sábado, 22 de junio de 2019

Apuntes históricos sobre linajes de Mazarulleque


Mazarulleque es otro de esos pueblos que albergan las tierras de la Alcarria Conquense. Un enclave donde siglos atrás labradores y jornaleros representaban la gran mayoría de su tejido económico, y que tradicionalmente apostó por el cultivo de productos como el trigo, centeno, aceite y vid. En el caso de Mazarulleque la ganadería no fue menos, y por ello también tuvo su importancia, destacando especialmente la explotación de ganado lanar y cabrío.

Sobre este espacio, que tenía anexo el desaparecido municipio de Cuevas de Santiago, y que ya en tiempos de Madoz se encontraba completamente abandonado, fue forjándose el día a día de muchas familias, que a lo largo de los siglos mantuvieron relaciones muy estrechas con los pueblos de los alrededores.

Gracias a parte de la documentación que hemos podido investigar sobre nuestros antepasados en el Archivo Diocesano de Cuenca (donde se custodia todo el fondo de los quinque libri que décadas atrás había en su Iglesia Parroquial), cualquier curioso puede esbozar algunos retazos sobre el pasado de las familias que residieron en la localidad, y que junto con otro tipo de referencias de ámbito histórico, nos ayudan en su conjunto a situar la importancia y destino que corrieron algunas de las gentes que desarrollaron su vida en ese marco geográfico tan preciso.

Si queremos hablar de linajes, sin ningún tipo de dudas, el más destacado por antonomasia es el de los Garrido. Una antigua familia, asentada en este lugar desde como mínimo finales del Medievo, que con el paso de sucesivas generaciones, consiguió medrar y reconocer su privilegio de nobleza durante el siglo XVII.

Los Garrido, junto con los apellidos Domínguez y de Lirio, serán algunas de las principales casas con las que contará Mazarulleque, especialmente en el intervalo que comprenderá el periodo de entre finales del siglo XVI hasta parte del siglo XVIII.


Imagen de Mazarulleque, mispueblos.es

Como relatábamos, el linaje Garrido se encuentra arraigado en este territorio desde las primeras referencias que nos llegan por los libros eclesiásticos. Mediante la información parroquial, hemos conseguido identificar dos líneas de la familia, una que sería la más afortunada, y que en este caso, fue la que pudo ennoblecer, y una segunda, que a pesar de hallarse instalada en la anexa pedanía de Cuevas de Santiago, no consiguió proyectarse de la misma forma, de ahí que se viese abocada a ser una línea segundona, que desarrollará su forma de vida entre las Cuevas y Mazarulleque.

La estrategia de ascenso social de los Garrido comienza como siempre desde una escala municipal, en la que sus representantes irán estableciendo relaciones matrimoniales con familias del vecindario, y que una vez que han consolidado un estatus a nivel local,  a continuación ponen sus miras en zonas más grandes, donde la nobleza y la burguesía rural, les permite seguir en esa fase de desarrollo patrimonial y de renombre.

Bien entrado el siglo XVI, Pedro Garrido casó con Juana García. Con mujer de idéntico apellido lo hizo Sebastián Garrido, de quién descenderá una prole que representará la familia mejor asentada de Mazarulleque, y que serán inmediatamente los que buscarán el reconocimiento como hidalgos. La estrategia de ascenso era clara, por ello ya a finales de esa centuria, los Garrido sitúan sus miras más allá del pueblo, así se demuestra con el enlace que en 1588 celebrará Pedro García Hidalgo, vecino de Torrejoncillo, con María Garrido, hija de Sebastián Garrido. La jugada será idéntica, a la que efectuará Pedro, cuando casa a su hija Isabel con el bien posicionado Pedro de Soria (vecino de Alcohujate), y de cuyo matrimonio nacerán varios hijos, destacando especialmente el que será el cura de la localidad, don Marcos de Soria Garrido. Además de Marcos, nacieron otros hermanos, como Bernabé de Soria, quien selló alianzas con una familia del municipio, así como Francisco de Soria, que en 1604 fue casado con su tía Juana Garrido, es decir, la hermana de su madre Isabel Garrido.

Insertados en el siglo XVII la línea hidalga de los Garrido comienzan efectuar enlaces que los conducen hasta la ciudad de Huete, principal feudo de la nobleza de la Alcarria Conquense, ya que allí se sitúa la casta de las tierras septentrionales de la provincia.

Si atendemos al volumen más antiguo de defunciones, leeremos que en 1604 Sebastián Garrido -el viejo-, mandó el día de su entierro un pago de 500 misas, así como su mujer dos años después otras 200 misas. Ya en el siglo XVII, los integrantes de la familia, ahora con un don antepuesto, efectuarán pagos más espectaculares, tal y como sucedió con don Manuel Garrido, quien en 1677 solicitó el pago de 1800 misas, o el caso de don Juan Garrido, que fue a su vez el padre de otro don Juan Garrido, y que falleció siendo alcalde por el Estado Noble, donde pagó para su entierro en 1681 un total de 2000 misas (además de donar varios cientos de reales). Obviamente en esta época la familia Garrido nada tenía que ver con la de sus ancestros que 100 años antes, a pesar de ser gente bien posicionadas y con recursos, todavía estaban medrando, en busca de un refortalecimiento de su estatus. Sólo transcurrieron tres años, cuando en diferencia de seis días murió el alcalde antes citado, don Juan Garrido, quien se enterró en la primera grada que subía al altar mayor, pues junto con su esposa habían adquirido este lugar para descanso de sus restos mortales. En esta ocasión se solicitó un pago de 1012 misas. Por otro lado, su mujer doña Margarita de Aparicio Pizaño, tenía su sepultura en la grada última del altar mayor, al lado del Evangelio. Esta mandó un total de 500 misas, y al entierro acudió su hermano don Juan de Aparicio y Pizaño, Caballero Religioso de la Orden de Santiago de Uclés. El hijo de don Juan Garrido y doña Margarita era el Licenciado don Nicolás Garrido Pizaño, que en 1715 aparece como párroco en la Iglesia del pueblo.

Durante el año 1636 se celebró la boda entre Sebastián Garrido (viudo de Úrsula Muñoz), quien casó con doña Isabel Cabeza, hija de los optenses don Juan Cabeza y María Domínguez. Dicho Sebastián mantuvo un pleito contra su cuñado Pedro Muñoz, estudiante de la Universidad de Alcalá y heredero de su padre Nicolás Muñoz, por una de deuda de 12.156 maravedís por la restitución de la dote de la difunta Úrsula Muñoz (AHN, 1652/1653).

Por otro lado, moviéndose entre Cuevas de Santiago y Mazarulleque se hallaba la línea segundona de los Garrido, que hacía alarde del mismo apellido, aunque con la gran diferencia de que no formaba parte del Estado Noble. La estrategia de esta rama era muy parecida a la de sus primos de Mazarulleque, aunque obviamente con políticas matrimoniales de un escalafón social menor, donde pequeños labradores sellaban alianzas conjuntas entre varios hermanos de otras familias. Así resultó con los Pérez de Rejas o los Tinajas. Estos últimos a mediados del siglo XVII tuvieron como figura destacada al Licenciado Juan Maestre de Tinajas, quien falleció en 1702 con pago de 200 misas. Sus testamentarios fueron don Sebastián Garrido y Manuel Gregorio Garrido (el escribano de la localidad por aquellas fechas).

Línea segundona de los Garrido. Apuntes genealógicos (elaboración propia)

Corría principios del siglo XVIII, y en los libros de fundaciones de Mazarulleque podemos leer como había una memoria creada por María Garrido, un vínculo fundado por el Licenciado Marcos de Soria Garrido, un patronato de Juana Garrido, así como una capellanía que fundó Fabián de Lirio. Quedaba claro quien mandaba en el pueblo, de ahí que era indiscutible el dominio de los Garrido, pero curioso tampoco dejaba de ser el caso de los Lirio, otra familia asentada en este municipio desde antes de que se iniciaran los libros parroquiales, y que obviamente buscó como sus vecinos, un ascenso social entre varios de sus integrantes.

Así se detalla la situación de Gabriel de Lirio, quien a través de un documento presente en el Archivo  Histórico Nacional, refleja algunas informaciones sobre él y su familia, pues se le efectuó un expediente de información y licencia de pasajero a Indias, ya que se llevó consigo a Nueva España a sus dos criados Pedro de los Ríos, natural de Fuente Ovejuna y a Pedro Jiménez de Alaras, natural de Los Palacios. La jugada era clara, y Gabriel como muchísima gente de aquella época, iría a hacer las Américas, en busca de un sueño que mejorará su calidad de vida.

Aunque sin lugar a dudas, otra de las grandes familias que se asentaran en Mazarulleque será la de los Domínguez, con personajes destacados desde finales del siglo XVI, como sucederá en el caso de Miguel Domínguez, que en la década de los noventa estaba formándose como Maestro en Artes por la Universidad de Alcalá, así como Mateo Domínguez, escribano de la localidad en 1610.

De los Domínguez conocemos varias líneas, en las que destacan muchos de sus integrantes por la disponibilidad de recursos. Es el caso de Juan Domínguez (hijo de García Domínguez), que casó con María Catalina Ballesteros, fruto de cuyo matrimonio nació Juan Domínguez, que en 1640 celebró nupcias con María Fernández, y que era a su vez hija de Bartolomé Fernández, alcalde ordinario de Mazarulleque justo en el momento en que Gabriel de Lirio realiza su expediente para partir a las Indias.

Otro caso lo vemos en 1679, cuando Catalina Domínguez fallece con un pago de casi 200 misas y la fundación de un vínculo, o unos cuantos años después el Licenciado don Juan Domínguez Ballesteros, quien realiza un gran testamento, donde paga un total de 800 misas, además de mandar enterrarse en la primera grada de la capilla mayor, al lado de la epístola. Dicho Juan efectuó una partición de su hacienda y bienes en varias partes, que iría racionando a sus hermanas (que adoptarían el apellido Ballesteros en primer lugar), a diferencia de otros hermanos como Mateo Domínguez (fallecido poco antes, con pago de 250 misas), o su hermana Juliana Domínguez, quien estaba soltera y recibió todos los bienes muebles, tanto de dentro como fuera de su hacienda, además de una parte de la bodega y casa que tenía en la calle Real de Mazarulleque, todo ello como resultado de que Juliana vivía con él y lo atendía siempre que podía.  El mismo año, Alonso Domínguez, hijo de Alonso Domínguez paga 250 misas el día de su entierro.

Relaciones genealógicas entre los Domínguez, de Lirio y Conejo durante el siglo XVII en Mazarulleque. Apuntes de la genealogía familiar (elaboración propia).

En 1694, falleció María Domínguez, mujer de Pedro Conejo, con pago de más de 100 misas, o por ejemplo en 1696 otra María Domínguez, viuda de Pedro Centenero, hizo testamento y mandó el pago de 232 misas. Aunque si queremos hablar de contundencia en la cifra de misas, esto se comprobaría en el entierro de Ana Domínguez, mujer de Juan de la Ropa, quien solicitó un total de 2000 misas. A lo largo del siglo XVII la familia estrechará lazos con los Centenero junto con los Conejo, estos últimos labradores de Cuevas de Santiago, y que del mismo modo que la línea segundona de los Garrido, establecerá nexos muy estrechos con las familias de Mazarulleque.

David Gómez de Mora


Referencias documentales:

-Archivo Diocesano de Cuenca, libro I de matrimonios de Mazarulleque. Años 1567-1611. P-2861.

-Archivo Diocesano de Cuenca, libro II de matrimonios de Mazarulleque. Años 1613-1758. P-2862.

-Archivo Diocesano de Cuenca, libro I de defunciones de Mazarulleque. Años 1591-1610. P-2865.

-Archivo Diocesano de Cuenca, libro II de defunciones de Mazarulleque. A partir de 1635. P-2866.

-Archivo Histórico Nacional. Expediente de pasajero de Indias de Gabriel de Lirio. Año 1622. Contratación, 5381, nº 27.

-Archivo Histórico Nacional. Pleito de Pedro Muñoz contra Sebastián Garrido. Años 1652/1653. Universidades, 199, Expediente 50.

-Archivo Personal. Apuntes genealógicos sobre antepasados y linajes de Mazarulleque.

viernes, 21 de junio de 2019

Los linajes Rubio y de la Puerta en Castillejo del Romeral

En el anterior artículo ya se trataron algunos aspectos de las familias más destacadas de la sociedad local de Castillejo para el período que abarcaba desde finales del siglo XVI hasta principios del XVII. Gracias a los recursos de los que dispusieron parte de las gentes más acomodadas (pues siguiendo con las costumbres, fueron transmitiendo sus bienes entre algunas líneas concretas de descendientes), estos consiguieron salvaguardar su posición o incluso mejorarla mediante la búsqueda de enlaces matrimoniales, con personas de características sociales similares.

Solía tratarse de ricos labradores con disponibilidad de tierras, que por norma general pretendían medrar,  intentando que algunos de sus hijos accediera a una formación religiosa, que además de darle mayor renombre a la familia en el lugar de origen, promocionaba al resto de hermanos que todavía estuvieran por casar. Y es que la posesión o creación de una capellanía, fue en muchas ocasiones motivo de peso a la hora de fomentar el desarrollo de acuerdos matrimoniales entre personas, que pretendían aprovechar las prestaciones de uno estudios pagados, y que obviamente no estaban al alcance de todos.

Nos encontramos por lo tanto, ante un sistema donde las leyes daban preferencia a los más ricos, lo que favorecía la creación de grupos de poder, donde se heredaban derechos o recursos que permitieran un mantenimiento de aquel modo de vida (tales como fundaciones, vínculos, patronazgos…), en el que se proyectarán sus integrantes.


El asignarse un cargo dentro del Santo Oficio, era otra de las alternativas que se prestaban para los iniciados, y que obviamente no era fácil de conseguirse, por el gasto que aquello comportaba (además de la lucha de influencias que se disputaban entre las casas más fuertes del lugar, pues la disponibilidad de plazas era limitada), no obstante, si se conseguía el propósito, no cabía la menor duda de que ese hito suponía un triunfo para la familia al completo, pues reportaba una reputación y poder adicional al linaje, aunque sólo fuese en un ámbito tan escueto como el municipal.

Tampoco deberíamos de olvidar a los escribanos, un oficio con cierto rango por el papel que estos desempeñaban de cara a las élites, ya que además de dar fe a la hora de confirmar los datos de una documentación escrita, compulsarla e incluso manipularla, eran personas que custodiaban los secretos testamentarios de todo el pueblo, en los que sabían con precisión, todos y cada uno de los bienes que poseían sus vecinos. Una información muy privilegiada, a la que cualquiera deseaba tener acceso.

Sobre ese contexto, durante mediados del siglo XVII, se proyectaron dos apellidos, que comenzaron a tener un notable auge entre las gentes de Castillejo. Se trataba de los miembros del linaje Rubio y de la Puerta. 

Genealogía del linaje Rubio de Castillejo del Romeral. Elaboración propia

Los Rubio fueron una familia que por aquella época se adjudicó una familiatura del Santo Oficio, concretamente Julián Rubio, quien casó con una representante de la familia Hernández. Otra hermana suya lo hizo con Domingo de Herando. No olvidemos que los Herando eran en realidad descendientes de los Fernández o Hernández, pues sabemos que su origen genealógico procedía del linaje fruto del matrimonio entre Miguel de Herando Fernández y su esposa Isabel Fernández.

Igualmente nos interesa la relación de algunos representantes de los Rubio con la casa de los Romo, y que como explicamos en el artículo anterior, eran a principios de siglo una de las familias mejor posicionadas de Castillejo. Tampoco se nos puede pasar por alto el enlace que en 1606 celebró Catalina Rubio con Martín Palenciano, vecino de la Peraleja, de familia labradora, y que en algunas de sus líneas efectuaron diversas fundaciones de bienes para salvaguardar y acumular el patrimonio que tenían.

Por lo que concibe a los de la Puerta, fueron otra de las muchas familias que adquirieron poder dentro del municipio, con especial intensidad a partir de mediados del siglo XVII, justo cuando ya eran poseedores de la escribanía local, y que supieron transmitir durante generaciones. Esto les valió para acrecentar un protagonismo, que ya desde las primeras décadas de la centuria fue una realidad, gracias a sus políticas matrimoniales con vecinos de idéntica condición. Así lo comprobamos con los Romo, y cuyos hijos celebraran sus nupcias con personas portadoras del apellido López-Lozano, Saiz y de la Fuente.

Genealogía de la familia de la Puerta. Apuntes genealógicos (elaboración propia)

Un testimonio sobre el nivel de vida de aquellos labradores, lo tenemos en uno de los inventarios de bienes que hemos hallado en el Archivo Municipal de Huete, concretamente en la sección de protocolos, volumen número 197, correspondiente al año 1698.

A través de un listado se describen las posesiones de Inés Saiz, mujer del señor Juan de la Puerta. Entre las mismas se citan elementos de diferente tipología, que nos acercan mucho más al estilo de vida de este conjunto de personas, mencionándose por ejemplo diversas clases de textiles y enseres, almacenados en varias arcas.

Pero si queremos hablar de detalles curiosos, no se nos pueden pasar por alto la posesión de algunas joyas. Así lo vemos en un anillo de nueve piedras, como de una filigrana de plata valorada en 60 reales, así como otro, tasado en 30 reales. Piezas que no todos los habitantes poseían, y que junto con más elementos de plata (sin olvidar varios Agnus Dei o un rosario tasado en 75 reales), formaban parte del ajuar familiar.

Los bienes rústicos son también descritos en este documento, por lo que sin ningún tipo de dudas, reflejan muy bien el poder de esta clase privilegiada que hoy relacionamos con los labradores acomodados. Y es que además de dos casas (una encima de la Iglesia de Castillejo con su corral, así como otras en el Barrio de Arriba), había que añadir muebles de cierta calidad, como un escritorio de pino con su llave, dos bufetes, junto cuatro camas, mesas y sillas…, un mobiliario que a los ojos de hoy podría parecernos insignificantes, pero que ciertamente eran poco usuales en la gran mayoría de los hogares de aquellos tiempos. Aunque si algo era poco común entre el resto de agricultores, fueron sus más de 150 fincas, y que los convirtieron en grandes acaudalados. La producción de viña, avena, centeno y trigo era uno de los recursos más explotado de esas tierras.

Tampoco se nos deberían de pasar por alto las más de 300 cabezas de ganado que poseían (256 de ovejas y 82 becerros), y que eran aprovechadas para extraer la lana. A ello cabría añadirle 49 colmenas, junto varios machos para faenar en las numerosas tierras, y que convirtieron a esta familia como a sus antepasados en gentes bien posicionadas.

Como curiosidad, decir que los bienes muebles y raíces de Julián de la Puerta, según la escritura ascendían a un total de 180.852 reales. Cifra contundente, que nos ayuda a entender el perfil social, de muchos de aquellos labradores, en los que este tipo de acumulación de tierras eran una realidad que marcaba las pautas del futuro de sus descendientes.

Guillermo Fernández Rabadán y David Gómez de Mora


Fuentes:

-Archivo Diocesano de Cuenca. Libros I, II y III de matrimonios de Castillejo del Romeral.

-Archivo Municipal de Huete. Libro de protocolos notariales, nº 197. Año 1698.

-Archivo personal. Genealogías familiares y apuntes de los autores sobre los linajes locales de Castilllejo del Romeral.

domingo, 16 de junio de 2019

Linajes locales de Castillejo del Romeral durante los siglos XVI-XVII


Castillejo del Romeral es otro de esos municipios con un pasado sobre el que existen muchos elementos por estudiar. En nuestro caso, queríamos centrarnos en algunas de las familias que durante finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, tuvieron un peso importante, dentro de lo que fue su modesta sociedad a nivel local, donde la agricultura fue el principal motor económico de la localidad.

Desde la perspectiva demográfica, Castillejo padece la misma problemática que el resto de lugares que conforman el territorio rural de la Alcarria, no obstante, en su espacio geográfico durante siglos pervivieron un conjunto de familias, entrelazadas por nexos sanguíneos, de las que incluso a día de hoy sigue habiendo descendencia directa, y que son el testimonio de ese pasado sobre el que abordaremos algunos retazos.

Castillejo se consolida desde la Edad Media como un enclave en el que los labradores tendrán un papel fundamental, que complementándose con la producción ganadera que le proporcionarán sus vecinos, conseguirá darle una personalidad, que siempre establecerá lazos muy directos hacia los municipios vecinos de Valdecolmenas de Arriba y Abajo, así como Villarejo de la Peñuela, tal y como se desprende de las relaciones matrimoniales que hemos observado en las partidas de sus libros parroquiales.

Sin lugar a dudas la pequeña burguesía agrícola, integrada por linajes de labradores, que se dedicaron con especial intensidad al cultivo de vid, olivo y gramíneas, representarán el sector mejor posicionado de la localidad hace más de 400 años atrás. Tampoco hemos de olvidar el ganado que aglutinaron algunos de sus vecinos, enfocado especialmente hacia la producción de explotación lanar de ovejas.

Una pequeña muestra de la cantidad de ingresos que se movieron en Castillejo por aquellas fechas, la apreciamos en varias de las piezas artísticas de la Iglesia, y que desde esos tiempos hasta el siglo XVIII, nos hablan del nivel económico de algunas de sus familias. Sin lugar a dudas, es de destacar las tablas que conforman el retablo del templo, y que proceden del famoso taller conquense de los Gómez, más concretamente con autoría de Martín Gómez -el viejo-, una renombrada saga de pintores renacentistas, que trabajarán para diferentes lugares de la provincia, además de la Catedral de Cuenca.

Sobre ese espacio reducido, pocas eran las salidas a las que podían aspirar los habitantes con ciertos recursos, de ahí que el poder tener algún hijo que metiera la cabeza en el Santo Oficio, además de la consecución de un plaza como clérigo, o controlar la escribanía municipal, junto con la posesión de patrimonio agrícola, eran casi exclusivamente pocas de las alternativas con las que sus vecinos podían medrar socialmente o tener un nivel de vida aceptable.

Leyendo la documentación local, sería imposible obviar el caso de las familias Saiz, Sánchez o Sainz (ya que los podremos ver de las tres formas a pesar de ser un mismo apellido), así como sucederá con el caso de los Romo, de la Fuente, López y Fernández. La mayoría como sabemos son apellidos muy comunes, y que probablemente nos remonten al Medievo hasta antiguos cristianos viejos, labradores de estas tierras de la Alcarria, que con el paso de las generaciones fueron acrecentando o manteniendo su patrimonio agrícola.

Por lo que respecta a los Sánchez, hubo dos líneas genealógicas, y sobre las que creemos que pudo existir un parentesco estrecho, pero que en estos momentos seguimos estudiando. Una de esas era la casa que descendía por Julián Sánchez, marido de Juliana Pérez. Este señor tuvo varios hijos, que enlazaron con gentes de familias con una situación similar o idéntica a la suya. Por ejemplo una de sus hijas casó con Gil de Arcas, personaje de un linaje, que en Huete estaba reconocido como hidalgo. Un fenómeno similar al de Quiteria, que en 1590 celebró su nupcia con Esteban Romo, rico labrador del lugar y cuyo apellido estaba también asignado como representante del estado noble en la capital optense. Tampoco se nos pueden pasar por alto los dos hijos de Julián y Juliana, que casarón probablemente en un matrimonio acordado con otros dos hermanos, procedentes de la familia López-Lozano, y sobre la que escribiremos algunas líneas más adelante.

Genealogía de los Sánchez de Castillejo, por la línea de Julián Sánchez (genealogía familiar)

Como decíamos, esta saga sólo fue una más, ya que destacadísima era en Castillejo la casa de Francisco Saiz, quien en su partida de defunción, tras fallecer en 1601, pidió más de 260 misas y ser enterrado en la sepultura de su padre.  El funeral se celebró a lo grande, y en su cláusula Francisco se encargó del pago de una casulla colorada y una capa para la Iglesia de Castillejo, además de otras donaciones en forma de limosna.

Francisco -el viejo-, tuvo  varios hijos que casaron con familias bien posicionadas, es el caso de Francisco -el mozo-, quien tuvo tres mujeres. La primera fue María Rubio Casero, familia conocida por nosotros ya en un artículo sobre las élites de Saceda del Río, puesto que su hermana Francisca Rubio, casó en 1594 con Alonso del Olmo Martínez (descendiente de la acomodada familia de los Martínez “de Unda” y los López-Lobo). La segunda boda fue en 1598 con Ana Romo, mientras que una tercera boda se celebró con Ana Pérez tras enviudar de nuevo Francisco. Este personaje mandó enterrarse en la sepultura de su madre Juana de Solera, y del mismo modo que su padre, pagó más de 200 misas, junto un total de 12 bulas. El entierro fue sin lugar a dudas de los más vistosos que se recordaban por los detalles que nos da de su ceremonia el libro de defunciones, fundando además una memoria de aniversario que recaería por la línea de Francisco Sánchez de Alcázar.

Otro hermano de Francisco fue el Licenciado Benito Sánchez, un hombre de notable relieve en la localidad, y que veremos de manera abundante firmando y escribiendo en los libros parroquiales. Igual de interesante nos resulta remarcar que Juan Sánchez, vecino de Castillejo, era escribano de su majestad, quedando en el aire que grado de parentesco tenía con alguna de las dos líneas aquí expuestas. Otra hermana del Licenciado era Elvira Sánchez, quien casó con un representante de la casa de los de la Fuente, y que como bien sabemos, tuvieron un poder destacado en algunos de los municipios de la Alcarria. Fruto de su enlace nació Juana de la Fuente, mujer de Diego de Alcázar de Arcas, rico propietario y bien asentado de una familia que ya hemos estudiado en el caso de las élites locales de Caracenilla.

Genealogía de los Sánchez de Castillejo (genealogía familiar)

Otro de los linajes con recursos de Castillejo fue el de los Romo, gentes con propiedades y que en Huete eran reconocidos como miembros del estado noble. Por ahora ignoramos que relación existió entre esta casa y la de la ciudad optense.

En el caso de Castillejo será Esteban Romo el progenitor del linaje, que a través de su primer matrimonio dejará una descendencia que con el paso de las generaciones perdurará en el tiempo. Esteban falleció en 1613, y mandó más de 120 misas. De su primer matrimonio tuvo por hija a Ana Romo, quien en 1599 murió con pago de más de 90 misas, además de mandar enterrarse en la sepultura de su bisabuela y fundar una fiesta de aniversario. Su hermano Esteban será quién dejará la descendencia del apellido en la localidad. Por otro lado, su padre en 1572 casó en la Ventosa con Catalina Escribano, de quien nacerá María, y que en 1598 celebrará la segunda nupcia con el antes referido Francisco Sánchez.

Genealogía de los Romo de Castillejo (genealogía familiar)

La familia de los Sánchez y los Romo, también mantuvieron lazos estrechos con la casa de los Fernández. En origen vemos como la línea más destacada procede de Miguel Fernández de Herado e Isabel Fernández, y sobre la que creemos guarda alguna relación la familia de Ana Hernández (la esposa de Esteba Romo), y cuyo marido manda misas para el clérigo Juan Fernández.

Genealogía de los López-Lozano de Castillejo (genealogía familiar)

Por último, otro linaje local que nos parece importante destacar es el de los López, a través de la línea de Domingo López y Catalina Lozano, cuyos hijos casarán con gentes destacadas de casas ya antes citadas, es el caso del doble enlace entre los hermanos López-Lozano con los hijos de Julián Sánchez.

En este sentido será importante la descendencia de los hijos de Pedro López-Lozano, ya que dos de sus vástagos sellaran alianza matrimonial con dos hijas de Domingo Pintado, sin olvidar tampoco otra hija, llamada Catalina, que celebrará sus bodas con Alonso de la Fuente, hijo de Miguel de la Fuente, y sobrino del clérigo de Castillejo, Alonso de la Fuente, fallecido en 1614, y fundador de una memoria sobre un viñedo de más de 2000 cepas, y que mandó además el pago de unas 160 misas tras el momento de su fallecimiento.

David Gómez de Mora


Referencias:

-Archivo Diocesano de Cuenca. Libro I de defunciones de Castillejo del Romeral, 1599-1629. P-2241, sig. 117/16. 212 fols.

-Archivo personal. Notas genealógicas sobre las familias de Castillejo del Romeral.