El 22 de junio del año 1708, el vecino de Caracenilla Esteban Romo, estando enfermo, solicita que se redacte una carta de testamento con sus últimas voluntades, indicando en su contenido diferentes referencias, que nos sirven para conocer un poco mejor la situación de algunas de esas familias, cuya historia entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII nos permite entender cómo era la vida en algunas de las casas de esta población. El escribano Diego de Alique Culebras fue el encargado de redactar el testamento de Esteban entre las hojas 104 y 109 v. del libro de protocolos notariales de Huete del año 1708.
Esteban había casado tiempo atrás con Sebastiana Villar (esta ya difunta en el momento del testamento), teniendo por suegros a Domingo Villar e Isabel López. Entre las mandas de misas que este solicita por la salvación de su alma y familiares, junto a las ánimas del Purgatorio, pudimos contabilizar una cifra total de 1000 misas. Una cantidad considerable, pero que no debería sorprendernos teniendo en cuenta la disponibilidad de bienes de algunas de estas casas del medio rural, y en las que se contaba con recursos que permitían desarrollar una vida con mucho mayor desahogo que en las familias de jornaleros.
Nuestro personaje pide enterrarse en la sepultura donde yace su esposa Sebastiana, es decir, en una de las tumbas del interior de la iglesia parroquial de Caracenilla. Como era costumbre, Esteban solicitará misa de cuerpo presente con diáconos, así como que su cuerpo vistiese el hábito franciscano, demostrando de esta forma su humildad, así como buscando beneficios espirituales, puesto que la creencia de aquellos tiempos indicaba que este acto ayudaba a la limpieza del alma para así permanecer el menor tiempo posible en el Purgatorio. De las 1000 misas solicitadas, 500 irán para él, 100 para sus padres, otras 50 para su esposa, 100 para sus suegros, otras 50 para las ánimas del Purgatorio y añade 200 “para descargo de mi conciencia”.
Como era costumbre, debían portarse velas y ofrendas a la tumba, que este encarga a su cuñada Catalina Villar, quien, como recompensa por tal obligación, recibirá una parte de una tierra que este poseía. Esteban también realizará algunos donativos a las Cofradías del Santísimo Sacramento y del Rosario, así como lo acostumbrado a las Obras Pías.
A su sobrino Francisco Caballero le entrega el huerto que le compró a Juan Saiz de Alcaraz, con la condición de que su cuñada Catalina Villar poseyese el usufructo de este mientras ella viviese. También manda al dicho Francisco un cañamar que tenía en Valdeibáñez y que le compró a Pedro de Albendea, junto una haza en la Solanilla en el camino que iba a Caracena, además de “una capa de paño azul prensado, y dos anguarinas de mezcla verde, dos o tres jubones, que tengo azules, y todas las medias, zapatos y ligas que se hallasen mías” (AMH, caja 202, fol. 108).
Otra donación de Esteban (en este caso a su cuñada María Villar) fue la cama de madera en la que él dormía, incluyendo todo lo necesario que allí hubiese, así como los cuadros y estampas que había en la habitación, además de una arca grande. Incluso especifica que la leña que tenía en el corral indica que la recogiese María, así como que se llevase una arroba de aceite, por lo que ella, como agradecimiento, debería encomendarse por su alma a Dios. Tengamos en cuenta que este tipo de donativos era una de las varias formas con las que la persona podía aminorar la carga pecativa, puesto que sus familiares o amigos se encargarían de rezar para la limpieza de su alma.
Esteban tampoco se olvidará de su sobrina María Caballero, a quien le otorga una "cama de ropa" que se componía de un jergón, tres mantas nuevas, dos almohadas, su delantera y un cubertorcillo colorado. Añade también una tinaja llena de aceite, recordándole que también se encomiende a Dios por su alma. A su hermana María Romo le entregará una viña que tenía en “El Badillo” (en término municipal de Castillejo del Romeral), y que ya le venía de su abuelo, recordándole la misma obligación que a su sobrina.
A su criada Isabel Rosillo también le donará una "cama de ropa", tres mantas, dos almohadas, una delantera, un jergón, un paño buriel, un guardapiés y una anguarina para que se apiadase de él. Esteban otorgará otras pertenencias a varios vecinos con la misma finalidad. Los bienes muebles de su hogar se los donará al convento de San Francisco que había en Torrejoncillo del Rey (hoy en estado ruinoso), y donde parece ser que en su interior había una ermita dedicada a la Virgen de la Paz.
Para la fábrica de la iglesia parroquial de Caracenilla manda 50 ducados con la condición de que cada año se le dedique una misa para el día de San Esteban. También se acordará del que en ese momento era cura de Caracenilla, don Constantino-Bruno del Castillo y de Jaraba, a quien entrega 50 ducados de vellón, de forma que este cada año celebrase una misa por su ánima anualmente el día que considerase oportuno el religioso.
Sobre la familia de Esteban y su esposa, podemos añadir que supimos que ambos casaron en Caracenilla en el año 1675, tal y como se recoge en su partida de matrimonio (APC, fol. 252 v.). Esteban era hijo de Esteban Romo y Dorotea Abad (vecinos de Caracena), así como Sebastiana de Domingo Villar e Isabel López (estos de Caracenilla). Los Villar eran una familia con recursos en la cercana localidad de Pineda de Gigüela, teniendo a miembros de su linaje dentro del clero. Así, por ejemplo, en la partida de matrimonio de Domingo e Isabel, se recuerda en el año 1640 (APC, fol. 209) que el licenciado Villar, presbítero de Pineda de Gigüela, da licencia para el casamiento de Domingo (hijo de Francisco Villar y Francisca del Moral, estos vecinos de Pineda) e Isabel (ella hija de Francisco López y Catalina de Cañas, y ambos vecinos de Caracenilla).
David Gómez de Mora
Cronista Oficial de Caracenilla
Referencias:
*Archivo Municipal de Huete. Protocolos de Huete. Caja 202. Años 1706-1709. Diego de Alique Culebras
*Archivo Parroquial de Caracenilla. Libro I de matrimonios. Años 1594-1701
