Los orígenes de Piqueras del Castillo nos sitúan en el contexto de la reorganización territorial de la conqusita de Cuenca (1177) y Alarcón (1184). Esto nos lo recuerda su edificio más emblemático, su torre, que, según el trabajo de José Ramón Ruiz-Checa (2015, p. 260), puede fecharse, a partir del análisis comparativo con otras torres como las de Barchín o Chumillas, en un arco cronológico comprendido entre finales del siglo XII y las primeras décadas del XIII.
Es por ello importante conectar estos datos con el documento en el que se confirma la donación de una heredad en este lugar al monje Pedro López en el año 1189, pues ambos testimonios nos sitúan en un mismo intervalo histórico de reorganización territorial y repoblación de la zona durante las últimas décadas del siglo XII.
Gracias a dicho documento, conocemos la primera referencia del topónimo Piqueras. Se trata de un diploma de Alfonso VIII, fechado el 18 de octubre de 1189, relativo, como se ha indicado, a una heredad situada junto al río de dicho nombre, en la vega de Valera, y vinculada al monje Pedro López (García Luján, 1981, doc. 52, p. 83).
Ahora bien, carecemos de información detallada para el periodo que va desde ese momento hasta finales del siglo XV. La escasez de datos complica esclarecer la evolución demográfica y urbana del lugar. No obstante, parece razonable suponer que el núcleo poblacional se organizó a finales del medievo alrededor de la torre y de su iglesia, que ya en el siglo XVI se encuentra perfectamente documentada.
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Las epidemias, las malas cosechas y los conflictos que se vivieron en nuestro territorio a finales de la Edad Media reflejan la evidente vulnerabilidad de este tipo de pequeños núcleos de población. Sabemos que hacia el año 1430 se indica que Piqueras estaba despoblado (Jara Fuente, 2002–2003, p. 87), aunque cabe recordar, siguiendo a José María Sánchez Benito (2013), que, según su estudio sobre los términos despoblados de la tierra de Cuenca durante el siglo XV, esa consideración de despoblado no implicaba necesariamente la ausencia absoluta de habitantes, pues podían continuar residiendo en el lugar algunas familias o varias personas. Por ejemplo, la guerra castellano-aragonesa entre los años 1429 y 1430 pudo influir en una ausencia temporal de habitantes en el lugar, de modo que, una vez finalizado el conflicto, la situación pudo restablecerse paulatinamente. Tengamos en cuenta la vulnerabilidad que presentaban este tipo de pequeños enclaves. Al respecto, Sánchez Benito (2013, p. 328) señala que más de 60 lugares tuvieron la consideración de despoblados en algún momento del siglo XV, por lo que el hecho de que Piqueras aparezca como despoblado en esa referencia de la década de 1430 no significa necesariamente que el lugar estuviese estrictamente abandonado.
Sobre esta cuestión, el autor comenta: “es preciso señalar que para que una localidad se considerase jurídicamente como tal no era necesario que perdiese todos sus habitantes y quedase completamente yerma. Como es lógico las propiedades privadas seguían manteniendo todo su valor, las tierras se seguían cultivando en muchos casos y, como tendremos ocasión de comprobar, la mayoría no se vacia ban del todo sino que mantenían unos cuantos habitantes”(Sánchez Benito, 2013, p. 328).
Igualmente, José Antonio Jara Fuente (2002–2003, p. 87) indica que Alfón y Pero Álvarez de Toledo eran los herederos de Piqueras alrededor de 1430, así como que, entre 1434 y 1435, el único vecino de Piqueras era Juan Montero, quien era mayordomo del referido Pero Álvarez de Toledo. No sería descartable pensar, por ello, que junto a Juan Montero hubiese trabajadores, pastores y, posiblemente, algunas familias que residiesen en este enclave sin figurar formalmente como vecinos.
Tampoco sería descabellado plantear que Piqueras pudo haber pasado de ser una pequeña comunidad campesina a funcionar como un conjunto de propiedades administradas desde fuera durante algunos periodos del medievo.
Desde luego, son muchas las dudas y pocas las respuestas, puesto que por ahora no podemos precisar qué ocurrió en esa etapa escasamente documentada.
Otro dato de notable interés es que en 1452 había 12 vecinos (González, 1787, fol. 582), es decir, alrededor de 55 habitantes. Creemos que el entorno de la iglesia y el área de las calles del mediodía-empedrada constituyeron el espacio desde el que fue extendiéndose la trama urbana de ese Piqueras transicional entre finales del medievo y comienzos del siglo XVI.
A finales del siglo XV y durante las décadas siguientes, comienzan a documentarse apellidos como los de Beteta, Blasco, Cantero, Cano, Fernández, García, Gil, Herráiz, Herrero, López, Lucas, Martínez, Mateo, de la Orden, Ruiz, Saiz y Zamora.
Precisamente, algunos de estos son los que en el siglo XVI ya habían conseguido medrar, siendo reconocidos entre las élites de esa sociedad labriega y pastoril a nivel local. Entre los ejemplos que hemos tratado con algo más de detalle se encuentran los Cano, Gil, López, Lucas, de la Orden, Ruiz y Zamora.
Así pues, la población de Piqueras siguió, desde mediados del siglo XV hasta los años veinte de la centuria siguiente, una evolución ascendente, puesto que en el Censo de Pecheros de 1528 (INE, 2008, p. 61) se indica que Piqueras contaba con 61 vecinos pecheros, es decir, aproximadamente 300 habitantes. Esto lleva a suponer que, entre 1450 y 1530, Piqueras del Castillo habría multiplicado aproximadamente por seis su población.
David Gómez de Mora
Cronista Oficial de Piqueras del Castillo
Referencias:
*García Luján, José Antonio. Cartulario del monasterio de Santa María de Huerta. Estudio de José Antonio García Luján. Edición facsímil. [Soria]: Monasterio de Santa María de Huerta, 1981. (Biblioteca Hortense, Serie A: Documenta, 1; Publicaciones de la Diputación Provincial de Soria, Colección Temas Sorianos, n.º 3).
*González, A. (1787, 19 de abril). Descripción de Piqueras del Castillo (Cuenca) y sus alrededores (Manuscrito). Biblioteca Nacional de España, MSS/7298 (h. 581–583).
*Instituto Nacional de Estadística. (2008). Censo de pecheros: Carlos I, 1528 (t. I).
*Jara Fuente, J. A. (2002–2003).«Que memoria de onbre non es en contrario»: Usurpación de tierras y manipulación del pasado en la Castilla urbana del siglo XV. Studia Historica. Historia Medieval, 20–21, 73–104.
*Ruiz-Checa, J. R. (2015). Torres exentas en el ámbito del Júcar medio (Cuenca): Implantación territorial y caracterización constructiva (Tesis doctoral, Universitat Politècnica de València).
*Sánchez Benito, J. M. (2013). Términos despoblados en la tierra de Cuenca: Un problema de organización del territorio y articulación social en el siglo XV. Historia. Instituciones. Documentos, 40, 327–359.