martes, 20 de enero de 2026

La importancia de los hijos en el clero en siglos pasados. Breves notas

Ya hemos tratado en más de una ocasión, la importancia que podía suponer para una familia el disponer de uno o varios hijos insertados dentro del brazo eclesiástico, especialmente en las casas de las zonas rurales que hemos investigado, donde hasta la llegada de las ideas liberales, este tipo de enclaves eran lugares donde la religiosidad marcaba el día a día de sus habitantes.

Tengamos en cuenta que el tener un hijo como sacerdote en cualquier lugar, aunque con especial importancia en el pueblo donde residía la familia (o contar con una o varias hijas dentro de un convento o espacio religioso), era una forma efectiva de garantizar prestigio social a toda una casa.

Los sacerdotes en los pueblos eran muchas veces de las pocas personas que había alfabetizadas, y que gozaban de una consideración como respeto destacado entre sus vecinos, especialmente en comunidades de escaso tamaño.

El tener miembros de un linaje sirviendo a Dios, era un valor añadido, que socialmente daba mayor proyección a la familia a la que este pertenecía. Respecto la cuestión de la formación de aquella personas, desde el punto de vista de la educación, su labor era muy tenida en cuenta, ya que el acceso a una ilustración académica, no era sencillo. Sin ir más lejos, en muchas de estas poblaciones, podía ni tan siquiera haber una escuela.

Tengamos en cuenta que la formación teológica que había adquirido el religioso, le permitía ya no solo leer, hablar o escribir mejor que la mayoría de la gente del lugar, sino que con sus conocimientos, este podía insertar en los estudios a sus hermanos, sobrinos y familiares, en un tiempo en el que la enseñanza educativa no era obligatoria, y, por tanto, era muy complicado el formar con garantías a las personas que pretendían llegar más lejos en la vida.

Por otro lado, si en esa casa el religioso tenía varios hermanos, el hecho de que alguno ya se supiese que no iba a dejar descendencia (como ocurría con el que se ordenaba), significaba que el patrimonio no se debería de fragmentar de la misma forma, sin olvidarnos de que cuando este partía y contaba con los recursos necesarios, en la familia no había la necesidad de demandar o exigir gastos, que por ejemplo un hijo que todavía residía dentro del mismo techo, si podía suponer.

Al mismo tiempo, si el clérigo conseguía mejorar su posición y cargos dentro del brazo clerical, era factible que este incluso ayudase económicamente a los suyos, especialmente en una época en la que no existía la seguridad social, y las crisis en el campo eran una constante, por lo que la falta de recursos obligaba a que muchas veces estos ejercieran como respaldo económico para sus propios padres, quienes a lo mejor ya no podían faenar, o en cuya casa se requería por diferentes motivos de ayuda económica.

Si aquel religioso conseguía medrar, y posicionarse con una serie de bienes, que le ayudaban a ampliar una fundación o patronazgo, esto era un seguro para sobrinos y familiares cercanos que querían seguir sus mismos pasos. Puesto que el círculo se retroalimentaba, ya que entre los suyos seguía manteniéndose la presencia de algún miembro que desempeñaba y salvaguardaba esa imagen que hemos indicado, además de incluso motivar la planificación o acercamiento de determinados linajes a su familia, al saber estos que si conseguían entroncar con un hermano o pariente cercano, podían disfrutar de las prestaciones de una determinada fundación religiosa.

Otro punto a favor que otorgaba la existencia de un religioso en la familia, era el contar con una garantía desde el punto de vista espiritual, ya que de esta forma siguiendo la doctrina del Purgatorio, en aquel linaje se contaba con una persona que podía efectuar oraciones constantes para la salvación del alma de sus seres queridos, reduciendo de esta forma el tiempo que aquella debía de pasar por ese estado transicional, y que debido a la preocupación que generaba, obligaba a que se invirtiesen cantidades importantes de dinero en el rezo de misas, para que ese alma llegase lo antes posible al Reino de Dios. 

Otro aspecto que cabe tener en cuenta cuando analizamos el tejido social de aquella época, es que los religiosos al tener muy buena consideración en las localidades, estos podían ejercer como mediadores ante la aparición de un determinado conflicto, así como también asesorar y ayudar, además de servir como representante destacado de aquella casa.


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de Caracenilla, La Peraleja, Piqueras del Castillo, Saceda del Río, Verdelpino de Huete y Villarejo de la Peñuela

Apuntes sobre los Alcázar de Verdelpino de Huete (siglo XVIII)

Ya hemos comentado en más de una ocasión la importancia jugada por el linaje Alcázar en este enclave conquense, donde como es sabido, ejercerá un protagonismo destacado siglos atrás.

Una muestra evidente de esa posición que sus integrantes alcanzaron, será manifestada en la línea de los Alcázar-Montoya, a través del alzamiento de una casa solariega, que rematará su fachada con las armas de ambos apellidos.

A mediados del siglo XVIII, Verdelpino de Huete era un enclave ruralizado, donde el peso ejercido por diversos tenedores de tierras, dará como resultado el afianzamiento de una burguesía agrícola que con el trascurso del tiempo fue medrando de forma satisfactoria.

Conocemos familias con disponibilidad de recursos como será el caso de los Collada, quienes además de representar la escribanía del lugar, tendrán a alguno de sus hijos insertado dentro del clero, siendo el caso de don Agustín Collada, quien era clérigo tonsurado a mediados de aquella centuria. Tampoco podemos olvidarnos de un artista que trabajaba como dorador de retablos, llamado Eusebio Collada. Otras familias documentadas en ese mismo eslabón social serán los Pérez (José Pérez de Molina, quien poseía un criado para que le protegiera y sacara a pastorear a su ganado), así como algún miembro de la familia de la Fuente.


Verdelpino de Huete

Los Recuero y los Infante, eran otro de los linajes con historia en el lugar, teniendo por ello también a diversos miembros dentro del clero en diferentes momentos del pasado. No había ninguna duda de que entre las familias mejor posicionadas en el municipio, estaban las diversas líneas del apellido Alcázar. Así lo veremos con Diego de Alcázar Medina, propietario de tierras, quien tenía varios criados a su servicio, para que le llevasen sus explotaciones, así como un par de pastores que rentabilizaban las ganancias de su rebaño.

Otro caso será el de Diego de Alcázar Cano (labrador), quien tenía un criado, así como Casimiro de Alcázar Pérez, quien poseía otro, junto con un guarda para su ganado. Como se ha indicado, la vivienda de los Alcázar-Montoya, destacaba por la sillería y el escudo de piedra empleado en su fachada, sin olvidarnos de su puerta, un claro ejemplo de la antigua forja artesanal que se empleaba en este tipo de residencias, y que a pesar de su mal estado en la actualidad, sigue recordando la importancia que jugaba la decoración en este tipo de viviendas solariegas.

En la misma todavía se presencian las placas decorativas, con clavos de forja, donde veremos diferentes elementos como flores y rombos recortados a mano. La robustez de la madera, como el aspecto de la decoración, nos señalan la manera con la que se trabaja antaño este tipo de piezas.

Precisamente, un personaje destacado de los integrantes de los Alcázar-Montoya del siglo XVIII, fue don Miguel, quien testó en Huete en 1793 ante el escribano José Benito de Alique, siendo recogidas sus voluntades entre los folios 178-183. Don Miguel de Alcázar Montoya era beneficiado en la iglesia parroquial de San Esteban, y colegial mayor en la Universidad de Salamanca, su padre don Pedro-Bernardo de Alcázar-Montoya era de Verdelpino de Huete, mientas que su madre era natural del lugar de San Sebastián de los Reyes (Madrid). En su testamento, don Miguel solicita 500 misas rezadas, aportando limosnas, y solicitando que le portasen anualmente sobre su sepultura “las luces y ofrendas correspondientes a mi estado y calidad”, labor que le encargará a Juliana López, mujer de Francisco Pérez de la Plaza (su criado). También indica que el día de su entierro (como solía ser habitual entra las familias con recursos), este realizará una obra caritativa, de modo que, tal y como “se acostumbra aquí dar de limosna se vistan cuatro pobres, dos hombres y dos mujeres, los más necesitados que haya en la feligresía o parroquia de San Esteban, quedando al arbitrio de mi sobrino don Alfonso Jaramillo y el señor cura de la parroquia, los que hayan de ser sin obligación ninguna a dichos pobres, todo sin intervención de otra persona”.

Don Miguel indicará que los vínculos que posee en Verdedelpino, Valparaíso de Arriba, Pineda y Valdecolmenas de Abajo pertenecerán a don Alfonso Jaramillo, este hijo legítimo, de don Alfonso Jaramillo y Priego y de doña Alfonsa de Priego y Alcázar. El patrimonio de los Alcázar no solo vendría por la acumulación de bienes que estos retuvieron en generaciones pasadas, sino también es necesario tener presente sus enlaces estratégicos con casas del lugar como los de la Fuente, Solera y Pérez, las cuales también poseían propiedades.

Siguiendo nuestros apuntes genealógicos, sabemos que don Miguel de Alcázar-Montoya, tenía varios hermanos, como era el caso de doña María-Ignacia, esposa esta de don Juan Antonio de Amoraga. Los padres de Miguel y María-Ignacia eran don Pedro-Bernardo de Alcázar-Montoya (Fiscal de la Real Junta de Obras y Bosques) y doña Andrea-Josefa de Navacerrada.

El Fiscal don Pedro-Bernardo era hijo del licenciado don Pedro de Alcázar-Montoya (Abogado de los Reales Consejos) y de doña Alfonsa de Solera y Pérez de Alcázar. La genealogía de esta familia, la tenemos más desarrollada en nuestro trabajo sobre “Historia y linajes de Verdelpino de Huete (2022)”.


David Gómez de Mora

Cronista Oficial de Verdelpino de Huete


Referencias:

*Archivo Municipal de Huete. Protocolos notariales de Huete, caja nº234. Años 1792-1793

*Gómez de Mora, David (2022). Historia y linajes de Verdelpino de Huete, 198 pp.

lunes, 19 de enero de 2026

La nieve en Vinaròs durante los últimos siglos

La localidad de Vinaròs ha registrado a lo largo de su historia diferentes jornadas en las que la nieve se ha podido ver entre sus calles, así como en lo alto del Puig de la Misericòrdia.

Por desgracia, esto no nos permite disponer de un listado detallado sobre todos y cada uno de estos episodios durante los últimos siglos, ya que muchos han pasado desapercibidos, así como en otras ocasiones las fuentes locales de la época no han llegado a precisar este acontecimiento meteorológico. No obstante, partimos de una base de datos recabados, que es la que nos puede ayudar a conocer un poco mejor la sucesión de este tipo de eventos, en los que a lo largo de las últimas centurias, se ha tenido constancia de episodios de caída de nieve en nuestra localidad.

Hay que decir que este tipo de fenómenos cuando se han producido, no se han manifestado de igual forma, ya que dependiendo de los factores meteorológicos que en su momento se desarrollaron, podríamos hablar de nevadas en el sentido estricto, así como de episodios más débiles, que no llegarían a cuajar.

Aunque este fenómeno pueda ser meteorológicamente muy poco habitual en nuestro territorio, a lo largo de los últimos siglos, tenemos constancia de algunas jornadas en las que nuestro municipio se ha visto cubierto de blanco, pues partimos de algunas referencias escritas, además de fotografías que inmortalizaron tan singular momento.

Para la génesis de una nevada, es necesario que se combine la llegada de una masa de aire muy frío, así como el desarrollo de una precipitación, que permita que en superficie la temperatura esté al menos cercana a los 0 °C.

Sabemos que las olas de frío pueden catalogarse en diferentes tipologías, dependiendo del lugar del que proceden. Las más conocidas son las que denominamos como masas de aire ártico (polar marítimo), así como las siberianas (polar continental).

Las de tipo siberiano o polar continental, suelen ser más efectivas para la aparición de este fenómeno. Ahora bien, la historia demuestra que esto no siempre importa, ya que si se dan las condiciones apropiadas, por ejemplo una ola de procedencia ártica, puede producir los mismos resultados.

En el caso de Vinaròs, si seguimos la historia de Borràs Jarque, como los datos que aportará en diferentes momentos el cronista Bover, junto los recabados en la prensa local por Ramón Redó en su Enciclopedia de Vinaròs, uno puede comenzar a tener una idea detallada de los diferentes episodios de nieve que se han vivido en este municipio al menos durante los últimos doscientos años.

Por otro lado, es importante recordar que durante lo que conocemos como la Pequeña Edad de Hielo (siglos XVI-XVIII), las poblaciones costeras como la nuestra verían con mayor frecuencia la llegada de olas de frío, que siempre que se daban los elementos favorables podían desencadenar la aparición de nevadas.

Muestra de esta situación se recoge, por ejemplo, en algunas menciones de la obra de la historia del clima de Inocencio Font Tullot, quien al hablar de esta zona en la que nos encontramos, comenta por ejemplo que los primeros años del siglo XVI, tuvieron algunos inviernos muy duros, así como en décadas posteriores, como ocurriría durante la segunda mitad de esa centuria. Un hecho que quedará atestiguado en 1572 y 1573, puesto que la estación invernal fue muy severa.

El meteorólogo comentaba lo siguiente respecto este periodo de tiempo: “punto aparte merece el mencionado severo invierno de 1572-1573, durante el cual hay que destacar entre otros acontecimientos: la gran nevada que el 29 de diciembre cayó en Alicante, nevando también luego en Córdoba; los estragos causados por el frío en la agricultura y ganadería de Cataluña; la helada del Ebro en Tortosa en el mes de enero; y los intensos fríos en Levante y en Baleares, donde también hubieron nevadas. Durante este invierno la Península cayó bajo los efectos de una masa de aire de origen siberiano que afectó principalmente a la vertiente mediterránea” (Font Tullot, 1988: 77).

En la obra de este estudioso del clima español, pueden comprobarse otros eventos poco usuales, como ocurriría en el verano de 1621, el cual tuvo poco de caluroso, además de ser bastante lluvioso. El mismo autor nos informa que un par de años después, “entre los años 1623-1624 el invierno fue crudísimo, por lo que desde toda la franja costera de Cataluña hasta el sur del Levante valenciano se alcanzaron mínimas históricas, de ahí que el 30 de enero se helara el Turia y al día siguiente nevara copiosamente en Valencia, extendiéndose las nevadas hacia Alicante y Cataluña durante febrero; en Cataluña los intensos fríos se prolongaron hasta abril, con la helada del río Ebro a su altura en la cercana localidad de Tortosa” (Font Tullot, 1988: 82).

El siglo XVIII también dejó episodios destacados de frío y nieve, que se dejaron sentir con intensidad en muchos lugares del territorio europeo. Obviamente, algunos de esos fenómenos que hemos descrito, no nos aportan mucha información para el caso local de nuestro municipio, aunque al menos, permiten confirmar, que este tipo de situaciones, especialmente en la época referida, fueron más importantes de lo que nos podemos imaginar.

Entrado el siglo XIX, como es lógico, la mayor presencia de fuentes informativas nos permitirá conocer con mayor grado de precisión algunos de esos episodios que las crónicas de antaño no tuvieron en cuenta, algo que hemos intentado recopilar durante estos años en nuestro blog, dedicando alguna entrada a jornadas históricas como la nevada de 1883, y que hizo desplomar los termómetros hasta temperaturas muy por debajo de los cero grados en nuestro territorio. Otros episodios que no han destacado por su magnitud, pero que hasta la fecha han sido los más recientes y que nos ofrecieron durante varias horas algunas estampas inusuales, son las débiles precipitaciones de nieve de los años 2001, 2005 y 2006.

Un tema que tampoco podemos pasar por alto es la probabilidad o recurrencia con la que este tipo de situaciones se han ido generando durante los últimos cien años, de ahí que entren en juego muchas variables que harán que los datos se interpreten de una u otra forma.

Por ejemplo, el último episodio de nieve que hasta el presente se ha vivido en las tierras del norte de Castellón, se produjo en enero del presente 2026. En este caso, a pesar de lo que se llegó a pronosticar en puntos ubicados en cota 0, el tiempo no consiguió emblanquecer el suelo de Vinaròs, a diferencia de los episodios sucedidos hace unos veinte años, cuando en los puntos más altos del término (tal y como ocurre con el Puig de la Misericòrdia), la nieve se dejó ver en algunas zonas durante varias horas.

Por otro lado, cerca de les Sotarranyes y les Planes Altes, en algunos de estos episodios como el que vivimos en enero de 2026, llegó a presenciarse la caída de finos copos (tal y como se apreció en localidades anexas a la nuestra), no obstante, debido a la falta de frío y que la cantidad precipitada fue escasa, su presencia fue efímera. Estos, junto a otros factores, hacen que las estadísticas sobre nieve en nuestro municipio sean muy relativas.

Si seguimos la tónica que se documenta a través de la historia, comprobamos que partiendo de los datos que poseemos desde el siglo XX (y que es cuando ya podemos hablar de un registro más riguroso sobre este tipo de eventos), apreciamos que era habitual que cada diez años aproximadamente se viviera algún episodio de nieve, que en ocasiones podía incluso cuajar durante varios días, o al menos su presencia quedara relegada en puntos concretos, a pesar de que al día siguiente no quedase casi rastro de esta.

Las nevadas que se han registrado en Vinaròs suelen ocurrir durante la estación invernal, teniendo el mes de enero como el momento en el que se han producido más eventos de este tipo. Los meses de diciembre, febrero e incluso marzo, han sido también testigos de nevadas a lo largo de la historia de este municipio.


Diferentes episodios de nieve en Vinaròs durante los últimos siglos

Años 1822-1860

A falta de recabar mayor cantidad de información que nos permita conocer un poco mejor qué pudo pasar durante este intervalo de casi cuarenta años que separan 1822 de 1860, tenemos al menos constancia de algunos episodios de nevadas en el territorio castellonense, que nos llevan a plantear la aparición de alguna de estas dentro de nuestro municipio durante el periodo indicado.

Al respecto, el historiador Balbás (1987: 815) destacará por ejemplo entre las nevadas del territorio castellonense, la ocurrida el día 19 de diciembre de 1822, comentando que fue una “gran nevada en toda la provincia. En el alto Maestrazgo fue horrorosa”. De nuevo Balbás (1987: 382) indica que unas dos décadas más tarde, el día 5 de enero, se produjo una “formidable nevada en Castellón y todos los pueblos del llano”.

Por desgracia, desconocemos por ahora datos precisos que puedan aportar información sobre si se produjeron acontecimientos similares en Vinaròs. No obstante, la referencia de “toda la provincia”, así como ese “horror” que califica en el interior de Castellón durante 1822, además de la mención que posteriormente atribuirá al episodio de los años cuarenta, tras indicar “todos los pueblos del llano”, nos permite suponer como hipótesis que estos temporales de nieve pudieron haberse presenciado en nuestra localidad con las mismas consecuencias.

Otra de las nevadas que se registran durante el siglo XIX en las tierras de Castellón y que se pudo presenciar en la costa de estas tierras, fue la ocurrida en febrero de 1860. Este fenómeno, obviamente habría que relacionarlo con el episodio que describe Fernando Ginés (2013: 14) al comentar que por aquel entonces se produjo “la entrada de una gran ola de frío con importantes nevadas en el Cantábrico. El temporal se extendió a otras partes del país, registrándose una nevada muy intensa el día 23 de febrero en Orihuela y su comarca. También nevó en Valencia”.


Año 1883

Sabemos por la prensa de la época que el área litoral en la que se encuentra Vinaròs sufrió un fuerte temporal acompañado de nieve durante el día 7 de diciembre, un fenómeno que obviamente se extendió por más lugares y que generó una gran catástrofe. De nuevo Balbás (1987: 805) comenta el registro de una “gran nevada en toda la provincia. En Castellón empezó a nevar a las once de la noche, apareciendo al día siguiente un palmo de nieve en las calles y tejados, causando gran sorpresa y regocijo, en especial a la gente joven, pues no había nevado desde el año 1842”.

En el diario “La publicidad”, con fecha del 8 de diciembre de 1883, se señala que “una extensa nevada cogió ayer gran parte de Cataluña. En esta ciudad fue poco intensa, pero las alturas circunvecinas quedaron cubiertas de nieve apareciendo completamente blancas todo el día [...] empezó a nevar a las 8 de la mañana y terminó a las 2 de la tarde. Después de nevar el frío se hizo más sensible y alcanzó un límite poco común en Barcelona”, a continuación, sigue describiendo con una mayor claridad el fenómeno en la sección meteorológica en la que se indica que “ayer se presentó un temporal de nieve que abrazó casi toda la región catalana [...] tenía la capa de nieve caída 6 centímetros, a las 4 de la tarde, continuando la nevada [...] los vientos fueron violentos en Barcelona continuando su dirección N.O.” (La publicidad, 8-12-1883). Debido al intenso temporal que se vivió en la mar durante estos días, Balbás (1987: 805) comenta que “causó la muerte a 46 marineros dedicados a la pesca: 40 de Peñíscola, 5 de Benicarló y 1 desconocido”.


Año 1885

En el diario el Levante, se recuerda que “la nevada de enero de 1885 fue general en toda España y se puede considerar la más importante en la Comunitat en el último siglo y medio. En Valencia se llegaron a medir 12 centímetros de nieve el día 15 de enero de 1885 y 25 centímetros el día 17 con temperaturas de hasta -7ºC”.

Sabemos que en Vinaròs también nevó, aunque desconocemos el espesor que se llegó a acumular en este episodio. El cronista Bover (1980: 5) en sus apuntes comenta que la caída de nieve se produjo el día 17 de enero. Ginés (2013: 15) añade que, en enero de ese año, con motivo de la entrada de una masa de aire polar marítimo, “el día 14 nevó en la mayor parte del país, alcanzado este fenómeno las costas mediterráneas. Al día siguiente se mantuvieron las nevadas siendo más intensas en el norte y algo más moderadas en el este y el sur. El ambiente se tornó progresivamente más frío, sobre todo a partir del día 15, lo que causó la congelación total de muchos ríos de la meseta norte y de otras regiones peninsulares. Siguió nevando los días 17, 18 y 19 en muchos puntos de España”.


Año 1894

Sobre este episodio partimos de la referencia recopilada por el cronista Bover (1980, 5), quien en su artículo “Curiosidades. Nevadas”, indica que entre sus anotaciones sobre episodios de nevadas acontecidos en Vinaròs, una fue la que se produjo en nuestra localidad durante la jornada del 5 de enero de 1894.


Año 1920

El 19 de diciembre de ese año, el cronista Bover informa a través de una de sus anotaciones sobre episodios de nieve, que en nuestra localidad “empezó a nevar al anochecer del 18 y el domingo amaneció con 5 cms. de espesor”. Sobre dicho evento, Ginés (2013: 18), indica que “durante este mes se registró una corta pero intensa ola de frío que fue originada por una advección polar continental del tipo húmedo”. Borrás Jarque sitúa la nevada nueve días antes, por lo que se pudo tratar de dos episodios de nieve en un intervalo muy corto de tiempo. Al respecto, Borràs Jarque (2001: 313) comenta que “el dia 10 de desembre caigué una gran nevada”.


Año 1926

De nuevo Joan Bover recoge en sus apuntes sobre nevadas que el día 14 de enero se produjo otro episodio en el que Vinaròs vio caer cristales de hielo sobre su término municipal. Esto se debió a la entrada de una masa de aire polar continental, la cual dio pie a la aparición de uno de los episodios de nieve más destacados de la primera mitad del siglo XX. Ginés (2013: 18) indica que “lo más reseñable fue el episodio de diciembre de 1926, la denominada neva grossa, que fue seguramente la mayor nevada ocurrida en el levante español en los últimos doscientos años, y que se registró, entre la Nochebuena y el día 27, en amplias zonas de Alicante y Murcia”.


Año 1945

Antes de acabar la primera mitad del siglo XX, Bover (1980: 5) vuelve a informar que el 7 de enero de 1945, “fue tanta la nieve que cayó que no se pudo subir a la Ermita para celebrar la fiesta de San Antonio”. Según el relato tradicional, se dice que llegó a concentrarse una cantidad tan importante, que se acumularon en algunos puntos hasta unos 50 centímetros, es decir, medio metro. Relacionado con este episodio, Ginés (2013: 18) indica sobre ese enero que “fue uno de los meses más gélidos del pasado siglo. La constante entrada de frentes fríos de origen polar con largo recorrido marítimo y, por consiguiente, cargados de humedad, provocó precipitaciones constantes y abundantes en gran parte de la península Ibérica durante la práctica totalidad del mes”.


Año 1954

Otro de los episodios que no pueden pasarse por alto es el caso de la nevada del año 1954, y que Bover indica que se produjo el 4 de febrero. Esta tal y como se puede apreciar por alguna fotografía de la época, tiñó de blanco toda nuestra localidad, llegando la nieve hasta la misma línea de playa. A principios de febrero de aquel año, “una masa de aire frío de origen polar continental se canalizó hacia la Península generando un descenso acusado de las temperaturas y nevadas generalizadas en casi todo el territorio peninsular y Baleares” (Ginés, 2013: 20).

Nevada de 1954 en el Paseo Marítimo de Vinaròs (Diariet, 19-1-1980: 5)


Año 1960

La década de los años sesenta fue una de las más activas en lo que será la frecuencia con la que se producirán nevadas en Vinaròs a lo largo del siglo XX. La entrada de aquel año volvía a recordar episodios como los vividos en décadas atrás, cuando un manto blanco cubrió nuestro término municipal. Esto sucedería durante el día 11 de enero, con motivo de una entrada de aire frío polar continental que hizo desplomar los termómetros.

Así pues, en las notas de miscelánea del semanario Vinaroz, puede leerse que “el lunes de esta semana, la temperatura, en nuestra ciudad, experimentó un cambio brusco, iniciándose a primeras horas de la madrugada una nevada que prosiguió, intermitentemente, durante todo el día. La nieve cuajó en tejados y azoteas y en los alrededores de la población, acusándose un frío intenso. El martes lució el sol que acabó con la nieve” (Semanario Vinaroz, 16-1-1960: 6)


Año 1963

Los días 1 y 2 de febrero Vinaròs volvería a cubrirse de nieve, tal y como había sucedido escasos años antes. En esta ocasión la prensa local recogió la siguiente noticia de la mano de José Molés: “Sobre la ciudad, sobre los campos, ha sido casi novedad este año. Cuajó la nieve. El nítido plumón, casi ingrávido, fue posándose blandamente sobre los salientes de edificios, en las copas verdes y las desnudas ramillas de los árboles; en la arenilla de piel tostada de los tejados, en los herméticos vehículos sorprendidos. Y en el santo suelo” (Semanario Vinaroz, 1963: 1). En el mismo diario puede leerse que la nieve y el hielo generaron durante varios días la caída de vecinos debido al estado en el que se encontraba el suelo.

Nevada de 1963 en la Plaça de Sant Antoni de Vinaròs (Diariet, 9-2-1963: 1)

Nevada de 1963 en la Plaça de Sant Antoni de Vinaròs (Diariet, 19-1-1980: 5)


Año 1964

El día 7 de marzo la nieve volvió a dejarse ver en nuestra localidad, por ello el semanario local abría su portada con un artículo que llevaba por título “Nieve en Marzo”, también redactado por José Molés.

Parece ser que, durante la mañana del sábado 7 de marzo, empezó a caer aguanieve, descendiendo por la tarde la temperatura, y empezando por ello a nevar. El autor comenta que “se licuaba presto en las calles ciudadanas dejando un brillo resbaladizo y sucio; duraba un poco en los cercanos campos del llano”. Parece ser que en algunos puntos esta nieve aguantó hasta que el sol del domingo de la jornada siguiente comenzó a subir un poco las temperaturas, resistiendo más en aquellos puntos que quedaban a la sombra o como indica el autor “después ya, solo iban quedando blancos relieves a la sombra de las cosas, por barlovento”.

Aunque este episodio no llegaría a ser tan importante como el del año anterior, la ermita el domingo 8 de marzo, todavía se podía ver cubierta de nieve en algunos puntos, perdiendo su tonalidad blanquecina a medida que iba transcurriendo la jornada.


Año 1980

Los días 12 (sábado) y 13 (domingo) de enero de aquel año, la nieve se dejó ver en Vinaròs, consiguiendo cuajar y ofrecer una estampa bastante atípica, que todavía a día de hoy sigue siendo recordada como el episodio de nieve más destacado que se ha vivido en nuestra localidad en los últimos cincuenta años.

Las imágenes que se recogen en el semanario Vinaròs por Mariano Castejón y Difo's, son una muestra del fenómeno meteorológico dentro de nuestro pueblo, así como del aspecto que ofreció el Puig y su ermita. La nieve comenzó a caer antes de las doce de aquel sábado, continuando durante horas posteriores, por lo que el domingo 13 por la mañana, incluso en el casco urbano esta todavía se conservaba en algunos puntos. Tal y como se recoge en el semanario local, desde lo alto de nuestra loma “toda la extensión que se divisa desde aquel punto hasta los límites de Ulldecona, San Jorge, La Cenia y Alcanar, eran una sábana blanca” (Diariet, 19-1-1980: 7).

Nieve en la ermita de Nostra Senyora de la Misericòrdia, caída durante los días 12 y 13 de enero (Diariet, 19-1-1980: 1). Foto Alfonso.

Sobre el desarrollo de este fenómeno, Ginés (2013: 23) comenta que “durante los días 12 y 13 de enero se vivió una situación similar a la nevà grossa de Nochebuena de 1926, con nevadas que superaron, en algunas poblaciones de Alicante, como Alcoy, el medio metro. Nuevamente, una irrupción en altura de aire muy frío de aire polar continental y una advección intensa de aire húmedo en superficie favoreció estas extraordinarias nevadas”.

Copos de nieve cayendo en el casco urbano de Vinaròs. Imagen de Mariano Castejón (Diariet, 19-1-1980: 7)

Cruz y calvario del Puig de la Misericòrdia. Imagen de Difo's (Diariet, 19-1-1980: 7)


Año 1987

La nieve volvió a caer siete años después de la nevada de 1980, aunque no con la misma intensidad. En este caso la prensa local del semanario Vinaròs en el número publicado el día 7 de marzo, presentaba en una página con dos imágenes, el siguiente titular: “El frío no pudo con los Carnavales. Pocos días antes de Carnaval otro espectáculo insólito y poco frecuente en Vinaròs: La nieve” (Diariet, 7-3-1987: 7).

Este episodio se produjo con anterioridad a los desfiles de carnaval. Parece ser que el mes de febrero de aquel año fue bastante frío, pues Ginés (2013: 25) comenta que “el 18 de febrero de 1987, se produjo otra nevada en las montañas próximas a Castellón”. Sabemos que aquel año el Carnaval de Vinaròs se celebró entre los días 27 de febrero (viernes) y 2 de marzo (lunes día del entierro de la sardina).

Entre las notas de prensa local de la época, se dice en una de las publicadas en el número del 21 de febrero del diariet, que “El pasado miércoles, quedamos sorprendidos con agua-nieve y en un par de ocasiones por la mañana y el blanco elemento no llegó a cuajar, pero la gente estuvo pendiente de esa fina cortina blanca, tan cara de apreciar por nuestros lares. El frío es intenso durante estos días” (Diariet, 21-2-1987: 12). Este dato por tanto situaría el desarrollo de este episodio concretamente en la jornada del día 18 de febrero, es decir, en el mismo momento que nos relata Fernando Ginés (2013: 25) cuando el autor comenta que en Almassora se alcanzaron los 2 °C, así como que en Benicàssim llegó a nevar.

En esta ocasión sucedería como ya ocurrió en alguno de los últimos episodios que se han vivido en nuestra localidad, que la nieve únicamente llegaría a emblanquecer algunos puntos concretos del casco urbano, como las terrazas de las casas, además de una fina capa de nieve en la zona del Puig de la Misericòrdia, por encontrarse este lugar un poco más alejado y elevado respecto el área litoral del casco urbano.

El Puig de la Misericòrdia tras la nieve caída el 18 de febrero de 1987 (Diariet, 7-3-1987: 7)

Copos de nieve cayendo sobre la plaza de la Ermita de Nostra Senyora de la Misericòrdia el día 18 de febrero de 1987 (Diariet, 7-3-1987: 7)


Año 1992

En el resumen semanal sobre la actividad pesquera que se reflejaba en el Diariet, se informa que a principios de año, “hacía tiempo que no apreciábamos nieve natural sobre los barcos, pero el jueves 2 sobre las 18 h., se podía divisar la blancura con que se cubrió parte de las embarcaciones amarradas al muelle, que la mayoría estaban ejercitando su tripulación” (Diariet, 1-2-1992: 7). El texto sigue añadiendo que “Años como el 45, 54, 60 y 63, la nieve hizo acto de presencia por el mar. Por decir otro dato comentaremos que sobre la década de los 60 (...) Hacía bastante frío, los pescadores bajaron a popa para comer, al cabo de un ratillo, el que estaba de guardia (el amigo San Pam), avisó a sus compañeros entre los que se encontraba su hermano mayor, para que subieran a cubierta, ya que nevaba (...) También decir que sobre los años 40 y 50 cayeron sendas nevadas que los "bous" estaban abarloados al muelle, casi estaban cubiertos de nieve. Esto lo hemos visto en fotografías de aquellos tiempos” (Diariet, 1-2-1992: 7).

Sin lugar a dudas la entrada de aquel año sería recordada por muchos vinarocenses, tras ver como ese jueves dos de enero la nieve hacía acto de presencia, aunque fuese tímidamente dentro de la localidad. Sabemos que en aquella ocasión esta se dejó ver en algunos puntos del casco urbano, como en las terrazas y las zonas más cobijadas, aunque en buena parte del municipio no llegó a estar presente poco más de 30 minutos.

Copos de nieve cayendo en carrer Sant Cristòfol de Vinaròs el día 2 de enero de 1992 (Diariet, 1-2-1992: 1). Foto de Reula.


Año 2001

En el mes de diciembre del año 2001 la nieve volvía a verse en Vinaròs. En este caso la caída de las temperaturas debido a la entrada de una masa de aire frío, hizo que “durante los días 15 al 18 y del 22 al 23 se produjeron dos oleadas sucesivas de aire polar continental siberiano, no muy intensas, que afectaron a toda la Península y Baleares, pero con especial incidencia a la vertiente mediterránea y a las dos mesetas” (Ginés, 2013: 26).

En el caso de Vinaròs, fue la jornada del 15 de diciembre de 2001, cuando la nieve cayó por la tarde, estando presente durante unas horas en la parte superior de los terrados del casco urbano, así como en el área montañosa de la Serra de la Ermita.

La crónica de la nevada fue redactada en la prensa local por Emili Fonollosa, quien la describía de la siguiente manera: “la nieve hizo acto de presencia por sorpresa en nuestra ciudad. Poco después de las cinco de la tarde, comenzaron a caer pequeños copos, que se fueron incrementando paulatinamente, aunque la nevada duró poco más de una hora, al menos en lo que se refiere a Vinaròs. La precipitación caída no fue suficiente para que cuajara en las calles de la ciudad, aunque sí lo hizo en algunas terrazas, en numerosos capós de vehículos y en las tapas de los distintos contenedores repartidos por toda la ciudad (...) La Serra de l'Ermita o la Cala Puntal fueron algunos puntos de la ciudad, en los que, a última hora de la tarde, había cuajado la nevada, mientras que en el casco urbano apenas lo hizo. Y es que Vinaròs, como toda España, ha vivido bajo una intensa ola de frío en los últimos días. El sábado pasado fue uno de los más fríos que se recuerdan en Vinaròs. De hecho, el termómetro no subió de los tres grados en todo el día. Asimismo, las heladas han sido también generalizadas durante las noches de esta semana en Vinaròs” (Fonollosa, Diariet, 22-12-2001: 11).

Nieve en la Avinguda de la Llibertat de Vinaròs el día 15 de diciembre de 2001. Imagen de Emili Fonollosa.


Año 2005

Durante el invierno de 2005 cayeron muchos récords, lo cual nos revela el frío con el que se vivió durante algunas jornadas aquellos primeros meses del año. La intensidad de la ola de frío de finales de enero eclipsó a otras muchas, destacando la vivida entre el 27 de febrero hasta los dos primeros días de marzo.

En el caso de esta, la nieve cayó en Vinaròs el 1 de marzo, jornada en la cual otros pueblos más meridionales del territorio, y que se integraban dentro del interior de las provincias de València y Alicante, quedaron incomunicados por la nieve caída. En esta ocasión el frente frío era continental.


Año 2006

Una invasión de aire polar motivaría un descenso de las temperaturas, volviéndose a traducir en una estampa muy parecida a la que hacía menos de un año se había producido.

Esto concretamente ocurriría el día 28 de enero del año 2006, cuando la nieve cubrió de blanco el Puig de la Misericòrdia, como también algunas azoteas y los puntos más cobijados del casco urbano.

Desde este episodio, ya no volverían a registrarse más jornadas de nieve que al menos por sus características nos recuerden a las vividas hasta ese momento, no obstante, no podemos pasar por alto varios episodios de aguanieve, que a punto estuvieron de cubrir de blanco nuestro municipio, como fue en el caso de las fiestas de Carnaval de 2012, y que debido a diferentes factores atmosféricos, no llegaron a traducirse en nieve en este lugar.

Falda del Puig de la Misericòrdia tras la caída de nieve el 28 de enero de 2006. Imagen de Difo's


David Gómez de Mora


Referencias:

*BORRÀS JARQUE, Joan Manuel, Historia de Vinaròs, t. II, edición facsímil, Vinaròs, (2001), 492 pp.

*BALBÁS CRUZ, Juan Antonio, El libro de la Provincia de Castellón, Castellón de la Plana, (1987), 872 pp.

*BOVER PUIG, Joan, Setmanari Vinaròs, Any XXIII, nº 1126 (19-1-1980), Vinaròs.

*FONOLLOSA ANTOLÍ, Emili, “Blanca Navidad en Vinaròs”, Setmanari Vinaròs, Any LXII, nº 2229 (22-12-2001), Vinaròs.

*FONT TULLOT, Inocencio, Historia del clima en España. Cambios climáticos y sus causas, Madrid, (1988), 297 pp.

*GINÉS LLORENS, Fernando, “Olas de aire frío y temporales de nieve en Castellón”, DivulgaMeteo, (2013), 45 pp.

*MOLÉS, José, “Nieve”, Semanario Vinaroz, Año VII, nº 307 (9-2-1963), Vinaròs.

*MOLÉS, José, “Nieve en marzo”, Semanario Vinaroz, Año VIII, nº 365 (14-3-1964), Vinaròs.

*REDÓ VIDAL, Ramón, L'Enciclopèdia Il·lustrada de Vinaròs, Vinaròs, (2012). A.C.A.V.


Fuentes documentales:

*Diario La Publicidad, (8-12-1883). Barcelona.

*Levante-EMV“Se cumplen 130 años de la mayor nevada en la C. Valenciana”, Valencia (15-1-2015).

*Semanario Vinaroz, Año IV, nº 147 (1-1-1940), Vinaròs.

*Setmanari Vinaròs, Any XXVIII, nº 1482 (21-2-1987), Vinaròs.

*Setmanari Vinaròs, Any XXVIII, nº 1484 (7-3-1987), Vinaròs.