martes, 3 de noviembre de 2026

Apuntes sobre el linaje de la Orden

El origen genealógico de la familia de la Orden es una cuestión que durante estos años hemos intentado esclarecer. Al respecto, sabemos que, a finales del medievo, algunas de las ramas de este apellido ya se hallaban asentadas entre Piqueras del Castillo y Barchín del Hoyo. 

Así pues, en un documento relacionado con un expediente genealógico de uno de sus integrantes (AHN, 1613–1614), se indica, a través de la información otorgada por diferentes testigos, entre los que había vecinos procedentes de Piqueras, que las distintas ramas del apellido de la Orden podrían compartir un mismo origen. No obstante, los datos no permiten precisar el punto de arranque ni identificar al progenitor común a partir del cual se produjo la expansión del apellido.

Recordemos que Juan de la Orden Quijano y Fernández de la Orden, por parte de su padre, Andrés de la Orden, descendía de la línea de Miguel de la Orden, natural de Barchín, siendo este último esposo de Catalina Cano, vecina de Piqueras, lo que demuestra la existencia de un nexo claro entre los de la Orden de Barchín del Hoyo y sus vecinos de Piqueras del Castillo. Por otro lado, la línea de su madre, esposa del referido Andrés, descendía de Pedro Fernández de la Orden, también oriundo de Piqueras del Castillo.

Esto nos lleva a plantear que, teniendo en cuenta que no nos encontramos ante un apellido muy frecuente y que ambas localidades son vecinas, no resulta disparatado pensar que las diversas líneas del apellido de la Orden asentadas en una zona geográfica tan delimitada pudieran conducirnos hasta un mismo tronco genealógico. Precisamente, en el referido documento, esto es lo que afirma uno de los testigos, quien indica que “la dicha María Fernández de la Orden y el dicho Andrés de la Orden Quijano son parientes por el apellido de la Orden” (AHN, 1613–1614, fol. 6).

Ahora bien, los libros parroquiales de ambos municipios, a pesar de remontarse al siglo XVI, no permiten unificar esas ramas, puesto que, como decimos, a finales del siglo XV el apellido ya se encontraba disperso entre varias líneas familiares.

Igualmente, cabe recordar que, además de Piqueras del Castillo y Barchín del Hoyo, existieron otros núcleos poblados, aunque de reducido tamaño, como Alcol y Navodres, donde estos también ya están referenciados desde el siglo XVI. 

Alcol es una aldea despoblada que, hace unos siglos, estaba formada por alrededor de media docena de casas y en la que la familia de la Orden habitó durante un prolongado periodo de tiempo.

Esta serie de datos evidencia que los de la Orden de nuestra zona de estudio forjaron su pasado en este perímetro geográfico, a pesar de que algunos de sus integrantes acabaron trasladándose a otros lugares, tanto dentro de lo que hoy constituye la provincia de Cuenca como en puntos mucho más alejados.

Hemos de tener en cuenta que, además de la evidente proximidad geográfica entre Piqueras y Barchín, los intereses económicos que tenían esta clase de familias para medrar constituían factores determinantes para comprender cómo funcionaban aquellas casas de labradores y ganaderos que, gracias a una mayor movilidad geográfica, unida a la consolidación de políticas matrimoniales cerradas, podían incrementar todavía más su estatus social.

Tengamos en cuenta que los de la Orden ya gozaban de una buena reputación en esta área geográfica desde época temprana. Muestra de ello es el enlace que se produjo entre Amador de la Orden y Francisca Girón, perteneciente esta a una familia noble vinculada, a su vez, con los antiguos señores de Piqueras del Castillo.


Piqueras del Castillo

El primer volumen de bautismos de Piqueras del Castillo (ADC, P-2583) es una muestra de la extensión que el linaje de la Orden tenía ya en esta localidad durante la segunda mitad del siglo XVI. Nombres como los de Catalina de la Orden; Quiteria de la Orden, mujer de Esteban de Zamora; Ana de la Orden, esposa de Pedro de Miguel; Gregoria de la Orden, casada con Alonso de Bonilla; así como María de la Orden, además de otras personas descendientes de los matrimonios de Pedro de la Orden y Miguel de la Orden, forman parte de la relación de personas que ya portaban este apellido en la localidad antes de comenzar el siglo XVII.

Los nexos entre las líneas de Piqueras del Castillo y las de otras localidades como Barchín, Buenache de Alarcón o la aldea de Alcol son un claro reflejo de cómo esta familia había extendido desde finales del medievo sus vínculos familiares por estas tierras.

Especialmente prolíficas fueron las líneas que descendían de Miguel de la Orden y su mujer, Ana de Moya, entre cuyos nietos y bisnietos veremos cómo el apellido se extendió por la localidad. Otra manifestación de la continuidad del apellido se aprecia en la línea de los de la Orden-Lozano, que también estuvo estrechamente asociada con Barchín y Alcol.

Sabemos, por ejemplo, cómo, más adelante, la documentación nos recuerda que Catalina López, mujer de Miguel de la Orden y del Barco, fundó un vínculo, así como que el presbítero don Marcos de la Orden y López también realizó una fundación.

Esta familia, gracias a la tenencia de un patrimonio ganadero, junto con las tierras que tenía bajo su control, consiguió gozar de un reconocimiento en la zona que le permitió establecer una serie de políticas matrimoniales con familias bien posicionadas, así como en algunas ocasiones incluso con sus propios parientes. Ello, además de favorecer la conservación del apellido en la zona, contribuía a evitar que sus bienes se dispersaran entre familias ajenas a sus vínculos de sangre.


Alcol

Respecto a Alcol, se podría decir que el linaje de la Orden fue uno de los que más destacaron entre su modesto vecindario, dedicándose especialmente a la ganadería y a la explotación forestal, además del aprovechamiento agrícola de aquellas tierras donde el terreno lo permitía.

Alcol era un enclave pequeño, formado por alrededor de media docena de caseríos en el siglo XVIII, donde podía alcanzarse cierta solvencia económica gracias al pastoreo y al aprovechamiento de su masa forestal, de la que leñadores, resineros y carboneros también supieron obtener rendimiento. En este contexto, la familia de la Orden asentada en el enclave fue obteniendo recursos tanto de estas actividades como de sus propiedades agrícolas. En el Catastro de Ensenada (AGS, p. 447) se indica que, a mediados del siglo XVIII, había un total de seis casas en el lugar, lo que podría equivaler aproximadamente a unos 30 habitantes.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentaban los ganaderos era la presencia de lobos en este espacio geográfico, pues, como es sabido, aquello fue una realidad hasta bien entrado el siglo XIX. Un hecho que nos han transmitido testimonios orales procedentes de la cercana localidad de Piqueras del Castillo. Una circunstancia comprensible teniendo en cuenta la tradicional abundancia de fauna silvestre en la zona. Corzos, jabalíes y ciervos, junto con una nutrida variedad de animales de menor tamaño que también formaban parte de su dieta, han estado casi siempre presentes en el lugar.

Recreación de las casas de Alcol (IA)

Si seguimos los restos de la modesta trama urbana de este enclave hoy deshabitado, observamos que esta se articulaba alrededor de varios caseríos que, con sus respectivos corrales, conformaban aquel antiguo modelo de vida.

El hecho de ser un lugar muy pequeño y apartado favorecía que la zona pudiera servir de refugio a personas que necesitaban un lugar seguro, además de bandidos, así como rebeldes que durante las guerras carlistas, trataban de eludir a las tropas liberales, buscando amparo en este paraje escasamente habitado, y donde las características del terreno favorecían su ocultación.

Sobre los integrantes de la familia de la Orden, sabemos que Pascual de la Orden, vecino de Alcol, falleció en 1681 y dispuso la celebración de 301 misas. Otro de los integrantes de este linaje procedente de Alcol era Pedro de la Orden, quien falleció en 1691, solicitando una manda de 100 misas.

Esta familia no vivía nada mal, pues veremos que en algunos de esos caseríos había una mínima cantidad de recursos, que ayudaban a que se pudiera vivir con ciertas comodidades, permitiéndose por ello solicitar algunos de sus vecinos centenares de misas por el rezo de su ánima en el caso de que se aproximara su muerte

Precisamente, una de las líneas que nos resultan más interesantes es la de Pedro de la Orden y Dorotea de la Orden. Pedro era hijo de Miguel de la Orden y Catalina López (él vecino de Alcol y ella de Piqueras). Aunque estos se movieron a caballo entre la aldea y Piqueras del Castillo, Dorotea, y que al mismo tiempo era familiar de su esposo, procedía de Barchín. Esta para el momento de su fallecimiento, no dudó en solicitar más de 1000 misas.

Ella era hija de otro Miguel de la Orden y Catalina López, quienes aunque nada tuvieron que ver con sus consuegros, a pesar de la coincidencia de los nombres y apellidos, nos revela las estrechas políticas matrimoniales entre integrantes de aquel linaje.

Y es que como veremos, a pesar de esa repetición de nombres, apreciamos que estaba la línea de Alcol, en la que el referido Miguel de la Orden (padre de Pedro de la Orden), era hijo de Bartolomé de la Orden; respecto de la de los abuelos paternos de Dorotea (esta vecina de Barchín).


Navodres

De la misma forma que Alcol, la aldea de Navodres fue otro de esos lugares en los que tenemos documentada la presencia de la familia de la Orden, al menos, durante el siglo XVI, concretamente a través de la figura de Pascual de la Orden y su esposa, María de Lucas, quienes residían en el caserío que existía en este punto.

Navodres, al igual que Alcol, formaba parte de los terrenos de dehesa que se arrendaban para el pasto y otros aprovechamientos. Este lugar tenía también una ermita dedicada a la Virgen de Aguas Santas, y que ya veremos documentada en el siglo XVIII en el Catastro de Ensenada. Al respecto, se indica en el citado documento que a mediados de dicha centuria en Navodres había solo (AGS, p. 447-v) “dos casas de campo propias la una de la capellanía que fundó don Pedro López Navarro presbítero de esta villa (Barchín del Hoyo)” y otra que poseía don Cristóbal Perea.

Recreación de Navodres (IA)

Barchín del Hoyo

Si nos trasladamos a esta localidad, no cabe duda de que en el pasado fue uno de los lugares en los que el apellido de la Orden estuvo estrechamente asociado con la historia de muchos de sus vecinos.

En el ya referido expediente genealógico de Juan de la Orden, veremos que este era portador del apellido tanto por línea paterna como materna, teniendo la primera sus raíces en Barchín y la segunda en Piqueras.

También hemos indicado al inicio de este artículo que es muy factible pensar que ambas ramas convergieran a finales del medievo en un mismo tronco. Un ejemplo de las políticas matrimoniales entre diferentes ramas de la casa de los de la Orden se aprecia en la genealogía del famoso maestro organero don Julián de la Orden. Así pues, tanto su rama como la de su esposa tienen sus raíces en Barchín durante muchas generaciones.

Julián era hijo de Pedro de la Orden, maestro organero, y Catalina Navarro, así como nieto de Miguel de la Orden y Catalina López. Su esposa, aunque se la menciona como Olaya Ruiz o Ruiz-Fresneda, era portadora también de la sangre de los de la Orden de Barchín, ya que su madre se llamaba Catalina de la Orden, quien, por cierto, era a su vez hija de Juan de la Orden —hermano del antes referido Pedro de la Orden y, por ello, tío de Julián, el maestro organero— y Melchora de la Orden.

Esta Melchora, abuela de Olaya, era natural de Barchín, al igual que sus padres Amador de la Orden y Melchora Martínez. Esta línea genealógica continuó asentada en Barchín durante el siglo XVI, vinculándose también con la rama de Andrés Lucas y Ana de Liébana.

Si seguimos los libros parroquiales de Barchín del Hoyo, apreciamos, a través del libro de bautismos, que en la década de 1540 ya había tres líneas del apellido, representadas por Miguel de la Orden, Juan de la Orden y Pascual de la Orden.

Como cualquiera de las familias que por aquel entonces quería medrar, los de la Orden comenzaron a destinar a algunos de sus hijos al estado eclesiástico. Ejemplo de ello es el clérigo presbítero don Andrés Lucas de la Orden. Su testamento puede consultarse en la documentación del Archivo Histórico Provincial de Cuenca (sig. P-2103). Este data del año 1695 y, a través del mismo, podemos esclarecer un poco más la genealogía de esta familia, puesto que el religioso, además de solicitar 1.000 misas, menciona a sus hermanos Alonso Carretero, padre de Amador de la Orden Carretero; Amador de la Orden, padre de Andrés de la Orden; y María de la Orden. Don Andrés tenía casas y tierras, por lo que gracias a la disponibilidad de estos bienes, agregó algunos de ellos a la capellanía que ya había fundado Gil Carretero.

La familia, como veremos, durante el siglo XVII supo afianzarse socialmente en la zona, consiguiendo efectuar matrimonios con casas que gozaban de cierta reputación. Ejemplo de ello lo encontramos en Librada de la Orden, quien casó con Pedro López de Molina, personaje que era, en los años ochenta de esa centuria, regidor perpetuo de Barchín, al tiempo que pertenecía a un linaje con solera en Buenache de Alarcón y sobre el que, en alguna ocasión, hemos tratado determinados aspectos de su historia.

Como decíamos, la movilidad de estas familias a lo largo del triángulo formado por Piqueras, Barchín y Alcol fue más habitual de lo que podría suponerse. Así pues, Bartolomé de la Orden, que también vivió durante el siglo XVII, residió en Piqueras del Castillo, siendo sepultado tras su muerte en este lugar por ser su esposa, Ana López, natural de allí, mientras que su hermano, Pedro de la Orden, era vecino de Barchín del Hoyo, localidad de la que procedía la familia.

Precisamente, la línea de los maestros organeros es la que mayor reconocimiento alcanzó fuera de estas tierras, ya que Pedro de la Orden, marido de Catalina Navarro, era maestro organero, al igual que sus hijos Miguel y Julián de la Orden. Este último, como hemos indicado, casó con Olaya, portadora también del apellido de la Orden por parte de madre e hija, al mismo tiempo, de otro maestro organero, Juan Ruiz-Fresneda. Probablemente tampoco fue casual que la hija de Julián y Olaya, llamada Catalina de la Orden, casara con Fernando Molero, otro maestro organero.

Entre los diferentes órganos que salieron del taller de esta familia, hay que destacar, además de los presentes en la Catedral de Cuenca, los dos órganos gemelos de la Catedral de Málaga.

Casa de Julián de la Orden. Imagen del autor

Los órganos de la Catedral de Málaga se hallan sobre el coro de este imponente edificio de la ciudad, siendo una de las principales obras de este templo, por lo que son considerados como unos de los más destacados del barroco español.

Cada uno de los dos órganos tiene más de 4.500 tubos a lo largo de sus tres cuerpos, alcanzando cada estructura una altura de 22 metros. Las columnas corintias con decoración vegetal y policromadas de color verde contribuyen a realzar la monumentalidad de unas obras que constituyen algunas de las piezas más representativas de la riqueza artística de esta catedral.

A pesar de ser casi idénticos ambos órganos, apreciamos que en uno de ellos figura el emblema heráldico de quien en aquel momento era obispo de Málaga, don José Molina Lario y Navarro. En el otro se aprecian las armas del escudo catedralicio de Málaga, compuesto por una jarra con azucenas. Cabe recordar que estos fueron encargados por el referido obispo e inaugurados entre 1778 y 1782, con diseño de José Martín de Aldehuela.

Genealogía de doña María Fernández de la Orden (AHN, 1613–1614)


Buenache de Alarcón

El caso de esta localidad es diferente al de Piqueras, ya que el apellido no se encuentra tan disperso entre diferentes ramas, puesto que las referencias más antiguas que tenemos nos conducen a la primera mitad del siglo XVI, a través de Cosme de la Orden, marido de María Herráiz. Es importante matizar que varias de las líneas que encontramos afincadas en Buenache conducen precisamente hasta Piqueras del Castillo, por lo que apreciamos claramente cómo las diversas líneas piquereñas estuvieron estrechamente vinculadas con la localidad bonachera.

Como ocurre en el resto de municipios que hemos tratado en esta región conquense, los apellidos, hasta prácticamente el siglo XIX, no se regían necesariamente por una transmisión ordenada a través de la línea de varón, lo cual complica, como se ve, la posibilidad de determinar con exactitud su transmisión, pues no era extraño que un apellido reapareciese después de una o incluso dos generaciones de la línea materna.

David Gómez de Mora

Cronista Oficial de Piqueras del Castillo



Referencias:

*Archivo Diocesano de Cuenca. Libro I de bautismos de Barchín del Hoyo (1538–1548). Sig. P-2512.

*Archivo Diocesano de Cuenca. Libro II de bautismos de Barchín del Hoyo (1576–1585). Sig. P-2513.

*Archivo Diocesano de Cuenca. Libro I de matrimonios de Barchín del Hoyo (1598–1624). Sig. P-2524.

*Archivo Diocesano de Cuenca. Libro II de matrimonios de Barchín del Hoyo (1624–1648). Sig. P-2525.

*Archivo Diocesano de Cuenca. Libro III de matrimonios de Barchín del Hoyo (1648–1795). Sig. P-2526.

*Archivo Diocesano de Cuenca. Libro I de bautismos de Piqueras del Castillo (1554–1590). Sig. P-2583.

*Archivo General de Simancas. Catastro de Ensenada. Respuestas Generales de Barchín del Hoyo (Cuenca) [Manuscrito, siglo XVIII]. Dirección General de Rentas, primera remesa. Consulta digital en el Portal de Archivos Españoles (PARES).

*Archivo Histórico Nacional. Expediente genealógico de Juan de la Orden Quijano. Universidades, 531, exp. 13, 1613–1614.

*Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Protocolos notariales de Barchín del Hoyo. Sig. P-2103.