo atacó a dos hermanos (un niño y una niña) que estaban en el campo. Afortunadamente, el varón pudo defenderse, llegando a golpear el hocico de la bestia. Luego aquella criatura se abalanzó sobre la hermana, por lo que esta tuvo el coraje de agarrar al animal de la cola y propinarle varios golpes en el lomo, consiguiendo que esta saliese del lugar. Las heridas de la niña consiguieron sanarse, por lo que lo ocurrido quedó en un susto.

Sabemos que por ejemplo, durante aquellos días atrás, muchos cazadores estaban intentando dar con la criatura. Se dice incluso que hubo algunas personas que estaban encaramadas en lo alto de los árboles (como ocurrió en Uboldo y Mombello), ya que desde la posición resguardada que les otorgaba esa altura, esperaban junto a estanques artificiales la llegada del animal, puesto que se habían colocado señuelos (pollos y corderos), para que así esta acudiese hasta aquel punto.

También se propusieron diferentes ideas que no se llevaron a cabo, como la de colocar 20.000 lazos de latón, de forma que en alguno el animal podría acabar quedando atrapado. 

Recordemos que se planteó la construcción de una serie de fosas revestidas de hierbas, con un cebo en la zona central, para que así cuando la presa se acercara esta cayese en la trampa. Es por ello, que dos semanas después del último ataque en el que sus víctimas consiguieron sobrevivir, se informaba de que la bestia había sido cazada en una de esas trampas loberas dispersas por diferentes puntos de la región. Parece ser que la zona donde se capturó no se hallaba muy lejos de donde se produjo el ataque mortal a una de sus víctimas semanas atrás. Esto ocurría en las afueras de la Puerta Vercellina de Milán.

Cuando el animal fue capturado, una de las muchachas que estaba presente cuando fue atacada mortalmente la joven del día 11 de agosto, confirmaba que ese era el mismo que semanas atrás había matado a aquella niña. Lo mismo ocurrió con un joven que sufrió mordeduras y que pudo contar su encuentro con el lobo, reconociendo también ese espécimen como el mismo que vio en su momento.

Cabe decir que la captura de ese animal no fue motivo de tranquilidad permanente, ya que, como se ha indicado, se cree que como mínimo aquellos ataques registrados entre julio y septiembre de 1792 podrían haberse efectuado al menos por dos animales de acuerdo a las características que se mencionan de estos (no siendo tampoco descartable incluso alguno más que se movía por la misma zona).

Esto dará lugar a que muchos nativos siguiesen estando en alerta, pues los lobos y sus ataques, como se vio con el transcurso del tiempo, no desaparecerían en años posteriores en la región.

Por otro lado, una parte de la población creía que con aquel lobo cazado, al menos se podía haber dado con el principal causante de los daños que se estaban generando en la zona, lo cual, a tenor de los datos que se recabarán, podría confirmar esta teoría.


"La primera bestia de Cusago"

Ya se ha comentado que, como mínimo, podríamos estar ante dos animales que actuaban moviéndose por un amplio radio, y que en ocasiones llegarían incluso a coincidir, sin descartarse la presencia de alguno más, lo que incrementaría la cifra a varios lobos.

Precisamente, si comparamos las descripciones que se hacen de este, grosso modo vemos dos patrones diferentes. Habiendo testimonios que nos hablan de un ejemplar de color gris u oscuro, mientras que otros señalan un espécimen rojizo o pardo.

El ejemplar que aparece descrito como un animal de color oscuro es el que se menciona en el ataque del 8 de julio, cuando unos jóvenes que lo vieron de cerca lo describieron como una criatura con cabeza ancha y un pelaje negruzo manchado en la parte superior, con un color blanquecino en la zona inferior. La descripción que se realiza del ataque mortal a una niña en julio era la de “una bestia que tomaron por un gran perro, de color gris ceniciento oscuro con manchas negruzcas” (Mura, G. (Ed.). (s. f.)).

En el aviso promulgado por el gobierno el 14 de julio de 1792, se indica que esa criatura era de un “color ceniciento oscuro casi negro, del tamaño de un gran perro” (Mura, G. (Ed.). (s. f.). No sería descabellado proponer que se tratase del mismo ejemplar que se menciona en una carta con fecha del 19 de agosto de 1792, en la que se indica que han sido vistas dos criaturas, siendo una de estas: “de color ceniciento con vetas onduladas, cola corta y cabeza grande, hocico semejante al de un cerdo y cintura delgada”.


"La segunda bestia de Cusago"

A principios de agosto ya se comentaba que aquel animal que estaba sembrando el miedo por esta zona de las afueras de Milán eran en realidad dos criaturas, algo obvio si tenemos en cuenta la intensidad de los últimos ataques y las distancias que esta había recorrido en escaso margen de tiempo, habiendo además algún testimonio que acreditaba haberlas visto juntas a ambas especies, diferenciando incluso entre un macho que parecía más ágil y fuerte, de una hembra de menor tamaño.

En la información que traslada Mura, ya se comenta que en una carta al marqués de Stampa de Soncino en Cusago, y fechada el 19 de agosto de 1792, que “dos bestias feroces estaban en un campo sembrado de maíz en la Cassina Biscona, donde se comieron dos polluelos y mataron otros dos”. Esta continúa detallando: “La más grande es completamente rojiza con una franja blanca bajo el vientre; tiene la cabeza semejante a la de un ternero, ojos grandes, cola fina y rizada con un mechón de pelo blanco en la punta y bastante larga, y salta al huir como un corzo. La otra, más pequeña, igual a un gran perro, es de color ceniciento con vetas onduladas, cola corta y cabeza grande, hocico semejante al de un cerdo y cintura delgada; y esta es una bestia muy fea de ver, mientras que la más grande es muy hermosa y bien proporcionada” (Mura, G. (Ed.). (s. f.).

Sobre la cuestión de si se trataba de lobos o de otro tipo de animal, ya hemos comentado que aquí surgen disparidad de opiniones. Ya por aquel entonces había gente que defendía la posibilidad de que se tratara de lobos de un tamaño superior al de un ejemplar medio, tal y como hemos comentado en diferentes casos, mientras que otras versiones hablan de hienas o animales extraños. Las dudas quedan resueltas cuando el 18 de septiembre el animal cazado se describe como una loba de color rojizo, encuadrándose con la que en el presente artículo nosotros hemos designado como la segunda bestia de Cusago.

David Gómez de Mora


Bibliografía:

*Mura, G. (Ed.). (s. f.). Giornale [Edición digital]. Biblioteca Nazionale Braidense, Segnatura 14.16.E.8.20. http://braidense.it/scaffale/giornale.htm

*Oriani, A., & Comincini, M. (2002). Living with death in the 1700s. Ponencia presentada en el congreso de la Italian Society of XVIII Century Studies, Santa Margherita Ligure, Italia, 30 de septiembre–2 de octubre de 2002. http://www.storiadellafauna.it/scaffale/testi/oriani/oria_comi.htm

Las bestias de las Cévennes

La bestia de las Cévennes o Cevenas es una criatura antropófaga, que tradicionalmente se ha asociado con uno o diferentes lobos, que durante una serie de años que engloban la primera mitad del siglo XIX (1809-1817), generaron numerosas víctimas en esta área del territorio francés. Los expertos que han investigado este caso consideran que el causante de tantas muertes pudieron haber sido diversos ejemplares, en lugar de uno solo.

Jean-Paul Chabrol (1) ya comentaba que el origen de aquellos ataques podría explicarse en ataques realizados por grupos de lobos. El experto Jean-Marc Moriceau (2), también considerará que la «bestia de las Cevenas» podrían haber sido en realidad varias parejas de estos animales. Al respecto, este autor en su historia del lobo (2016), ya dedica un apartado tratando diferentes cuestiones sobre la bestia de las Cévennes, concretamente entre las páginas 250-257.

Sobre la criatura de las Cévennes, veremos cómo las descripciones de la época detallaban que se trataba de un lobo de gran tamaño, que presentaba un color leonado y crin oscura en el cuello, además de un destacado hocico y cola larga.

Esta descripción se asemejará a algunas de las referencias que se darán de otros cánidos que previamente habían causado víctimas en tierras francesas, tal y como ocurrió en el caso de Gévaudan o Veyreau. Otra característica que tendrá en común con estos, es que algunos testimonios indicaban que aquella criatura podía ser una hiena.

El marco geográfico donde se produjeron los hechos, sin lugar a duda, era propicio para que animales de estas características actuaran con mayor facilidad, puesto que las Cévennes es una cadena de montañas de la zona centro-sur del país, que engloba puntos de los departamentos de Gard, Lozère, Ardèche y Haute-Loire, donde veremos espacios accidentados, así como una amplia zona boscosa, que ayudará en su momento a que estos animales fuesen más escurridizos.

Autores como Guy Crouzet (3) han presentado resultados interesantes sobre la historia de esta criatura, revelando a través de la documentación del territorio afectado, esa crudeza con la que se produjeron muchas de las muertes.

Aunque el nombre de las Cévennes es el más popular, también este animal ha sido bautizado con otras designaciones, como ocurre con la denominación de “la bestia del Vivarais”. Una característica que veremos que comparte con otras criaturas de estas características, y que ya hemos estudiado (siendo el caso de la de Veyreau o Gévaudan), es que muchas de sus víctimas se mueven dentro de un mismo margen de edad.

En total se le atribuyen casi unas cuarenta muertes, tal y como se ha desprendido por los diferentes investigadores que han abordado la cuestión, no obstante, se cree que esa cifra puede ser superior, debido a que las actas de defunción de las parroquias que se vieron afectadas por esta, no siempre anotaban el motivo de la muerte de cada persona, de ahí que quede seguramente omitida más gente fallecida.

Como ocurriría en el caso de Veyrau, a pesar de las batidas en busca de este animal, nunca se tuvo la certeza de si realmente se le llegó a dar caza.

También veremos cómo la prensa comenzó a hacerse eco de los primeros ataques registrados en otoño del año 1809, teniendo en mente la histórica criatura de Gévaudan, la cual unas décadas atrás puso en jaque la reputación de la propia corona, ya que el caso acabó casi convirtiéndose en una cuestión de Estado. Será durante el verano de 1817 cuando se registraron las últimas muertes, comprendiendo ese periodo de terror casi un total de 8 años.

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Estos ataques de lobos no aparecerían súbitamente en 1809, pues Moriceau (2016, p. 251) ya habla de una carta para una batida de lobos fechada un par de años atrás (febrero de 1807), cuando el alcalde de Monesteir informa de que se habían producido diferentes ofensivas de manadas, en las que habían resultado heridas varias personas.

En las Cévennes, el temor a toparse con aquella criatura y que mucha de la gente de las zonas afectadas ya vinculaba con un lobo, alimentó una situación de terror destacado, hasta el punto de que había bastantes personas que no se atrevían a salir de casa al caer la noche, así como tampoco moverse en medio del campo sin algún tipo de objeto punzante o cortante con el que poder defenderse ante la repentina aparición de la criatura.

Los datos sobre víctimas que estudia con detalle Guy Crouzet (1991, p. 12) nos dan una cifra total de 28 muertes entre los años 1809-1817. Para ello, valiéndose de las informaciones recabadas en los registros parroquiales de las zonas afectadas, así como en los fondos de la documentación civil, el autor enumera los diferentes ataques que se produjeron. A esa lista cabría sumar otras varias personas heridas, que, sin llegar a fallecer, fueron atacadas por esta o otras criaturas. Años más tarde, en una nueva publicación en la que el autor actualizó sus datos (Crouzet, 2002, p. 457), este asciende ese número a 32 personas. Por su parte, Moriceau (2016, p. 251) habla de un total de 40 víctimas.

De nuevo, Crouzet (2002, p. 458), a través de una carta que fecha del 5 de octubre de 1814 (A.N. - F/10/473), y que transcribe en su artículo, puede leerse que por aquel entonces ya habían fallecido más de 60 niños con motivo de los ataques de esos animales. Por otro lado, en el referido documento se especifica que los ayuntamientos y habitantes de las comunas de Gard limítrofes de Saint-André-Capcèze, cuantificaban el número de víctimas entre 63 o 65 personas. Por ejemplo, Moriceau (2016, p. 251) indica que en noviembre de 1814, en una petición firmada por los alcaldes de cinco cantones de Gard y Lozère, se informa de que ya eran 73 personas las que habían sido devoradas o heridas gravemente por lobos negros en los últimos años. Este baile de números como vemos complica el poder atribuir incluso un marco de víctimas más o menos exacto, pero que ya a simple vista, refleja la crudeza de la situación que vivieron los habitantes de esta región.

En municipios como Aujac, se documentarán varias víctimas a lo largo de diferentes años que comprendieron el intervalo en el que se registraban los ataques. Por ejemplo, Moriceau (2016, p. 250) comenta el caso de marzo de 1811, en el que dos lobos se llevaron a un niño de 6 años, sin que su hermano mayor, de 16 años (quedándose paralizado por la situación), pudiera hacer nada.

En Gravières se registraron un par de víctimas en 1812 y 1816 (Crouzet, 1991, p. 6). En el caso de una de estas, se especifica que las causantes fueron varias bestias feroces, lo que confirmaría que detrás de aquellos ataques en más de una ocasión pudo haber varios lobos. Por otro lado en Saint-André-de-Cruzières, Crouzet (1991, p. 9) comenta cómo la víctima fue atacada en un bosque.

En la localidad de Malbosc se registraron hasta siete víctimas entre 1812 y 1816, tal y como puede consultarse en una hoja donde se especifica el número de jóvenes devorados por los lobos (4). Fuente: wikipedia.org. En esta se leen el nombre, edad y otros datos de las víctimas (Joseph de 14 años en 1812; Pierre de 7 años en 1812; Jean-Placide de 6 años en 1812; Joseph de 5 años en 1812; Rose de 11 años en 1813; otro niño sin especificar datos en 1814 y Rose de 7 años en 1815).

La gente realizó batidas a lo largo de esos años con la intención de poder dar con aquellas criaturas. En los rastreos se consiguieron cazar algunos ejemplares, pero nunca ninguno hizo pensar que se tratara del espécimen que las víctimas describían. Al respecto, cabe destacar que Moriceau (2016, p. 255) indica que en enero de 1815 se abatieron en Saint-André-Capcèze dos lobos de un tamaño extraordinario. Ciertamente, esto podría haber hecho pensar que los causantes de aquel daño generalizado en la zona habían desaparecido, aunque, como se verá, todavía quedaban dos años y medio más de registros en los que se certificarán ataques mortales, lo que podría demostrar que se trataba de varios ejemplares que actuaban por puntos dispares.

Los ataques no solo se producían durante las horas nocturnas, pues muchas de las personas afectadas fueron sorprendidas durante la mañana. Las batidas involucraron a varias decenas de tiradores, sin dar los frutos esperados.

Muchas víctimas eran jóvenes, aunque también figuraban adultos. Entre la información recogida se mencionará en repetidas ocasiones que muchas de esas víctimas fueron devoradas por un lobo, así como en alguna ocasión por un animal carnívoro. Moriceau (2016, p. 250) comenta que no pasaba un año sin que en un cementerio de esa zona no se enterrase el cadáver de alguna persona atacada por una criatura de aquellas.

La disponibilidad para esos animales de una zona ruralizada, en medio de un entorno montañoso, ayudó notablemente a que estos pudieran moverse con mayor facilidad. Es por ello que accidentes geográficos como la Sierra de Barri fueron tanto por la abundancia de vegetación virgen, como por las zonas de difícil acceso, un entorno en el que esas criaturas se encontrarían más resguardadas de las batidas efectuadas por los cazadores.

David Gómez de Mora



Referencias:

(1) Jean-Paul Chabrol (2018). La bête des Cévennes y la bête du Gévaudan en 50 preguntas, Nîmes, Alcide Éditions, coll. «Histoire», 122 p.

(2) Jean-Marc Moriceau (2016).  Histoire du méchant loup: la question des attaques sur l'homme en France, XVe-XXe siècle, Paris, Pluriel, coll. «Pluriel», 634 p. 

(3) Guy Crouzet ha investigado la historia de esta criatura, redactando diferentes artículos en la revista Causses et Cévennes: revue du Club cévenol: «La Bête des Cévennes», n.º 1, «La Bête des Cévennes et autres loups», 1991, p. 4-13 y «La Bête des Cévennes ou la dernière grande offensive des loups dans cette région (1809-1817)», n.º 1, 2002, p. 457-464.

(4) https://fr.wikipedia.org/wiki/B%C3%AAte_des_C%C3%A9vennes#/media/Fichier:D%C3%A9vor%C3%A9s_par_les_loups.jpg

El testamento de Esteban Romo (vecino de Caracenilla)

El 22 de junio del año 1708, el vecino de Caracenilla Esteban Romo, estando enfermo, solicita que se redacte una carta de testamento con sus últimas voluntades, indicando en su contenido diferentes referencias, que nos sirven para conocer un poco mejor la situación de algunas de esas familias, cuya historia entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII nos permite entender cómo era la vida en algunas de las casas de esta población. El escribano Diego de Alique Culebras fue el encargado de redactar el testamento de Esteban entre las hojas 104 y 109 v. del libro de protocolos notariales de Huete del año 1708.

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Ya hemos comentado en alguna ocasión que los Romo estaban esparcidos por diferentes municipios cercanos a Caracenilla, como veremos en el caso de Caracena o la localidad de Castillejo del Romeral, donde fueron una de sus familias destacadas, arrastrándose posiblemente sus raíces generaciones atrás en la ciudad de Huete, y en la que a finales del medievo, su linaje era ya considerado como miembro del estado noble.

Esteban había casado tiempo atrás con Sebastiana Villar (esta ya difunta en el momento del testamento), teniendo por suegros a Domingo Villar e Isabel López. Entre las mandas de misas que este solicita por la salvación de su alma y familiares, junto a las ánimas del Purgatorio, pudimos contabilizar una cifra total de 1000 misas. Una cantidad considerable, pero que no debería sorprendernos teniendo en cuenta la disponibilidad de bienes de algunas de estas casas del medio rural, y en las que se contaba con recursos que permitían desarrollar una vida con mucho mayor desahogo que en las familias de jornaleros.

Nuestro personaje pide enterrarse en la sepultura donde yace su esposa Sebastiana, es decir, en una de las tumbas del interior de la iglesia parroquial de Caracenilla. Como era costumbre, Esteban solicitará misa de cuerpo presente con diáconos, así como que su cuerpo vistiese el hábito franciscano, demostrando de esta forma su humildad, así como buscando beneficios espirituales, puesto que la creencia de aquellos tiempos indicaba que este acto ayudaba a la limpieza del alma para así permanecer el menor tiempo posible en el Purgatorio. De las 1000 misas solicitadas, 500 irán para él, 100 para sus padres, otras 50 para su esposa, 100 para sus suegros, otras 50 para las ánimas del Purgatorio y añade 200 “para descargo de mi conciencia”.

Como era costumbre, debían portarse velas y ofrendas a la tumba, que este encarga a su cuñada Catalina Villar, quien, como recompensa por tal obligación, recibirá una parte de una tierra que este poseía. Esteban también realizará algunos donativos a las Cofradías del Santísimo Sacramento y del Rosario, así como lo acostumbrado a las Obras Pías.

A su sobrino Francisco Caballero le entrega el huerto que le compró a Juan Saiz de Alcaraz, con la condición de que su cuñada Catalina Villar poseyese el usufructo de este mientras ella viviese. También manda al dicho Francisco un cañamar que tenía en Valdeibáñez y que le compró a Pedro de Albendea, junto una haza en la Solanilla en el camino que iba a Caracena, además de “una capa de paño azul prensado, y dos anguarinas de mezcla verde, dos o tres jubones, que tengo azules, y todas las medias, zapatos y ligas que se hallasen mías” (AMH, caja 202, fol. 108).

Otra donación de Esteban (en este caso a su cuñada María Villar) fue la cama de madera en la que él dormía, incluyendo todo lo necesario que allí hubiese, así como los cuadros y estampas que había en la habitación, además de una arca grande. Incluso especifica que la leña que tenía en el corral indica que la recogiese María, así como que se llevase una arroba de aceite, por lo que ella, como agradecimiento, debería encomendarse por su alma a Dios. Tengamos en cuenta que este tipo de donativos era una de las varias formas con las que la persona podía aminorar la carga pecativa, puesto que sus familiares o amigos se encargarían de rezar para la limpieza de su alma.

Esteban tampoco se olvidará de su sobrina María Caballero, a quien le otorga una "cama de ropa" que se componía de un jergón, tres mantas nuevas, dos almohadas, su delantera y un cubertorcillo colorado. Añade también una tinaja llena de aceite, recordándole que también se encomiende a Dios por su alma. A su hermana María Romo le entregará una viña que tenía en “El Badillo” (en término municipal de Castillejo del Romeral), y que ya le venía de su abuelo, recordándole la misma obligación que a su sobrina.

A su criada Isabel Rosillo también le donará una "cama de ropa", tres mantas, dos almohadas, una delantera, un jergón, un paño buriel, un guardapiés y una anguarina para que se apiadase de él. Esteban otorgará otras pertenencias a varios vecinos con la misma finalidad. Los bienes muebles de su hogar se los donará al convento de San Francisco que había en Torrejoncillo del Rey (hoy en estado ruinoso), y donde parece ser que en su interior había una ermita dedicada a la Virgen de la Paz.

Para la fábrica de la iglesia parroquial de Caracenilla manda 50 ducados con la condición de que cada año se le dedique una misa para el día de San Esteban. También se acordará del que en ese momento era cura de Caracenilla, don Constantino-Bruno del Castillo y de Jaraba, a quien entrega 50 ducados de vellón, de forma que este cada año celebrase una misa por su ánima anualmente el día que considerase oportuno el religioso.

Sobre la familia de Esteban y su esposa, podemos añadir que supimos que ambos casaron en Caracenilla en el año 1675, tal y como se recoge en su partida de matrimonio (APC, fol. 252 v.). Esteban era hijo de Esteban Romo y Dorotea Abad (vecinos de Caracena), así como Sebastiana de Domingo Villar e Isabel López (estos de Caracenilla). Los Villar eran una familia con recursos en la cercana localidad de Pineda de Gigüela, teniendo a miembros de su linaje dentro del clero. Así, por ejemplo, en la partida de matrimonio de Domingo e Isabel, se recuerda en el año 1640 (APC, fol. 209) que el licenciado Villar, presbítero de Pineda de Gigüela, da licencia para el casamiento de Domingo (hijo de Francisco Villar y Francisca del Moral, estos vecinos de Pineda) e Isabel (ella hija de Francisco López y Catalina de Cañas, y ambos vecinos de Caracenilla).


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de Caracenilla


Referencias:

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos de Huete. Caja 202. Años 1706-1709. Diego de Alique Culebras

*Archivo Parroquial de Caracenilla. Libro I de matrimonios. Años 1594-1701

La viuda de Juan Serrano-Gil

Hace unos siete años, publicábamos en nuestro blog un artículo titulado “Apuntes sobre la familia Serrano-Gil de Valera de Abajo”, en el que comentábamos cómo falleció el marido de María Saiz de la Blanca. Un valeroso, que haciendo honor al gentilicio de su localidad, era en aquellos momentos regidor del municipio, y que tras la entrada de las tropas austracistas en esta localidad, no dudó en mostrar su fidelidad a Felipe V de Borbón, defendiendo además los derechos de su población, por lo que desgraciadamente acabó siendo ejecutado en la horca.


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Sabemos que los vecinos de este municipio tuvieron que hacer frente a los problemas que comportó la entrada de varios miles de soldados en una localidad pequeña como Valera, especialmente María, quien seguramente acabó muy afectada por lo ocurrido a su marido. A raíz de aquel acto, la viuda recibiría una paga diaria de cinco reales, habiendo incluso estado, según parece, durante un tiempo en la corte del rey.

Respecto a esta historia, y de manera fortuita, consultando documentación sobre protocolos notariales de la localidad de Olmeda del Rey, dimos con una carta de poder en la que en su nombre se recoge lo siguiente:

(...) puedan aber rezivir y cobrar dela Real azienda y thesoreria donde estuviere consignado el pago de cinco reales en cada un dia de que su Majestad que Dios guarde me hizo gracia por su Real zeula por aver muerto en servizio de su Real Corona defendiendola del poder de los enemigos contrarios ahella el dicho Juan Serrano mi marido en el año pasado de mil setecientos y seis que estubieron en dicha villa de Valera los soldados enemigos cociendo invasiones, saqueos y otras cosas asta llegar su zaña a tan orroroso estrago a dar muerte de orca al dicho Juan Serrano Gil mi marido por ser regidor actual de dicha villa por cuia causa semeizo ami como asu mujer lagracia referida que corre desde el dia de la fecha de la dicha zeula Real (...)” (AHPC, 1720, fols. 10-11v.)


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de Piqueras del Castillo


Referencia:

*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Protocolo notarial de Olmeda del Rey, año 1720. Carta de poder. Viuda de Juan Serrano Gil. fols. 10-11v. P-1683/15

Datos adicionales sobre la genealogía de los Serrano de Huete

Durante estos años hemos ido indagando el pasado de diferentes familias que han formado parte de la historia de la Alcarria Optense. Un ejemplo de ello son los Serranos de la ciudad de Huete, una casa sobre la que podemos recabar diferentes informaciones que nos permiten esbozar una idea más clara de algunas personalidades que destacaron dentro de este tipo de familias vinculadas con el medio rural de siglos atrás.

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Al respecto, son variados los datos que durante estos últimos años hemos ido conociendo y que antes ignorábamos, motivo que nos lleva a aportar nuevas vías de investigación, y que nos ayudan a conocer un poco mejor algunos de los aspectos relacionados con la cuestión genealógica de varios de esos linajes que vivían por esta área geográfica.

En este sentido, merece nuestra atención, una línea de esta familia, que corresponde concretamente al matrimonio de un tal Martín Serrano, esposo de María de Rozalén, y que en algunos de los estudios que hemos realizado o que se pueden consultar en redes, nos han llevado a vincular a Martín como hijo de Bartolomé Serrano e Inés de Cifuentes.

Situaciones como la repetición de nombres, datos escuetos que conducen a la confusión, así como la ausencia de documentos clave que pueden servir para despejar muchas dudas, explican bastantes veces el desencadenamiento de errores que se pueden producir en el momento de elaborar la genealogía de una determinada persona.

Creemos que este podría ser el caso del referido Martín. A falta de mayor información que nos permita aclarar esta cuestión, formulamos este artículo como una hipótesis genealógica, apoyada a través de informaciones que se pueden extraer de los libros de protocolos notariales, así como, por otra parte, de los registros parroquiales que hay en Huete.

El caso de nuestro personaje resulta interesante plantearlo, ya que es un claro ejemplo de cómo en ocasiones la genealogía no resulta tan sencilla de elaborar como pudiera parecer, así como de la necesidad de que en ocasiones sea necesario comparar y cruzar documentos, más allá de las partidas sacramentales.


La familia de Martín Serrano

En la caja nº201 de los protocolos notariales de Huete, podemos leer el testamento de Manuel Serrano, redactado en el año 1704. En este, Manuel pide ser enterrado en la parroquial de Santa María de Atienza, indicando que su mujer es Ana de Atienza, así como que tiene varias hijas. Este cita entre sus hermanos a Francisco e Isidro Serrano. Dos nombres clave para luego realizar comparaciones.

Martín Serrano de Rozalén (el hijo de Martín Serrano) y hermano de este referido Manuel, casa en 1678 con Laurencia González, indicándose que es hijo de Martín Serrano y María de Rozalén (APH, L.II m., fols. 23v-24). Cabe decir que en la partida de matrimonio de Manuel Serrano del año 1680, su madre en lugar de aparecer como María, se escribe como Ana, además de que tanto ella como Martín no se indica que han fallecido (APH, L.II m., fol. 27).

Este dato es interesante, puesto que como veremos su padre fallece tres años más tarde. En 1689 casa Ignacio de Cuenca y Ana Serrano. En esta partida lo remarcable, es que se confirma que Martín Serrano y María de Rozalén ya están difuntos. Lo mismo se corrobora con la partida de matrimonio del hermano de Ana (Francisco), quien se casó el mismo día. En este caso Francisco lo hizo con María de Bonilla. (APH, L.II m., 34v-35).

Con todo esto, la clave de esta historia se encuentra en el testamento de Martín Serrano, y quien creemos que puede ser el padre de los antes referidos hermanos (y no otro del mismo nombre que se ha vinculado siempre como hijo de Bartolomé Serrano e Inés de Cifuentes). Este testamento se halla en la caja nº194 de protocolos notariales de Huete, y en su contenido se indica que Martín es hijo de Benito Serrano y María de Castro, teniendo como hijos a Martín, Manuel, María, Isabel, Micaela, Francisco, Isidro y Ana Serrano.

Sobre Ana tenemos datos más precisos, pues esta testa en el año 1717 (AMH, Caja nº205), indicándose que es viuda de Ignacio de Cuenca. Ana manda enterrarse como solía ser costumbre donde ya lo había estado haciendo su familia, es decir, en Santa María de Atienza. Pagará 400 misas, y cita a su cuñada Francisca de Alcázar, así como a su hija Juliana de Cuenca Serrano. No obstante, entre sus hermanos veremos que menciona al ya fallecido Martín Serrano (el hijo del Martín que muere en 1683) al referirse a su sobrino, así como a Isidro Serrano (a quien nombra como heredero universal).

Martín Serrano (hijo) ya hemos indicado que casa con Laurencia González. Este Martín fallece en 1714, tres años antes que su hermana Ana (APH, L.II d., fol. 71v), apareciendo su hijo Juan Serrano (y que Ana menciona) como cabezalero. Martín Serrano (el mayor) y padre de todos estos Serranos, fallece en 1683 (APH, L.II d., fol. 33v.), indicándose que otorgó testamento ante Julián Vicente Escudero. Si vamos a este documento (AMH, Caja nº194) declara que son sus hijos Martín, Manuel, María, Isabel y Micaela, los cuales especifica que ya se habían casado. 

Es decir, por lo que sabemos, estas cinco personas ya habían celebrado sus nupcias antes de la muerte de Martín en 1683. A continuación en su testamento indica que tiene un total de ocho hijos herederos, siendo estos, Francisco, Martín, Manuel, María, Isabel, Micaela, Isidro y Ana.

Este dato es también relevante, ya que hay tres hijos que no se habían casado todavía, estos son Francisco, Isidro y Ana. Sabemos que Isidro lo hace a principios del siglo XVIII, así como Ana y Francisco en 1689 (es decir, cuando fallece su padre). Esto confirmaría que esta línea de hermanos, deben de vincularse con el Martín que invoca en su testamento ser hijo de Benito Serrano y María de Castro.

La clave que permitiría desentrañar este error, la podemos apreciar en el testamento de doña Inés de Cifuentes, mujer y viuda de Bartolomé Serrano, el cual está fechado en el año 1670 (AMH, Caja nº161). En él esta menciona por hijos a Nicolás Serrano (escribano y receptor de sus Reales Consejos, residente en la villa de Madrid), así como a Águeda Serrano y María Serrano. No citando precisamente a Martín, lo que indicaría a priori a muchos investigadores que este no procedería de esta línea del apellido Serrano.

Ahora bien, la cuestión es que doña Inés de Cifuentes, esposa de Bartolomé Serrano, que tuvo un hijo llamado Martín Serrano, lo que sucede es que este aparece poco más de dos décadas antes en otro testamento que manda redactar Inés de Cifuentes. Este testamento parece ser que lo realizó al estar en un estado grave de salud, no obstante, esta consiguió mejorar, y por lo tanto el testamento igualmente quedó recogido. Inés conseguiría vivir más de dos décadas desde ese momento, y, por tanto, poder redactar el otro testamento, ya en el año 1670. Precisamente, en ese testamento de 1648, esta además de todavía no haber enviudado, indica que tiene por hijos a María, Juan, Nicolás, Águeda y Martín. Por lo que en este caso el nombre de Martín Serrano sí que se vincula con Bartolomé e Inés, al menos hasta poco antes de acabar la primera mitad del siglo XVII.

Es por ello, que este testamento que fecha del año 1648, y que se encuentra en la caja nº139 (AMH) de protocolos notariales de la población de Huete, lo que nos vendría a decir es que ese Martín que aparece en 1648, podría ya haber fallecido antes de 1670, y por lo tanto, no deberíamos confundirlo con el de 1683, ya que se trata de una persona con idéntico nombre y apellido, pero que no sería la misma.

Si a esto le sumamos que los hijos de Martín que hemos comentado, coinciden en sus datos y fechas con el Martín que muere en 1683, podríamos plantear como hipótesis que este cruce de informaciones indicaría que los suegros de María de Rozalén, la esposa de Martín, eran en realidad Benito Serrano y María de Castro. Por lo que los abuelos de sus hijos no eran Bartolomé Serrano e Inés de Cifuentes como en algunas ocasiones se ha plasmado en diferentes genealogías.

Otra cuestión que dejamos para más adelante, sería la ascendencia de esa María, que de la misma forma que su esposo Martín, al no encontrar la partida de matrimonio, ha llevado a diferentes formulaciones genealógicas. Creemos que en caso de confirmarse esta hipótesis genealógica, se despejan algunas dudas sobre la ascendencia de esta rama de los Serrano de Huete.

David Gómez de Mora


Referencias consultadas:

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de Huete. Caja 139. Testamento de Inés de Cifuentes

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de Huete. Caja 161. Testamento de Inés de Cifuentes

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de Huete. Caja 194. Testamento de Martín Serrano

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de Huete. Caja 201. Testamento de Manuel Serrano

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de Huete. Caja 205. Testamento de Ana Serrano

*Archivo Parroquial de Huete. Libro II de matrimonio de Santa María de Atienza de Huete (1653-1713).

*Archivo Parroquial de Huete. Libro II de difuntos de Santa María de Atienza de Huete (1635-1726)