La bestia de las Cévennes o Cevenas es una criatura antropófaga, que tradicionalmente se ha asociado con uno o diferentes lobos, que durante una serie de años que engloban la primera mitad del siglo XIX (1809-1817), generaron numerosas víctimas en esta área del territorio francés. Los expertos que han investigado este caso consideran que el causante de tantas muertes pudieron haber sido diversos ejemplares, en lugar de uno solo.
Jean-Paul Chabrol (1) ya comentaba que el origen de aquellos ataques podría explicarse en ataques realizados por grupos de lobos. El experto Jean-Marc Moriceau (2), también considerará que la «bestia de las Cevenas» podrían haber sido en realidad varias parejas de estos animales. Al respecto, este autor en su historia del lobo (2016), ya dedica un apartado tratando diferentes cuestiones sobre la bestia de las Cévennes, concretamente entre las páginas 250-257.
Sobre la criatura de las Cévennes, veremos cómo las descripciones de la época detallaban que se trataba de un lobo de gran tamaño, que presentaba un color leonado y crin oscura en el cuello, además de un destacado hocico y cola larga.
Esta descripción se asemejará a algunas de las referencias que se darán de otros cánidos que previamente habían causado víctimas en tierras francesas, tal y como ocurrió en el caso de Gévaudan o Veyreau. Otra característica que tendrá en común con estos, es que algunos testimonios indicaban que aquella criatura podía ser una hiena.
El marco geográfico donde se produjeron los hechos, sin lugar a duda, era propicio para que animales de estas características actuaran con mayor facilidad, puesto que las Cévennes es una cadena de montañas de la zona centro-sur del país, que engloba puntos de los departamentos de Gard, Lozère, Ardèche y Haute-Loire, donde veremos espacios accidentados, así como una amplia zona boscosa, que ayudará en su momento a que estos animales fuesen más escurridizos.
Autores como Guy Crouzet (3) han presentado resultados interesantes sobre la historia de esta criatura, revelando a través de la documentación del territorio afectado, esa crudeza con la que se produjeron muchas de las muertes.
Aunque el nombre de las Cévennes es el más popular, también este animal ha sido bautizado con otras designaciones, como ocurre con la denominación de “la bestia del Vivarais”. Una característica que veremos que comparte con otras criaturas de estas características, y que ya hemos estudiado (siendo el caso de la de Veyreau o Gévaudan), es que muchas de sus víctimas se mueven dentro de un mismo margen de edad.
En total se le atribuyen casi unas cuarenta muertes, tal y como se ha desprendido por los diferentes investigadores que han abordado la cuestión, no obstante, se cree que esa cifra puede ser superior, debido a que las actas de defunción de las parroquias que se vieron afectadas por esta, no siempre anotaban el motivo de la muerte de cada persona, de ahí que quede seguramente omitida más gente fallecida.
Como ocurriría en el caso de Veyrau, a pesar de las batidas en busca de este animal, nunca se tuvo la certeza de si realmente se le llegó a dar caza.
También veremos cómo la prensa comenzó a hacerse eco de los primeros ataques registrados en otoño del año 1809, teniendo en mente la histórica criatura de Gévaudan, la cual unas décadas atrás puso en jaque la reputación de la propia corona, ya que el caso acabó casi convirtiéndose en una cuestión de Estado. Será durante el verano de 1817 cuando se registraron las últimas muertes, comprendiendo ese periodo de terror casi un total de 8 años.
Estos ataques de lobos no aparecerían súbitamente en 1809, pues Moriceau (2016, p. 251) ya habla de una carta para una batida de lobos fechada un par de años atrás (febrero de 1807), cuando el alcalde de Monesteir informa de que se habían producido diferentes ofensivas de manadas, en las que habían resultado heridas varias personas.
En las Cévennes, el temor a toparse con aquella criatura y que mucha de la gente de las zonas afectadas ya vinculaba con un lobo, alimentó una situación de terror destacado, hasta el punto de que había bastantes personas que no se atrevían a salir de casa al caer la noche, así como tampoco moverse en medio del campo sin algún tipo de objeto punzante o cortante con el que poder defenderse ante la repentina aparición de la criatura.
Los datos sobre víctimas que estudia con detalle Guy Crouzet (1991, p. 12) nos dan una cifra total de 28 muertes entre los años 1809-1817. Para ello, valiéndose de las informaciones recabadas en los registros parroquiales de las zonas afectadas, así como en los fondos de la documentación civil, el autor enumera los diferentes ataques que se produjeron. A esa lista cabría sumar otras varias personas heridas, que, sin llegar a fallecer, fueron atacadas por esta o otras criaturas. Años más tarde, en una nueva publicación en la que el autor actualizó sus datos (Crouzet, 2002, p. 457), este asciende ese número a 32 personas. Por su parte, Moriceau (2016, p. 251) habla de un total de 40 víctimas.
De nuevo, Crouzet (2002, p. 458), a través de una carta que fecha del 5 de octubre de 1814 (A.N. - F/10/473), y que transcribe en su artículo, puede leerse que por aquel entonces ya habían fallecido más de 60 niños con motivo de los ataques de esos animales. Por otro lado, en el referido documento se especifica que los ayuntamientos y habitantes de las comunas de Gard limítrofes de Saint-André-Capcèze, cuantificaban el número de víctimas entre 63 o 65 personas. Por ejemplo, Moriceau (2016, p. 251) indica que en noviembre de 1814, en una petición firmada por los alcaldes de cinco cantones de Gard y Lozère, se informa de que ya eran 73 personas las que habían sido devoradas o heridas gravemente por lobos negros en los últimos años. Este baile de números como vemos complica el poder atribuir incluso un marco de víctimas más o menos exacto, pero que ya a simple vista, refleja la crudeza de la situación que vivieron los habitantes de esta región.
En municipios como Aujac, se documentarán varias víctimas a lo largo de diferentes años que comprendieron el intervalo en el que se registraban los ataques. Por ejemplo, Moriceau (2016, p. 250) comenta el caso de marzo de 1811, en el que dos lobos se llevaron a un niño de 6 años, sin que su hermano mayor, de 16 años (quedándose paralizado por la situación), pudiera hacer nada.
En Gravières se registraron un par de víctimas en 1812 y 1816 (Crouzet, 1991, p. 6). En el caso de una de estas, se especifica que las causantes fueron varias bestias feroces, lo que confirmaría que detrás de aquellos ataques en más de una ocasión pudo haber varios lobos. Por otro lado en Saint-André-de-Cruzières, Crouzet (1991, p. 9) comenta cómo la víctima fue atacada en un bosque.
En la localidad de Malbosc se registraron hasta siete víctimas entre 1812 y 1816, tal y como puede consultarse en una hoja donde se especifica el número de jóvenes devorados por los lobos (4). Fuente: wikipedia.org. En esta se leen el nombre, edad y otros datos de las víctimas (Joseph de 14 años en 1812; Pierre de 7 años en 1812; Jean-Placide de 6 años en 1812; Joseph de 5 años en 1812; Rose de 11 años en 1813; otro niño sin especificar datos en 1814 y Rose de 7 años en 1815).
La gente realizó batidas a lo largo de esos años con la intención de poder dar con aquellas criaturas. En los rastreos se consiguieron cazar algunos ejemplares, pero nunca ninguno hizo pensar que se tratara del espécimen que las víctimas describían. Al respecto, cabe destacar que Moriceau (2016, p. 255) indica que en enero de 1815 se abatieron en Saint-André-Capcèze dos lobos de un tamaño extraordinario. Ciertamente, esto podría haber hecho pensar que los causantes de aquel daño generalizado en la zona habían desaparecido, aunque, como se verá, todavía quedaban dos años y medio más de registros en los que se certificarán ataques mortales, lo que podría demostrar que se trataba de varios ejemplares que actuaban por puntos dispares.
Los ataques no solo se producían durante las horas nocturnas, pues muchas de las personas afectadas fueron sorprendidas durante la mañana. Las batidas involucraron a varias decenas de tiradores, sin dar los frutos esperados.
Muchas víctimas eran jóvenes, aunque también figuraban adultos. Entre la información recogida se mencionará en repetidas ocasiones que muchas de esas víctimas fueron devoradas por un lobo, así como en alguna ocasión por un animal carnívoro. Moriceau (2016, p. 250) comenta que no pasaba un año sin que en un cementerio de esa zona no se enterrase el cadáver de alguna persona atacada por una criatura de aquellas.
La disponibilidad para esos animales de una zona ruralizada, en medio de un entorno montañoso, ayudó notablemente a que estos pudieran moverse con mayor facilidad. Es por ello que accidentes geográficos como la Sierra de Barri fueron tanto por la abundancia de vegetación virgen, como por las zonas de difícil acceso, un entorno en el que esas criaturas se encontrarían más resguardadas de las batidas efectuadas por los cazadores.
David Gómez de Mora
Referencias:
(1) Jean-Paul Chabrol (2018). La bête des Cévennes y la bête du Gévaudan en 50 preguntas, Nîmes, Alcide Éditions, coll. «Histoire», 122 p.
(2) Jean-Marc Moriceau (2016). Histoire du méchant loup: la question des attaques sur l'homme en France, XVe-XXe siècle, Paris, Pluriel, coll. «Pluriel», 634 p.
(3) Guy Crouzet ha investigado la historia de esta criatura, redactando diferentes artículos en la revista Causses et Cévennes: revue du Club cévenol: «La Bête des Cévennes», n.º 1, «La Bête des Cévennes et autres loups», 1991, p. 4-13 y «La Bête des Cévennes ou la dernière grande offensive des loups dans cette région (1809-1817)», n.º 1, 2002, p. 457-464.
(4) https://fr.wikipedia.org/wiki/B%C3%AAte_des_C%C3%A9vennes#/media/Fichier:D%C3%A9vor%C3%A9s_par_les_loups.jpg

