Ya hemos comentado en más de una ocasión la importancia jugada por el linaje Alcázar en este enclave conquense, donde como es sabido, ejercerá un protagonismo destacado siglos atrás.
Una muestra evidente de esa posición que sus integrantes alcanzaron, será manifestada en la línea de los Alcázar-Montoya, a través del alzamiento de una casa solariega, que rematará su fachada con las armas de ambos apellidos.
A mediados del siglo XVIII, Verdelpino de Huete era un enclave ruralizado, donde el peso ejercido por diversos tenedores de tierras, dará como resultado el afianzamiento de una burguesía agrícola que con el trascurso del tiempo fue medrando de forma satisfactoria.
Conocemos familias con disponibilidad de recursos como será el caso de los Collada, quienes además de representar la escribanía del lugar, tendrán a alguno de sus hijos insertado dentro del clero, siendo el caso de don Agustín Collada, quien era clérigo tonsurado a mediados de aquella centuria. Tampoco podemos olvidarnos de un artista que trabajaba como dorador de retablos, llamado Eusebio Collada. Otras familias documentadas en ese mismo eslabón social serán los Pérez (José Pérez de Molina, quien poseía un criado para que le protegiera y sacara a pastorear a su ganado), así como algún miembro de la familia de la Fuente.
Los Recuero y los Infante, eran otro de los linajes con historia en el lugar, teniendo por ello también a diversos miembros dentro del clero en diferentes momentos del pasado. No había ninguna duda de que entre las familias mejor posicionadas en el municipio, estaban las diversas líneas del apellido Alcázar. Así lo veremos con Diego de Alcázar Medina, propietario de tierras, quien tenía varios criados a su servicio, para que le llevasen sus explotaciones, así como un par de pastores que rentabilizaban las ganancias de su rebaño.
Otro caso será el de Diego de Alcázar Cano (labrador), quien tenía un criado, así como Casimiro de Alcázar Pérez, quien poseía otro, junto con un guarda para su ganado. Como se ha indicado, la vivienda de los Alcázar-Montoya, destacaba por la sillería y el escudo de piedra empleado en su fachada, sin olvidarnos de su puerta, un claro ejemplo de la antigua forja artesanal que se empleaba en este tipo de residencias, y que a pesar de su mal estado en la actualidad, sigue recordando la importancia que jugaba la decoración en este tipo de viviendas solariegas.
En la misma todavía se presencian las placas decorativas, con clavos de forja, donde veremos diferentes elementos como flores y rombos recortados a mano. La robustez de la madera, como el aspecto de la decoración, nos señalan la manera con la que se trabaja antaño este tipo de piezas.
Precisamente, un personaje destacado de los integrantes de los Alcázar-Montoya del siglo XVIII, fue don Miguel, quien testó en Huete en 1793 ante el escribano José Benito de Alique, siendo recogidas sus voluntades entre los folios 178-183. Don Miguel de Alcázar Montoya era beneficiado en la iglesia parroquial de San Esteban, y colegial mayor en la Universidad de Salamanca, su padre don Pedro-Bernardo de Alcázar-Montoya era de Verdelpino de Huete, mientas que su madre era natural del lugar de San Sebastián de los Reyes (Madrid). En su testamento, don Miguel solicita 500 misas rezadas, aportando limosnas, y solicitando que le portasen anualmente sobre su sepultura “las luces y ofrendas correspondientes a mi estado y calidad”, labor que le encargará a Juliana López, mujer de Francisco Pérez de la Plaza (su criado). También indica que el día de su entierro (como solía ser habitual entra las familias con recursos), este realizará una obra caritativa, de modo que, tal y como “se acostumbra aquí dar de limosna se vistan cuatro pobres, dos hombres y dos mujeres, los más necesitados que haya en la feligresía o parroquia de San Esteban, quedando al arbitrio de mi sobrino don Alfonso Jaramillo y el señor cura de la parroquia, los que hayan de ser sin obligación ninguna a dichos pobres, todo sin intervención de otra persona”.
Don Miguel indicará que los vínculos que posee en Verdedelpino, Valparaíso de Arriba, Pineda y Valdecolmenas de Abajo pertenecerán a don Alfonso Jaramillo, este hijo legítimo, de don Alfonso Jaramillo y Priego y de doña Alfonsa de Priego y Alcázar. El patrimonio de los Alcázar no solo vendría por la acumulación de bienes que estos retuvieron en generaciones pasadas, sino también es necesario tener presente sus enlaces estratégicos con casas del lugar como los de la Fuente, Solera y Pérez, las cuales también poseían propiedades.
Siguiendo nuestros apuntes genealógicos, sabemos que don Miguel de Alcázar-Montoya, tenía varios hermanos, como era el caso de doña María-Ignacia, esposa esta de don Juan Antonio de Amoraga. Los padres de Miguel y María-Ignacia eran don Pedro-Bernardo de Alcázar-Montoya (Fiscal de la Real Junta de Obras y Bosques) y doña Andrea-Josefa de Navacerrada.
El Fiscal don Pedro-Bernardo era hijo del licenciado don Pedro de Alcázar-Montoya (Abogado de los Reales Consejos) y de doña Alfonsa de Solera y Pérez de Alcázar. La genealogía de esta familia, la tenemos más desarrollada en nuestro trabajo sobre “Historia y linajes de Verdelpino de Huete (2022)”.
David Gómez de Mora
Cronista Oficial de Verdelpino de Huete
Referencias:
*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de Huete, caja nº234. Años 1792-1793
*Gómez
de Mora, David (2022). Historia
y linajes de Verdelpino
de
Huete,
198 pp.
