La iglesia parroquial de La Peraleja es, sin duda, una de las construcciones más importantes con las que cuenta esta localidad, debido a la historia que atesora, puesto que durante siglos ha sido el lugar más vinculado con la religiosidad y la tradición de la sociedad peralejera.
Sabido es el arraigo católico que han mantenido los habitantes de este municipio conquense, tal y como lo demuestran las múltiples festividades que antaño se celebraban en el pueblo, así como la devoción con la que muchos de sus vecinos visitaban siglos atrás las diferentes ermitas de su término municipal.
Si nos dirigimos hacia su iglesia, la cual ya, como veremos, está documentada al menos desde el siglo XVI, uno es consciente de cómo algunas de las advocaciones que todavía se han mantenido en varias de sus capillas guardan un trasfondo profundo con las creencias de nuestros antepasados.
A pesar del daño causado durante la última guerra y la enorme destrucción de patrimonio sacro que se efectuó en este edificio, se han conservado escasos elementos o piezas, que recuerdan una pequeña parte de esa colección artística que se albergaba desde siglos atrás en el interior de este lugar.
Por desgracia, el altar mayor, como los que veremos en los laterales del templo, se irían incorporando a medida que muchos vecinos fueron con su sacrificio reconstruyendo este edificio tras la finalización de la guerra incivil española.
Respecto al altar mayor, apreciamos en la zona central una imagen de San Miguel Arcángel, así como en los laterales al Inmaculado Corazón de María y un Sagrado Corazón de Jesús. Entre el resto de tallas y esculturas que hay dentro del templo, nos encontramos con la de un Cristo vencedor, un Cristo yaciente, un Cristo portando la cruz y otros dos en la cruz (uno en andas y el restante colgado en la pared). Respecto a las Vírgenes, veremos que entre esculturas y tallas hay una dedicada a la Dolorosa, otra a la del Rosario, una del Pilar y otra de Fátima. Recordemos que siglos atrás el Santísimo Cristo y la Virgen del Rosario tenían capilla propia en el interior del edificio, por lo que contarían con su respectivo altar donde las imágenes eran veneradas.
San Isidro, San Blas, San José y San Antón Abad serán al mismo tiempo otras de las advocaciones que todavía están representadas en el templo.
La devoción a San Antón ya queda recogida hace más de cuatro siglos, tal y como se comprueba en algunas referencias de los protocolos notariales del municipio. Así pues, Juan Pintado -el viejo- (AMH, n.º 4) se enterró en la sepultura de su padre Francisco Pintado, la cual se hallaba en la rasa del coro de San Antón. Precisamente, en alusión a esta advocación, leemos en el testamento de Ana de Oliva (AMH, n.º 14) cómo se realiza una manda al Santo Cristo de la capilla de San Antón de la iglesia de La Peraleja. Esto indicaría que la veneración al protector de los animales, estaba arraigada en el municipio desde tiempos lejanos. Cabe recordar cómo antaño se repartían los denominados panes de San Antón durante su festividad.
Virgen del Rosario de la Iglesia Parroquial de La Peraleja
En cuanto a la devoción a San José, como ya hemos comentado en alguna ocasión, el carpintero Tomás González y su esposa María Herráiz en 1675, indican que alzan una ermita bajo la advocación de este santo en el municipio, especificando “la cual habemos labrado a nuestra costa” (AHPCU), obteniendo también la licencia pertinente para oficiar misas en su interior al dar su aprobado el Obispado de Cuenca.
Sobre San Blas, decir que es una de las pocas imágenes que cuenta con dos ejemplares, una en la ermita de la Virgen del Monte y otra en la iglesia parroquial. Precisamente se fundó una cofradía en el pueblo dedicada a este santo, con su respectivo libro que se inicia en el año 1742, lo cual ya nos indica que su veneración viene desde varios siglos atrás.
Respecto a algunas de las pocas piezas que consiguieron sobrevivir a los daños de la guerra de 1936-1939, existe un Niño Jesús que debido a su escaso tamaño, pudo salvaguardarse in extremis, corriendo mejor suerte que el resto de tallas que había en el interior del edificio. Este niño es una imagen vestida que se cree que podría datar del siglo XVII.
Los peralejeros, como gente arraigada a la fe católica y la tradición religiosa, mantuvieron hasta no hace tanto tiempo la costumbre de pasar entre sus vecinos algunas capillas portátiles, que siempre era una alegría el poder tener en casa temporalmente, hasta que esta partía hacia la vivienda de otro de sus vecinos. Al respecto, conocemos una vinculada tanto con Santa Ana como también otra dedicada a la Milagrosa, y que, junto con varias que aquí no se detallan, era habitual que entre los vecinos de un barrio o cofradía se trasladaran temporalmente de hogar en hogar.
Precisamente, la devoción a Santa Ana es una de las más antiguas que tenemos registradas en la población, puesto que ya en el siglo XVI esta queda recogida cuando se indica que Catalina Martínez (AMH, n.º 1) manda enterrarse en la sepultura de su tía Isabel Martínez, la cual se sitúa en la parte del coro. Esta donará a la Ermita de Santa Ana cuatro ducados para que se realice un frontal.
David Gómez de Mora
Cronista Oficial de La Peraleja
Referencias:
*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Capellanía de las ánimas del Purgatorio de La Peraleja. Signatura: 1487/5
*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 1 de La Peraleja (1567-1592)
*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 4 de La Peraleja (1605-1608)
*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales. Caja n.º 14 de La Peraleja (1638-1642)