domingo, 15 de diciembre de 2019

Datos sobre linajes y propietarios agrícolas en Buenache de Alarcón durante los siglos XVI-XVIII


Desde tiempos antiguos en los que comenzamos a tener las primeras referencias documentales de linajes asentados en este municipio a través de los libros eclesiásticos y traslados notariales, apreciamos la consolidación de determinadas familias, que guardan una clara conexión genealógica, como resultado de un conjunto de intereses cruzados, entre los que coexistían el de medrar y mejorar socialmente.

La consecución de fundaciones eran una baza segura para quienes deseaban asegurarse la tenencia de un conjunto de bienes sobre los que poder formarse como capellán, o disponer de recursos para trabajar y generar riqueza.

Entre los que podríamos denominar como grandes propietarios de este lugar, destacaríamos dos familias, la de los Reyllo y la de los García Redondo. Ambas tienen en común el hecho de concentrar vínculos patrimoniales con una producción que podía superar más de un centenar de hectáreas.

Sobre los primeros hemos dedicado más de un artículo, considerándolos una familia destacada de la nobleza conquense, que tras un primer estadio en el que medraron y consiguieron su reconocimiento dentro del ámbito local, traspasaron la frontera comarcal tras su entronque con linajes de la aristocracia conquense, que les llevaron a alcanzar cotas inimaginables en un lugar como del que procedían, y que hasta el mismo Mártir Rizo no pasaría por alto.

Los Reyllo según su relato familiar procedían de Arcas, argumentando que descendían de un capitán de caballos, cuyo hijo tras casar con Estefanía de Silva, se instaló en Buenache. Su descendencia entablará enlaces con gentes de la pequeña nobleza local, junto otras casas de la burguesía local, que a través de la Iglesia y el Santo Oficio les ayudarán a adquirir cierto protagonismo.

La cima de su éxito se culmina con la creación de una memoria y ejecución de una capilla dentro de la misma Iglesia de San Pedro de Buenache por parte del que fuera Prior de Belmonte, don Diego de Reyllo. Este personaje creó dos capellanías para la referida capilla y que tenía por advocación a Nuestra Señora de la Concepción.

El poder de Diego queda atestiguado en la fundación de un mayorazgo, donde aprovechando sus rentas manda elaborar “una imagen de bulto y un retablo proporcionado a la dicha capilla con reja y puerta de hierro y llaves (…) junto con dos cálices, junto otro altar de San José con un cuadro dorado del Santo, además de una lámpara de plata” (ADC). La obra se encarga al maestro Bernardo de Soria, vecino de Honrubia.

Por la documentación sabemos que uno de sus opositores y capellán fue el Comisario Julián de Moya Lozano, familia de la pequeña burguesía local, que también tuvo un peso importante. Además de los Reyllo, otro de los grandes propietarios que aglutinó un conjunto de bienes que pudo superar las 100 hectáreas fue Pedro García Redondo.

Dicha fundación la controló el licenciado don Pedro García de Reyllo, hecho que de nuevo emparenta las dos grandes casas de terratenientes bonacheros. Sabemos que un Pedro García Redondo (no sabemos si él u otro del mismo linaje) casó con Ana Ramón. Ana testó en 1634, mandando la creación de un patronato de legos, en el que se adscribirán unos 50 almudes, fundamentalmente de trigo, junto casas y viñedos.

Además de estos dos linajes, veremos otro tipo de figuras fundacionales. Será el caso de medianos propietarios con producciones que irán entre los 90-270 almudes de cereales. En este grupo estarían los Moreno, una familia de terratenientes, que en algunos casos al subdividir sus tenencias para multiplicar sus fundaciones entre descendientes, disminuyeron sus producciones finales, no obstante, si las sumamos de manera conjunta, representarían las más grandes del lugar.

Esto les llevó a que durante el siglo XVIII, fuesen junto con los Barambio, los linajes más representativos, además de los Rentero, familia sobre la que hemos dedicado algunas líneas en diferentes artículos.

Por lo que concibe a los Moreno, hemos de distinguir entre las fundaciones de los Ximénez Moreno, Moreno de la Fuente y Saiz-Moreno. Los primeros crearon un vínculo y patronato, a través del Licenciado Francisco Ximénez Moreno, quien llegó a ser Comisario del Santo Oficio, presbítero racionero de la Catedral de Cuenca y Mayordomo de la Mesa Capitular Catedralicia. Éste mandó ser enterrado en la misma Catedral conquense, en la sepultura donde yacía el racionero Simón López Salonarde, también oriundo de Buenache, y de linaje sobradamente conocido.

La buena posición del fundador ya le venía de familia, pues su tío era el Licenciado Francisco Ximénez. Además no hemos de olvidar que su sobrina,  hija de su hermano Alonso Ximénez Moreno, casó con el noble conquense don Juan de Solana, familia de hidalgos que potenciaron más si cabe unas influencias y contactos con el clero de la capital, hasta el punto de que consiguieron el privilegio de poder alzar una capilla privada dentro de su hogar y que luego mandarán que se traslade a la Iglesia de San Pedro (la del Cristo de la Viga).

El acto de confirmación del traslado quedó registrado. Sabemos que los Regidores Capitulares del Consejo, y que eran Diego de Rojas y Alonso de Valladolid, fueron nombrados como patrones, siendo sus mayordomos el Licenciado Marcos Pérez Ximénez y el médico don Miguel Burriel (ADC). La imagen se pudo trasladar gracias a la licencia que dio el Ilustrísimo Señor don Alonso Antonio de San Martín, Obispo de Cuenca hasta su fallecimiento en 1705, y que era hijo natural (no legítimo) del Rey Felipe IV y Mariana Pérez de Cuevas.

El Cristo de la Viga era muy querido en Buenache por decirse de él que en diversas ocasiones había materializado numerosas súplicas y beneficios a aquellos devotos que se acercaban a sus pies. Sabemos que además de esta talla había otras piezas, que también se mandan trasladar cuando el último de los dos representantes del matrimonio fallezca. Una era una imagen de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza. Finalmente, fue deseo expreso de los señores Solana-Ximénez, que el día de la donación de las piezas, esta se efectuara durante la festividad de la presentación de Nuestro Señor y Purificación de su Santa Madre, llevándose finalmente a cabo el dos de febrero de 1716.

La familia de los Moreno de Buenache, de acorde a nuestras investigaciones genealógicas, vemos que se hallaban conectados con la casa de los López-Moreno, quienes sellaron alianzas matrimoniales con otra familia de labradores, los Ramón. Estos desvincularán una parte del patrimonio, en forma de fundaciones. En este sentido, los Ramón intentarán aprovechar la influencia de los Moreno, no obstante, estos guardando las distancias, harán prevalecer sus intereses, exigiendo así por escrito como condición que los propietarios que porten sus bienes, deberán anteponer el apellido Moreno a cualquier otro. Esto motivará que algunos representantes de la familia Ramón apoyen sus fincas sobre lotes diferentes y más modestos, donde siguiendo con la misma fórmula, sólo podrán poseerlos aquellos que sostengan el apellido de su fundadora, la señora Ramón.

Buenache de Alarcón. Wikipedia.org

El Licenciado Francisco Ximénez Moreno, menciona como antecesores de sus propiedades a Pedro Moreno y María Ramón, personajes ya del siglo XVI de los que heredó parte de las tierras que tenía adscritas a su fundación. No olvidemos que la abuela del licenciado era María Ramón, casada en 1583 con el señor Francisco Ximénez, siendo ésta hija de Alonso Moreno y María de Lucas. Será pues la ascendencia de ese Alonso, la que siguiendo nuestros apuntes genealógicos conecta con la casa de la familia Moreno-Ramón.

En cuanto a esta estirpe, nos interesa el caso de los Moreno de la Fuente, cuya línea nos lleva hasta la capellanía fundada por don Miguel Moreno de la Fuente, constituida por varias casas y más de 180 almudes de cereales de producción. Miguel tuvo un hermano que creó otro patronato de bienes, se trataba de Fernando Saiz Moreno, alcalde de Buenache de Alarcón en diversas ocasiones. Miguel y Fernando descendían de la línea de Fernando Saiz Moreno y Quiteria Cano, ricos propietarios, cuya descendencia establecerá nexos muy estrechos con las otras líneas de Moreno que los acabarán emparentando en sucesivas ocasiones, tal y como ya adjuntamos en las genealogías referentes de nuestro trabajo sobre las élites de Buenache de Alarcón.

Resultan interesantes estas relaciones que comentamos, ya que el anteriormente referido Licenciado Francisco Ximénez Moreno, tuvo por cuñada a Juliana García Rentero, hija de José García Rentero y Ana Bermejo, así como hermana del rico propietario Pedro García Redondo, y cuyo linaje también hemos mencionado en este artículo. Sabemos que el padre de Juliana celebró al menos dos nupcias, siendo éste hijo de Diego Rentero y Juliana García, abuela paterna de la que tomará su nombre la cuñada del Licenciado, esto convertía pues a dicha Juliana como tataranieta de Diego Rentero y María de Campos, siendo pues su tío-tatarabuelo don Domingo de Campos (Gómez de Mora, 2019).

Don Domingo llegó a enterrarse en la misma sepultura de doña María de Andrade (la que fuera ni más ni menos que Señora de Buenache de Alarcón). La relación de Domingo con la aristocracia local era más que evidente, hasta el punto de que veremos cómo su hermano acabará asociándose con la nobleza externa de las tierras manchegas (Gómez de Mora, 2018).

Obviamente su hermana María supo aprovechar el poder de la familia, de igual modo que su cónyugue Diego Rentero, quien creó un nuevo linaje con la fusión de ambos apellidos, y que sabiamente supo aglutinar en una fundación, conocida como vínculo del Licenciado Diego Rentero de Campos, presbítero que testó en 1655, y que reconocía como tío suyo a Pedro García Redondo.

No olvidemos tampoco que Ana Ramón, creó un patronato de legos tras efectuar su testamento en 1634, casando mucho antes con Pedro García Redondo, lo que de nuevo volvía a enmarañar los lazos entre las casas de los Moreno, Ramón, García Redondo y Rentero de Campos, pues al fin y al cabo, ese era el objetivo primordial: establecer nexos de consanguinidad entre familias labriegas que a través de sus fundaciones pudieran generar capellanías, que sirvieran para tener a hijos dentro del clero, de este modo proyectarlos tanto a ellos como al nombre del linaje, y quien sabe si con posibilidades de dar en un futuro un salto más allá del radio local y meter la cabeza en las altas esferas de la Inquisición conquense o en su seno catedralicio, teniendo de por sí la tranquilidad de contar con una serie de representantes en la familia que pudieran rezar por sus almas, lo que daba un plus de estatus todavía más si cabe y la confortabilidad de encontrar la salvación espiritual de sus integrantes. Una auténtica arma de doble filo.

Otros de los controladores destacados de patrimonio agrícola que hubo en la localidad, fueron algunos representantes de la casa Barambio.  Recordemos que el Doctor Don Francisco de Barambio, fundó un vínculo y un patronato de legos. Éste fue capellán mayor del Convento de las Capuchinas de Madrid. Don Francisco era hijo de Francisco de Barambio y María Saiz de Piqueras, quienes ya fundaron uno en 1661, concretamente su padre Francisco, junto con su hermano, el tío del capellán, y que era Miguel de Barambio. Sumando conjuntamente todas las fundaciones, éstas aglutinaban propiedades con más de 200 almudes de grano de trigo, a ello habría que incorporar casas y viñas, que incrementaban el valor de aquellos vínculos.

Mientras tanto otras familias de medianos propietarios agrícolas adoptaban una estrategia similar. En ese sentido, a principios del siglo XVII los Alcaraz contaban con más de 50 hectáreas por la fusión de los vínculos de Pedro Alcaraz de Monteagudo y de Bartolomé Redondo. La fundación estuvo controlada por el Licenciado Joaquín de Alcaraz, gracias a las tierras aportadas por sus mencionados padre y tío. De extensión un poco más modesta era la de los Merchante, pero cuyas raíces ya podrían remontarse al siglo XV, cuando Pedro Merchante, bisnieto del creador de esa fundación y miembro del Santo Oficio, en 1589 fundó un vínculo que ampliaba las posesiones del linaje. Su esposa Juana Gómez creó también un patronato de legos. El hijo de ambos, Felipe Merchante Gómez, fue alférez en Quintanar, y su hermana Magdalena estableció enlace con Martín Donate, vecino de ese lugar y miembro de una familia que también se movía en el mismo círculo social. En ese mismo enclave los Merchante contaban con una capilla privada. Sobre este linaje ya ampliamos más información en un artículo publicado el año pasado que llevaba por título: “Notas genealógicas sobre el Santo Oficio en la villa de Buenache de Alarcón” (2018-B).

Tampoco se nos debe de pasar por alto el caso de los López de Gonzalo, otra familia que recientemente estudiamos, y cuyos orígenes labriegos se alzan en Buenache, gracias al ascenso establecido con diferentes casas de la nobleza circundante como los Pozo y los Saiz de Gonzalo, quienes les dieron un estatus que los catapultó tras su entronque final con los Burriel, linaje que destacó en el ámbito político y que representarán una casa aristocrática, donde mayoritariamente desde el liberalismo, triunfarán en la vida política y militar algunos de sus integrantes durante el siglo XIX. No olvidemos que la sobrina del antes referido Licenciado Francisco Ximénez-Moreno, casó precisamente con don Marcos López de Gonzalo. Fenómeno que volvía a estrechar lazos entre los grandes linajes de Buenache.

Ya en un plano inferior, tendríamos otros pequeños terratenientes, que también consiguieron medrar, además de vincular sus bienes y parentesco con familias tratadas en este artículo. Es el caso de los López-Ximénez, quienes en 1643, por mediación del testamento de Marcos López Ximénez, dejaron un vínculo que recaerá sobre Sebastián Hortelano, donde estarían aparejados más de setenta almudes de cereales. Caso similar será el de Elvira de la Parra, quien fuera mujer de Miguel Moreno de la Fuente, y que por su lado prefirió crear un vínculo y patronato de legos con el patrimonio que albergaba, sumando una extensión de 20 hectáreas aproximadamente.


David Gómez de Mora


Referencias:

- Archivo Diocesano de Cuenca. Fundaciones de Buenache de Alarcón (1657-1697). Sig. 24/48. P-596

- Archivo personal. Apuntes genealógicos sobre la familia Gómez-de Mora.

- Gómez de Mora, David (2018). Las élites de Buenache de Alarcón siglos atrás. Notas personales y apuntes genealógicos. En: davidgomezdemora.blogspot.com

- Gómez de Mora, David (2018-B). Notas genealógicas sobre el Santo Oficio en la villa de Buenache de Alarcón.  En: davidgomezdemora.blogspot.com

- Gómez de Mora, David (2019). La familia Campos-Rentero en Buenache de Alarcón. En: davidgomezdemora.blogspot.com

Datos sobre linajes y propietarios agrícolas en Saceda del Río durante los siglos XVI-XVIII


La distribución de la tierra en la provincia de Cuenca es una cuestión de sumo interés que diferentes estudiosos de este territorio han ido indagando a lo largo de los últimos años, buen ejemplo de ello es el historiador Ignacio de la Rosa, quien nos ha ofrecido múltiples publicaciones en las que aborda el estado de la cuestión, especialmente en lo que compete a la franja de lo que hoy denominamos como la Manchuela Conquense.

Por lo que respecta a otros municipios de la provincia, quisiéramos centrarnos en el caso concreto de Saceda del Río. Una localidad que actualmente se halla técnicamente despoblada, pero que antaño poseyó un vecindario afianzado por diferentes linajes locales que le permitieron ser uno de los espacios rurales con mejor disponibilidad de recursos en esa zona, en parte gracias a la consolidación de diversos linajes agrícolas, que a pesar de adscribirse en su mayoría al grupo de la burguesía rural, fomentaron las riendas de una economía de pequeña escala, pero activa, que alejada de la figura del señor que controlaba grandes extensiones, consiguió prosperar por el surgimiento de labradores acomodados.

Saceda ha sido un enclave en el que el peso de las ideas y modelo de vida tradicional del campo manchego ha imperado de manera continua. Con cerca de 100 familias en el siglo XVIII, llegó a contar en algunos momentos con hasta casi una decena de párrocos. Las costumbres y la mentalidad conservadora, en la que premiaba antes el malo conocido que el bueno por conocer, se desprende de los enlaces matrimoniales registrados en sus libros parroquiales, fenómeno que como en otros tantos lugares de nuestra geografía peninsular, propagó un conjunto de políticas proteccionistas, en las que se intentaba salvaguardar la tenencias de la tierra, para que esta no saliese de las manos de aquellas familias que desde tiempos inmemoriales dominaban el lugar.

Así lo veremos con la estirpe de los López-Lobo, un linaje de curas, labradores y escribanos locales, que si en el siglo XVI eran los mayores aglutinadores de bienes raíces, seguirían igualmente manteniendo tal distinción hasta la irrupción de los Martínez, también nativos del lugar, pero que tras amasar bastantes propiedades, ahora pasaban a documentarse súbitamente bajo la denominación de Martínez Unda, pues siguiendo con el protocolo de las familias recién ennoblecidas, era casi condición sine qua non reescribir su pasado, engalanando los ancestros más remotos y sobre los que poco se podía demostrar, para que en este caso concreto se vincularan con una ilustre casa de mismo apellido, emplazada en tierras vizcaínas.

Yendo por partes, si analizamos los libros de fundaciones de Saceda del Río, no cabe la menor duda que desde el siglo XVI hasta entrado el XVIII, la familia que aglutina una ingente cantidad de bienes raíces son los López-Lobo, por ello Juan López-Lobo crea dos capellanías, que llevaban adscritas un centenar y una ochentena de propiedades respectivamente, lo que proporcionaba en su conjunto un patrimonio agrícola superior a las 100 hectáreas, catalogándolo pues como un terrateniente fuerte, que caracterizó esa burguesía rural alcarreña. Entre los bienes de esta familia hallamos viviendas, censos y especialmente tierras donde el producto que se extraía mayoritariamente era el trigo. Durante el siglo XVIII, tales fundaciones fueron controladas por los León, un linaje de la pequeña nobleza local, con asentamiento en puntos cercanos como Valdemoro del Rey y Caracenilla.

A continuación tendríamos a los Saiz-Mateo o el caso de una línea de los Hernán-Saiz, y que a tenor de sus propiedades, también se hallarían entre las casas más prósperas del municipio. Del mismo modo otras líneas de la familia de los López-Lobo comenzaron a progresar, llegando a controlar la mayoría de oficios influyentes, como pasó con la escribanía, donde además de los Fernández, veremos algunos personajes de este apellido.

Los Mateo-Saiz, Sánchez-Mateo, Sánchez o Saíz, son otra de las grandes estirpes de Saceda, y que hasta entrado el siglo XIX con la desamortización mantuvieron un patrimonio agrícola ingente, además de una notable influencia que les llevó desde siglos atrás a estar considerados como una de las familias más destacada de las élites municipales. Los Saiz hicieron valer su poder, y entablarán enlaces con gentes distinguidas de la nobleza local así como diversas líneas de la burguesía rural, ya no sólo de Saceda. Su expansión y descendencia genealógica, hizo que muchísimas casas de la comarca reclamaran sus vínculos, resultando variopinta la procedencia geográfica de poseedores que solicitaban su derecho de tenencia.


Igual de importante fue la capellanía fundada por María de Hernán-Saiz, vecina de Valdemoro del Rey, y casada no precisamente por designios del azar con Francisco López-Lobo, donde acumuló más de 40 propiedades. Tampoco hemos de olvidar otra capellanía que se fundó con los bienes de María López-Lobo, esposa de Pascual Sánchez-Mateo, fenómeno que evidenciaría de nuevo las relaciones cerradas entre las principales estirpes de terratenientes. El primo de María era Juan de la Fuente, y su tío el rico Miguel López-Lobo, conocido sobradamente por aquellos tiempos en Saceda y los alrededores por su poder. En este caso como con el de los López-Lobo de Valdemoro, hablaríamos de capellanías donde se atesoraban más de 40 hectáreas de cultivo, destinadas fundamentalmente a la producción de cereal. Del mismo modo que con las fundaciones de Juan López-Lobo, los León controlarían esta capellanía durante el siglo XVIII.

En torno a otro tipo de fundaciones relacionadas con capellanías y vínculos patrimoniales, tendríamos diversas casas que engrosarían el listado de pequeños propietarios, pero con una autonomía y poder suficiente, que en algunos casos les llevó a medrar socialmente de forma satisfactoria, siendo ese el caso de los Martínez Unda, que como ya explicamos en un artículo titulado “El linaje de los Martínez de Unda en Saceda del Río”, prosperó a lo largo de varios siglos en un periodo de tiempo que hemos dividido en tres etapas, en las que resultará crucial la adquisición de bienes por sus enlaces estratégicos con los Vicente y García-Vaquero, la primera una familia de labradores, con un patrimonio centrado en fundaciones, uno de ellos, bajo la figura de un mayorazgo, así como los segundos por ser integrantes de la pequeña nobleza local, con casa solariega en Portalrubio, además de adquisidores de un rico patrimonio. A diferencia de otros linajes los Martínez seguían manteniendo el control de muchas de sus tierras a pesar de que con el trascurso del siglo XIX, vivieron entre Madrid y la Alcarria conquense.

Dentro de este grupo de pequeños labradores con recursos estarían también los Fuente, y que como bien sabemos en el caso de la línea procedente de Bonilla, emparentarán con el Obispo de Coria, don Pedro García de Galarza. En este sentido tenemos constancia de la fundación de una capellanía por parte del padre Andrés de la Fuente, en el año 1592 ante el escribano de Saceda, Juan Fernández, comprendida por 50 almudes de gramíneas, en donde se cita su relación genealógica con este linaje, a través de su hermano don Simón de la Fuente.

Tampoco se nos debería de pasar por el alto el caso de los Cubo, un linaje con raíces durante el siglo XVI en la ciudad de Huete, donde proliferarán algunos representantes desde dentro de los oficios liberales, y que les llevará a un control destacada de tierras, tras la donación efectuada por el Licenciado Francisco de Velasco, quien dota con 140 almudes a Isabel y Catalina del Cubo. Igualmente los Cubo casarán con familias como los Vicente, López-Lobo, Saiz-Mateo, además de otras de características similares.

Por norma general los propietarios de las fundaciones durante las primeras generaciones eran residentes del lugar, no obstante a medida que pasaban los años y se expandía la prole, solían reclamar su pertenencia parientes y descendientes procedentes de pueblos vecinos o apartados.

David Gómez de Mora


Referencias:

-Archivo Eclesiástico de Huete. Libro de fundaciones de 1794. “Libro las perpetuas de las memorias, vínculos y capellanías que dio principio en el año de 1794”.

-Gómez de Mora, David (2018). Las Élites locales en la franja Este de Huete entre los siglos XVI-XVIII. En: davidgomezdemora.blogspot.com

-Gómez de Mora, David (2019). El  linaje de los Martínez de Unda en Saceda del Río. En: davidgomezdemora.blogspot.com

Datos sobre linajes y propietarios agrícolas en Piqueras del Castillo durante los siglos XVI-XVIII


En diversas ocasiones hemos comentado que Piqueras es un municipio donde la ganadería y la agricultura sostuvieron la mayoría de las familias que habitaron este lugar desde tiempos inmemoriales. Esto nos conduciría hasta la misma fundación cristiana de la Edad Media.

Sobre ese enclave montañoso, donde la rigidez de un clima frío en las estaciones de otoño e invierno acecha a sus vecinos, se moldeó una sociedad local, que siguiendo con la pauta de muchos entornos de su área geográfica, potenció un conjunto de alianzas matrimoniales bastante herméticas.

Como ya hemos tratado en multitud de ocasiones, el desarrollo de políticas natalistas de carácter local, conducían a una mentalidad conservadora en la que se consideraba necesario promover alianzas entre los vecinos del mismo enclave, en parte por comodidad, así como también para que los bienes raíces heredados no se dispersaran entre manos forasteras, sin olvidar que este tipo de hábitos se efectuaban automáticamente siguiendo un principio de naturalidad, por trasmitirse de manera mecánica generación tras generación.

Sobre ese escenario de fondo, las pocas familias que habitaron Piqueras fueron aglutinando y repartiendo sus bienes. Si hablásemos de medianos propietarios, y que en este caso ocuparían los puestos más destacados del campo piquereño, son sin lugar a dudas sus señores del lugar, los Ruiz de Alarcón, quienes acumulaban una mayor cantidad. En este sentido popular fue la fortuna amasada por don García Ruiz Girón de Alarcón, donde se concentraban viviendas arrendadas, trigales, campos de cebada y cañamares.

Dentro de ese mismo grupo social entrarían otros linajes locales, como es el caso de los Gil, quienes siguiendo nuestras investigaciones sobre los Ruiz de Alarcón, sabemos que generaron una línea segundona, procedente del referido párroco don García, hijo de los III Señores de Piqueras, don Garci Ruiz de Alarcón y su esposa doña Guiomar de Valencia y Girón. Tenemos constancia de que el capellán dejó descendencia por una relación mantenida con la piquereña María Gil, tal y como ya reconocería en su testamento uno de sus hijos, Fernando Ruiz Girón de Alarcón y Gil.

Los Gil fueron una casa de labradores, que no sabemos si bien por su enlace con la casa de los señores, o ya directamente por las tierras que éstos portaban, o incluso por una suma de ambos factores, generaron la fundación de un conjunto de posesiones que los convirtió en labradores acomodados. Veremos como a finales del siglo XVIII este vínculo estará controlado por unos vecinos de Rubielos Bajos, fenómeno que por norma general no era habitual cuando se acababa de crear la fundación, pero que solía ser más corriente a medida que crecía la descendencia, y se multiplicaban las generaciones que pudieran reclamar u opositar a su legítimo derecho de posesión. Fundaciones como las de la familia Ruiz, Fernández, López o Barambio estuvieron controladas mucho tiempo por nativos de Piqueras.

Resulta interesante el caso del cura don Miguel Sánchez Abad, que volcó toda su herencia hacia la familia de los Crespo, fenómeno que motivó un ascenso social de este linaje recién llegado a Piqueras durante la segunda mitad del siglo XVI, permitiendo la proliferación de diversas generaciones donde la familia se vio representada por un párroco con estudios, y cuya influencia del linaje en el ámbito local les ayudó a crecer de forma destacada. La mayoría de aquellas tierras estaban dedicadas al cultivo de trigo, conociéndose sus dominios como el de los bienes de “la capellanía de los Crespo”.

Tampoco deberíamos pasar por alto otra familia de buena posición, los Barambio. Una estirpe de religiosos y labradores, cuyo origen radicaba en el vecino Buenache, donde ya eran famosos por su influencia y cargos dentro del ámbito eclesiástico. Los Barambio crearon un vínculo de propiedades bastante grueso, que llegaba a amasar una producción de unos 210 almudes de trigo en su mayoría, es decir, cerca de unas 70 hectáreas, a las que se habían de sumar viviendas en lugares privilegiados del municipio, y que si lo deseaban podían arrendar para sacar mayor provecho. Los Barambio enlazaron con otras casas de pequeños labradores del municipio que les dieron un mayor empuje, es el caso de los Lizcano o Zamora, con los que mantuvieron políticas matrimoniales muy estrechas. La fundación de don Matías de Barambio, cura de Piqueras, se formó en 1752. Incluía la casa que hizo nueva en la plaza del pueblo, junto con más de 100 fincas. Su sobrino Matías de Barambio fue a quien se la adjudicó, para lo que se desplazó desde Valera para asentarse aquí y dar origen al linaje de este apellido que todavía perdura en la localidad. Don Matías (el sobrino) casó con Ana Serrano Valero (también vecina de Valera), y fruto de este matrimonio nacerá el siguiente poseedor de los bienes, su hijo Celedonio de Barambio Serrano, marido de María Antonia López y López, con la que casó en 1774.

Piqueras del Castillo. Verpueblos.com

En cuanto a la presencia de pequeños propietarios con cantidades que comprenderían entre 15 y 30 hectáreas tenemos algunas familias, que genealógicamente están entremezcladas con las anteriores. Ese será el caso de la línea no reconocida de los Ruiz de Alarcón, quienes además de controlar de manera ininterrumpida la escribanía municipal durante casi cuatro centurias, consiguieron fundar un vínculo, como fue el caso de don Julián Ruiz de Alarcón y que tras ampliarse los convirtió en medianos propietarios destacados, así como una de las casas más ricas e influyentes del pueblo.

Será precisamente esta familia la que llegado el siglo XIX despuntará, tal y como apuntaba de modo tan acertado el piquereño Evelio Chumillas (2013, 212) “eran los mandamases del pueblo, el clan más influyente y respetado del lugar. En el curso de tres generaciones, tuvieron al menos cinco Alcaldes, cuatro secretarios, un juez de paz, tres maestres… etcétera. Y concentraron casi todo el poder municipal -que era poco- en sus manos; pero lo mismo habría sucedido (presiento) de haberse tratado de una ciudad más importante”.

Tenemos constancia que la familia Nieves llegó a poseer un vínculo en tiempos antiguos de más de 25 hectáreas. Igual de interesante es el caso de los Fernández, cuya fundación no distará mucho de los anteriores, y acabará recayendo en los Martínez nativos de Piqueras. Del mismo modo que con el resto de tierras cultivadas, el trigo era la producción agrícola más extendida entre los campos de la localidad.

Por otro lado los López, a través del labrador Manuel López y López, comenzaban a tener un papel importante en la explotación de gramíneas. Con sus 45 almudes, básicamente centrados en trigo, gracias a la fusión de tres pequeñas fundaciones reclamadas, entre las que se hallaba una de los Cano y otra de los Fernández de Peralta, la familia de Manuel iba prosperando. No debemos olvidar las propiedades de Isabel de Moya y de Buedo, que se agruparon en un vínculo a finales del siglo XVI, estando en posesión durante mucho tiempo de sus descendientes de Barchín del Hoyo, la familia de los Cambronero.

David Gómez de Mora


Referencias:

* Archivo Diocesano de Cuenca. Capellanías y fundaciones de Piqueras del Castillo (1759-1769). P-2593, Sig. 130/13

* Moreno Chumillas, Evelio (2013). Crónicas de Piqueras. Bubok Publishing, SL.

* Gómez de Mora, David (2018). Las élites locales de Piqueras del Castillo siglos atrás. Notas personales y apuntes genealógicos. En: davidgomezdemora.blogspot.com

* Gómez de Mora, David (2019). Los Lizcano y los Ruiz en Piqueras del Castillo. Apuntes históricos de dos linajes locales con solera. En: davidgomezdemora.blogspot.com

* Gómez de Mora, David (2019). Linajes, tradicionalismo y forma de vida en la sociedad local de Piqueras del Castillo durante los siglos XVI-XIX. En: davidgomezdemora.blogspot.com