domingo, 26 de julio de 2026

Devoción y religiosidad en La Peraleja

La iglesia parroquial de La Peraleja es, sin duda, una de las construcciones más importantes con las que cuenta esta localidad, debido a la historia que atesora, puesto que durante siglos ha sido el lugar más vinculado con la religiosidad y la tradición de la sociedad peralejera.

Sabido es el arraigo católico que han mantenido los habitantes de este municipio conquense, tal y como lo demuestran las múltiples festividades que antaño se celebraban en el pueblo, así como la devoción con la que muchos de sus vecinos visitaban siglos atrás las diferentes ermitas de su término municipal.

Si nos dirigimos hacia su iglesia, la cual ya, como veremos, está documentada al menos desde el siglo XVI, uno es consciente de cómo algunas de las advocaciones que todavía se han mantenido en varias de sus capillas guardan un trasfondo profundo con las creencias de nuestros antepasados.

A pesar del daño causado durante la última guerra y la enorme destrucción de patrimonio sacro que se efectuó en este edificio, se han conservado escasos elementos o piezas, que recuerdan una pequeña parte de esa colección artística que se albergaba desde siglos atrás en el interior de este lugar.

Por desgracia, el altar mayor, como los que veremos en los laterales del templo, se irían incorporando a medida que muchos vecinos fueron con su sacrificio reconstruyendo este edificio tras la finalización de la guerra incivil española.

Altar mayor de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

Respecto al altar mayor, apreciamos en la zona central una imagen de San Miguel Arcángel, así como en los laterales al Inmaculado Corazón de María y un Sagrado Corazón de Jesús. Entre el resto de tallas y esculturas que hay dentro del templo, nos encontramos con la de un Cristo vencedor, un Cristo yaciente, un Cristo portando la cruz y otros dos en la cruz (uno en andas y el restante colgado en la pared). Respecto a las Vírgenes, veremos que entre esculturas y tallas hay una dedicada a la Dolorosa, otra a la del Rosario, una del Pilar y otra de Fátima. Recordemos que siglos atrás el Santísimo Cristo y la Virgen del Rosario tenían capilla propia en el interior del edificio, por lo que contarían con su respectivo altar donde las imágenes eran veneradas.

San Isidro, San Blas, San José y San Antón Abad serán al mismo tiempo otras de las advocaciones que todavía están representadas en el templo.

La devoción a San Antón ya queda recogida hace más de cuatro siglos, tal y como se comprueba en algunas referencias de los protocolos notariales del municipio. Así pues, Juan Pintado -el viejo- (AMH, n.º 4) se enterró en la sepultura de su padre Francisco Pintado, la cual se hallaba en la rasa del coro de San Antón. Precisamente, en alusión a esta advocación, leemos en el testamento de Ana de Oliva (AMH, n.º 14) cómo se realiza una manda al Santo Cristo de la capilla de San Antón de la iglesia de La Peraleja. Esto indicaría que la veneración al protector de los animales, estaba arraigada en el municipio desde tiempos lejanos. Cabe recordar cómo antaño se repartían los denominados panes de San Antón durante su festividad.

Virgen del Rosario de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

En cuanto a la devoción a San José, como ya hemos comentado en alguna ocasión, el carpintero Tomás González y su esposa María Herráiz en 1675, indican que alzan una ermita bajo la advocación de este santo en el municipio, especificando “la cual habemos labrado a nuestra costa” (AHPCU), obteniendo también la licencia pertinente para oficiar misas en su interior al dar su aprobado el Obispado de Cuenca.

Sobre San Blas, decir que es una de las pocas imágenes que cuenta con dos ejemplares, una en la ermita de la Virgen del Monte y otra en la iglesia parroquial. Precisamente se fundó una cofradía en el pueblo dedicada a este santo, con su respectivo libro que se inicia en el año 1742, lo cual ya nos indica que su veneración viene desde varios siglos atrás.

San Blas de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

Respecto a algunas de las pocas piezas que consiguieron sobrevivir a los daños de la guerra de 1936-1939, existe un Niño Jesús que debido a su escaso tamaño, pudo salvaguardarse in extremis, corriendo mejor suerte que el resto de tallas que había en el interior del edificio. Este niño es una imagen vestida que se cree que podría datar del siglo XVII.

Niño Jesús de la Iglesia Parroquial de La Peraleja

Los peralejeros, como gente arraigada a la fe católica y la tradición religiosa, mantuvieron hasta no hace tanto tiempo la costumbre de pasar entre sus vecinos algunas capillas portátiles, que siempre era una alegría el poder tener en casa temporalmente, hasta que esta partía hacia la vivienda de otro de sus vecinos. Al respecto, conocemos una vinculada tanto con Santa Ana como también otra dedicada a la Milagrosa, y que, junto con varias que aquí no se detallan, era habitual que entre los vecinos de un barrio o cofradía se trasladaran temporalmente de hogar en hogar.

Precisamente, la devoción a Santa Ana es una de las más antiguas que tenemos registradas en la población, puesto que ya en el siglo XVI esta queda recogida cuando se indica que Catalina Martínez (AMH, n.º 1) manda enterrarse en la sepultura de su tía Isabel Martínez, la cual se sitúa en la parte del coro. Esta donará a la Ermita de Santa Ana cuatro ducados para que se realice un frontal.


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de La Peraleja



Referencias:

*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Capellanía de las ánimas del Purgatorio de La Peraleja. Signatura: 1487/5

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 1 de La Peraleja (1567-1592)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 4 de La Peraleja (1605-1608)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 14 de La Peraleja (1638-1642)

La ermita de la Virgen del Monte de La Peraleja

La historia de esta imagen nos retrotrae, según el relato tradicional, a unos cuantos siglos atrás, cuando se indica que un noble de La Peraleja llamado Juan de Aza (perteneciente, según nuestra interpretación, a la familia peralejera de los Daza), una noche, desde el pueblo vio a lo lejos una luz, que al principio se creía que era fruto de la hoguera de algún pastor que había encendido para paliar el frío.

Después de aquello, algunos curiosos del municipio, y entre los que se cita al noble Juan de Aza, acudieron hasta ese punto donde se atisbaba esa luminosidad, descubriendo para asombro de los presentes que en lugar de hallar el resplandor de una hoguera, lo que había eran un montón de cantos de piedra apilados, que mientras empezaron a moverlos, escondían una caja, que dentro tenía un lienzo blanco que protegía la talla de una Virgen. Tras este hallazgo, se acabó designando esa imagen con el nombre de la Madre de Dios del Monte o Nuestra Señora del Monte.

Interior de la ermita

La tradición atestigua que en tiempos de la dominación islámica, los cristianos que habitaban este lugar escondieron una talla religiosa; hasta que siglos después, a raíz de este acontecimiento, se relatará su aparición.

Se dice que, para la elección del ermitorio en el que se custodiaría la talla, este hidalgo mandó realizar una procesión, para que aquel lugar en el que parase su caballo fuese el sitio en el que se decidiera erigir una ermita dedicada a la Virgen. Una construcción simple armada con yeso y pedernal, que contaría además con su clásica espadaña donde se colocaría una campana.

Sobre los Daza, sabemos que el hidalgo don Tomás Patiño celebró su enlace con doña María Daza antes de la mitad del siglo XVI; fruto del mismo nació doña Isabel Baptista Patiño de Daza, quien casó en 1565 con el noble don Francisco Suárez de Salinas (ADC, l.I). A pesar de que la línea de los Daza en La Peraleja no es muy extensa, parece ser que María tenía algún hermano más.

Otros familiares entablaron relaciones con linajes como los Cantero (es el caso de María Daza de Hernán-Saiz en 1592 con Sebastián Cantero). Por este motivo, en el siglo XVII, todavía había algunos integrantes de esta familia en el municipio, siendo con el transcurso de las generaciones, y tras la pérdida del apellido por línea de varón, cuando finalmente desaparecerá.

Como sucederá con muchas Vírgenes, el caso de la que tenemos en La Peraleja será sin lugar a duda una de las advocaciones más queridas entre los vecinos con el transcurso de los siglos, siendo sacada en rogativas pro pluvia cuando las situaciones de sequía empeoraban el periodo de las cosechas, así como también ante la aparición de epidemias, y que, como sabemos, generaban tasas elevadas de mortalidad entre la población.


I. La antigua Virgen del Monte de La Peraleja

La ermita que hoy vemos fue reconstruida a raíz de los daños ocasionados durante la guerra de 1936-1939, por lo que tanto la talla antigua como otros de los elementos artísticos que había en su interior desaparecieron.

No obstante, en el templo se conserva una fotografía que pertenece a la imagen antigua. Esta representa una Virgen que aparece de pie, mirando de frente y con una expresión serena, mientras sostiene al Niño Jesús. Ambos portan ropajes ornamentados, además de corona. En el caso de la Virgen, se escenifica con una aureola de rayos, acompañada por pequeñas estrellas que se distribuyen en las puntas, formando en su conjunto un total de 12. Cifra claramente simbólica que nos recuerda el libro del Apocalipsis, como también el número de apóstoles o de las doce tribus de Israel.

En cuanto a la vestimenta, la Virgen lleva un amplio manto de forma triangular, decorado con elementos florales y vegetales que han sido bordados, de la misma forma que en el caso del Niño Jesús. Esta se halla sobre un pedestal ornamentado.

Como ya se aprecia por la documentación, la devoción a la Virgen del Monte en La Peraleja ya se vivía de forma intensa durante el siglo XVII, manteniéndose esa fervorosidad entre muchos de sus vecinos de manera ininterrumpida hasta el día de hoy. Sabemos, por ejemplo, el caso de María Saiz, viuda de Gabriel Vicente, quien en su testamento redactado en el año 1641 (AMH, n.º 16, sin fol.) efectúa una manda de 400 misas por la salvación de su alma, así como la elaboración de una cortina para el retablo de la Virgen del Monte, y en el cual habrán de aparecer las imágenes de esta Virgen, junto a San Juan y San Francisco.

En el testamento de Magdalena Domínguez (AMH, n.º 17, sin fol.) con fecha de 1652, esta donará algunas cosas, como hará a la Virgen del Monte, a la que otorga “un cuadro que yo tengo de la bendita Magdalena”. Esta pieza solicitará que “se lleve a la dicha ermita de la cual no salga en ningún tiempo”.

Más adelante, veremos que el vecino Juan Peña Gómez y sus hijos, en el año 1713, colaborarán con la mejora del retablo de la Virgen del Monte (AMH, n.º 23, sin fol.). Transcurrido el tiempo, el presbítero don José González, y que ya donó una talla de San José a la ermita de dicha advocación que mandaron levantar sus padres, en su testamento de 1738, destina dinero para que se le realice una cortina a la Virgen del Monte (AMH, n.º 29, fol. 72).


II. La actual Virgen del Monte de La Peraleja

En el altar mayor de la ermita de la Virgen del Monte aparecen otras dos imágenes religiosas. Se trata de San Ignacio de Loyola y Santa Rita. Sabemos que San Ignacio, en muchos lugares, está relacionado como protector contra el demonio, representando esa lucha interior en la que el fiel combate contra el pecado o la tentación. Por otra parte, Santa Rita es una advocación a la que la gente se ha encomendado tradicionalmente para afrontar situaciones complejas, de ahí que se le reconozca como una de las santas para las causas imposibles.

En lo alto de la ermita nos encontramos con la campana que mandó realizar en el año 1975 Emilia Jarabo e hijos. Es importante destacar la implicación de muchas personas en la restauración de esta obra, que permitieron que, a pesar de los daños sufridos, esta consiguiera volver a recuperar ese aspecto por el que hoy es conocida en esta tierra.

Respecto a la nueva imagen, la Virgen está de pie, mirando al frente, manteniendo una expresión tranquila y solemne, portando una corona plateada con doce estrellas, así como un velo blanco de encaje que cae sobre sus hombros. El Niño se encuentra sostenido por el brazo de esta, llevando igualmente una corona y vistiendo una túnica con bordados dorados. La Virgen porta una túnica blanca también con bordados dorados, junto a un amplio manto verde, estando decorado con dorados y formas vegetales. Delante de esta se aprecia una media luna plateada, situada a la altura de los pies, recordando la simbología mariana que se inspira en el Apocalipsis (“la luna bajo sus pies”).


III. El santoral de la ermita

Además de la Virgen y las imágenes que acompañan su retablo, como suele ser habitual, existen otras advocaciones (algunas con más historias que otras en el municipio), que nos recuerdan la importancia que ha jugado la religiosidad en esta localidad conquense. En el caso de esta ermita, se trata de dos altares en cada uno de los laterales del mayor, y que están dedicados a San Antonio de Padua y a San Blas.


San Antonio de Padua

Este santo se vinculará en muchas ocasiones con la imagen a la que nuestros ancestros se encomendaban cuando perdían objetos o precisaban de necesidades urgentes. San Antonio de Padua ha gozado de popularidad en otras localidades de esta tierra, por lo que su veneración se amplía por más iglesias y ermitas de la zona. El altar en el que se encuentra, de mayor sencillez que el que ocupa la Virgen, presenta un nicho semicircular decorado por columnas pintadas de apariencia marmórea oscura, con un entablamento sencillo, en cuya parte superior se representan rayos dorados que salen desde un medallón central.


San Blas

Posiblemente este sea uno de los santos con mayor veneración que veremos por estas tierras, extendiéndose por índole a más municipios de la región. Patrón contra las enfermedades de la garganta, a raíz de la historia que relata que consiguió salvar a un niño de atragantarse de una espina de pescado, fue también venerado por ser un protector contra los lobos, debido a la historia que cuenta que hasta su lugar de retiro se presentaban animales salvajes que este conseguía dominar, siendo en una ocasión el caso de un lobo que se comió al cerdo que una pobre anciana tenía en su hogar. Se dice que San Blas consiguió que aquel animal acabase regurgitándolo vivo, devolviéndoselo de este modo a su propietaria. Este altar sigue un mismo patrón que el de San Antonio de Padua, aunque con la fortuna de que se encuentra en mejor estado de conservación.





David Gómez de Mora

Cronista Oficial de La Peraleja



Referencias:

*Archivo Diocesano de Cuenca. Libro I de matrimonios (1564-1690), Sig. 30/10, P. 811

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 16 (1647-1656)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 17 (1652-1664)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 23 (1696-1716)

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de La Peraleja, n.º 29 (1736-1741)

sábado, 25 de julio de 2026

La bestia de Primarette

Entre marzo de 1746 y 1752, la región francesa del Bas-Dauphiné vivió una serie de ataques, propiciados, según se cree, por diferentes lobos a lo largo de un área amplia, que, como indica Moriceau (2007), cubrió a una zona aproximada de entre 200 y 250 km².

Durante ese intervalo de seis años, se calcula que dentro de esa demarcación geográfica pudieron morir alrededor de unas 23 personas a lo largo de diferentes municipios, como resultado de ataques de lobos. Este fenómeno guardará muchos paralelismos con casos que ya hemos investigado, como el de la Bestia de Gévaudan, ya que muchas de las víctimas se enmarcarán en una franja de años baja y muy similar, debido a su vulnerabilidad y falta de medios hacer frente ante esa amenaza.

Otros estudios, como el efectuado por Julien Alleau y John D. C. Linnell (2015), ya inciden en este tipo de situaciones, que, como se verá, fueron más habituales de lo que mucha gente se imagina en el territorio francés en tiempos pasados, quedando de ello referencias tanto en los libros parroquiales, además de otros documentos, en los que grosso modo puede seguirse una secuencia de las bajas que generaban entre la población este tipo de ataques.

Imagen generada por IA

El caso de la bestia de Primarette, se conoce con este nombre, por haberse producido alrededor de un tercio de los ataques mortales en esa misma localidad francesa. Sabemos que esta situación comenzó a finales de marzo de 1746, más concretamente el día 31, cuando un niño de cuatro años resultó víctima por un ataque de este animal. A partir de ese momento comenzaron a producirse una serie de situaciones similares, que alcanzaron su máximo entre los años de 1747-1748, cuando de todo ese conjunto que suma 23 registros de fallecimientos, se producen un total de 15, es decir, más del 60% del total.

Esta historia, veremos que vuelve a reflejar elementos en común con otros casos como el de las bestias de Gévaudan, las Cevennas, Cusago o demás historias de depredadores. Los relatos que explicaban lo sucedido, infundieron tal pánico, que mucha gente tenía miedo de salir de su hogar. Historias como la ocurrida en el año 1747 en esta región, alimentaron más si cabe esa sensación de terror, puesto que se relata que un joven de la localidad de Primarette, llegó a ser sorprendido por aquella criatura en la misma puerta de su casa.

Sobre las fuentes de la época que recogen estas informaciones, resultan cruciales los registros que proporcionan los sacerdotes, cuando especificarán los datos de los fallecidos, al identificar estos con un lobo.

Algunas de las personas que fueron atacadas por estas criaturas nunca llegaron a encontrarse. Esto, obviamente, preocupaba seriamente a una sociedad labriega y ganadera como la que abundaba en aquellos tiempos en esta tierra, y cuya exposición al medio era mucho más grande de lo que nos podemos llegar a imaginar.

A diferencia de otros sucesos de este tipo que se tienen documentados, la criatura o animales que causaron aquellos daños no pudieron cazarse. El último ataque se produjo en 1752, puesto que los que vendrían entre 1754 y 1756, debido al tiempo transcurrido y la distancia respecto del foco de la zona afectada en la primera ola de ataques, se atribuirían a otra o varias criaturas, denominada como “la bestia del Lyonnais”.

Creemos que lo sucedido en la zona del Bas-Dauphiné pudo ser debido a los ataques propiciados por diferentes lobos, no siendo descabellado pensar que una parte de las víctimas, especialmente las que se concentran cronológicamente entre 1747-1748, puedan atribuirse a un mismo ejemplar.

David Gómez de Mora


Referencias:

*Alleau, J., & Linnell, J. D. C. (2015). “The story of a man-eating beast in Dauphiné, France (1746–1756)”. En P. Masius & J. Sprenger (Eds.), A Fairytale in Question: Historical Interactions between Humans and Wolves (pp. 79–100). The White Horse Press.

*Moriceau, J.-M. (2007). Histoire du méchant loup: 3000 attaques sur l’homme en France (XVe–XXe siècle). Fayard.

Las bestias de Cusago

Conocida es la historia de una criatura que a finales del siglo XVIII tenía atemorizados a los habitantes de muchas poblaciones ubicadas en la zona norte y oeste de las afueras de Milán. El motivo era la muerte de diferentes personas (todas ellas menores de edad), que se habían encontrado con un animal sobre el que se dieron diferentes descripciones.

Una razón lo suficientemente importante como para que durante un periodo de varios meses se extendiera la preocupación en una región donde las historias de lobos no eran algo nuevo. Hasta la fecha se ha escrito mucho sobre esa criatura (y que, como comentaremos, pudieron ser al menos un par). Este relato nos sitúa en el verano de 1792.

Por ahora, a falta de un estudio más pormenorizado de las zonas afectadas, los números recabados nos dan una lista aproximada de una decena de muertos, que cabría encuadrar en un intervalo de tiempo de casi dos meses y medio (es decir, desde el 5 de julio al 18 de septiembre de 1792).

La creencia de que el causante de aquellos ataques fuese una hiena se debía a que un exhibidor de fieras y que estuvo por la región anteriormente, se decía que perdió una de las que este portaba en su jaula. Esta idea se extendió rápidamente, por lo que se llegaron a realizar grabados representándose aquel animal. Imagen: In Milano, A spesa dello Stampatore Bolzani, [1792]. En: wikipedia.org

Los datos que nos hablan de estos trágicos sucesos son recogidos principalmente en el “Diario pormenorizado de lo que ha hecho la Bestia feroz en el Alto Milán desde principios de julio del año 1792 hasta el día 18 de septiembre del mismo año”, y publicados en formato digital por Guido Mura. Esto nos permite conocer una de las historias más impactantes sobre ataques de criaturas a personas en esta región de lo que hoy es el norte de Italia.

Como en otras fuentes que ya hemos investigado en el caso español del llop blanc, o los franceses de las bestias de Gévaudan, Veyreau o las Cévennas, el ejemplo italiano guarda muchos paralelismos con algunas de estas historias. Así pues, un patrón casi general, es que los ataques se producen en áreas rurales, contra pastores, campesinos o jóvenes que se encontraban cuidando su ganado o desplazándose por esa área. Igualmente, veremos que no es casual que se nos hable en diferentes casos de la atribución de una hiena como posible explicación de esos daños.

El destino que correría la bestia o bestias de Cusago no está a día de hoy del todo claro, ya que a pesar de que la historiografía habla de que esta fue cazada en septiembre de 1792, hemos comentado que en realidad bajo esa designación singular, podría esconderse un nutrido grupo de lobos. Algo que podemos desprender por las diferentes descripciones que se darán sobre aquel animal, ya que a grandes rasgos se aprecian dos tipos de ejemplares diferentes si nos atenemos a los detalles proporcionados por algunos testigos.

Como decíamos, a tenor de las descripciones que se dan en algunos momentos de aquel animal, creemos que como mínimo podríamos estar hablando de varios ejemplares, que incluso pudieron moverse juntos, y de los que a priori únicamente fue cazado uno de estos.

La gente de la región afectada recordaba que aquella criatura era astuta, algo que se apreciará en uno de los sucesos que recordaba cómo en un campo de Cesano, unos campesinos armados con sus fusiles fueron incapaces de alcanzar a aquel animal debido a la rapidez con la que actuaba (una característica que también apreciaremos en el caso de la bestia de Gévaudan). Igualmente, tenemos constancia de que durante ese verano se efectuaron diferentes batidas, aunque todas ellas acabaron resultando inútiles.

Los nervios, la imprecisión de las armas de fuego de la época y la falta de puntería, eran motivos suficientes para que aquel o aquellos animales no resultasen un blanco fácil. Ante tal situación, el gobierno tomó cartas sobre el asunto, colaborando en busca de su captura, a través del pago de recompensas, permitiendo así que intervinieran un número importante de partidas armadas.


Las víctimas

Analizando las edades de las personas fallecidas, se comprueba cómo los datos que se recogieron en su momento sobre las víctimas, señalan al menos un total de 10 menores de edad, y que murieron como consecuencia de ataques muy similares, en una franja de tiempo reducida.

En el caso milanés, apreciamos que las víctimas se concentran en un intervalo inferior a dos meses, así como que se producen en puntos a distancias considerables y en espacios de tiempo muy corto, por lo que, partiendo de los itinerarios que esa criatura pudo ir efectuando, parece muy difícil atribuir la totalidad de todas las muertes a un mismo espécimen, y que como se ha dicho, además se describe de dos formas diferentes.

Al respecto, incluso hubo un testigo, que al referirse a la famosa bestia, afirmaba que en realidad eran dos lobos juntos, puesto que este mismo los llegó a presenciar. Es por ello que planteamos como hipótesis, que posiblemente lo correcto sería hablar más bien de “las bestias”, en lugar de “la bestia” de Cusago.


Nombre

Edad

Localidad

Giuseppe Antonio Gaudenzio

10

Cusago

Carlo Oca

8

Limbiate

Giuseppa Saracchi

6

Camino entre Cascina Pobbia y Corbetta

Antonia Maria Beretta

8

Senago

Domenico Cattaneo

13

Assiano

Giovanna Sada

10

Arluno

Regina Mosca

12

San Siro

Anna Maria Borghi

13

Groana di Barlassina

Giuseppa Re

13

Chiappa Grande di Bareggio

Maria Antonia Rimoldi

(menor de edad)

Mazzo

Listado de las víctimas atribuidas a la bestia de Cusago en el verano de 1792. Extraído de los datos de Oriani, A., & Comincini, M. (2002)

Además de los nombres que se recogen en la tabla, cabría añadir otros tantos que también representan a jóvenes que fueron atacados por ese animal, pero con la fortuna de que consiguieron sobrevivir.

Siguiendo la crónica, en este sentido cabe destacar el caso de Dionigi Giussano (de 12 años de edad), quien fue atacado en Boldinasco y a pesar de ser arrastrado por el animal, pudo salvar su vida gracias a la intervención de un adulto que hizo huir a esa criatura, aunque no por ello dejando al joven gravemente herido.

Otros supervivientes que se documentaron fueron dos hermanos mellizos de Lainate, y que en el momento del suceso tenían 14 años de edad. Estos fueron sorprendidos cuando cuidaban su ganado. A pesar de que estaban acompañados por otros niños, el animal se acercó hacia el varón de los mellizos (Gerolamo Boscone), quien gracias a su rapidez consiguió escapar; no obstante, el lobo alcanzó a su hermana Giovanna Boscona, quien fue salvada gracias a la intervención de su propio hermano, resultando aun así herida por haberle intentado el lobo coger del cuello. Afortunadamente esta niña consiguió sobrevivir.

En Sidriano, dos muchachas que estaban cuidando dos vacas y una cerda, se vieron intimidadas por la criatura. Estas al correr hacia los animales, llegaron a tiempo para guarecerse entre la protección de su ganado. De modo que las vacas gracias a su instinto de supervivencia, consiguieron ponerse en posición defensiva, encarando con sus cabezas a la criatura atacante, y consiguiendo así hacer huir a aquel animal. Este hecho recordemos que también se recogerá en otras historias, como en el caso de la bestia de Gévaudan. Parece ser que en el bosque de Cusago, otro conjunto de reses consiguieron repeler un ataque de este animal, de ahí que veremos que en más de una ocasión, tanto bueyes como vacas llegaron a salvar la vida a sus dueños.

La situación tan tensa que se vivía por momentos, hizo que el terror se apoderara de la población. Algo que desde luego no era para menos, y que por ejemplo se tradujo en momentos de nerviosismo y confusión, donde lo que se creía que era un lobo, en realidad no lo era, tal y como le acabó ocurriendo a una niña de Corbetta de 15 años, quien creyó ver a aquella criatura, cuando en realidad se trataba de un ternero que había en el campo. Algo similar le sucedió a un joven cerca de Villacortese, descubriéndose posteriormente que la criatura que le asustó se trataba de una cabra.


Julio y agosto de 1792. Dos meses críticos

Corrían los primeros días del mes de julio. Un mes veraniego del que nadie presagiaba las fatídicas semanas que quedaban por vivirse en esa región de las afueras de Milán.  

Por ello, siguiendo los relatos que se recogen en el texto de este enlace: http://www.braidense.it/scaffale/giornale.html, iremos comentando algunas de las referencias que nos permiten realizar una cronología de los hechos ocurridos.

Concretamente esta situación comenzaría a suceder entre la jornada de los días 4 y 5 de julio, fecha en la que ya contamos con datos que nos hablan de una primera persona que fue mortalmente atacada por aquella criatura.

Se trataba de un niño llamado Giuseppe Antonio Gaudenzio, procedente de Cusago. Como ya se ha comentado, en esta zona había muchos lobos. Sabemos que en esta localidad por aquel entonces existía un bosque, en el que habitaban muchos de estos animales, y que, aprovechando la proximidad de las zonas de pasto, se acercaban hasta esos lugares en busca de reses de las que poder alimentarse.

Las gentes comentaban que la criatura que había producido aquel primer ataque se escondía de forma premeditada, por lo que se recomendaba muchas veces que las personas no llegaran a introducirse en este tipo de parajes si se iba desarmado. Como era normal entre los jóvenes de la época, y de la misma forma que apreciamos en casos como el de la bestia de Gévaudan, era habitual que los niños de las familias trabajaran ayudando en las labores de explotación animal a pesar de su corta edad. Es por ello que justo ese día cuatro de julio, mientras Giuseppe Antonio iba con su vaca (y que era de los pocos bienes de valor que tenía su familia), parece ser que este la perdió de vista, por lo que cuando llegó a casa y manifestó a su padre lo ocurrido, su progenitor le dijo que volviera a buscarla. Finalmente, el joven fue atacado mortalmente por la bestia mientras intentaba hallarla. A partir de ese momento, comenzó a extenderse la historia de la bestia de Cusago por la región.

El 8 de julio en Limbiate, varios jóvenes que estaban vigilando sus ganados vieron acercarse a la bestia, a la cual calificaron como una especie de animal feo y semejante a un perro. Estos se asustaron, subiéndose a los árboles, y agrupándose sus animales para defenderse.

Por desgracia, transcurrido un tiempo, los niños creían que esta ya se había marchado, por lo que, al bajar de los árboles, los muchachos, ya en el suelo, se volvieron a ver sorprendidos por aquel animal que les volvía a perseguir, siendo alcanzado por desgracia uno de ellos. A pesar de que los campesinos acudieron en su ayuda, toda labor de socorro por salvar su vida resultó imposible.

Precisamente, esta historia de jóvenes que se suben a la parte superior de un árbol para ponerse a salvo nos recuerda mucho a un relato de 1799, en el que unos niños en la granja de Paliès (Francia), al percatarse de la presencia de otro lobo (en este caso la denominada “bestia de Veyreau”), subieron hasta la parte alta del mismo para poder resguardarse.

Las víctimas por desgracia irían incrementando, así pues, el día 11 de julio, se supo que en el camino de Novara, otra víctima de seis años había sido atacada mortalmente por la bestia. En este caso la niña fue sorprendida en un área que va de Corbetta a la Cassona Pobbia, cuando se encontraba cuidando algunos animales.

Durante la parte restante del mes de julio, parecía que la intensidad de los ataques iba disminuyendo; no obstante, el miedo estaba presente entre las gentes de esta zona rural, pues ya se habían producido en escasos días tres víctimas mortales.

A todo ello cabe añadir el desarrollo de incursiones y daños en explotaciones de granjas, hasta las que acudía esta criatura en busca de comida. El gobierno incluso llegó a colocar hombres armados en las zonas donde los jóvenes llevaban a su ganado a pastar, ante la posibilidad de que la fiera pudiese aparecer. Poco después, llegados al mes de agosto, veremos cómo justo el día 2 se tendrá constancia de un nuevo ataque.

En una ocasión, al caer la noche en Senago, durante una vigía nocturna de los pastores, al lado de un bosquecillo, la temida criatura se lanzó contra aquellas personas. Al no haber gente armada, un campesino que estaba cerca pudo acudir con su hoz, enfrentándose a la bestia, y contra la que se encaró con su herramienta de trabajo. Esta, según se relata, estaba erguida sobre sus patas, tratando de atacar a aquel hombre, mientras este le plantaba cara. Finalmente, el animal abandonó el lugar, persiguiendo a los jóvenes que habían huido, alcanzando a la hija de un leñador.

El recorrido del terror no había finalizado, pues hacia la tarde del día siguiente a lo ocurrido en Senago, aquel animal volvió a aparecer cerca de Assiano ante tres jóvenes que vigilaban sus vacas, atacando mortalmente a uno de estos.

La lista de ataques mortales fue incrementándose, pues de nuevo cabía sumar otra niña que se encontraba en la zona de Arluno, y que de la misma forma se vio sorprendida por esta criatura.

El día 11 de agosto la fiera llegó hasta la Cassina de San Siro, es decir, prácticamente a una distancia de una milla de la Porta Vercellina, por lo que se puede decir que llegó casi hasta las puertas de Milán. Allí atacó mortalmente a otra joven de doce años que se encontraba en uno de los campos de esa zona.

Recordemos que precisamente uno de los animales que se creía que pudo ser la famosa bestia de Cusago fue capturado en una de las trampas que se levantó en esta zona de las afueras de Milán. Concretamente, aquello ocurrió el 18 de septiembre, cuando se anunció que la bestia cayó presa en una de las fosas que se realizaron a lo largo de las diferentes zonas de la región afectada, siendo esta identificada con la que, como se comentará después, fue la misma que se vio el 20 de agosto. La trampa se hallaba en una fosa que existía fuera de la Puerta Vercellina de Milán, es decir, alrededor de lo que hoy es la zona de la intersección de Vía Toti y Corso Vercelli.

Como ya se ha comentado, la bestia sería también vista en Boldinasco, donde un joven de doce años consiguió sobrevivir a pesar de las mordeduras sufridas, gracias a que sus gritos de auxilio fueron escuchados por una persona que valientemente se acercó hasta el lugar y consiguió hacer huir a aquel animal. Afortunadamente, el mozo atacado consiguió sanar sus heridas.

El día 16 de agosto, la temible criatura volvía a aparecer en el paraje de Groane o Graona di Barlassina, un entorno natural donde el animal seguramente aprovechó las prestaciones naturales que le ofrecía para guarecerse.

En la localidad de Barlassina, la víctima fue una niña. Según el relato, veremos que en esa ocasión, el animal se acercó cariñosamente hasta la joven moviendo su cola, como si intentase jugar con ella. Por lo que el animal, aprovechando la cercanía y relajación de la víctima, acabó atacándola. Este relato (pero afortunadamente sin un final trágico), también lo veremos en el caso francés de la bestia de Veyreau, donde se dice que un vecino de la localidad de Saint-André-des-Vézines intentó acariciar a aquel animal que se estaba moviendo por el lugar, prácticamente como si de un perro se tratase. En el caso francés no ocurrió ninguna desgracia, puesto que el animal acabó huyendo. Otra víctima de esta criatura fue una niña de 14 años, que en la zona de Bareggio, cuando iba a recoger leña, fue sorprendida por esta.

El siguiente y último ataque mortal según relata la crónica de la bestia, se produjo en la localidad de Mazzo, cuando dos niños fueron sorprendidos en un campo de maíz. Se dice que la criatura se presentó aparentemente de forma juguetona, por lo que uno de los niños incluso llegó a tocarla, cuando de repente esta se abalanzó sobre uno de ellos.

El primo de la niña atacada, y que era un hombre adulto de 20 años, al oír los gritos, acudió rápidamente hasta el lugar, aunque al llegar allí, y tras toparse con la bestia e ir desarmado, decidió ir a buscar ayuda. Por desgracia, las heridas sufridas por la joven fueron demasiado graves, por lo que moriría al amanecer del día siguiente.

Finalmente, a principios de septiembre, la bestia de nuevo atacó a dos hermanos (un niño y una niña) que estaban en el campo. Afortunadamente, el varón pudo defenderse, llegando a golpear el hocico de la bestia. Luego aquella criatura se abalanzó sobre la hermana, por lo que esta tuvo el coraje de agarrar al animal de la cola y propinarle varios golpes en el lomo, consiguiendo que esta saliese del lugar. Las heridas de la niña consiguieron sanarse, por lo que lo ocurrido quedó en un susto.

Sabemos que por ejemplo, durante aquellos días atrás, muchos cazadores estaban intentando dar con la criatura. Se dice incluso que hubo algunas personas que estaban encaramadas en lo alto de los árboles (como ocurrió en Uboldo y Mombello), ya que desde la posición resguardada que les otorgaba esa altura, esperaban junto a estanques artificiales la llegada del animal, puesto que se habían colocado señuelos (pollos y corderos), para que así esta acudiese hasta aquel punto.

También se propusieron diferentes ideas que no se llevaron a cabo, como la de colocar 20.000 lazos de latón, de forma que en alguno el animal podría acabar quedando atrapado. 

Recordemos que se planteó la construcción de una serie de fosas revestidas de hierbas, con un cebo en la zona central, para que así cuando la presa se acercara, esta cayese en la trampa. Es por ello, que dos semanas después del último ataque en el que sus víctimas consiguieron sobrevivir, se informaba de que la bestia había sido cazada en una de esas trampas loberas dispersas por diferentes puntos de la región. Parece ser que la zona donde se capturó no se hallaba muy lejos de donde se produjo el ataque mortal a una de sus víctimas semanas atrás. Esto ocurría en las afueras de la Puerta Vercellina de Milán.

Cuando el animal fue capturado, una de las muchachas que estaba presente cuando fue atacada mortalmente la joven del día 11 de agosto, confirmaba que ese era el mismo que semanas atrás había matado a aquella niña. Lo mismo ocurrió con un joven que sufrió mordeduras y que pudo contar su encuentro con el lobo, reconociendo también ese espécimen como el mismo que vio en su momento.

Cabe decir que la captura de ese animal no fue motivo de tranquilidad permanente, ya que, como se ha indicado, se cree que como mínimo aquellos ataques registrados entre julio y septiembre de 1792 podrían haberse efectuado al menos por dos animales de acuerdo a las características que se mencionan de estos (no siendo tampoco descartable incluso alguno más que se movía por la misma zona).

Esto dará lugar a que muchos nativos siguiesen estando en alerta, pues los lobos y sus ataques, como se vio con el transcurso del tiempo, no desaparecerían en años posteriores en la región.

Por otro lado, una parte de la población creía que con aquel lobo cazado, al menos se podía haber dado con el principal causante de los daños que se estaban generando en la zona, lo cual, a tenor de los datos que se recabarán, podría confirmar esta teoría.


"La primera bestia de Cusago"

Ya se ha comentado que, como mínimo, podríamos estar ante dos animales que actuaban moviéndose por un amplio radio, y que en ocasiones llegarían incluso a coincidir, sin descartarse la presencia de alguno más, lo que incrementaría la cifra a varios lobos.

Precisamente, si comparamos las descripciones que se hacen de este, grosso modo vemos dos patrones diferentes. Habiendo testimonios que nos hablan de un ejemplar de color gris u oscuro, mientras que otros señalan un espécimen rojizo o pardo.

El ejemplar que aparece descrito como un animal de color oscuro es el que se menciona en el ataque del 8 de julio, cuando unos jóvenes que lo vieron de cerca lo describieron como una criatura con cabeza ancha y un pelaje negruzo manchado en la parte superior, con un color blanquecino en la zona inferior. La descripción que se realiza del ataque mortal a una niña en julio era la de “una bestia que tomaron por un gran perro, de color gris ceniciento oscuro con manchas negruzcas” (Mura, G. (Ed.). (s. f.)).

En el aviso promulgado por el gobierno el 14 de julio de 1792, se indica que esa criatura era de un “color ceniciento oscuro casi negro, del tamaño de un gran perro” (Mura, G. (Ed.). (s. f.). No sería descabellado proponer que se tratase del mismo ejemplar que se menciona en una carta con fecha del 19 de agosto de 1792, en la que se indica que han sido vistas dos criaturas, siendo una de estas: “de color ceniciento con vetas onduladas, cola corta y cabeza grande, hocico semejante al de un cerdo y cintura delgada”.


"La segunda bestia de Cusago"

A principios de agosto ya se comentaba que aquel animal que estaba sembrando el miedo por esta zona de las afueras de Milán eran en realidad dos criaturas, algo obvio si tenemos en cuenta la intensidad de los últimos ataques y las distancias que esta había recorrido en escaso margen de tiempo, habiendo además algún testimonio que acreditaba haberlas visto juntas a ambas especies, diferenciando incluso entre un macho que parecía más ágil y fuerte, de una hembra de menor tamaño.

En la información que traslada Mura, ya se comenta que en una carta al marqués de Stampa de Soncino en Cusago, y fechada el 19 de agosto de 1792, que “dos bestias feroces estaban en un campo sembrado de maíz en la Cassina Biscona, donde se comieron dos polluelos y mataron otros dos”. Esta continúa detallando: “La más grande es completamente rojiza con una franja blanca bajo el vientre; tiene la cabeza semejante a la de un ternero, ojos grandes, cola fina y rizada con un mechón de pelo blanco en la punta y bastante larga, y salta al huir como un corzo. La otra, más pequeña, igual a un gran perro, es de color ceniciento con vetas onduladas, cola corta y cabeza grande, hocico semejante al de un cerdo y cintura delgada; y esta es una bestia muy fea de ver, mientras que la más grande es muy hermosa y bien proporcionada” (Mura, G. (Ed.). (s. f.).

Sobre la cuestión de si se trataba de lobos o de otro tipo de animal, ya hemos comentado que aquí surgen disparidad de opiniones. Ya por aquel entonces había gente que defendía la posibilidad de que se tratara de lobos de un tamaño superior al de un ejemplar medio, tal y como hemos comentado en diferentes casos, mientras que otras versiones hablan de hienas o animales extraños. Las dudas quedan resueltas cuando el 18 de septiembre el animal cazado se describe como una loba de color rojizo, encuadrándose con la que en el presente artículo nosotros hemos designado como la segunda bestia de Cusago.

David Gómez de Mora


Bibliografía:

*Mura, G. (Ed.). (s. f.). Giornale [Edición digital]. Biblioteca Nazionale Braidense, Segnatura 14.16.E.8.20. http://www.braidense.it/scaffale/giornale.html

*Oriani, A., & Comincini, M. (2002). Living with death in the 1700s. Ponencia presentada en el congreso de la Italian Society of XVIII Century Studies, Santa Margherita Ligure, Italia, 30 de septiembre–2 de octubre de 2002. Traducción inglesa disponible en: https://www.vargfakta.se/wp-content/uploads/2012/03/IC-XVIII-Century-Studies_Living-with-death-in-the-1700s.pdf

Las bestias de las Cévennes

La bestia de las Cévennes o Cevenas es una criatura antropófaga, que tradicionalmente se ha asociado con uno o diferentes lobos, que durante una serie de años que engloban la primera mitad del siglo XIX (1809-1817), generaron numerosas víctimas en esta área del territorio francés. Los expertos que han investigado este caso consideran que el causante de tantas muertes pudieron haber sido diversos ejemplares, en lugar de uno solo.

Jean-Paul Chabrol (1) ya comentaba que el origen de aquellos ataques podría explicarse en ataques realizados por grupos de lobos. El experto Jean-Marc Moriceau (2), también considerará que la «bestia de las Cevenas» podrían haber sido en realidad varias parejas de estos animales. Al respecto, este autor en su historia del lobo (2016), ya dedica un apartado tratando diferentes cuestiones sobre la bestia de las Cévennes, concretamente entre las páginas 250-257.

Sobre la criatura de las Cévennes, veremos cómo las descripciones de la época detallaban que se trataba de un lobo de gran tamaño, que presentaba un color leonado y crin oscura en el cuello, además de un destacado hocico y cola larga.

Esta descripción se asemejará a algunas de las referencias que se darán de otros cánidos que previamente habían causado víctimas en tierras francesas, tal y como ocurrió en el caso de Gévaudan o Veyreau. 

Otra característica que tendrá en común con estos, es que algunos testimonios indicaban que aquella criatura podría haber sido una hiena. No obstante, esto nunca se llegaría a demostrar.

El marco geográfico donde se produjeron los hechos, sin lugar a duda, era propicio para que animales de estas características actuaran con mayor facilidad, puesto que las Cévennes es una cadena de montañas de la zona centro-sur del país, que engloba puntos de los departamentos de Gard, Lozère, Ardèche y Haute-Loire, donde veremos espacios accidentados, así como una amplia zona boscosa, que ayudará en su momento a que estos animales fuesen más escurridizos.

Autores como Guy Crouzet (3) han presentado resultados interesantes sobre la historia de esta criatura, revelando a través de la documentación del territorio afectado, esa crudeza con la que se produjeron muchas de las muertes.

Aunque el nombre de las Cévennes es el más popular, también este animal ha sido bautizado con otras designaciones, como ocurre con la denominación de “la bestia del Vivarais”. Una característica que veremos que comparte con otras criaturas de estas características, y que ya hemos estudiado (siendo el caso de la de Veyreau o Gévaudan), es que muchas de sus víctimas se mueven dentro de un mismo margen de edad.

En total se le atribuyen casi unas cuarenta muertes, tal y como se ha desprendido por los diferentes investigadores que han abordado la cuestión, no obstante, se cree que esa cifra puede ser superior, debido a que las actas de defunción de las parroquias que se vieron afectadas, no siempre anotaban el motivo de la muerte de cada persona, de ahí que quede seguramente omitida más gente fallecida.

Como ocurriría en el caso de Veyrau, a pesar de las batidas en busca de este animal, nunca se tuvo la certeza de si realmente se le llegó a dar caza.

Veremos cómo la prensa comenzó a hacerse eco de los primeros ataques registrados en otoño del año 1809, teniendo en mente la histórica criatura de Gévaudan, la cual unas décadas atrás puso en jaque la reputación de la propia corona, ya que el caso acabó casi convirtiéndose en una cuestión de Estado. Será durante el verano de 1817 cuando se registraron las últimas muertes, comprendiendo ese periodo de terror casi un total de 8 años.

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Estos ataques de lobos no aparecerían súbitamente en 1809, pues Moriceau (2016, p. 251) ya habla de una carta para una batida de lobos fechada un par de años atrás (febrero de 1807), cuando el alcalde de Monesteir informa de que se habían producido diferentes ofensivas de manadas, en las que habían resultado heridas varias personas.

En las Cévennes, el temor a toparse con aquella criatura y que mucha de la gente de las zonas afectadas ya vinculaba con un lobo, alimentó una situación de terror destacado, hasta el punto de que había bastantes personas que no se atrevían a salir de casa al caer la noche, así como tampoco moverse en medio del campo sin algún tipo de objeto punzante o cortante con el que poder defenderse ante la repentina aparición de la criatura.

Los datos sobre víctimas que estudia con detalle Guy Crouzet (1991, p. 12) nos dan una cifra total de 28 muertes entre los años 1809-1817. Para ello, valiéndose de las informaciones recabadas en los registros parroquiales de las zonas afectadas, así como en los fondos de la documentación civil, el autor enumera los diferentes ataques que se produjeron. A esa lista cabría sumar otras varias personas heridas, que, sin llegar a fallecer, fueron atacadas por esta o otras criaturas. Años más tarde, en una nueva publicación en la que el autor actualizó sus datos (Crouzet, 2002, p. 457), este asciende ese número a 32 personas. Por su parte, Moriceau (2016, p. 251) habla de un total de 40 víctimas.

De nuevo, Crouzet (2002, p. 458), a través de una carta que fecha del 5 de octubre de 1814 (A.N. - F/10/473), y que transcribe en su artículo, puede leerse que por aquel entonces ya habían fallecido más de 60 niños con motivo de los ataques de esos animales. Por otro lado, en el referido documento se especifica que los ayuntamientos y habitantes de las comunas de Gard limítrofes de Saint-André-Capcèze, cuantificaban el número de víctimas entre 63 o 65 personas. Por ejemplo, Moriceau (2016, p. 251) indica que en noviembre de 1814, en una petición firmada por los alcaldes de cinco cantones de Gard y Lozère, se informa de que ya eran 73 personas las que habían sido devoradas o heridas gravemente por lobos en los últimos años. Este baile de números como vemos complica el poder atribuir incluso una cantidad de víctimas más o menos exacta, pero que ya a simple vista, refleja la crudeza de la situación que vivieron los habitantes de esta región.

En municipios como Aujac, se documentarán varias víctimas a lo largo de los diferentes años que comprendieron el intervalo en el que se registraban los ataques. Por ejemplo, Moriceau (2016, p. 250) comenta el caso de marzo de 1811, en el que dos lobos se llevaron a un niño de 6 años, sin que su hermano mayor, de 16 años (quedándose paralizado por la situación), pudiera hacer nada.

En Gravières se registraron un par de víctimas en 1812 y 1816 (Crouzet, 1991, p. 6). En el caso de una de estas, se especifica que las causantes fueron varias bestias feroces, lo que confirmaría que detrás de aquellos ataques en más de una ocasión pudo haber varios especímenes. Por otro lado en Saint-André-de-Cruzières, Crouzet (1991, p. 9) comenta cómo la víctima fue atacada en un bosque.

En la localidad de Malbosc se registraron hasta siete víctimas entre 1812 y 1816, tal y como puede consultarse en una hoja donde se especifica el número de jóvenes devorados por los lobos (4). Fuente: wikipedia.org. En esta se leen el nombre, edad y otros datos de las víctimas (Joseph de 14 años en 1812; Pierre de 7 años en 1812; Jean-Placide de 6 años en 1812; Joseph de 5 años en 1812; Rose de 11 años en 1813; otro niño sin especificar datos en 1814 y Rose de 7 años en 1815).

La gente realizó batidas a lo largo de esos años con la intención de poder dar con aquellas criaturas. En los rastreos se consiguieron cazar algunos ejemplares, pero nunca ninguno hizo pensar que se tratara del espécimen que las víctimas describían. Al respecto, cabe destacar que Moriceau (2016, p. 255) indica que en enero de 1815 se abatieron en Saint-André-Capcèze dos lobos de un tamaño extraordinario. Ciertamente, esto podría haber hecho pensar que los causantes de aquel daño generalizado en la zona habían desaparecido, aunque, como se verá, todavía quedaban dos años y medio más de registros en los que se certificarán ataques mortales, lo que podría demostrar que se trataba de varios ejemplares que actuaban por puntos dispares.

Los ataques no solo se producían durante las horas nocturnas, pues muchas de las personas afectadas fueron sorprendidas durante la mañana. Las batidas involucraron a varias decenas de tiradores, sin dar los frutos esperados.

Muchas víctimas eran jóvenes, aunque también figuraban adultos. Entre la información recogida se mencionará en repetidas ocasiones que muchas de esas víctimas fueron devoradas por un lobo, así como en alguna ocasión por un animal carnívoro. Moriceau (2016, p. 250) comenta que no pasaba un año sin que en un cementerio de esa zona no se enterrase el cadáver de alguna persona atacada por una criatura de aquellas.

La disponibilidad para esos animales de una zona ruralizada, en medio de un entorno montañoso, ayudó notablemente a que estos pudieran moverse con mayor facilidad. Es por ello que accidentes geográficos como la Sierra de Barri fueron tanto por la abundancia de vegetación virgen, como por las zonas de difícil acceso, un entorno en el que esas criaturas se encontrarían más resguardadas de las batidas efectuadas por los cazadores.

David Gómez de Mora



Referencias:

(1) Jean-Paul Chabrol (2018). La bête des Cévennes y la bête du Gévaudan en 50 preguntas, Nîmes, Alcide Éditions, coll. «Histoire», 122 p.

(2) Jean-Marc Moriceau (2016).  Histoire du méchant loup: la question des attaques sur l'homme en France, XVe-XXe siècle, Paris, Pluriel, coll. «Pluriel», 634 p. 

(3) Guy Crouzet ha investigado la historia de esta criatura, redactando diferentes artículos en la revista Causses et Cévennes: revue du Club cévenol: «La Bête des Cévennes», n.º 1, «La Bête des Cévennes et autres loups», 1991, p. 4-13 y «La Bête des Cévennes ou la dernière grande offensive des loups dans cette région (1809-1817)», n.º 1, 2002, p. 457-464.

(4) https://fr.wikipedia.org/wiki/B%C3%AAte_des_C%C3%A9vennes#/media/Fichier:D%C3%A9vor%C3%A9s_par_les_loups.jpg

El testamento de Esteban Romo (vecino de Caracenilla)

El 22 de junio del año 1708, el vecino de Caracenilla Esteban Romo, estando enfermo, solicita que se redacte una carta de testamento con sus últimas voluntades, indicando en su contenido diferentes referencias, que nos sirven para conocer un poco mejor la situación de algunas de esas familias, cuya historia entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII nos permite entender cómo era la vida en algunas de las casas de esta población. El escribano Diego de Alique Culebras fue el encargado de redactar el testamento de Esteban entre las hojas 104 y 109 v. del libro de protocolos notariales de Huete del año 1708.

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Ya hemos comentado en alguna ocasión que los Romo estaban esparcidos por diferentes municipios cercanos a Caracenilla, como veremos en el caso de Caracena o la localidad de Castillejo del Romeral, donde fueron una de sus familias destacadas, arrastrándose posiblemente sus raíces generaciones atrás en la ciudad de Huete, y en la que a finales del medievo, su linaje era ya considerado como miembro del estado noble.

Esteban había casado tiempo atrás con Sebastiana Villar (esta ya difunta en el momento del testamento), teniendo por suegros a Domingo Villar e Isabel López. Entre las mandas de misas que este solicita por la salvación de su alma y familiares, junto a las ánimas del Purgatorio, pudimos contabilizar una cifra total de 1000 misas. Una cantidad considerable, pero que no debería sorprendernos teniendo en cuenta la disponibilidad de bienes de algunas de estas casas del medio rural, y en las que se contaba con recursos que permitían desarrollar una vida con mucho mayor desahogo que en las familias de jornaleros.

Nuestro personaje pide enterrarse en la sepultura donde yace su esposa Sebastiana, es decir, en una de las tumbas del interior de la iglesia parroquial de Caracenilla. Como era costumbre, Esteban solicitará misa de cuerpo presente con diáconos, así como que su cuerpo vistiese el hábito franciscano, demostrando de esta forma su humildad, así como buscando beneficios espirituales, puesto que la creencia de aquellos tiempos indicaba que este acto ayudaba a la limpieza del alma para así permanecer el menor tiempo posible en el Purgatorio. De las 1000 misas solicitadas, 500 irán para él, 100 para sus padres, otras 50 para su esposa, 100 para sus suegros, otras 50 para las ánimas del Purgatorio y añade 200 “para descargo de mi conciencia”.

Como era costumbre, debían portarse velas y ofrendas a la tumba, que este encarga a su cuñada Catalina Villar, quien, como recompensa por tal obligación, recibirá una parte de una tierra que este poseía. Esteban también realizará algunos donativos a las Cofradías del Santísimo Sacramento y del Rosario, así como lo acostumbrado a las Obras Pías.

A su sobrino Francisco Caballero le entrega el huerto que le compró a Juan Saiz de Alcaraz, con la condición de que su cuñada Catalina Villar poseyese el usufructo de este mientras ella viviese. También manda al dicho Francisco un cañamar que tenía en Valdeibáñez y que le compró a Pedro de Albendea, junto una haza en la Solanilla en el camino que iba a Caracena, además de “una capa de paño azul prensado, y dos anguarinas de mezcla verde, dos o tres jubones, que tengo azules, y todas las medias, zapatos y ligas que se hallasen mías” (AMH, caja 202, fol. 108).

Otra donación de Esteban (en este caso a su cuñada María Villar) fue la cama de madera en la que él dormía, incluyendo todo lo necesario que allí hubiese, así como los cuadros y estampas que había en la habitación, además de una arca grande. Incluso especifica que la leña que tenía en el corral indica que la recogiese María, así como que se llevase una arroba de aceite, por lo que ella, como agradecimiento, debería encomendarse por su alma a Dios. Tengamos en cuenta que este tipo de donativos era una de las varias formas con las que la persona podía aminorar la carga pecativa, puesto que sus familiares o amigos se encargarían de rezar para la limpieza de su alma.

Esteban tampoco se olvidará de su sobrina María Caballero, a quien le otorga una "cama de ropa" que se componía de un jergón, tres mantas nuevas, dos almohadas, su delantera y un cubertorcillo colorado. Añade también una tinaja llena de aceite, recordándole que también se encomiende a Dios por su alma. A su hermana María Romo le entregará una viña que tenía en “El Badillo” (en término municipal de Castillejo del Romeral), y que ya le venía de su abuelo, recordándole la misma obligación que a su sobrina.

A su criada Isabel Rosillo también le donará una "cama de ropa", tres mantas, dos almohadas, una delantera, un jergón, un paño buriel, un guardapiés y una anguarina para que se apiadase de él. Esteban otorgará otras pertenencias a varios vecinos con la misma finalidad. Los bienes muebles de su hogar se los donará al convento de San Francisco que había en Torrejoncillo del Rey (hoy en estado ruinoso), y donde parece ser que en su interior había una ermita dedicada a la Virgen de la Paz.

Para la fábrica de la iglesia parroquial de Caracenilla manda 50 ducados con la condición de que cada año se le dedique una misa para el día de San Esteban. También se acordará del que en ese momento era cura de Caracenilla, don Constantino-Bruno del Castillo y de Jaraba, a quien entrega 50 ducados de vellón, de forma que este cada año celebrase una misa por su ánima anualmente el día que considerase oportuno el religioso.

Sobre la familia de Esteban y su esposa, podemos añadir que supimos que ambos casaron en Caracenilla en el año 1675, tal y como se recoge en su partida de matrimonio (APC, fol. 252 v.). Esteban era hijo de Esteban Romo y Dorotea Abad (vecinos de Caracena), así como Sebastiana de Domingo Villar e Isabel López (estos de Caracenilla). Los Villar eran una familia con recursos en la cercana localidad de Pineda de Gigüela, teniendo a miembros de su linaje dentro del clero. Así, por ejemplo, en la partida de matrimonio de Domingo e Isabel, se recuerda en el año 1640 (APC, fol. 209) que el licenciado Villar, presbítero de Pineda de Gigüela, da licencia para el casamiento de Domingo (hijo de Francisco Villar y Francisca del Moral, estos vecinos de Pineda) e Isabel (ella hija de Francisco López y Catalina de Cañas, y ambos vecinos de Caracenilla).


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de Caracenilla


Referencias:

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos de Huete. Caja 202. Años 1706-1709. Diego de Alique Culebras

*Archivo Parroquial de Caracenilla. Libro I de matrimonios. Años 1594-1701

La viuda de Juan Serrano-Gil

Hace unos siete años, publicábamos en nuestro blog un artículo titulado “Apuntes sobre la familia Serrano-Gil de Valera de Abajo”, en el que comentábamos cómo falleció el marido de María Saiz de la Blanca. Un valeroso, que haciendo honor al gentilicio de su localidad, era en aquellos momentos regidor del municipio, y que tras la entrada de las tropas austracistas en esta localidad, no dudó en mostrar su fidelidad a Felipe V de Borbón, defendiendo además los derechos de su población, por lo que desgraciadamente acabó siendo ejecutado en la horca.


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Sabemos que los vecinos de este municipio tuvieron que hacer frente a los problemas que comportó la entrada de varios miles de soldados en una localidad pequeña como Valera, especialmente María, quien seguramente acabó muy afectada por lo ocurrido a su marido. A raíz de aquel acto, la viuda recibiría una paga diaria de cinco reales, habiendo incluso estado, según parece, durante un tiempo en la corte del rey.

Respecto a esta historia, y de manera fortuita, consultando documentación sobre protocolos notariales de la localidad de Olmeda del Rey, dimos con una carta de poder en la que en su nombre se recoge lo siguiente:

(...) puedan aber rezivir y cobrar dela Real azienda y thesoreria donde estuviere consignado el pago de cinco reales en cada un dia de que su Majestad que Dios guarde me hizo gracia por su Real zeula por aver muerto en servizio de su Real Corona defendiendola del poder de los enemigos contrarios ahella el dicho Juan Serrano mi marido en el año pasado de mil setecientos y seis que estubieron en dicha villa de Valera los soldados enemigos cociendo invasiones, saqueos y otras cosas asta llegar su zaña a tan orroroso estrago a dar muerte de orca al dicho Juan Serrano Gil mi marido por ser regidor actual de dicha villa por cuia causa semeizo ami como asu mujer lagracia referida que corre desde el dia de la fecha de la dicha zeula Real (...)” (AHPC, 1720, fols. 10-11v.)


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de Piqueras del Castillo


Referencia:

*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Protocolo notarial de Olmeda del Rey, año 1720. Carta de poder. Viuda de Juan Serrano Gil. fols. 10-11v. P-1683/15