Verdelpino de Huete ha sido siempre un municipio arraigado con la tradición y la religiosidad. Y es que, mientras la localidad mantuvo una población mucho más numerosa que la de hoy, la vida religiosa impregnaba una parte considerable del día a día de sus habitantes.
Sabemos que, en la Edad Media, Huete fue el centro neurálgico de un territorio en el que el papel ejercido por el clero se extendía también a otros enclaves de la zona. Precisamente, si por algo se caracterizó este municipio fue por la cantidad de religiosos que había en la localidad.
El papel que ejercían las cofradías, tanto desde el punto de vista religioso como desde el social, nos permite entender la importancia que tuvieron determinadas familias, así como grupos de personas que, vinculados al clero, cobraron un notable protagonismo. Precisamente, durante el siglo XVIII, la familia de los Alcázar-Montoya, así como aquellos linajes que estaban emparentados con estos, consiguieron adquirir una importancia que les permitió formar parte de esta élite local.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, las nuevas corrientes políticas e intelectuales que comenzaban a extenderse por Europa, empezaron a hacer mella en aquellas poblaciones donde el clero, al igual que el Santo Oficio, había desempeñado un rol importante en tiempos pasados.
Al respecto, si leemos las referencias que se recogen en el texto manuscrito de 1787 sobre la descripción de Verdelpino de Huete y sus alrededores, podemos ver que se señala como en esta localidad estaban: “los hombres más ilustres eclesiásticos doce, los ocho del hábito de Santiago, y los cuatro comisarios del Santo Oficio, y por lo secular tres, y los dos familiares del Santo Oficio”.
Este testimonio nos indica que en esta población, que por aquel entonces contaba con unos 500 habitantes aproximadamente, había un total de 15 personas vinculadas al ámbito eclesiástico, de entre las cuales seis pertenecían al Santo Oficio.
Eso nos lleva a concluir que la presencia del clero era destacada, así como el peso ejercido por la Iglesia en una sociedad en la esta no solo desempeñaba funciones religiosas, sino que también ejercía una notable influencia social sobre sus habitantes.
Tengamos en cuenta que la importancia de las cofradías y el poder de las élites locales, unido al prestigio alcanzado por algunas familias con presencia en lugares destacados como Cuenca, Huete y Uclés, ayudan a explicar este fenómeno.
David Gómez de Mora
Cronista Oficial de Verdelpino de Huete
Referencia:
Cavallero González, V. (1787, 2 de marzo). [Descripción de Verdelpino de Huete (Cuenca) y sus alrededores] [Manuscrito, 2 hojas]. Biblioteca Nacional de España, signatura MSS/7298 (h. 756–757).
